viernes, 26 de junio de 2020

Oxido - una pequeña parábola.


Como en un eterno atardecer el oxido cubre todo el orbe conocido

Y no hay quien pueda hacer girar la llave que lo libere

Los engranes atorados no son capaces de moverse y el pestillo no corre más

Como en un eterno atardecer el oxido todo lo cubre y corroe

Abriendo agujeros donde no los había, mostrando interiores ocultos

Permitiendo ingresos extraños a zonas vedadas, por el oxido liberadas

Como en un eterno atardecer la vida renace del oxidado orbe


© Omar R. La Rosa

                                                                                                                                                                                07/06/2020

miércoles, 24 de junio de 2020

Tiempo de Venganza


Parado frente al ventanal de su piso en pleno centro de Madrid contemplaba satisfecho su ciudad, hoy más que nunca “su ciudad”.

Con controlado deleite saboreo el exquisito ron cubano, cosecha 1580, que tenía en la copa. Una de las pocas cosas que reservaba para sí mismo, Era algo que no compartía ni por todo el dinero del mundo.

¿Todo el dinero del mundo? Rió, en poco tiempo más eso también seria de él, neutralizado el molesto ministerio del tiempo, poco o nada podía interponerse en su destino.

Con cierta nostalgia recordó sus humildes orígenes, en las verdes colinas de Vermont, hacia ya varios siglos (1). Un largo camino de aprendizaje, con triunfos y derrotas, la mayoría atribuibles a los entrometidos españoles esos…

Luego de la primera gran derrota había aprendido, no se puede derrotar al enemigo si no se le conoce, y eso fue lo que hizo, estudio. Estudio mucho, a todos y cada uno de los agentes del ministerio, escarbo en sus orígenes, en sus penas, en sus vicios y anhelos.

Y así encontró el punto débil, justo ese que ahora le daba este triunfo que ahora saboreaba.

Había trazado una elaborada trama para llevar al ministerio a la trampa que acababa de cerrar, usando los últimos recursos de la vieja Darrow había viajado al futuro y, a partir de ahí había construido este pasado.

 

La joven mujer se le acerco sigilosamente por detrás y amorosamente le rodeo con sus brazos.

Al notar el abrazo él giro con una amplia sonrisa y, mirándola a los ojos con pasión la beso prolongadamente.

-          Eres muy hermosa Carmen –

-          Hay Juan, que me sonrojas –

-          ¿Tú sonrójate? – y ambos rieron estrepitosamente, sabedores de los ridículo de la afirmación.

-          Bueno, pero el viejo Salvador se lo creyó –

-          Si, era inevitable. Hasta me da cierta pena – y ambos volvieron a estallar en una ruidosa carcajada.

-          Bueno, bueno, de ultimas era previsible, como tu dijiste –

-          Es que los hombres, con la edad se ablandan…-

-          Sin embargo el había matado al niño… -

-          Que fue lo que permitió que tu aparecieras ante él sin que sospechara –

-          Así fue, aunque aun no entiendo como no se dio cuenta, porque si al final yo salve al niño, como hice, entonces él no lo mato y si no lo mato ¿Cómo es que yo aparecí ahí? –

-          Porque era un hombre viejo, él nunca quiso matar al niño, y tú fuiste la escusa que él quería para no hacerlo –

-          ¿Por eso me enviaste? –

-          Así es querida, hay algo atávico en el papel maternal de las mujeres. Los hombres son incapaces de sustraerse indefinidamente a ello, al fin y al cabo todos hemos sido niños y tenido o deseado tener una madre –

-          Una mujer dulce que te proteja – le dijo ella cariñosamente acariciándole la cabeza.

-          Mientras somos niños – contestó con alguna dureza apartándose de ella. - En fin, cuando Salvador creyó que dejándote el niño a ti solucionaba su problema sin tener que pagar el precio que no quería todo se soluciono para él –

-          ¿Cómo se te ocurrió todo este embrollo? – dudo ella perspicaz.

-          No es ningún embrollo, solo matemáticas y mucho trabajo. Como en la Eternidad(2)…es solo cuestión de manejar estadísticas, probabilidades y cuidarse de los posibles traidores…- concluyó misteriosamente.

-          Aun así hay algo que no me termina de cerrar – lo de detective no era solo una tapadera – Como lograste que no vieran este futuro –

-          A, eso, eso es la parte más fácil. ¿Cómo escondes un camello en el desierto? –

-          … - le miro inquisidora.

-          Pues, lo mentes en medio de una manada de camellos – le sonrió satisfecho.

-          O sea, es imposible para alguien del pasado encontrar en qué futuro te encuentras – entendió Carmen Ayala.

