viernes, 19 de mayo de 2017

Tiempo de Perdida - 1813 - Perdida por mucho Tiempo

Tiempo de Perdida – 1813 – Perdida por mucho tiempo


Prologo

El pampero, soplando desde la tarde, había hecho descender la temperatura haciendo más acogedora la conversación en torno al fuego.
Mate va, mate viene, la charla derivaba por caminos insospechados, los temas más inverosímiles eran tratados con igual solvencia y sapiencia.
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--          Así es amigo, el halago es un arma poderosísima – asintió el escribiente
--        No cabe duda, los hombres son como las vacas, si las toreas te encaran, pero si las llevas con palabras adecuadas te siguen a donde quieras. ¡si lo sabré yo!- reafirmó el arriero, recordando los kilómetros que tenia andados llevando arreos vacunos de una a otra parte.
--        No solo eso - continuó el escribiente - si se encuentran las palabras adecuadas se puede hacer que la gente haga cosas que jamás pensaría en hacer -
El arriero terminó el mate que estaba tomando, se lo alcanzó al cebador, y prestó atención. Ya conocía al escribiente de varias historias, y sabía bien que cuando este tomaba la posición que había asumido al hacer el anterior comentario, era porque se aprestaba a contar una historia.
Y no se equivocó
 -        Esta historia tiene muchos inicios, y un final incierto, - comenzó -y está profundamente enraizada con las actividades de una organización que hoy solo aparece como de ficción, pero que es muy real.    Para no complicar mucho el relato hablaremos tan solo de algunos de los inicios…pero hay muchos más… - dijo esto último bajando la voz, creando la atmósfera de misterio necesaria para la trama. La oscuridad de la noche y la luz del fuego acentuaron la sensación.
-        Hace unos años,- continuó - cuando el porvenir de los británicos era muy sombrío, ya que acaban de perder sus colonias en la costa oriental del centro sur de Norte América (las famosas 13 colonias que dieron origen a los EEUU) y les había aparecido Napoleón en Europa, uno de los ministros de la corte recibió la visita de un extraño personaje….

Parte 1 Inicios

Inicio 1. Sinergia

El humo del tabaco hacía más espesa la atmósfera, si esto fuera posible.
En torno a la mesa había cuatro hombres, con muchos papeles y plumas de escribir desparramados por todos lados. Una pizarra en un costado se veía llena de esquemas y en las paredes abundaban los planos y mapas.
--         Bueno, creo que tenemos un principio de acuerdo - comentó uno de los hombres, vestido de forma algo extraña para la época
--        Así es, creo que hemos delineado una línea de trabajo que haría poner orgullosos a los Pitt - asintió otro mientras daba una profunda sorbida a su pipa, generando grandes cantidades de humo.
--        Entonces señor ministro ¿Cómo se hará efectivo el pago?-
--        Como acordamos en metálico constante y sonante. Ni bien el trabajo esté concluido la entrega será hecha-
--        Muy bien, tenemos un trato entonces - dijo extendiendo la mano para que el otro la estrechara. Pero no fue así, la conciencia aristocrática del ministro le impedía estrechar la mano de un plebeyo.
El hombre bajó la mano y disimuló la ofensa, la suma de dinero en juego y las posibilidades de negocio que se abrían de allí en más, facilitaban tranquilizar los ánimos.
-        Muy bien señor- dijo por fin el ministro – usted asegúrese de que las cosas sucedan tal como las planeamos y que podamos tener libre acceso a los mercados que nuestra industria necesita…luego haga lo que le parezca con el resultado, siempre y cuando no se le ocurra ni a usted ni a su gente interferir con los intereses de la city- cortó tajante, dejando bien en claro la posición de su gobierno y, era de sospechar, la suya propia.
-        Excelencia, dé eso por descontado. ¿Cuándo podremos entrar en contacto con la gente seleccionada?-
-        En unos meses, aún nos quedan algunos por convencer, pero ya se hará -
Sin más se levantaron y se marcharon cada uno a sus cosas.
Una vez fuera del despacho, ya en la barrosa calle, bajo un cielo encapotado y lloviznoso, el hombre que lo acompañaba, que no había hablado durante la reunión, le preguntó
-        Señor, si esta gente tiene todo tan bien planeado como parece ¿para qué necesita los servicios de Darrow?-
-        Para espantar las mariposas David, para eso-
-        ¿Qué?-
-        ¿Conoces el “efecto mariposa”?-
-        ¿Ese que dice que el aleteo de una mariposa en los bosques de Alemania puede desencadenar un Huracán en las Bahamas…?-
-        No es exactamente así, pero esa es la idea- y se explicó- todo el plan de esta gente depende de que cada uno ocupe su lugar, y nosotros tenemos que asegurar que así sea-
Y rio entre dientes pensando en la ganancia extra de todo ese negocio.
-        Me gustaría verles la cara a los del ministerio del tiempo cuando todo esto termine. Si la operación “capullo” sale como planeamos no podrán meter más sus narices fuera de su propio patio -
Pensó mientras pisaban las lustrosas calles de Nueva York
-        ¿Por qué operación “capullo”? – oyó preguntar y cayó en la cuenta de que posiblemente había estado pensando en voz alta
-        Pues- explicó – peyorativamente “un capullo” es un tonto, alguien de pocas luces, y, figurativamente, es una referencia al estado en que la oruga espera a convertirse en mariposa. En una puta mariposa ja ja ja ja - rio de su propia ocurrencia.
El empleado también lo hizo, por compromiso, tontamente. No sabía y no podía entender que la risa de su jefe era, ante todo, un disfrute adelantado de la venganza contra el ministerio del tiempo que acababa de ponerse en marcha.
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Inicio 2. España
-        ¿Tan mal está todo? - preguntó la bella Isabel IV mientras el ultimó rayo de sol se filtraba por la ventana de la habitación de la Zarzuela donde se encontraban.
-        Sí su majestad, tememos que sí - contesto compungido el general que estaba dando el informe
-        O sea, sospechan que podemos tener un “topo”, un doble agente no descubierto, infiltrado en el ministerio – afirmó ella con disgusto
-        Hasta que las investigaciones no avancen, poco más podemos hacer – fue la lacónica respuesta.
-           Bueno, entonces si no podemos contar con la gente del ministerio del tiempo ¿Qué sugieren que hagamos? -
-        Lo único que se nos ha ocurrido es recurrir a las últimas líneas – intervino el canciller, un hombre entrado en años que parecía sacado de un cuadro de Velázquez
-        ¿Cómo es eso? -
-        Pues, hemos detectado un ingeniero de mantenimiento en las oficinas de Córdoba de la Nueva Andalucía y una pasante recién reclutada por el ministerio de Lima que sabemos seguro que están limpios y podrían servir para una misión como la que necesitamos -
-        ¿Gente si experiencia? – dudó ella.
-        Y, justamente por eso, fuera de la atención de la gente de Darrow – aclaró el general.
-        Entiendo, pero ¿A quién pondremos a cargo? -
-        Eso aún no lo sabemos majestad -
-        Bueno, seguid trabajando, hasta Agosto aún falta algo y alguien aparecerá. ¿Por qué la misión se hará en Agosto? -
-        Sí señora, es la excusa ideal, con las vacaciones no queda nadie en las oficinas del ministerio del hemisferio Norte y a nadie llamará la atención que unas personas del hemisferio Sur realicen una pequeña misión. Ya hemos cursado las indicaciones para que esas personas vengan a Madrid de la forma más discreta posible  -
-        Una pequeña misión – reflexionó - tan pequeña como el aleteo de una mariposa…y sin embargo…- meditó pensativa, consciente de la importancia de la misión a pesar de lo pequeña que era, tan solo ¡entregar una caja de almendras confitadas!
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Inicio 3. Ciudad de Córdoba, actual Argentina

Luibricó concienzudamente la puerta y la abrió y cerró varias veces. Ya no chirreaba más.
Aquello no era una mera cuestión de confort, los chirridos, aparte de ruidosos y molestos, a veces causaban interferencias y dificultaban los viajes, haciendo que los agentes no fueran exactamente a los lugares deseados. Así llegaban un par de minutos tarde o unos metros más lejos….cosas que pueden parecer intrascendentes…si no te toca aparecer en el cauce de la cañada durante una creciente de verano, como le pasó a don Pero Gómez….
Pero eso ya estaba solucionado. Se sintió ufano de su trabajo, se consideraba a sí mismo un buen ingeniero y cada vez que solucionaba un problema se enorgullecía de ello, aunque lamentaba que el carácter secreto de la dependencia para la que trabaja le privara del reconocimiento de sus pares y amigos y en general pensara que los jefes, tan lejos en Lima o Madrid tampoco se enteraban de nada.
-        Buenas noches José ¿aún trabajando?-
-        Sí, pero ya terminó. En unos minutos me voy a casa-
-        Unnnn, no sé, mira te ha llegado esto de Madrid. Nada bueno ha de ser-
Con temor abrió el sobre que le entregaban, debía ser importante pues lleva el sello de la Casa Real
Cuando saco el contenido casi se muere de la emoción. ¡No lo podía creer!, el que hacía minutos estaba protestando que nadie reconocía su trabajo no daba crédito a lo que estaba leyendo.
-        ¿Estás bien? ¿Qué te pasa José? Te has puesto pálido-
-        Mira Raúl, mira- comenzó a gritar mientras en su mano movía nerviosamente el mensaje recibido- ¡Es una invitación especial para ir al Vicente Calderón a ver la final de Instituto con el Atlético de Madrid-
-        Noooo, que desgraciado…¡qué suerte culiao!-
-        ¿Te imaginas al Goti y a Divala juntos?, los del Atlético no tienen esperanza ¡ Y yo voy a estar ahí para verlo!- no cabía en sí de la alegría- ¡Y pensar que casi lo vendemos al pibe! te imaginas, pobre, si se lo hubiese llevado el Palermo como quería capaz que aún estaría jugando en Italia, en la Juve o algo así y ¡se perdería esta final!-
El compañero, hincha de Talleres, no compartía para nada el exabrupto, pero nada podía hacer.
-        Bueno José….-…no pudo terminar la frase porque José lo abrazó tan emocionado que casi lo dejó sin aire.
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Parte 2 Inicios II

Inicio 4. Ciudad de Lima, actual Perú

Yanay (“mi morenita” en quichua) se paseaba nerviosa por los pasillos de las oficinas del ministerio del tiempo en Lima. De esa oficina dependían todas las operaciones del ministerio en el hemisferio sur.
Su buen trabajo le había costado conseguir esa pasantía. Por supuesto haber sido el primer promedio de la carrera de Sociología en la Pontificia Universidad Católica del Perú había ayudado, pero eso no le quitaba nervios al asunto.
-        Bueno niña, ¿Qué le puedo decir? Ignoro como ha sucedido esto, pero es una orden real y una orden real es algo que no se puede ignorar-
-        Sí señor, lo sé, pero…es que no me siento preparada-
-        ¿Para qué? No me diga que tiene miedo a volar-
-        No, no es eso- enrojeció, la avergonzaba que el director pensaba eso
-        ¿Entonces?-
-        No sé, que la Casa Real me encargue una tarea a mí, que ni siquiera soy una agente plena. Solo soy una pasante – aclaró a modo de disculpa
-        Y muy buena señorita – la animó el director y ella volvió a enrojecer de vergüenza, pero esta vez bien.
-        Vamos, vamos- insistió el director- tampoco es la gran cosa lo que le encargan, una persona preparada como usted puede hacer el trabajo perfectamente bien en no más de una semana. A parte, sabe que hasta yo he de salir de misión por unos días, con esto de las vacaciones en el hemisferio norte estamos cortos de personal- la animó- Vamos niña-
No había nada que hacer, no podía decir que lo que la ponía mal era tener que trabajar para “la realeza”, que una cosa era trabajar para un ministerio del gobierno y otra trabajar para la reina.  Apesadumbrada tomó los pasajes que le entregaban y se marchó a empacar, el vuelo salía esa misma tarde.
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Inicio 5. Ciudad del Guayra Actual estado de Paraná, Brasil.