-          Así es – le sonrió dándole un pequeño beso en los labios y acariciándole el cabello. Era una mujer inteligente, había conocido muchas así…quizás demasiadas.

-          Y ahora el ministerio cree Juan Salcedo ya no es ningún peligro, que te ha neutralizado y estamos seguros –

-          Bueno, técnicamente aun quedan un par de cosas – le dijo tomándola por la cintura, llevándola hacia la ventana, asomándose al balcón, desde done la vista no tenia limites.

En el lejano cielo se vio aparecer un anacronópete, descendió, se elevo y estallo en el aire.

-          Ya está todo hecho, sin cabos sueltos – dijo ella suavemente.

-          Casi – se dijo para sí mismo, mirándola con ternura, acariciando su espalda….

 

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Argentina

 

Notas

(1) El cazador de Vermont – Omar R. La Rosa: https://ytusarg.blogspot.com/2017/05/el-cazador-de-vermont-tiempo-de-relatos.html mas obras del autor: https://www.amazon.com/Omar-R.-La-Rosa/e/B07GHV6MLL?ref=dbs_p_ebk_r00_abau_000000

(2) El fin de la Eternidad – Isaac Asimov:  https://es.wikipedia.org/wiki/El_fin_de_la_eternidad



sábado, 20 de junio de 2020

El duende - que no son los años...

                Los duendes, gnomos, o como quiera que se los llame han sabido, sin que nosotros sepamos cómo, ganarse un lugar destacado en la literatura universal. Prácticamente no hay cultura que no los nombre.

                A juzgar por la infinidad de descripciones y experiencias existentes, serian seres muy reales, indefectiblemente bajitos, de caracteres más o menos hoscos, muy escurridizos y tremendamente propensos a gastar bromas, más bien pesadas, a quienes se crucen en su camino.

                Sin embargo no hay ninguna prueba científica que respalde su existencia. Antes bien, la comunidad letrada parece tener una opinión bastante uniforme (cosa rara en si misma) sobre que tales cosas no existen y que todas las fechorías  y andanzas que se les atribuyen tienen explicaciones lógicas completamente carentes de magia.

                Se sostiene que su aparición en el acerbo cultural de la humanidad se produjo en una época muy remota y mucho más primitiva que la actual (cosa que está en duda, esa del primitivismo) donde el hombre, en su ignorancia, atribuía a seres mágicos todas aquellas cosas que lo afectaban y que no comprendía. Bajo este punto de vista es muy lógico que algún hombre prehistórico o no tanto, que caminara por un bosque, selva, cañadón, montaña, etc., que sintiera ruidos de origen desconocido pensara en seres fantásticos como causantes de los mismos, o que creyera verlos en lo que simplemente era el natural juego de luces y sombras de cualquiera de esos lugares o que supusiera que perdidas o accidentes cuya explicación no acertaba a obtener, se debiera al accionar de estas extrañas criaturas.

                Desde este mismo punto de vista es perfectamente explicable que estos mismos seres no hayan vuelto a aparecer en los tiempos actuales ya que hoy prácticamente no quedan selvas, es muy difícil que alguien se pierda en un bosque y los ruidos de las ciudades, si bien no menos inquietantes tienen explicaciones por todo conocidas y, si se los menciona en algún lugar, es tan solo como referencia a los tiempos pasados, por lo tanto es perfectamente lógico afirmar que LOS DUENDES NO EXISTEN.

                O por lo menos eso pensaba yo, que ya soy un hombre grande, que ha vivido varios años, ha cursado una carrera universitaria y ha formado una familia.

                Permítanme explicarme con más detalle. Todo empezó a pasar de apoco, muy suavemente, de modo que tarde mucho en darme cuenta de lo que estaba sucediendo, hasta que, de pronto, y sin saber cómo, empecé a advertir cosas raras que pasaban en mi propia casa…

                Lo primero que me llamo la atención fue la sistemática desaparición de objetos más bien pequeños, de mi mesa de trabajo, así pasaba que, por ejemplo, si una noche antes de irme a dormir separaba los componentes necesarios para algún prototipo que pensaba armar al día siguiente, sucedía que, al levantarme y regresar al trabajo, mate en mano, la bandeja o no estaba donde yo creía haberla dejado, o faltaban componentes, o estaban esparcidos por todo el taller, como si alguien se hubiese tomado el trabajo de seleccionarlos, sacándolos de sus gavetas, para después olvidarlos y dejarlos en cualquier lado en vez de ponerlos en la bandeja correspondiente, o al revés, como que los hubiesen sacado de la bandeja sin llegar a devolverlos a las gavetas…

                También me pasaba guardar algún documento en el que hubiera estado trabajando en algún directorio específico de mi computadora para después, al ir a buscarlo, encontrar dicho directorio vacio…y así infinidad de pequeñas cosas, más bien inofensivas, aunque muy molestas. Estas cosas normalmente no le quitarían el sueño a nadie, pero, como ya he dicho, soy ingeniero, y como tal mi mente es incapaz de descansar ante un misterio. Si no sabe qué pasa, si no le es posible elaborar una teoría que explique lo que sucede, se pone a trabajar, aun contra mi voluntad y no encuentra sosiego hasta dar con la respuesta buscada.