Esa cálida y húmeda mañana parecía una igual a cualquier otra, pero no lo era, era su última mañana activa. Esa tarde tenía su entrevista de despedida en la Casa Real y luego lo esperaba la jubilación. En realidad el beneficio se adelantaba algo pues el comienzo de las vacaciones en Madrid hacía que no quedara nadie que pudiera realizar trámite alguno y la Casa Real había decidido adelantar la entrevista. Aunque él aclaró que no era necesario.
En fin, de nada valía condolerse, la decisión ya estaba tomada aúnque no la hubiera tomado él.
Con tranquilidad terminó de empacar y se dirigió a la puerta del tiempo que tenía en el corral de la casa. A decir verdad la misma había sido usada pocas veces, no pasaban muchas cosas en la ciudad. Es más, lo más importante que podía recordar era la misión esa de rescate de indios guaraníes que habían caído en manos de los bandeirantes durante el gobierno de Felipe III. (ver a tiempo de Navidad)
Nunca olvidaría la cara de Salvador, en vísperas de Navidad, al pasar del frío de Madrid al Calor de la Guayra….y sonrió recordando el momento.
Bueno, se animó a sí mismo, vamos. Tenía turno con la consulta Neurológica antes de ir a la Casa Real.
Cuando cruzó la puerta no se molestó en mirar atrás, a la vida que dejaba en los trópicos sudamericanos, no tenía sentido, de todos modos posiblemente el avance del Alzheimer lo dejaría sin recuerdos en poco tiempo más.
Cuando apareció en los pasillos del ministerio no le llamó la atención ver todo tan desierto. Las vacaciones son sagradas.
Saludó al portero y salió a la calle. Despacio caminó por las veredas de Madrid disfrutando cada paso. Se tomó un café de camino a la consulta.
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Luego de revisarlo el médico le pidió unos estudios y le encargó que sacara un turno para la semana siguiente, ni bien los tuviera hechos.
Saludó al médico y se marchó, de nuevo a pie, hacia la Zarzuela. Una vez allí, contra lo usual, lo hicieron pasar inmediatamente.
-        Adelante amigo ¿Cómo está usted?- le saludó el edecán
-        Bien, bien señor, gracias por recibirme-
-        Por favor, venga por aquí, la reina lo espera-
-        ¿Reina? – preguntó – hubiese jurado que teníamos un rey- la cara del edecán se ensombreció sin que se le notara
-        No, no señor, tenemos una reina, y muy guapa por cierto-
-        ¿Sí?, disculpe, debe ser la enfermedad de mierda esta que me está atacando el coco- dijo enojado con sí mismo, ignorando todo protocolo
-        No se preocupe, se entiende- lo disculpó el funcionario- pase, espere aquí un minuto, ya lo reciben - y salió por una puerta lateral
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-        Ya está aquí señora-
-        ¿Y bien? ¿Qué le parece?-
-        Ha entrado preguntando por el rey…-
-        Nooo – dijo ella tapándose la boca con la mano derecha en gesto de temor.- tenemos que actuar rápido. Esperemos que lo que dicen los médicos sea cierto y podamos conjurar esto antes de que sea tarde-
-        El doctor que lo acaba de revisar en la consulta neurológica dice que el Alzheimer aún no está muy avanzado y que podrá llevar adelante cualquier misión que no sea muy complicada-
-        Bueno, esta misión es muy importante, pero complicada no es- dijo esperanzada
-        Roguemos a Dios que así sea y ese pretendiente no llegue nunca al trono-
-        Sí, es lamentable que tengamos que intervenir para asegurarnos que se atragante comiendo esas almendras que tanto le gustan. No puedo olvidar que, al fin y al cabo es un antepasado-
-        Sí querida, pero has tenidos cada antepasados- dijo el hombre que acaba de entrar a la habitación, mientras el edecán inclinaba la cabeza en señal de respeto ante el rey consorte.
-        Bueno, vamos, pronto sabremos si seguiremos en este mundo o no- sentenció Isabel mientras se persignaba.
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Parte3  – La Madrid que no fue

El sol brillaba esplendoroso sobre la puerta de él mismo, en aquel luminoso medio día de mediados de Agosto.
La ciudad lucía vacía, como era lógico en época de veraniega. Veraniega por lo menos en esta mitad de España, porque es sabido que la otra mitad, la que está al sur del Ecuador en esta época está en pleno invierno.
Esté simple hecho había dotado a España de una ventaja que ningún otro país tenía, la de tener siempre gente trabajando, pues mientras una mitad disfrutaba de sus merecidas vacaciones anuales en Julio-Agosto, la otra lo hacía en Enero-Febrero.
Pasadas favorablemente las conmociones de las guerras de independencia y tras una dura etapa de transformaciones el imperio se había convertido en lo que era, una gran nación integrada y expandida por todo el mundo.
Solo los chinos tenían algo parecido en su país de dimensiones continentales, los rusos encerrados en el norte continental y los británicos con su comunidad de naciones.
Esto había llevado a no pocos dolores de cabeza, los ingleses habían estado muy cerca de transformar el imperio en un rejuntado de países más o menos grandes, nominalmente independientes,  de España, que fácilmente habrían caído en sus manos, más precisamente en las manos de la “city”, a través de ese nuevo colonialismo económico que habían desarrollado y que tanto éxito les había traído en los lugares del mundo donde habían logrado aplicarlo.
Pero esa era otra historia. Hoy las cortes Españolas con su doble cámara donde estaban los representantes de todas y cada unas de las regiones del mundo; una donde cada reino contaba con un miembro, lo que los igualaba, desde la más pequeña comarca peninsular hasta la mayor extensión de las regiones americanas, los antiguos virreinatos y otra proporcional a la población de cada región, mantenía el delicado equilibrio legislando para todos y por todos, cuidando que el primer ministro no tuviera que vérselas sin leyes necesarias y que el rey, o reina, como en estos tiempos, pudiera seguir siendo aquello en que se había convertido la realeza, un símbolo. Símbolo que hoy muchos cuestionaban pero que había servido como elemento de cohesión cuando más se lo había necesitado.
Todo esto no impedía, por supuesto, que en esta época del año las playas mediterráneas y del Caribe estuvieran llenas de anglo parlantes disfrutando del sol del que normalmente carecían.
Si parecía que los únicos habitantes de la España europea eran los turistas. Esté año particularmente habían venido muchos desde Córdoba de la Nueva Andalucía para alentar al IACC que jugaba la final de la copa de la reina contra el Atlético de Madrid. Por todos lados había banderas a rayas rojas y blancas, los dos equipos tenían camisetas con esos colores y diseños, lo que hacía difícil discriminar las parcialidades.
Fuera de esto estaban los infaltables alemanes, e ingleses, paseando con el torso casi desnudo, tomándose todo el sol que les era posible…si es que les quedaba algún lugar luego de tomarse toda la cerveza disponible en los bares de la ciudad, y los asiáticos orientales que, con sus cámaras fotografiaban y filmaban todo lo que veían, como si les fuera imprescindible registrar todo en vez de disfrutarlo mientras lo vivían.
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El teléfono sonó insistente y no tuvo más remedio que atender, a pesar de que estaba a un paso de apagar la luz del despacho e irse de vacaciones. Que bien se las había ganado.
Escuchó con atención y, conforme escuchaba, la cara le iba cambiando
-Pero señor- atinó a balbucear- ¿no se puede hacer cargo el ministro en Lima?-
La respuesta no se hizo esperar, y, por el tono quedaba claro que no admitía contra pregunta.
-Entiendo, el asunto con el Inca es de vital importancia y no se lo puede distraer con una nimiedad como esta…- asintió y siguió escuchando
-Bueno señor, despreocúpese, me haré cargo, ya veré que patrulla puedo enviar a la misión-
-…….-
-Si sé que usted sabe que todo el mundo está de vacaciones en el ministerio y le agradezco que confié en mi nuevamente señor. –
-…..-
-Que tenga unas felices vacaciones Señor-
Sabía que tenía que haber apagado el móvil unos minutos antes. Miró su reloj y suspiró. Tendría que llamar a la aerolínea y pedir que le cambien el boleto para el próximo vuelo, eso tendría su costo, pero se podía solucionar. El problema sería que no hubiese lugar, lo cual, en Agosto, no era raro.
Con resignación volvió a sentarse tras el escritorio y a encender el ordenador.
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-Buenas tardes, disculpe que la moleste Amelia. Gracias por contestar-
- Ah, que recién se levanta. Disculpe, con esto de los usos horarios a veces me pierdo lamento haberla despertado, pero es que la necesito por aquí-
-……-
-Si, si se que está de vacaciones, pero…-
-¡Una semana! Para poder salir de allí ¿Pero dónde está usted Amelia?-
-…..-
-A si, si claro que me acuerdo que me había dicho que se iba a la amazonia peruana en una expedición a las fuentes del Marañón. Bueno, bueno, no se preocupe, ya me las arreglaré siga en lo suyo y que la pase bien. La espero al regreso-
-…..-
-Sí, sí yo también la aprecio-
Y tachó el nombre de Amelia de la lista. ¿A ver quién sigue?
Marcó el número de Pacino y, para su desconsuelo, una agradable voz con acento de Nueva Granada (Colombia) le contestó que el móvil estaba fuera de alcance, entonces recordó que Pacino había dicho que iba a buscar esmeraldas a las selvas colombianas. Lo tachó también
El siguiente en la lista era Alonso, ni pensar en él, a estas horas debería estar en la estación espacial de Guayaquil, en el ecuador, a punto de salir hacia la luna en un tour que hacía años venía preparando. Sus buenas horas de entrenamiento y de sesiones de psicoanálisis le había costado prepararse para volar al espacio. Así que también lo tacho de la lista
Pensó en Irene, pero la descartó también, sabía que se había ido a esquiar a los Andes fueguinos y que, por principio, no llevaba el celular estando de vacaciones. ¡Esquiar en mitad del verano! No se privaba de nada la mujer. Pero bien trabajaba para merecerlo…
Recorrió la lista, cualquier funcionario le sería útil, la misión era cualquier cosa menos complicada, más un capricho de alguien para quedar bien con la Casa Real que otra cosa. Son esos trabajos que él pensaba había que rechazar, pero el presupuesto lo firmaban otros y esas cosas eran pequeñas molestias que se soportaban, siempre y cuando no entrañaran riesgo para la función del ministerio. Y, la verdad, una pavada como aquella no entrañaban ningún problema.
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Parte 4: Una decisión apresurada

-        Ehhh, ¿Qué haces aquí Salvador?. Te hacía de vacaciones- escuchó decir desde la puerta del despacho. Ahí, bajo el dintel, con su inconfundible sonrisa estaba Rafael. ¿Cuánto hacía que no lo veía? Desde la misión al Iguazú, en la época de la unión dinástica, creyó recordar
-        Rafael. ¿Qué haces por aquí?-
-        Ya me ves, me estoy jubilando y vengo de la audiencia real…-dijo sin terminar la frase
-        ¿Pasó algo malo?- preguntó con aprensión temiendo la respuesta
-        No, nada, supongo que será esta enfermedad que me está haciendo perder la memoria-
-        ¿Qué te pasa?-
-        La vida amigo, la vida. Los doctores dicen que tengo Alzheimer-
-        Bueno ánimo, hoy la medicina está muy avanzada y algo se podrá hacer-
-        Sí eso espero, porque hubiera jurado que la última vez que nos vimos me habías dicho que teníamos un rey…un tal Felipe VI o algo así y no esta bella reina….Isabel….Isabel…-
-        Isabel IV. Sí, sí, es muy guapa, es cierto y parece ser tan capaz como la primera y la tercera. Ojala así sea-
-        Falta que nos hace, aúnque entiendo que en estos tiempos no es tan importante como en los míos. En fin, como sea, yo ya me estoy retirando ¿te conté que vine a la Casa Real para la despedida antes de la jubilación –
-        Sí, sí me contaste-
-        Ah ¿sí?, es que estoy enfermo tengo….tengo… bueno, no importa.  ¿Y qué hay de ti?-
-        Pues, acá me ves, tratando de armar una patrulla, justo en estos días cuando no hay nadie-
-        ¿Una misión…?
-        Ah, sí, misión, misión, no se puede decir que sea, más bien parece un trabajo de cadetería. ¿Puedes creer la desfachatez de ciertos tipos de la Casa Real?-
-        ¿Qué te pasa Carlos? –
-        Salvador – aclaró esté con paciencia – Es que, con todo el mundo de vacaciones un edecán de la Casa Real me ha llamado en nombre de la reina para pedirme que mande una patrulla ¡a llevar una caja de avellanas, almendras o algo así a un pariente del siglo XIX! – y se quedó callado unos segundos mientras Rafael lo observaba atentamente, luego continuó.
-        Disculpe amigo, es que soy un hombre paciente, pero a veces me cuesta trabajo serlo. Dime ¿Qué tanta importancia puede tener satisfacer un capricho de un príncipe del siglo XIX? El ministerio no está para eso.-
-        Bueno Ricardo, no te enojes, a lo mejor hay algo oculto en esa misión. Bien sabes que a veces los jefes no cuentan todos los detalles a los subordinados- Salvador se puso tieso, aúnque fueran conocidos, quizás amigos con Rafael, no resultaba agradable que le recordaran que era un simple ministro.
-         Sí, puede ser – acepto a regañadientes- pero he estudiado al príncipe en cuestión y más allá de haber sido un tipo bastante “zoquete”, como la mayoría de esa época, no tiene nada de extraordinario. ¿Qué puede influir en la historia que un inútil así reciba o no una caja de almendras?-
-        Uno nunca sabe-
-        Como sea, las órdenes son para cumplir y esta no será una excepción, solo que no encuentro a quien mandar, está todo el mundo de vacaciones- concluyó y, con un gesto de resignación mientras levantaba el teléfono agrego- al final deberé ir yo. Le avisaré a mi nieta que se demorarán las vacaciones-
Los ojos de Rafael se iluminaron con una pizca de picardía antes de preguntar
-        ¿Y porque no voy yo?-
-        ¿Tú Rafael?, pero si ya estás jubilado-
-        Técnicamente no, recién lo estaré el primer día de Septiembre, hasta ese momento aún soy agente del ministerio-
-        ¿Y harías eso por mí?-
-        Por su puesto Alberto, ¿para qué están los amigos?- Una sombra de duda cruzó la mente de Salvador, ¿sería seguro enviar a un hombre que se olvidaba de cómo se llamaba?
En esa cavilación estaba cuando sonó el móvil
-        Sí, sí querida…-
-        ……-
-        Bueno, dile a tu mamá que venga a buscarme, tengo todo aquí en el ministerio-
-        …..-
-        Sí, sí, la abuela nos encontrará en el aeropuerto –
-        …. –
-        Yo también te quiero Mile, nos vemos en un rato, chau chau- y corto
Rafael seguía allí, mirándolo, ¿Qué hacer? ¿Quién lo acompañaría?
-        Pero no puedes ir solo –
-        Eso no es problema, en el avión conocí un par de chicos muy amables que estarán encantados de acompañarme- aseguró, olvidando que había llegado a Madrid por una puerta, no en vuelo de avión.
-        ¿Agentes del ministerio? Supongo-
-        Sí, sí, una pasante de Lima y un ingeniero de mantenimiento de Córdoba de la Nueva Andalucía-
-        ¿Y qué hacen aquí?-
-        La enfermera me contó que venía a hacer un curso de no sé qué cosa y el otro, creo que es un ingeniero o algo así, viene a ver un partido de fútbol, me dijo-
-        Fútbol…pobre muchacho, si viene de Córdoba debe ser simpatizante de Instituto…los vamos a pasar por arriba…en fin- comentó pensando en el partido que se acercaba, al que no podría asistir por estar fuera de Madrid.
-        Bueno- aceptó al fin – toma, esta es la caja y estas son las instrucciones y el número de puerta, estará habilitada para que la usen, pero ¡por favor! ¡No te olvides de cerrarla cuando regreses!.....y, no hagan nada más que entregar el paquete, no tentemos al demonio-
-        Salvador, llevo años de esto, no te preocupes-
Los dos hombres se saludaron, justo cuando de portería le avisaban a Salvador que lo habían venido a buscar.
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Parte5 - Misión de Venganza