                Así fue como, aun contra lo que mi ego sugería, comencé a manejar la idea de que estaba sufriendo los embates de la edad. Por lo tanto comencé a realizar todos los chequeos que los distintos médicos me fueron sugiriendo. Me sacaron sangre, me hicieron radiografías, escanearon todo mi cuerpo, me auscultaron y me volvieron a sacar sangre….mientras todo seguía igual, nada cambiaba, es más, ahora a parte de las cosas comunes, empezaron a faltar, esconderse o extraviarse los informes médicos, historias clínicas, radiografías, etc., que resultaban muy difíciles y trabajosas de restituir, todo para escuchar siempre más o menos lo mismo, “está bien, tan solo tiene el desgaste propio de la edad”…lo cual era “tranquilizador” pero no resolvía el misterio.

                En fin, como dicen, el hombre es un animal de costumbre y, así como una vez me tuve que acostumbrar a usar anteojos para leer (cuando se me acabo el largo de los brazos y tuve que aceptar que la presbicia me había ganado), me tuve que acostumbrar a ser más cuidadoso con mis cosas y a aceptar, sin enojarme mucho, que cada tanto algo desapareciera y vuelva a aparecer, generalmente cuando ya no servía para nada, en lugares que debería haber revisado pero que no podía asegurar haber hecho, y así todo bien.

                Todo bien…hasta los otros días en que, al abrir cuidadosamente un cajón en busca de no sé qué cosa, y caérseme encima una caja con diagramas…entre los cuales estaban ¡los estudios médicos que había perdido unos meses atrás!…escuche lo que, sin lugar a dudas, era una risa.

                Bueno mañana me toca hacerme una audiometría, pero no albergo muchas esperanzas, cada vez pienso más que el Juancito tiene razón cuando con su media lengua me dice: ito lelo (hombrecito abuelo) con una sonrisa divertida señalando hacia lugares donde mis ojos no son capaces de ver nada.

                En algún lado leí que los niños pueden ver cosas que los adultos no vemos y que los adultos, cuanto más envejecemos, mas nos parecemos a los niños. Así que, por las dudas, he colocado cámaras de vigilancia en mi taller y cada tanto, en la oscuridad de  la noche, y con el mayor de los sigilos abro la puerta y hecho una mirada.

                Pues cada vez estoy más seguro de que en mi taller HAY UN DUENDE y que algún día, como Juancito, lo voy a poder ver.

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Argentina


 


jueves, 11 de junio de 2020

Tiempo de Presupuesto (Entropia y flecha del tiempo)

Amelia estaba embelesada, jamás había soñado con presenciar una de las disertaciones de Albert Einstein, pero Salvador le había permitido viajar a la época en la que el gran físico visito España y ella se había ingeniado para obtener la invitación a la presente charla.

El hombre era un personaje, de eso no cabía duda. En estos momentos, tras un pequeño atril, con un pizarrón lleno de formulas a sus espaldas concluía su disertación:

- …como vemos, el tiempo se puede interpretar como una manifestación de las leyes de la termodinámica…- y, mirando fijamente al publico - por lo tanto se lo puede entender como una magnitud de un solo sentido. Dicho de otra manera, pretender viajar al pasado seria violar este principio de la física. Y, como todos saben, los principios de la física, a diferencia de los de los hombres, no se pueden violar. Las leyes físicas se cumplen si o si, no importa el abogado que las interprete – termino con una chanza hacia los especialistas en leyes, que todos los presentes festejaron

- Profesor – Se animo ella a levantar la mano

- Si – contesto él, extrañado de que fuera una mujer quien le interrogara

- Y si se encontrara algún caso donde la ley no se cumpliera – preguntó Amelia con toda malicia, simulando inocencia.

- Pues, señorita, en ese caso posiblemente usted se haría acreedora a un premio Nobel y todos los demás deberíamos ponernos a estudiar para escribir otra ley – sonrió el físico, con algo de sorna.

- Ha sido una pregunta muy inteligente señorita… - el joven quedo esperando que ella le dijera su nombre.