Así, parado frente a la pizarra inteligente, parecía más un profesor universitario que el director general de una gran corporación.
Bien visto esto último es lo que era, al fin y al cabo, el puesto de director general de Darrow, o de “la corporación” como más usualmente se la llamaba internamente, era como ser docente, había que serlo de nacimiento, de modo que pudiese transmitir las decisiones de la forma más adecuada para que todos las entendieran, lo mismo que en el aula.
Al mismo tiempo, era solo eso, un director general, que, como tal, tendría poder absoluto mientras  los “accionistas” lo mantuvieran en su puesto, y eso dependía de una sola cosa, los resultados.
Los resultados, siempre los resultados….a veces envidiaba a la gente que dirigía, que pensaban de él muchas cosas, en general ninguna buena, pero que lo entendían como un ser todopoderoso, como un dictador acaso, independiente, sin condicionamientos… y sí, así sería si no fuera por los malditos resultados.
Por su puesto sabía que no era ni el primer ni el último hombre en esa posición y que todos sus predecesores, de una u  otra manera, alguna vez, se habían enfrentado a sus mismos dilemas. No solo dentro de la corporación,  los reyes absolutistas de la Europa de los siglos XV a XVIII, el Inca o los emperadores chinos, los presidentes norteamericanos o los soviets rusos y tantos otros a cargo de poderosas organizaciones, todos eran juzgados en función a los resultados. La diferencia estaba en los medios que cada uno de ellos tuvo a su disposición y los tiempos históricos en que actuaron.
Si se los juzgaba cuantitativamente, sin duda ninguno había tenido tantos medios a disposición como él, pero también era cierto que los demás contaban con condiciones sociales distintas a las que enfrentaba él, los tiempos eran distintos.
A lo largo de la historia siempre hubo que tomar decisiones desagradables, a los vencidos nunca les agradó soportar las pérdidas, pero, en general, había un consenso de que “el mundo era así” que “el que perdía pagaba” y era comprensible que se lo obligara a eso…
Lentamente se dio vuelta, dejando los gráficos de la pantalla a sus espaldas y encarando directamente a los otros directores de aéreas, allí reunidos, en torno a la mesa, cafés en mano.
Con gesto estudiado pasó su vista sobre cada uno de ellos, viendo la incomodidad reflejada en los rostros de los más viejos y el fastidio en los de los más jóvenes.
Al final, tomando aire profundamente antes de hablar, espetó
-        Y bien señores, la situación es clara….espero sus opiniones  -
-        Una invasión – empezó a decir uno de ellos
-        No es posible – contestó otro – sería demasiado onerosa y generaría un rechazo general-
-        Sí, pero ya hemos visto que no se los puede dejar solos, sistemática y reiteradamente, cuando hemos aflojado el control, han vuelto a rehacerse y la ultima vez hasta se atrevieron a atacar a uno de nuestros asociados…-
Una sonrisa general recorrió la sala ante esta última afirmación, pues todos sabían que ese “supuesto ataque” había sido una genial maniobra, pergeñada en esa sala, para poder luego proceder al desarme de ese pueblo sin despertar demasiadas suspicacias.
Sin embargo el director general no sonrió, pues él comprendió exactamente lo que el otro había dicho, pues, si bien era cierto que todo había sido un engaño, los protagonistas, por lo menos los que fueron al frente, no lo sabían, ellos habían ido a pelear honradamente, aún cuando sabían que estaban en inferioridad de condiciones y era una guerra que no podían ganar. Y el pueblo los había acompañado, pues representaba una reivindicación nacional, la reivindicación de un pueblo harto de estar relegado, un pueblo que se sabía merecedor de mejores logros y que había demostrado estar a la atura del desafío, como otras veces en la historia, un pueblo al que había que derrotar en la mesa de negociaciones, porque hacerlo en el campo de batalla era muy costoso, cuando no imposible.
Sí, él también estaba convencido que la solución pasaba por la invasión del territorio que permitiría diluir la sangre combativa de ese pueblo. Había que quebrarlo en sus raíces, pero no se podía hacer a la antigua, había que buscar nuevas maneras.
En torno a la mesa de reuniones las conversaciones se fueron caldeando, cada uno defendiendo sus puntos de vista.
Eso lo hastiaba y satisfacía a la vez. Hastiaba verlos así, como una jauría de perros hostigando a la presa, le helaba la sangre pensar qué pasaría si él se convirtiera alguna vez en la presa; por otro lado, mientras las cosas siguieran como hasta ahora, era un gusto trabajar con gente tan comprometida con el trabajo. Cualquier rey, presidente, o emperador habría estado satisfecho con generales como esos, ¿Por qué no hacer lo que todos querían, lisa y llanamente mandar tropas y arrasar con todo? Los Romanos lo habían hecho con Cartago, el zar Pedro I lo hizo infinidad de veces y otro tanto hicieron los Incas o los Aztecas, y ni que hablar de lo Chinos o los Norteamericanos….si era lo más normal del mundo, siempre había sido así…..pero no, él no podía, porque ellos habían hecho de su “debilidad” su mayor fuerza, era una especie de reaseguro que habían ido forjando con los siglos, la imagen de víctimas eternas, “todos los otros (o sea ustedes) son malos con nosotros”…
Como sea, aunque se pudiera mandar un ejército de ocupación, el costo sería exorbitante, mantener tantos soldados como hacían falta, darles de comer, alojarlos, pagarles y además el costo propagandístico para convencer a todos que solo lo hacían porque era estrictamente necesario, que no tenían interés de invadir ningún otro país….no, no, no definitivamente una invasión no era posible….y sin embargo seguía pareciendo la mejor opción.
Pero Darrow debía seguir teniendo un perfil bajo, cuanto menos publicidad, mejor. Sus negocios, lejos de desaparecer por el duro golpe recibido con la muerte de Ferguson, habían “evolucionado”, ahora los intereses estaban “más diversificados”, eran más lucrativos y seguros….o lo serían, “si consolidaban la acción en curso, esa que lo mantenía insomne desde hacía tanto tiempo, esa que se aprestaban a concluir ahora”. Si tenían éxito, el mundo estaría al alcance de sus manos y ya no temerían más a esos molestos “gallegos” del ministerio del tiempo.

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Parte 6 Misión Capullo

Qué extraño que era esto de moverse en el tiempo, esa reunión de la que participaba no existiría si la misión que se llevaba a cabo en el siglo XIX fallaba…y sin embargo estaban ahí ¿significaría que habían tenido éxito? ¿Habría algún otro tiempo en que los del ministerio del tiempo frustraban sus planes y eran ellos los que mostraban un plan de objetivos como el que él veía en su oficina?. Discretamente pidó una aspirina.
Todo había sido meticulosamente planificado, el objetivo era claro y el premio enorme. Seguramente la opción válida era la que los daba a ellos como ganadores.
-        Señores - llamó la atención de todos golpeando la mesa con el puntero láser.
El pequeño golpe fue suficiente para acallar el murmullo, ello le satisfizo grandemente, porque era su prestigio, no el sonido, lo que había producido el silencio.
-        Debemos analizar ahora la misión “capullo”. Luego seguiremos hablando del tema anterior -
El grupo de accionistas se componía de distintos tipos de personas, los había idealistas, aventureros, poderosos hombres de negocio, algunos políticos inescrupulosos y los infaltables financistas que preveían de antemano las jugosas ganancias que obtendrían si los complotados tenían éxito. Todos interesados en la misión “capullo”, que por supuesto estuvieron acuerdo en el cambio de tema.
Uno de ellos, el jefe de proyecto, tomo la palabra ante la indicación del director explayándose con los prolegómenos de la misma, dando algún que otro detalle de color para amenizar la exposición y sobre todo resaltando los avances en la misión
-        Nuestros socios, mediante la genial idea de crear logias secretas, han logrado captar la atención de los hombres que parecen los adecuados para llevar adelante las acciones de guerra que serán inevitables., así como a aquellos que se encargaran de blandir las plumas para dar sustento ideológico a los movimientos. -
-        Afortunadamente la situación global del periodo es propicia, abundante en ideas revolucionarias y contrarrevolucionarias que facilitan el trabajo - agregó uno de los técnicos ante la mirada con que le había señalado el jefe de proyecto.
-        Efectivamente las ideas de libertad e igualdad – y una sonrisa cómplice circuló entre los presentes- bueno, los hombres son capaces de creer cualquier cosa- se explicó innecesariamente el expositor
-        Esas ideas movilizan a los románticos, de la misma manera que los reaccionarios son movilizados por su conservadurismo. Las acciones del príncipe austriaco Klemens von Metternich serán de vital importancia para apuntalar la ideología de nuestro “capullo” y asegurar el éxito de nuestra misión…-
El sorpresivo ingreso de una temerosa secretaria interrumpió su exposición. La mujer, con paso inseguro se acercó hacia él y le dio un papel.
-        ¿Sucede algo?-
-        Nada que no podamos controlar señor – eso significaba una sola cosa, problemas. Y si había algo que él no quería en ese momento eran problemas en medio de la reunión de directorio
Discretamente fingió cansancio y pidió proseguir la reunión después del almuerzo. Cosa que todos aceptaron gustosos.
Una vez a solas con el jefe de proyecto le pidió el papel que le habían traído y lo leyó, mientras el otro palidecía notablemente.
-        ¿Qué es esto? ¿Agentes del ministerio del tiempo operando en la época?- gruño - ¿no era que los habían neutralizado a todos?, ¿Para qué me hicieron autorizar el presupuesto para desarrollar el gas de la memoria si no da resultados?- concluyó con un golpe de fastidio sobre la mesa
-        No señor, el gas no ha fallado -
-        ¿Y entonces? -
-        Aún estamos averiguando que pasó, sospechamos que la cámara de la reina esta tras esto –
-        ¿Cómo es eso?-
-        No sabemos cómo, pero tememos que hayan detectado que intervenimos para evitar que “el capullo” se ahogara, alterando la línea de tiempo que hizo de Isabel IV la reina de España
-        La reina, ajá, ¿y qué piensan hacer? -
-        Tenemos un plan B señor, no se preocupe -
-        ¿Qué no me preocupe? ¿Cómo lo piensan solucionar? -
-        Recurriendo a sus enseñanzas señor- la respuesta lo dejo helado, o el jefe de proyecto era un reverendo chupamedias, o era un tipo peligroso que aprendía rápido
-        Supongo que no pensará recurrir a la violencia, si lo va a hacer debe ser muy cuidadoso de que nadie lo advierta-
-        No señor, ni bien nos confirmen los datos de las personas que parecen haber atravesado la puerta yo mismo me encargaré. Si una de las personas es quien pienso será fácil neutralizarla - y no dijo más nada ocultando la jugada que tenía planeada
Efectivamente, pensó, se trata de un reverendo hijo de puta, muy útil en la empresa, pero peligroso. Los hombres que piensan solos son de cuidar. Mentalmente anotó no perderlo de vista.
Se levantó, le dio una palmada de aliento y lo animó a seguir adelante, recomendándole que lo tuviera al tanto de todo lo que pasara.
Cuando se retiró se fue a su cuarto, se cambió de ropa y se marchó a la época en cuestión. Una cosa era mostrar confianza en un subordinado y otra muy distinta era tenerla. Menos en una misión como esa.
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Parte 7 Valençay.

Era una suerte que Napoleón, en su interés por mantener alguna apariencia de legalidad y asegurar la colaboración de su huésped, si fuera necesario alguna vez, hubiese decidido colocar, aúnque sea nominalmente, bajo dominio español los dominios donde tenía cautivo al real heredero que legalmente tenía derecho a la corona que ahora portaba su hermano José “Pepe Botellas”.
Por su puesto esta “dominación” española sobre las zonas de Valençay, carecían de todo sentido, pero eran suficientes para permitir el funcionamiento de una puerta del ministerio.
En el ministerio tenían prohibido usar esa puerta, por orden real. Sin embargo, como la alternativa para cumplir la orden del edecán hubiese significado exponer a agentes inexpertos a recorrer cientos de kilómetros por territorio enemigo, se autorizó excepcionalmente su uso.
Uno a uno fueron atravesando la puerta y entrando en la pequeña ciudad, más que ciudad una aldea que no llegaba a los dos mil habitantes, cuyo único mérito, aparte de tener al rey español como prisionero era poseer un queso de relativo renombre.
Caminaron lentamente por  las estrechas calles. Tanto la pequeña socióloga Yanay como José, el ingeniero, era la primera vez que caminaban por otra época y todo les llamaba la atención.
La suciedad y pobrezas generales herían su susceptibilidad, especialmente de Yanay que confirmaba su certeza de que la situación de esas pobres gentes se debía a la acción de los reyes de Francia
-        ¡Y eso que no estuvisteis aquí en la época de … de… ay, ¿Cómo se llamaba ese rey tan poderoso que sus buenos dolores de cabeza nos causó- se preguntaba Rafael tratando de recordar a Luis XIV
-        No importa cómo se llamara abuelo. Me alegra que la revolución los haya derrocado a todos dijo con enojo la socióloga y más despacio, por las dudas, agregó- lástima que aún tengamos los nuestros-
-        Bueno basta de hablar- dijo José- vamos así allí, a la puerta esa que nos dijeron y se encaminaron a la residencia indicada.
Al llegar, antes de llamar, Yanay notó que José no estaba
-        ¿Dónde se ha metido? – preguntó a Rafael
-        ¿Quién? –
--        José, el ingeniero cordobés –
-        ¿Un ingeniero?¿para qué necesitamos un ingeniero?-
--       Huyyy- gruño- espera aquí Rafael, lo voy a buscar. Ahí está – dijo indicando hacia un pequeño tumulto donde se veía al joven haciendo jueguito con una pelota de trapo en medio de un nutrido grupo de chicos que le miraban asombrados.
-        Vamos – le dijo tomándolo jocosamente de una oreja, cuando José se agachó para levantar el balón del suelo
--        ¡Ay no tires que duele!- grito entre risas, ante la pulla general de los niños, que seguramente recordaban el accionar de sus madres. Que las madres siempre han sido madres, en cualquier época del mundo
--        Vamos José, hagamos lo que nos han pedido y luego te quedas un rato a jugar- lo amonestó Yanay y regresaron junto a Rafael
En la puerta los atendió un hombre servicial, pero hosco. Evidentemente o no tenía la educación necesaria o no estaba conforme con el soberano a quien servía.
-        Pasen, “su alteza” los atenderá aquí - les dijo y se marchó
Al rato, por una puerta del fondo de la habitación, acompañado por dos criados, apareció un hombre de unos treinta años, no muy agradable, por lo menos no para los cánones modernos, que con paso despatarrado se encamino hacia ellos.
Al verlos se dirigió directamente a Rafael, el mayor del grupo, a quien tendió la mano en evidente acto de beneplácito que el viejo agente realizó cumplidamente besando la real mano.
Luego dirigió una mirada rápida a José, a quien tomo por un plebeyo o persona de rango menor y, por supuesto ni miro a Yanay, que, aparte de ser mujer, tenía la piel cobriza y el porte achaparrado que la identificaba plenamente como una indígena de los reinos sudamericanos, indigna por tanto de la atención real.
Muy grande fue el esfuerzo que tuvo que hacer la muchacha para no saltar a la real yugular del “capullo” que tenía delante.
La fuerte mano de José y la mirada reprobatoria de Rafael ayudaron a contenerla.
-        Y bien señor, ¿Qué os trae a mi presencia?. Me dijeron que teníais, para mí, noticias de una persona real. ¿Acaso será que el emperador se ha decidido a adoptarme?- dijo esperanzado en que la respuesta le llegara del mismo Napoleón ante quien no había dudado en rebajarse hasta el punto de solicitarle sea su padre adoptivo.
-        Me temo que no su alteza – dijo Rafael – se trata de un presente que os quiere hacer llegar una parienta lejana – concluyó mientras le pedía a la muchacha la caja
Esta se la entregó a regañadientes, mientras le maldecía, en quechua
-         Ojalá se te atraganten cabrón -.
Rafael, que entendía el idioma la miró con una mezcla de miedo y reprobación
-        Qué quiere, me cae mal - se excusó en un susurro Yanay
-        Su alteza – Pidió Rafael extendiendo hacia la real figura la caja que le dieran
-        Ah - fue el despectivo comentario del convidado, mientras tomaba una confitura de la caja y se la metía en la boca
La degustó con desdén ante la vista de todos los presentes. De pronto sus ojos se entornaron, su respiración se hizo dificultosa y su cara comenzó a tornarse azulada en evidentes espasmos de ahogo.
Uno de los sirvientes que lo acompañaban, extrañamente atento a lo que sucedía, reaccionó con rapidez pegándole un buen golpe en la espalda, haciendo que tosiera y expulsara la confitura que se le había atragantado.
-        ¡Bruja! ¡Brujería!- gritó el rey señalando al grupo
Instantes después, los patrulleros con la caja de avellanas fueron arrojados a la calle sin ningún tipo de miramientos, ante la vista satisfecha de un extraño monje que se les acerco
-        Êtes-vous d'accord?- les preguntó.
Ninguno de ellos hablaba francés, por lo tanto solo le respondieron con un circunstancial gesto de cabeza y se marcharon renegando del mal rato que habían pasado.
De camino a la puerta Yanay regaló la caja de avellanas a unos niños que corrían por allí, los cuales las aceptaron gustosos entre risas de alegría y palabras de agradecimiento
-        Esto es mucho mejor que esos aristócratas mal nacidos - dijo dando un golpe a la puerta, luego de pasar de regreso al ministerio.
El monje que los observaba de lejos tuvo que aceptar que el plan “B” de su subordinado había tenido éxito y que se podía volver a su despacho. Darrow requería de su conducción continua.
Si no se cruzaba ningún otro “problema” ya nada detendría el avance del plan y España dejaría de ser lo que era, dejando limitado el accionar del ministerio, a partir del siglo XIX, al territorio europeo de España. Eso les dejaba libre todo el mundo. ¡Un negocio Genial! ¡Ferguson jamás habría sido capaz de algo así! Se felicitó mientras regresaba a su oficina.
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Parte 8 Regreso

La misión se había cumplido, ya que el encargo había sido entregado al rey,  aunque las golosinas, en vez de ser disfrutadas por un aristócrata energúmeno, habían ayudado al disfrute de unos 10 chicos del pueblo llano. Sus rostros agradecidos eran recompensa más que suficiente.
A parte, ¿Quién notaria la diferencia? ¿A quién podía importarle quien se había comido las almendras? Seguro que nadie, así que todos tranquilos.
Además faltaba poco para la final, pensó José y no era cosa de andar llegando tarde por culpa de un príncipe goloso.
A veces, el que los subordinados no conozcan la verdad de su misión hace que esta tenga falencias. Son los riesgos que se corren al actuar secretamente.
Sin pensarlo dos veces satisfechos y felices de la extraña experiencia vivida marcharon por la puerta por la que habían llegado y la atravesaron.
-        ¿Dónde estamos? - preguntó Rafael al ingresar en los pasillos del ministerio, cada vez más desorientado
-        En el ministerio abuelo - le aclaró suavemente Yanay que le había tomado cariño, siempre tan atenta y solicita ella, no cabía duda que la ayuda social era lo suyo.
-        Ah, si, mi amigo Julián trabaja acá. ¿Les conté que yo era agente del ministerio en el siglo..siglo…-
-        Si don Rafael nos contó eso y que vino a recibir el saludo de  la reina antes de jubilarse -
Y así, conversando animadamente se encaminaron hacia la puerta de salida.
Antes de llegar a ella los sorprendió ver 3 hombres, enfundados en trajes como los que usan los apicultores, fumigando la zona.
Estos, sin darles tiempo a cubrirse las caras siquiera, les echaron encima el humo que salía de sus máquinas y….
Al abrir nuevamente los ojos los tres se encontraron fuertemente agarrados por fornidos guardias
-        Bueno, por fin despiertan- dijo un hombre de serias facciones - ¿pueden explicar que hacen aquí? -
Los tres se miraron sin comprender, efectivamente no sabían que hacían allí, es más, ni siquiera sabían qué era allí.
-        ¿Salvador? - preguntó de pronto Rafael
Al escuchar su nombre Salvador pareció reconocerlo
-        ¡Rafael! ¿Qué hace usted aquí? -
-        Pues, he venido a recibir el saludo de la reina antes de la jubilación- contestó Rafael muy ufano
-        ¿Reina?¿Que reina? ¿De qué hablas Rafael?-
-        Pues de Isabel IV, esa muchacha tan guapetona que tenéis de reina en esta época..o eso creo…-dudó – aunque, me parece que cuando nos vimos en el Paraná me habíais dicho que reinaba un tal Felipe…Felipe-
-        Felipe VI-
-        Ese, ese, pero… a mi me parece que el saludo real me lo dio la reina-
-        Ah, doña Leticia, ella sí es guapa-
-        No, Isabel, ¿o era Leticia? Disculpa, es que con los años….-
-        No te preocupes amigo, ven vamos a mi oficina a tomar un café y me cuentas mejor- invito Salvador
-        Sí, es lo mejor Gaspar- aceptó Rafael
-        ¿Cómo salió Instituto? – Se escuchó que preguntaba el hombre joven
-        Señor ¿Qué hacemos con estos dos? - preguntó el jefe de la guardia
-        Pues, terminad de interrogarlos y luego los deportáis por indocumentados. Ninguno es español -
El guardia se cuadró en un saludo marcial y se marchó llevándose a Yanay y a José que aún parecían victimas del aturdimiento.
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-        Señores - dijo para pedir silencio con la copa en alto – pido un brindis por nuestro director general cuyo hábil manejo de la situación nos ha abierto las puertas de las riquezas de América. ¡¿Qué digo de América?! ¡del mundo! - y todos rompieron en un estruendoso aplauso

En el gráfico de resultados, en la pantalla tras el director, se veía claramente la línea de resultados.
No podía pedir más, la magistral jugada de desmembrar España lo había convertido en la persona más importante. Todas las grandes compañías querían hacer negocios con ellos o sus asociados ¡si ¡hasta la gente del odiado ministerio del tiempo había que tenido recurrir a ellos en busca de presupuesto!. No, no directamente a Darrow, el nombre se mantenía al mayor resguardo posible, el presupuesto les era facilitado por una compañía norteamericana asociada, una que como pantalla se dedicaba al negocio de las películas y series por internet, pero no importaba que ellos no supieran quien estaba detrás de todo, ellos sabían que se habían vengado.
A los del ministerio les hubiese convenido más que Lola no existiera y Ferguson siguiera al frente de las operaciones. Al fin y al cabo el viejo era un incapaz de pocas miras.
Pero no era así, ahora él estaba al frente y la diferencia se notaba.
Sin lugar a dudas sería difícil para otros superar sus logros.
Sin embargo no todo era alegría, al menos no para él que era consciente de las fisuras del plan. El gas, tan efectivo, había demostrado no ser efectivo con el anciano. Paradójicamente el Alzheimer parecía haberlo protegido…. No era muy peligroso, pero era necesario atender a eso.
Otro punto que requería atención eran los lectores. No se podía saber quien ni donde leía.  Sería necesario ubicarlos para llegar a algún acuerdo con ellos. En general unos buenos billetes eran suficientes, y ellos ofrecían bastante más que unos buenos billetes.
De hecho, si ha leído todo este relato preste especial atención al siguiente video. Muchas gracias.



Epilogo

Cuando termino el relato el silencio quedo flotando en el aire, hasta que el arriero hablo
-        Vaaaa , ¿Quién se va a creer esto? – exclamo el arriero
-        ¿no le gusto? -
-        Se, bue, ¿Qué le puedo decir? Cuenta cada cosas usted- al tiempo que se levantaba para irse, dio unos pasos, como dudando de algo y pregunto
-        ¿Para qué puso ese video?-
-        No sé, me pareció no más -
-        Lo suponía. Bueno que tenga buenas noches –
-        Buenas noches –
Eran amigos desde el primer relato, pero eso no hacía que el arriero fuera más comunicativo, ni que el escribiente se sintiera, a veces, decepcionado con ese carácter. Por ahí le gustaría oir algún comentario sobre lo que escribía. Pero, ¿Qué se le podía hacer?
Ya se habían retirado todos. Era tarde.

Apago las brasas que quedaban y se volvió a su casa, en su tiempo.

Córdoba - Argentina - 20 de Mayo de 2017

jueves, 5 de enero de 2017

Tiempo de Realeza - año 7 AC - reyes por un Tiempo (partes 1 a 8)

Tiempo de realeza – año 7 ac – reyes por un Tiempo






Parte 1
Parado sobre el promontorio tenía una vista soberbia del estrecho canal llamado Bósforo, que sería dominado por “su” ciudad. De un lado, la entrada al pequeño Propontis, que algún día llevaría el nombre de Mármara, del otro el Ponto, que las generaciones futuras conocerían como Mar Negro, con sus costas llanas tan ricas en tierras fértiles y granos;  a sus pies esa ciudad aun en obras donde se transformaba la entonces humilde Bizancio, fundada por Byzas frente a la “ciudad de los ciegos” hacia ya 600 años, en la Nueva Roma destina a ser la nueva capital del enorme imperio que le tocaba presidir; “su” capital.
Todo parecía marchar bien, desde que se deshiciera de Licinio gobernaba solo y nadie tenía poder como para osar oponérsele, por lo que se podía dedicar de lleno a una de sus grandes pasiones, construir, algo que le fascinaba casi tanto como gobernar.
Gobernar, eso sí era algo digno de hacerse. Tantos hombres y mujeres, tantas vidas dependiendo de sus decisiones, cada uno con sus cosas, sus dioses y creencias. Se quedo un rato con ese pensamiento, “los dioses”, ¿Qué creer?, porque de eso se trataba, de creer, pues nadie tenía pruebas de nada, aunque todos sostenían que el dios que adoraban era el verdadero, desde los antiguos griegos con sus misterios a los sencillos romanos con sus dioses agrícolas o los sofisticados orientales con sus creencias tan fastuosas, sin dejar de lado a esas gentes monoteístas de las provincias de medio oriente.
Esos eran el futuro, lo podía ver claramente con su visión de avezado político, en los monoteístas estaba el futuro, eran muy activos y tenían una fe ciega en su Dios.
En vano sus predecesores los habían perseguido, cuanto más se los atacaba más fuertes se hacían. Si, sin duda ahí había algo, pero ¿Qué?.
Comprendía claramente que constituían una fuerza a la que era necesario catalizar en beneficio propio, por eso había decidido apoyarlos, por eso y porque…porque podían tener razón, la historia que contaron los viejos Pablo y Pedro era fascinante, ¿y si fuera verdad?. No había forma de saberlo. Al pueblo no le importaba eso, con la fe les alcanzaba; pero él quisiera algo más; su corazón sentía simpatía por el nuevo credo, pero su mente deseaba algo más, alguna prueba. Tal un nuevo Tomas.
La idea le avergonzaba algo, pero él no era hombre de fe ciega, por más que hubiese adoptado el emblema de la cruz para ir a la batalla y esto hubiese significado la victoria, su espíritu deseaba algo más, por eso y no solo por política, eludía el bautismo que tanto le pedían los cristianos que aceptara.
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-Señor- le llamo alguien desde abajo. Dignamente, como correspondía a su cargo, le dirigió la mirada, interrogando sobre la razón de que se le interrumpiera cuando disfrutaba de contemplar la perla más grandiosa de sus dominios.
-Señor- volvió a insistir humildemente el hombre- hemos encontrado algo que requiere su atención.-comento, y al notar que el emperador lo miraba, aclaro -Unas extrañas reliquias-
Más reliquias, la zona estaba plagada de ellas, ser la encrucijada de la civilización durante 600 años tenía esas consecuencias, era inevitable; pero, bueno, la gente sencilla era así, todo le llamaba la atención y creían siempre haber encontrado algo distinto, extraño, especial. Como sea, el encanto se había roto, así que bajo de la roca y acompaño al hombre.
Con paso ágil se dirigió, siguiendo al hombre que lo había llamado, hacia el lugar donde se llevaban a cavo las obras para la construcción de su futuro palacio, en un lugar cuidadosamente elegido por él, que guardaba celosamente las razones de ello. La belleza del lugar daba una buena explicación a quien preguntara.
Al llegar se le acerco, obsequiosamente, el encargado del turno. El emisario que había ido a buscarlo saludo humildemente y se retiro.
-Cesar, venga por aquí, con cuidado por favor- indicándole unas escaleras que descendían a uno de los posos de la construcción, un lugar indicado expresamente por él. En las paredes de roca, a los costados de una rampa que descendía lentamente en espiral, se encontraban una serie interminable de puertas, algunas ya completamente despejadas y otras apenas insinuadas por sus dinteles.
El corazón le latió con fuerza al comprender que quizás los misterios eleusinos tuvieran su fundamento real. Por su puesto su rostro, tan impasible como el de las estatuas que lo representaban, no dejo traslucir ninguna emoción, hubiese sido impropio de su rango.
Luego de recorrer la zona ordeno retirar a todo el mundo y resguardar el lugar. A partir de ese momento nadie podría estar allí sin su autorización expresa.
Así permaneció el predio, sellado a cal y canto, transformándose en uno de esos lugares de los que nadie habla. El deseo del emperador era ley.
Años más adelante todo quedo comprendido dentro de un proyecto mucho mayor. Cuando “Hagia Sophia” fue consagrada allá por el año 360 solo unos pocos hombres, a parte del emperador mismo, tenían noticia de su existencia y así siguió hasta el fatídico año de 1453 en que todo se perdió y el lugar desapareció.
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Luego de aquel suceso, como correspondía, la vida siguió su curso, la ciudad creció, el imperio creció. La gente llego, algunos se quedaron, otros partieron, los amigos fueron envejeciendo, los enemigos también, él los acompaño.
En todo momento se abstuvo de tocar las puertas, tenía por cierto que eran un poder muy grande, aun para el emperador. Era algo que en algún momento debería encarar, pero no hasta que se sintiera capaz, o próximo al final.
Hubo rebeliones, momentos en que todo estuvo a punto de perderse, y reconquistas, momentos en que todo volvió a encaminarse. Hubo héroes (más bien heroínas, y no pudo evitar una lagrima de recuerdo por la emperatriz) y no tanto (recordó íntimamente avergonzado). Con el tiempo el fin se fue acercando. De apoco sin darse cuenta fue llegando a ese momento en que, aunque no lo queramos, se impone el balance final; los recuerdos de lo hecho y lo no hecho, lo que paso y lo que no y las dudas, los ¿Qué habría pasado si…? los ¿Podre hacer algo aun…?
La transformación del imperio había sido no grande, ¡enorme!, aunque no todo había ido tan bien como hubiera deseado. Muchas cosas habían cambiado.
El ejército había vuelto a hacer respetar el nombre del imperio. La economía era nuevamente prospera, en parte gracias al gran aporte que le hizo al acuñar su nueva moneda que tenia exactamente la cantidad de oro que decía tener y en la que todos podían confiar.
Las leyes se habían revisado y compilado en lo que esperaba fuera una obra que trascendiera su tiempo, una legislación más clara y humana, fuertemente influenciada por los preceptos cristianos.
Los cristianos, cuando llego al poder estos eran una minoría perseguida, ahora eran un verdadero poder dentro del estado y él era el poder sobre ese poder, como emperador era Pontífice, la máxima autoridad religiosa. Pero era difícil serlo, la generalidad de los cristianos no escapaban a los males del mundo, estaban desunidos, se habían transformado en los peores enemigos de ellos mismos. Vivian continuamente discutiendo sobre quién era el más importante, quien tenía más razón, que teoría era más verdadera, y enojados si no se les daba la razón, no solo eso, porque muchas veces no les alcanzaba con que se les diera la razón; para estar contentos necesitaban que se destruyera a los otros. Preferían verse muertos antes que dar el brazo a torcer….eso era descorazonador, aunque muy útil para gobernar, cuanto menos se soportaran entre sí más difícil seria que alguien pudiera disputarle el poder. Pero era muy decepcionante y él ya estaba muy viejo para eso.
Así estaban las cosas la doctrina de Jesús era divina, pero el comportamiento de la mayoría de la jerarquía eclesiástica era muy humana.
Ante este panorama la duda era inevitable, en privado se cuestionaba muchas cosas ¿Valía la pena ser cristiano?  ¿No se habría equivocado al apoyarlos? ¿Qué seguridad podía tener que Jesús había nacido? . Se sentía como Tomas, eso le molestaba. Y, sin embargo…
De pronto se decidió, había algo que tenía que saber y ya era tiempo. Se acercaba la Navidad y el frio apretaba, se sentía viejo y necesitaba calor.
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-¡El emperador!- grito el chambelán que lo iba a despertar todas las mañanas
-¡¿Qué?! ¿Qué pasa con el emperador?- fue la pregunta generalizada
-¡que no está! ¡Que ha desaparecido!-
El revuelo en palacio fue general. En vano se lo busco por todos lados, no estaba en ninguna parte. Temiendo lo peor se hizo rastrillar las aguas cercanas al palacio y más allá, hasta donde razonablemente las corrientes podían haber llevado un cuerpo que cayera en ellas. Nada
Literalmente era como si se lo hubiese tragado la tierra.
Con la mayor discreción posible, para no atemorizar al pueblo, se encargaron rogativas al Patriarca, y se reunieron los funcionarios y familiares para decidir el curso de acción. ¿Qué hacer? ¿Dónde podría estar? Era necesario, aunque más no sea, encontrar su cuerpo.
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Parte 2
-¡Otra más!, pero ¿Qué está pasando? ¿Qué dicen los técnicos?-
-Que están trabajando en eso, pero que aun no dan con la falla- contesto Ernesto- dicen que se quedaran fuera de horario de ser necesario-
Salvador corto el intercomunicador, siempre lo mismo, habría que tener paciencia, pero en ese momento él no la tenía. Abrió un cajón, saco una llave que coloco en la terminal, luego introdujo un código de 16 dígitos y la versión electrónica del manual del director apareció en la pantalla. Tenía que averiguar qué estaba pasando antes de que la falla del sistema se hiciera crítica.
¿Estarían sufriendo algún ataque? No sería raro, con tanto terrorista dando vueltas suelto por ahí.
-Permiso señor- Le interrumpió Angustias – hay alguien que quiere hablar con usted-
-Dígale que vuelva más tarde, ¿no ve que estoy ocupado?-
-Si señor, pero dice que lo envían del ministerio y que es urgente, o algo así, no le entiendo bien-
-¿Del ministerio? ¿Qué dice? ¿Esta bromeando? Del gobierno querrá decir-
-No, no, el insiste que es del ministerio- insistió Angustias- Me ha mostrado una carta credencial que lo acredita, pero yo no le he visto nunca-
-Bueno- suspiro resignado Salvador, ¿Qué otra cosa podría pasar hoy?- dígale que pase-
-¿Le pido a los guardias que lo desarmen?, el no quiere dejar sus armas en recepción-
Salvador levanto a desgana la vista de la pantalla, como interrogándola.
No hizo falta que Angustia intentara una respuesta. La puerta del despacho se abrió abruptamente y un fornido legionario ingreso por ella, sin muchos miramientos y se cuadro firme ante él saludando con el brazo derecho en alto, al mejor estilo fascista. Un frio recorrió la nuca de Salvador.
-Ave Exarca, Nomen mihi est Marcus – se presento
-¿Qué?, Angustias, un traductor urgente- pidió, ignorando que Angustias siempre había sacado buenas notas en Latín.
No hizo falta que viniera nadie, en esos momentos ingresaba Salvatus González, el agente del ministerio destacado en la Cádiz romana.
-Buenos días señor- saludo- disculpe, está muy apurado y no he logrado contenerlo-
-¿Qué es esto González?- urgió Salvador
-Ya le explico, deme un minuto por favor- pidió el mencionado González, al tiempo que, en latín, se dirigió al legionario explicándole algo y rogándole alguna otra cosa. El soldado pareció estar de acuerdo, bajo el brazo y se paro marcialmente en posición de descanso.
Luego, dirigiéndose a Salvador previo pedir confidencialidad, lo que obligo a que Angustias, bastante ofendida, abandonara la oficina, le conto una extraña historia relacionada con el soldado allí presente y la posibilidad, según el mismo decía, de que el ministerio dejara de existir, o de hecho nunca existiera, si no se rescataba a su jefe.
¿Y quién era su jefe?
¡Nada menos que el emperador Constantino!
Salvador no podía dar crédito a lo que oía, ¿sería esa la explicación a lo que estaba sucediendo?
Desesperadamente consulto el “Manual del Director” que aun permanecía abierto en su ordenador. Por la expresión de su cara pareció que sus temores se confirmaban.
Aparto la vista del manual, se reclino en la silla, junto sus manos frente a su boca, como si fuera a rezar; medito unos segundos y luego, reparando en el legionario le pidió a González que lo alojara adecuadamente en el ministerio, explicándole que ya estaban trabajando en el tema y que lo llamarían ni bien tuvieran una respuesta. González acepto con un si de cabeza
-          Y, González, regrese lo antes posible, tenemos que hablar- le pidió Salvador cuando salía.
Mientras González regresaba busco en los correos electrónicos archivados, hasta que lo encontró. Efectivamente ahí estaba, miro la fecha y comprendió, había llegado durante el tiempo que se había ausentado durante aquella expedición a las misiones guaraníes del 1600. El sistema lo había archivado automáticamente al no ser abierto durante el tiempo estipulado y él no lo había advertido. Solo restaba esperar que no fuera demasiado tarde para subsanar el error.
-Así es amigo. Es verdad, aquí está todo como usted lo advirtió. No tiene usted responsabilidad alguna en el tema. Ha hecho bien en traerlo- acepto ante el patrullero- Me imagino el problema que esto debe ser para ellos, tanto o más que para nosotros.- suspiro - ¿y que sugiere usted que hagamos?-
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-          ¿Entonces vamos?- interrogo Pacino
-          No veo que haya otra alternativa- Afirmo Alonso
-          Sin embargo, es todo tan disparatado- objeto Amelia
-          Si, efectivamente lo es – acepto Salvador - ¿pero que no lo es en este bendito ministerio?-
-          Repasemos de nuevo la situación- Pidió Irene
Salvatus González volvió a explicar, sucintamente esta vez porque ya todos habían escuchado la historia, como se había involucrado en este problema. Volvió a referir el susto de muerte que se llevo la última vez que, al regresar a Cádiz en el 30 ADC, se encontró con Marcus apareciendo por una puerta contigua en los baños de la ciudad y como al querer, por curiosidad, entrar por esa puerta el legionario lo descubrió y casi lo mata. Fue para evitar pasar a mejor vida que se identifico como agente del ministerio y, para su sorpresa el legionario lo soltó,  le conto la extraña historia que ya sabían y le pidió ayuda. Eso los había llevado hasta allí.
-          Guau, no sabía que España hubiese conquistado Roma, siempre pensé que había sido al revés- se asombro Alonso
-          Y así lo fue- le explicó Pacino.
-          ¿Entonces que hace el ministerio en todo esto?- Pregunto Amelia.
-          Como sabéis – comenzó a explicar Salvador- nuestro ministerio se articula a partir del reinado de Isabel l. Eso es conocido por todos. Lo que casi nadie sabe es que no es el único ministerio posible…- aquí la situación se puso difícil de explicar- bueno, parece que los Bizantinos tuvieron su ministerio y que fueron quienes dejaron instaladas varias de las puertas que dieron origen al nuestro, las que permanecieron “perdidas” hasta que le fueron reveladas a Isabel I.-
-          Pero si es así y se nos está pidiendo que vayamos a otro ministerio ¿Cómo podremos hacerlo?- la duda de Pacino era la de todos.
-          Pues, pare eso contaremos con la ayuda de Marcus-
-          ¿Esta misión no la pueden hacer ellos solos?, ¿Por qué tenemos que intervenir nosotros fuera de España?- volvió a cuestionar Amelia siempre tan atenta.
-          Porque el ministerio Bizantino aun no se crea, el es el único agente activo allí - fue la sucinta respuesta de Salvatus González.
-          Y ese parece ser el problema que nos relaciona con todo esto- aclaro Ernesto- parece ser que sin el ministerio Bizantino el nuestro, ni la mayoría de los otros, existirían nunca-
-          De hecho este problema explicaría los “inconvenientes” que hemos estado teniendo- y no dijo más porque el tema era estrictamente confidencial.
-          Si como dice hay muchos otros posibles ministerios, y cualquiera podría ayudar, no me queda claro, - cuestiono Alonso -¿Por qué debemos ir nosotros?-
-          ¿Preferiría que fueran los de Argentina?-
Marcus miro extrañado sin comprender. Nadie dijo nada más, tomaron sus instrucciones y marcharon a vestuarios a cambiarse.
Parte 3
Al atravesar la puerta se encontraron en unos baños, desiertos a esa hora, lo que los ayudo mucho a sobre llevar la sorpresa de ver aparecer, a último momento, a Amelia.
-¿Qué miran? ¿Se pensaban que me iban a dejar como cuando fueron a Sudamérica?-
No había terminado de digerir que no la llevaran a la misión a las misiones guaraníes.
Los hombres se miraron, se encogieron de hombros y siguieron al centurión que ya atravesaba la siguiente puerta.
Al cruzarla se encontraron en un recinto abovedado, pobremente iluminado, que daba la sensación de una obra en construcción abandonada. Había escombros y polvo por todos lados. Se veían unas pocas puertas, la mayoría notablemente deterioradas, daban impresión de no haber sido abiertas en mucho tiempo.
-¿y bien? ¿Ahora qué?- pregunto Pacino
- No sabemos, por eso los hemos llamado a ustedes para que nos ayuden con este misterio - contesto Marcus
Extrañamente nadie reparo en el hecho de que le entendieran sin necesidad de traductor.
-          Bueno amigo- dijo Alonso dándole una palmada en la espalda a Pacino- tu eres el detective aquí. A trabajar-
Alagado y molesto a la vez, Pacino asumió su papel de policía de investigaciones. Comenzó por recapitular los hechos conocidos, tratando de encontrar fisuras o pistas ocultas en el relato, que pudieran darle algún indicio sobre el paradero del emperador.
¿Dónde podría estar? ¿Qué le habría pasado?
-          Bueno, yo creo que lo primero que deberíamos hacer es ir a la ciudad – concluyo luego del análisis.
-          Yo no – disintió Amelia
-          ¿Cómo?-
-          ¿Por qué?-
-          Bueno, yo no sé mucho de pesquisas y esas cosas, pero de limpieza entiendo bastante- dijo mientras pasaba el dedo por el polvo de la banca de mármol en la que se había sentado.
-          Al que se ría lo mato- amenazo al ver, por el rabillo del ojo, aparecer sonrisas en las caras de los compañeros.
Luego, levantándose, se dirigió a una puerta en especial y señalando la empuñadura de la misma dijo
-          Esta limpia. En el polvo del suelo hay huellas y las telas arañas están rotas. Alguien ha pasado por aquí hace poco- Hizo notar.
Alonso, discretamente, con la mano derecha cerro la boca de Pacino, que la tenía tan abierta como los ojos.
-          A donde da esta puerta- Pregunto cuando pudo recuperarse del asombro.
-          No se- fue la escueta respuesta del Bizantino
-          Pues, veamos – dijo Alonso al tiempo que la abría.
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Se sentía como un niño haciendo una travesura. Por un instante fue tremendamente feliz. Bastaba con imaginar las caras en la corte al ver que no estaba…ha, como quisiera verlas, cuantas víboras se delatarían….y la felicidad se le esfumo.
De todos modos no esperaba demorar demasiado, sería solo una vueltita, llevaba años dándole vueltas al asunto y creía tener bastante claros los pasos a dar para llegar hasta su objetivo. Si hasta era posible que volviera antes que lo echaran de menos.
Le costó algo de trabajo llagar a las puertas. No podía quejarse contra nadie que no fuera él, se veía que su orden se había cumplido y nadie había tocado nada desde aquel día en que le avisaron que las habían descubierto. Cuando regresara tendría que recordar felicitar al centurión a cargo, quien quiera que fuera.
Con decisión leyó los distintos signos en las puertas, hasta que encontró los buscados. Con su bastón rompió las telas arañas que la sellaban, y acciono el picaporte. Para su sorpresa la puerta se abrió sin dificultad, como si lo estuviera esperando.
Al atravesarla se encontró en….no habría sabido decirlo bien, parecía como un lugar de oración, ¿una sinagoga quizás? No, no, esa estatua de un romano al lado del altar lo desmentía. Bueno, qué más daba, camino con buen paso hacia lo que parecían las puertas principales, sin dudarlo las abrió y salió. Afuera el sol de dio de lleno en la cara y lo cegó momentáneamente.
El bullicio era ensordecedor, parecía día de mercado por la actividad que se veía en todas partes.
Pensó unos instantes, ¿hacia dónde se dirigiría? No tenía ni idea de cómo era esa ciudad, ni siquiera sabía si era la ciudad correcta.
Camino por la calle principal, atestada de gente rara, con vestimentas “antiguas”. Vio algunos soldados, pero no eran romanos, seguro. Eso lo inquieto un poco.
Luego de andar entre la gente, prestando oídos a lo que conversaban, tuvo la certeza de que la mayoría lo hacía en arameo o algún dialecto similar. Eso le alegro. Parecía la ciudad correcta.
Recorrió los puestos del mercado hasta que creyó escuchar a alguien hablando en griego. Se arriesgo y le pregunto por el lugar que estaba buscando.
El interpelado entendió las palabras pero fingió no entender la frase. Lo miro de arriba abajo, sin duda debía ser una persona importante, sus vestimentas eran lujosas. La codicia se despertó en su interior, algo se podría obtener de ese viejo.
Con ladina obsecuencia se hizo repetir la pregunta, mientras su mano izquierda, oculta tras la espalda, hacia inequívocas señas a un par de mozalbetes que estaban cerca. Estos no se hicieron repetir la indicación y solícitos se acercaron por detrás del emperador para robarle.
Mientras él prestaba atención a lo que le decía el mercader, intentando entender las indicaciones, uno de los muchachos tiro de la bolsa que llevaba en la cintura….recibiendo un estoque que casi le secciona el brazo.
Espada en mano los encaro y los hizo correr. Aun era el soldado de valor que había sido, sonrió para si. Cuando se volvió para ajustar cuentas con el griego, este ya había desaparecido.
Por supuesto, como ha sido siempre, luego del intento de robo, y sobre todo por la respuesta dada, se armo un corrillo de chismosos que alborotaron el lugar y a la policía no le gustan los alborotos. Que a un ciudadano lo roben o incluso lo maten es una desgracia personal que no altera mucho la paz social, está asumido, hasta donde es posible, que es  parte de los riesgos diarios de salir a la calle. Pero que la gente se junte y empiece a hablar y quejarse, eso ya es otra cosa. Una reunión así puede derivar en tumulto y los tumultos no son agradables para los gobernantes.
Sin muchos miramientos los soldados que había visto anteriormente, (eran la policía local), lo tomaron por los brazos tratando de apresarlo, y eso era algo inaudito. Nadie ponía una mano sobre el gran Constantino y se salía con la suya.
La pequeña batalla fue breve y rotunda, en dos movidas los policías se hallaron derribados y doloridos. Y él corriendo para desaparecer de allí.

Parte 4
La Galilea estaba revuelta, algo pasaba en ella, la gente estaba inquieta y la calma era engañosa.
Cuando Galilea se ponía alerta toda Judea también lo hacía.
El procurador y las autoridades locales sospechaban que los zelotes tramaban algo. Semejante deducción no era ningún esfuerzo de inteligencia, los zelotes siempre tramaban algo, y si no lo hacían lo hacían lo mismo, eran una buena escusa para mantener los controles sin que la gente proteste demasiado.
En el puesto de control, en el camino a Belén, el sol estaba cayendo y los soldados estaban prontos a cerrar la barrera, los que no pasaran deberían volver a Jerusalén si no querían dormir al sereno. Y la mayoría no lo quería, las temperaturas del desierto se ponían bien bajas de noche.
El decurión se acerco al soldado y dio la orden, por ese día no pasaba más nadie, salvo esas gentes que estaban ahí cerca, se veía que la mujer estaba a punto de dar a luz y no podría regresar a la ciudad.
Al pasar se identificaron como naturales de Nazaret, en Galilea, con destino a Belén, para el censo.(1)
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Con precaución Alonso cruzo el umbral e ingreso en una sala fresca y desierta. A un costado, en realidad al fondo de la nave porque la puerta estaba a un lado, se veía un altar, o algo que podía serlo, y una estatua de un hombre con toga.
- Augusto - aclaro Amelia al verla luego de pasar la puerta.
-¿Quién?-
-El primer emperador Romano-
-Ah ¿y? -
Hacia el otro lado había una puerta importante, posiblemente el ingreso al recinto.
-¿Qué hacemos?- pregunto Amelia
-Pues…vayamos a esa puerta…- empezó a indicar Pacino, pero no termino la frase, porque de pronto la puerta se abrió violentamente y por ella entro un hombre a la carrera, como huyendo de algo.
-Ave Cesar- escucharon saludar a Marcus que se había cuadrado militarmente con la mano derecha en alto.
-¡Marcus! ¿Qué haces aquí?- pregunto pero no espero la respuesta, prestamente ordeno- vamos, todos por la puerta, hay que salir de aquí- y empujo a Amelia de regreso, luego paso Salvatus, que estaba al lado de ella y estaba por pasar Pacino cuando se produjo el temblor.
Fue una cosa extraña, pues no tembló del lado de la puerta donde estaban, el templo permaneció quieto. El temblor fue del otro lado, del lado de Bizancio.
Entonces la puerta se cerró bruscamente y ya no fue posible cruzar por ella, de alguna manera estaba trabada y no era posible moverla más de unos centímetros por donde no pasaba más que una mano.
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-          Es inútil Amelia, no se abre – dijo Salvatus ya extenuado de tanto empujar.
-          Salgamos de aquí- se escucho la voz de Alonso del otro lado
-          ¿Qué pasa? ¡Pacino! ¡Alonso!- pregunto angustiada Amelia, pero no hubo respuesta, solo ruido como de pasos apresurados, de tropa a la carrera, revolviendo todo.
-          Vamos, me voy a buscar ayuda – le dijo a Salvatus -  tu quédate aquí hasta que regrese, por si acaso- y salió a la carrera por la puerta que daba a Cádiz, por la cual habían llegado.
En vano Salvatus González amago una protesta, Amelia no le dio tiempo, cerró la puerta tras si al salir y ya nada pudo hacer.
En Cádiz la cosa no fue tan fácil, los baños estaban llenos de…..hombres, rigurosamente desnudos, que no dejaron de notar su aparición por una puerta y posterior desaparición por la siguiente.
Cuando llego al ministerio aun estaba turbada, no mucho, pero si algo.
-          Que ha pasado – pregunto Irene quien fue la primera en verla llegar
-          Que nos hemos quedado separados- y le fue explicando sucintamente mientras iban hacia la oficina de Salvador.
-          Necesitamos una cuadrilla para poder despejar el paso de las piedras que la traban –
Salvador medito unos instantes, luego levanto el teléfono e hizo una llamada.
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-Salgamos de aquí- grito Alonso y todos lo siguieron para escapar de los soldados que acaban de entrar por la puerta.
- ¡están profanando un templo!- exclamo asombrado Alonso
- No, para ellos el único templo que merece respeto es el de su Dios, los otros son idolatrías abominables-
-¿Cómo?-
-Luego te explico, ¡corre!-
Marcus, espada en mano, quedo para proteger la huida.
En la carrera escaparon por una puerta que daba a un patio, saltaron una tapia, los corrieron los perros, alguien les tiro una escudilla y por ultimo tuvieron que cruzar un chiquero.
Hediondos, cansados y de mal humor se metieron en una taberna. El tabernero, al verlos llegar manoteo una masa que tenia bajo el mostrador, por si era necesario defenderse, pero la guardo al escuchar los gritos de los soldados que corrían tras ellos y en cambio les indico una puerta trampa en el piso, por la cual se metieron, yendo a parar al interior de una oscura bodega.
 Cuando paso el tumulto el tabernero abrió la puerta y, sin bajar pregunto
-¿de qué tribu son?-
-Aser, de Tarragona, en Hispania - contesto prontamente Constantino en griego, mientras los otros lo miraban extrañado.
Pasaron unos instantes de tenso silencio, luego se volvió a escuchar al posadero
-Con razón tenéis ese aspecto y acento- dijo – descuidad aquí estaréis a salvo ya les avisare cuando puedan salir.-
-No se lo ha creído. Vamos, salgamos de aquí- ordeno Constantino – ya he visto bastante de esta gente como para saber que nos venderá-
No se hicieron repetir el pedido, como pudieron se escabulleron por una ventanuca hacia las afueras de la ciudad. Justo a tiempo, a la distancia, mientras huían, pudieron ver los policías entrando en la cantina guiados por el posadero.
-Estas gentes no tienen palabra, por algo el viejo Tito tuvo que tomar la ciudad- justifico el emperador. Alonso y Pacino se miraron…si esto se iba a repetir tendrían que repasar historia clásica.
Una vez alcanzado el campo siguieron avanzando hasta donde se veían unos camelleros, posiblemente una de las tantas caravanas que recorrían la zona.
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Parte 5
Amelia, a la cabeza del grupo de hombres de la cuadrilla de mantenimiento, cruzo la puerta que daba a los baños de Cádiz. Esta vez fue más precavida, lo primero fue confirmar que estuvieran vacios, y luego si, cruzar a la otra puerta.
En Bizancio Salvatus los esperaba impacientemente, temía que alguien bajara a la obra y descubriera todo. En varias oportunidades había oído voces cercanas.
La cuadrilla se puso a trabajar inmediatamente, con premura apuntalaron la mampostería y colocaron los gatos hidráulicos que juzgaron convenientes para levantar el dintel que había cedido.
La operación les llevo escaso 30 minutos, urgidos por la premura de Amelia y los ruidos, como a cruce de espadas, que llegaron desde el otro lado.
Cuando por fin lograron abrir la puerta se encontraron con Marcus herido, caído a un costado de la puerta.
Aun vivía, pero no lo haría mucho tiempo más si no lo atendían. ¿Qué hacer? Tenían orden de no intervenir en la historia, y Marcus, para ellos, era historia…¡pero también era un ministerico!
-Vamos, llevémoslo al hospital- pidió Amelia
-Yo cuido la puerta- indico Salvatus
Con la ayuda de un par de hombres de la cuadrilla transportaron al centurión lo mejor que pudieron.
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Con mucho cuidado se escabulleron entre los camellos hasta unas carpas cercanas. Al entrar en ellas vieron varios arcones con prendas, tomaron algunas y salieron.
En un pozo de agua cercano se lavaron lo mejor que pudieron y dejando las ropas que traían se vistieron con las que habían robado.
Para evitar que alguien los reconociera con las prendas tomadas, salieron por el lado opuesto, dirigiéndose prontamente a otra caravana.
En ella el emperador compro 3 camellos con una moneda, que si bien le resulto extraña al comerciante, era indudablemente de oro de primera calidad y cubría con holgura el costo de los animales.
-Vamos señores, ya que Dios ha querido ponernos juntos en esto, síganme- dijo el emperador al tiempo que ponía rumbo de regreso a la ciudad
-¿A dónde vamos Señor?- pregunto humildemente Pacino
-A buscar alguien que nos indique como llegar- fue la escueta e inútil respuesta, mientras hacía punta.
Un par de pasos más atrás Pacino y Alonso se miraban cada vez más extrañados.
-Tienes idea de que está pasando- pregunto el último
-Ni la menor idea.- contesto Pacino- es más, me pregunto ¿qué hacemos aquí?-
-Si, a lo que parece el viejo este, el emperador o quien sea, se las arregla bastante bien solo-
-Es más, hasta parece que el nos está protegiendo a nosotros-
Mientras marchaban a de regreso a la ciudad el sol comenzaba a ocultarse. En el horizonte un cometa apareció.
Lograron entrar en la ciudad justo antes de que cerraran las puertas, con un grupo de hombres y mujeres que a todas luces eran viajeros que venían a pasar la noche.
-Espérenme aquí-ordeno Constantino dejándolos en un mercado, mientras se dirigía a un puesto Romano que divisaron al ingresar.
-Ya me está cansando con sus órdenes el emperador este- bufo Pacino.
-Si, los emperadores a veces son difíciles de soportar- acepto Alonso mientras tomaba una fruta de un puesto.- ¿tienes una moneda?-
Pacino se toco las ropas y negó con la cabeza. Resignadamente Alonso volvió la fruta a su lugar.
-Tomad buen hombre- le dijo un viejo extendiéndole una moneda de cobre
-No señor, por favor- rechazo avergonzado
-Toma, es mejor pedir que robar, y el hambre es mal concejero- insistió el hombre- ya me la devolverás cuando pases por Samaria- concluyo mientras se daba vuelta y se iba sin esperar respuesta.
No tuvieron tampoco tiempo de hacer nada más, el emperador, visiblemente satisfecho había vuelto a aparecer
-Ya esta, vamos, no hay nada como un buen Romano para poner las cosas en su lugar- se ufano.
-Señor, puedo preguntar a donde vamos- consulto Pacino humildemente, tratando que la sorna no se le notara.
-Al palacio de Herodes- fue toda la respuesta. Cuando quería el emperador sabía ser lacónico.
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-¿Qué? ¿Quiénes?- Pregunto visiblemente molesto, mientras alejaba de su lado a la cortesana que tenia sentada en las rodillas. Respetuosa y temerosamente los músicos silenciaron sus instrumentos.
-Unos magos de oriente señor- Repitió respetuosamente el sirviente
-Persas seguramente- susurro un cortesano
-¿y qué dices que quieren?-
-Vienen averiguando por el lugar de nacimiento del rey de los judíos-
-¿¡que!? ¿Acaso tengo algún bastardo desconocido con ideas peligrosas?- todos rieron nerviosos y obsecuentes.- Bueno, hazlos pasar, a ver que traen- ordeno
Los tres ingresaron a presencia del gran Herodes, quien, al verlos aparecer, sin saber porque, perdió la sonrisa burlona que tenia y se puso serio.
-Decidme señores, ¿en qué puedo serles de utilidad?- pregunto con falsa modestia.
-Venimos desde muy lejos buscando al rey de los judíos- dijo el emperador mientras Pacino y Alonso miraban con recelo todo el sector. Aquello era una ratonera, si decidían atacarlos allí difícilmente podrían hacer algo más que dejar su huesos para pasto de la carroña a no ser que el emperador fuera superman.
-Pues estáis ante él- desafío Herodes
-Sí señor, eso lo sabemos y nos alaga que nos haya recibido excelencia- replico Constantino con una reverencia que no debía serle nada fácil a su orgullo. No cabía duda, aparte de buen soldado era un muy buen político.
-Entonces ya habéis llegado- concluyo Herodes tendiendo la mano para el beso del anillo.
-Excelencia, no somos dignos- se disculpo Constantino declinando la ceremonia; no podía pedir tanto a su orgullo; luego continuo- Debemos seguir la estrella que está en el cielo- concluyo mientras con la mano derecha señalaba la venta tras la cual se la veía en el cielo nocturno.
-Nos agradaría que su merced ordenara se nos explicara a que paraje está indicando-
La estrella, hacía varios días que estaba allí anunciando desgracias, era de mal augurio.
Tal fue la conmoción que provocó la alusión a la misma que Herodes paso por alto el desprecio del besamanos. Aunque no demostró preocupación, si estaba preocupado y su cabeza, funcionando a mil por hora buscaba que hacer. No era cuestión de malquistarse con unos magos y menos en el momento que semejante augurio aparecía en los cielos. Luego de unos segundos eternos animo a los sabios a continuar hablando.
- Seguimos la estrella desde que salimos - mintió Pacino hablando sin permiso. El emperador lo miro seriamente pero no le dijo nada, antes bien dirigiéndose a Herodes continuo
- La profecía dice que la estrella se detendrá ante el lugar donde el rey acaba de nacer - O en la Bizancio de la época ya se conocía la historia o Constantino seguía la mentira de Pacino. En cualquier caso, en una partida de truco convenía tenerlo de compañero.
Herodes miro a sus cortesanos y astutamente retruco
 –Puesto que la estrella está detenida….- y no termino la frase, pues quedaba sobre entendido que, si la estrella se había detenido ese era el lugar donde estaba el rey de los Judíos.
-¿Es que ha nacido algún niño aquí?- pregunto resueltamente Pacino. La cara de póker de Constantino no permitió adivinar qué pensaría ante tantas impertinencias.
Todos se miraban en la corte y las mujeres, en voz baja negaban cualquier posibilidad en tal sentido. La jugada era legal y, si se la respetaba, los magos la ganaban.
-O sea que seguiréis vuestra búsqueda- claudico Herodes.
Los tres asintieron.
-Pues, permitirme ofrecerles mi hospitalidad hasta mañana y luego id a buscar vuestro niño y regresar a contarme donde lo encontráis, así puedo ir a adorarlo también yo.-
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Parte 6
Algo debería estar andando mal. Las puertas seguían fallando. En la última hora cuatro más habían dejado de funcionar y tres daban indicios de querer andar con problemas.
Después de la falla de la puerta que daba a la Cantabria prerromana tuvo que pedir refuerzos de seguridad. A duras penas, y gracias a la oportuna aparición del duque de Alba con su guardia personal, habían podido reducir a la partida celta que la había atravesado ante la falla total de los sistemas de resguardo que evitaban esas cosas.
Ahora había guardias especiales ante las puertas que daban a Ceuta en 1935; Cusco en 1780 y Roma en el 1500. Si se repetía la falla de Cantabria la cosa se podía poner fea.
-¡Amelia! ¿Qué hace usted aquí?- pegunto Salvador al verla regresar
-Lo encontramos mal herido y le hemos traído para cuidados- contesto mientras por el pasillo se veía pasar a los camilleros que ya se habían hecho cargo de Marcus
-…como es agente del ministerio…- ensayo una escusa ante un regaño que no se le había hecho.
-Si, está bien, eso no es problema- minimizo Salvador, -el problema es este, venga- y la hizo pasar a tras de su escritorio. Normalmente nadie tenía acceso a ese lugar.
-Le muestro esto porque la situación se está poniendo urgente y no tenemos noticias de Alonso ni de Pacino- Le aclaro- Si no tenemos respuesta pronto deberemos mandar todas las patrullas disponibles para que el emperador ese regrese a Constantinopla y arregle esto.- asevero con un gesto hacia la pantalla.- parece ser el origen de todo el problema-
-Comprendo señor ya regreso para allí- asintió Amelia, justo cuando tres hombres ingresaban en la oficina.
-A que bien, suerte que han podido llegar a tiempo, justo antes de que la señorita Amelia partiera. Id con ella y ayudarla en todo lo que os pida- ordeno a la patrulla recién llegada.
A Amelia no le gusto la imposición, pero ordenes son ordenes.
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Con suma cortesía los aposentaron en una habitación del primer piso del palacio
-No podemos quedarnos aquí- Insinuó Pacino
-Estoy de acuerdo- Confirmo Alonso
-Y yo señores, este tipo no me da ninguna confianza. Debemos irnos ni bien podamos-
Diciendo y haciendo, cuando el silencio y la oscuridad cubrieron el palacio, se escabulleron por una escalera de la servidumbre, tomaron los camellos y se marcharon.
-Hay que volver al templo para a ver si podemos cruzar la puerta- dijo Pacino torciendo a la derecha, Alonso tras él. Pero no Constantino, que, impasible siguió derecho hacia donde se veía el cometa.
-¿Qué hace?-
-No sé, me parece que esta algo ido- dijo Alonso llevándose el dedo a la sien, en inequívoco gesto.
-Pues, vamos a buscarlo- Suspiro Pacino, girando hacia donde el emperador iba. Subiendo los hombros Alonso lo siguió.
-Señor- se animo al cabo de un rato Pacino- ¿A dónde vamos?-
-Ustedes no sé, pero yo voy a hacer lo que vine a hacer- y callo.
Lo acompañaron largo trecho. Hasta las puertas de la ciudad, que estaban cerradas.
Constantino no se amilano por eso. Silbo de una manera particular y la puerta se abrió. Al salir una moneda cambio de manos. Debieron apurarse a salir para no quedar encerrados.
Fuera de la ciudad un hombre lo esperaba con dos bolsas. Otra moneda cambio de manos y los bultos fueron acomodados en los camellos de Pacino y Alonso, que los dejaron hacer sin protesto alguno. Que iban a decir?
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Al llegar a la puerta de Nueva Roma se encontraron con Salvatus que aun cuidaba las puertas.
-¿Alguna novedad?-
- No, todo tranquilo, parece que todo el mundo está ocupado en otra cosa-
-Mejor así – y señalando a los hombres que la acompañaban – son de la patrulla. Creo que uno de ellos podría reemplazarlo, su conocimiento de la época nos será de utilidad- y, dicho esto cruzo la puerta que daba al templo en Judea, Salvatus tras ellos, mientras uno de los otros patrulleros lo reemplazaba.
Ya en las calles de Jerusalén lo primero que les llamo la atención fue el números de soldados locales que la recorrían. Estaban tranquilos pero vigilantes.
-Buscan algo- sentencio Salvatus diciendo lo que todos pensaban.
- Igual que nosotros. ¿Por dónde empezamos?- Se cuestiono Amelia
Nadie tenía respuesta a ello, pues ni si quiera sabían que había llevado a Constantino hasta allí, a hacer ¿Qué?.
-Pues, somos 4, dividámonos a ver que vemos y nos encontramos aquí en una hora- Sugirió uno de los nuevos.
Aceptada la idea se fue con su compañero hacia una taberna cercana mientras Salvatus y Amelia se introducían en el mercado.
Al cabo de la hora regresaron al punto indicado, pero no vieron a los otros. Se empezaban a preocupar cuando se produjo un estruendo extraño, como de una explosión y una columna de humo negro apareció sobre la taberna en la que habían ingresado los ministericos.
-¿Qué habrá pasado?- pregunto Amelia con cierto temor. En esa época había pocas posibilidades de presenciar una explosión. 
No hubo mucho tiempo para mantener la duda, de pronto vieron que, de entre los curiosos que se habían congregado para ver el incendio que hacia pasto de la taberna aparecían los dos patrulleros.
Su aspecto era bastante desalineado y venían discutiendo entre ellos mientras apuraban el paso.
Al pasar a su lado el paso ya era carrera.
-          Vamos, corran, salgamos de aquí antes que nos agarren – grito uno de ellos al tiempo que enfilaban hacia el templo donde estaba la puerta.
-          ¡No! ¡por ahí no!- ordeno Amelia y todos enfilaron en otra dirección
-          Debemos evitar descubran la puerta- fue toda la explicación que dio.
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Al clarear, con los primeros rayos del sol, la estrella se esfumo haciendo imposible seguirla.
A desgano del emperador y con el agradecimiento intimo de Pacino y Alonso, armaron campamento en un pequeño oasis cercano al camino y prepararon un frugal desayuno.
Luego de lo cual se recostaron contra la única palmera que crecía cerca del pozo de agua y se durmieron. Tal el cansancio que llevaban.
-          Se ha vuelto a ir – exclamo Pacino al despertarse y notar que el emperador ya no estaba
-          ¡Y se ha llevado los camellos! ¡el muy cabrón! – insulto Alonso al comprobar que los animales tampoco estaban.
-          Si lo llego a encontrar de nuevo va a ver lo que es bueno, por más real que sea – amenazo Pacino al tiempo que se ponía en camino tras las huellas dejadas por los camellos. Sin decir palabra Alonso lo siguió.
A pesar de ser invierno el sol estaba fuerte y hacia cansadora y lenta la marcha a pie. En el camino cruzaron con varios viajeros que, cuidadosamente, los saludaron pero sin acercárseles demasiado. Debían ser tiempos de tener cuidado.
Y  lo eran, pues de pronto, a la vuelta de una curva en pendiente les salieron al paso cuatro sujetos de fiera figura.
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Parte 7
-          ¿Qué ha pasado? – pregunto Amelia en el primer descanso que pudieron tomar durante la uida, apoyada contra unas rocas.
-          ¡Que esta bestia casi nos mata a todos! – dijo uno mientras le sacudía un golpe en la cabeza al otro.
-          ¿y que querías que hiciéramos?¿que nos quedáramos encerrados en ese sótano hasta que llegaran los policías?-
-          No, ¡claro que no!  Pero podías haber hecho mejor la mescla –
-          A si, ¿y porque no lo hiciste tu?-
-          Alto, dejen de pelear entre ustedes y explique qué paso- Pidió Salvatus en prevención de la reacción de Amelia que a duras penas contenía su enojo.
-          Bueno – continuo el primero en hablar – al entrar en la taberna nos atendió un posadero muy amable que nos ofreció algo de beber…-
-          …Pero que al escucharnos preguntar si había visto a tres extranjeros por ahí puso cara de alarma, nos hiso señal de no levantar la voz y nos pidió que lo siguiéramos-
-          Y eso hicimos, el mal nacido nos llevo a la bodega y, una vez entramos, nos encerró diciendo algo de que pagaríamos los daños que le habían causado los otros o algo así-
-          Yo no me iba a quedar a esperar que vuelvan –
-          Sí, pero ¿a quién se le ocurre hacer volar la puerta?-
-          Yo no iba hacer volar la puerta. Solo quería volar la tranca-
-          ¿y para eso necesitabas tanta pólvora negra?-
-          ¡No! ¡Pero que iba a saber yo que el salitre de aquí era tan bueno!-
Amelia no podía creer lo que oía, ¿estos eran sus compañeros del ministerio? ¡Si parecían de una película del gordo y el flaco!. Los recortes presupuestarios del ministerio estaban empezando a impactar en la plantilla.
-          Bueno, bueno, ya está bien, vamos no perdamos más tiempo – Pidió sin querer saber más.
-          ¿y hacia adonde?-
-          A Belén, en el mercado hemos escuchado el rumor de que a la noche unos sujetos, que podrían ser los que buscamos, habían salido de la ciudad antes de que se abrieran las puertas, y habían tomado esa dirección. Aparentemente también los buscan los soldados del rey local.-
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Alonso y Pacino se pusieron espalda contra espalda, con los puños en alto como única defensa.
La situación era tensa. De un lado los dos en evidente desventaja, del otro los cuatro sujetos que, espadas en mano, los tenían rodeados.
De pronto uno de ellos no pudo más, bajo la espada y largo a reír abiertamente.
Si antes la situación era tensa ahora era ridícula. Pacino y Alonso se miraron sin poder creer lo que pasaba. Ahí, frente a ellos, notablemente descompuesta de la risa estaba Amelia que, con lagrimas en los ojos los señalaba con la mano mientras les decía
-¡Mi Dios! ¡La cara que habéis puesto!-
-Venga, no os enojéis- les dijo Salvatus al tiempo que les tendía la mano- nosotros estábamos tan asustados como ustedes. Nos sigue toda la policía de Jerusalén-
-¿Qué? ¿Qué habéis hecho?- pregunto Pacino ya repuesto y más tranquilo al reconocer a la gente del ministerio en quienes los habían rodeado
- Pues que este casi vuela media ciudad- dijo uno de los nuevos exagerando cada vez más el percance del otro.
-Ya les explicaremos de camino- aclaro Amelia ya repuesta. – Ahora debemos encontrar a Constantino y hacerlo regresar lo antes posible a Bizancio. La cosa se está poniendo cada vez más fea-
Y se pusieron en camino a Belén.
A poco de allí llegaron al piquete de la legión y eso complico todo. Ninguno tenía papeles para circular.
En vano Salvatus intento convencer a los romanos. Las órdenes eran estrictas, ¡sin papeles no se pasa!
-¡¿Cómo que no pasamos?!- Exclamo Amelia
-Pues que no pasan ¿Qué es lo que no entiende señora?- le contesto el legionario algo molesto de tener que repetir la consigna.
-Entiendo muy bien, el que no entiende es usted ¡Tenemos que ir a Belen!-
-¡No sin papeles!- dijo ya exasperado el soldado, sobre todo al notar que se empezaba a amontonar gente en el lugar.
-Vamos cada uno a sus cosas- ordeno desenfundando la espada para más argumento.
Al notar esto el decurión se acerco a ver que se trataba. Ni bien llego Amelia lo encaro.
El buen hombre la escucho pacientemente, una vez concluida la diatriba levanto una mano hacia un grupo de soldados apostados al costado del poste de la barrera y les ordeno que llevaran a la dama y los señores que la acompañaban a la carpa del centurión.
Estos no se hicieron rogar, con modales más bien bruscos les indicaron el camino a seguir.
Al llegar a la carpa les ordenaron se queden quietos y esperar.
Ahí estuvieron esperando una buena media hora, mientras tanto la tarde empezaba a caer y la estrella volvía a hacerse visible sobre el horizonte.
-          Basta por hoy – se escucho la orden y la barrera se cerró.
Impaciente Amelia quería entrar a la carpa del centurión, pero Salvatus, conocedor de los usos y costumbres la retuvo
-          Señora, nos haréis encarcelar a todos. Tened paciencia –
-          Pero, es que no tenemos tiempo. Mira – y Amelia le mostro el mensaje que acababa de recibir del ministerio.
Cinco puertas más habían colapsado. La guardia había tenido que repeler un piquete de falangistas llegados por la puerta de Ceuta y a un grupo de los soldados de Tupac Amaru que logrado colarse desde el Cusco.
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Parte 8
-¿Qué hacemos con los extranjeros señor?- Consulto el centurión
Constantino medito largamente el asunto. Ya estaba cansado de esos “hispanos”, gentes de provincia que se creían en la obligación de acompañarlo a todos lados…para después necesitar que él los rescatara.
Distraídamente hiso girar una moneda con la cara de Octavio, el primer emperador. En cierta manera se sentía identificado con su antecesor en el cargo. Claro que la época era distinta, cuando Octavio todo estaba por hacerse, a el le tocaba rehacer todo. Tenía la responsabilidad de devolver al imperio a su gloria pasada. Y otra vez lo asalto la duda ¿y si usara las puertas para corregir lo que se había hecho mal?
Claramente le habían advertido que eso no podía hacerse. Eso era lo que más le costaba, que alguien le dijera que podía y que no podía hacer. Y, sin embargo, cuando le pusieron en contacto con el misterio de las puertas lo había entendido, y hasta había jurado respetar la premisa.
No, definitivamente descarto la idea. Por lo menos hasta terminar lo que había venido a hacer, luego vería.
-          Señor. La estrella ha vuelto a aparecer- informo un soldado desde la puerta.
El centurión agradeció. Constantino se levanto.
-          Es hora de continuar-
Al salir los vio, eran los dos conocidos y tres más ¡toda una multitud! Y encima uno era una. ¡Lo que le faltaba tener que cuidar de una mujer! Aunque guapa, por cierto.
Al pasar frente a ellos se detuvo, medito un instante y dijo
-Vengan. Pero sin hablar-
No dejaba lugar a dudas.
Pacino y Alonso se dirigieron a donde estaban los camellos que habían montado el día anterior. Ya estaban con los bultos cargados, por lo que lo único que debieron hacer fue seguir los pasos del emperador, que ya montado en su camello había salido al camino.
Amelia y los otros caminaban atrás, demorando el cotejo.
El emperador, a buen paso, iba ganando distancia.
-¡Vayan que se escapa!- ordeno Amelia en voz baja
No se lo hicieron repetir, ambos montaron los camellos y fueron tras Constantino.
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-          Id a adorar al Señor – escucho sin saber de dónde salía la voz.
El pastor abrió los ojos y miro para todos lados. Todo se veía normal, las ovejas rumiaban o dormían bajo las estrellas, los perros estaban tranquilos…solo la estrella esa en el cielo era algo nuevo. Sin saber porque se levanto y se puso en camino.
-          Id a adorar al Señor –
El arriero miro al cielo y no lo pensó, un borrico a su lado pareció entenderlo y se puso en camino con él.
En el camino se fueron juntando pastores, arrieros, boyeros, campesinos, vacas, patos, burros, ovejas…parecía que Noé había vuelto a llamar.
 Estrella, siempre delante, indicaba el camino.
Al llegar frente a un humilde pesebre se detuvo. En el interior sobre un ato de paja un niño de pocos días dormía junto a sus padres, un pobre carpintero y su esposa.
De apoco a medida que fueron llegando se fueron inclinando ante él. El niño despertó y sonrió.
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-¡Ahí es!- exclamo Constantino maravillado al ver la escena marcada por la estrella, desde la sima que acababan de subir.  
- Entonces es todo verdad. Al final no me he equivocado al apoyar a los cristianos - se dijo a si mismo mientras una suave sonrisa se dibujaba en su rostro.
Sin decir más apuro el paso. Pacino y Alonso tras él.
Casi sin aliento llego hasta el pesebre, desmonto del camello y cayó de rodillas en el suelo. La cara entre las manos y lágrimas en los ojos.
Tras él, en silencio, junto a sus camellos, Pacino y Alonso contemplaban la escena sin saber qué hacer. Alonso estaba como petrificado, sus ojos empañados no podían dar crédito a lo que veían. Un nudo místico le atenazaba la garganta. Se persignó y arrodillo también.
Pacino, tampoco pudo sustraerse a la emoción e igual se postro.
-Por favor- pidió el emperador – traigan los presentes –
Los dos se levantaron y fueron a buscar lo que había en los camellos.
Una carga de incienso y otra de mirra que colocaron a los pies del niño.
Constantino, ya de pie, considerando escaso el presente, se desato la bolsa que llevaba a la cintura y también la ofreció, con todas sus monedas, sus queridos y tan logrados “Bezantes” de oro recién acuñados.
En un costado un escribiente tomaba nota discretamente de todo lo que pasaba
Cuando por fin llegaron Amelia y los demás, el emperador ya estaba comenzando el regreso, con Pacino y Alonso tras él.
-Vamos, hay un ministerio que crear y un bautismo que tomar- indico.
Antes de salir, discretamente, Pacino se acerco al escribiente y le pregunto.
-          ¿Tu quien eres?  –
-          Mateo Señor –
-          ¿Y escribirás todo lo que has visto y oído aquí? - pregunto curiosamente.
-          Todo lo importante…que se pueda escribir- aclaro – Del ministerio ese ni palabra. Lea- indico al tiempo que ponía a su disposición el papiro en que escribía
Y leyó:
“…Al entrar en la casa vieron al niño con María, su madre; se arrodillaron y le adoraron. Abrieron después sus cofres y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra.
Luego se les aviso en sueños que no volvieran donde Herodes, así que regresaron a su país por otro camino” (2)    
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- ¿Entonces esta todo solucionado?-
- Eso parece. Por lo menos no se han detectado más fallas y las puertas dañadas han vuelto a funcionar –
- Cuanto me alegro – Dijo sinceramente, luego, dirigiéndose a Amelia- Señora, mi vida es suya, jamás podre agradecerle que no me haya dejado abandonado en el templo. Vuestros cuidados y vuestra ciencia me han salvado- Agradeció Marcus ya repuesto de sus heridas.
-Bueno, he de volver a Nueva Roma, el emperador me ha encargado el ministerio que acaba de crear-
-En hora buena colega- le felicito Salvador al tiempo que le estrechaba la mano
- Permiso – pidió Angustias mientras entregaba un papel a Salvador.
Este lo leyó y doblándolo saludo
-Amigo, os aseguro una cosa, en vuestro nuevo cargo no tendréis tiempo de aburriros-
-Por lo que he podido ver supongo que así será. Adiós- saludo a su vez y se dirigió a las puertas
-Nuestros saludos a Constantino- le grito Pacino mientras salía. Luego ya ido Marcus, se dio vuelta hacia Salvador
-¿Qué hay ahora jefe?-
- Problemas en Córdoba- contesto con cierta resignación
-¿Qué hay con los andaluces ahora?- consulto Alonso
-No, con los andaluces no, con los de la “Nueva Andalucía”-
Y como todos lo miraran extrañados aclaro.
-En la Córdoba de la Nueva Andalucía, en el 1573, por ese entonces virreinato del Perú- y luego, con un suspiro- Hoy Argentina-
¡Otra vez Argentina!.

Notas:
(1) Un hermoso relato sobre esta escena: “Dos Generales” en “Desde Delos en Frecuencia Modulada”  de Santiago Grimani. Editorial Intersea saic -  Buenos Aires - 1978
(2) Mateo 10 - 12