- Amelia Folch, ¿con quién tengo el gusto? –

- O, disculpe – se excusó él por no haberse presentado – Ignacio Ramón Yerbe de la Fuente Jiménez Salgado –

Ella se quedo mirándolo asombrada de tanta prosapia

-          Pero puede llamarme Ignacio Salgado no más – sonrió él respondiendo a su turbación.


-         
Pocos hombres pueden entender y explicar el concepto de “flecha del tiempo” como este señor ¡Qué grandes son alemanes!, siempre tan racionales, nada que ver con los nuestros.- afirmo enfáticamente, para luego continuar, como si fuera él quien estuviera en el estrado:

-          Ciencia, esa es la base del progreso, no las fantasías esas como el Anacronópete del chiflado Gaspar…¿Gaspar Rimbau? ¡Vaya loco!. Pretender hacerle creer a la gente que es posible viajar en el tiempo – concluyó muy ufano y pagado de si mismo.

Amelia se limito a sonreír, mientras le daba la espalda para aplaudir entusiasmada a Albert Einstein.

  

En la oficina Salvador no podía creer lo que escuchaba

-          Como usted ve, aquí está bien claro, los viajes en el tiempo son imposibles – indicó el agente de hacienda señalando en la tablet un párrafo de las leyes de la termodinámica donde el concepto se mostraba claramente.

-          Pero, pero, nosotros lo hacemos – balbuceo el secretario del ministerio.

-          Entonces me podrá mostrar los fundamentos físicos del viaje en el tiempo. No es tan difícil, ¿los tiene o no los tiene? –

-          Pues…- dudo Salvador


-         
Bueno, ¿ve?. Mire, si usted logra mostrarme los fundamentos científicos del viaje en el tiempo yo mismo lo propondré para el novel de física…mientras tanto me temo que he de recomendar se cancele la financiación para este ministerio –

-          Usted no puede hacer eso –

-          O si, si que puedo. Con el debacle económico en que nos encontramos después de la pandemia ¿usted se cree que recomendare desviar recursos tan necesarios en salud, estimulo, educación…- movió la mano indicando que se refería a infinidad de otras cosas – para asignarlos a un ministerio de “ciencia ficción” –

-          Pero, si usted mismo ha visto que es posible – Salvador no salía del asombro que le causaba este hombre con sus argumentos.


-         
Si, y los milagros existen, ¡por favor!. Estamos en una época ilustrada, la ciencia ha dejado de lado todas esas supercherías. Si no hay pruebas científicamente fundamentadas no hay presupuesto. ¡Buenos Días! – se levanto y se fue, destemplado como había llegado.

Ni bien se quedo solo Salvador hizo pasar a Angustias, que, como correspondía había estado escuchando tras la puerta.

-          ¿Se da cuenta Angustias? – preguntó retóricamente Salvador – Hemos pasado por no sé cuantos reyes y ninguno nos cuestiono que existiéramos. A nadie se le ocurrió siquiera hacernos comparecer ante la Inquisición y mire que habrían tenido tela para cortar con eso…pero no, todos entendieron la importancia de este ministerio, y ahora viene el mocito este, con sus ínfulas cientificistas a cuestionarnos…-

-          Bueno jefe, no se altere, le hace mal –

-          ¡Pero como no me voy a alterar! – y respirando profundamente, recostándose contra el respaldo de su sillón…

-          Si, tiene razón, por favor tráigame un tilo ¿quiere? – cedió.

Cuando Angustias salió, tomo el teléfono y llamó.

-          Hola ¿Amelia? –

-          … -

-          ¿Cómo está usted? ¿sus cosas? –

-          … -

-          Me alegra, Bueno disculpe que la moleste, no quiero interrumpir su retiro. La llamo porque necesitamos urgentemente su ayuda –

-          ….. –

-          ¿Se acuerda de la conferencia esa que dio Einstein a la que usted asistió? Esa donde decía que los viajes en el tiempo no eran posibles –

-          …. –

-          Si, si esa. ¿Y del muchacho ese “tan amable” que me comento conoció allí? –

-          …. –

-          Bueno, el pesado ese. Resulta que hoy nos ha visitado un bisnieto del susodicho y es de vital importancia para la vida de este ministerio que el señor Jiménez Salgado no escuche esa conferencia –

-          …. –

-          Claro, no me cabe duda que Alonso o Pacino podrían cumplir muy bien la misión, pero me temo que la solución que le darían podría ser bastante más traumática que la que espero usted pueda darle. –

-          ….. –

-          Si, le agradezco, confío en que sus métodos serán igual de efectivos y mucho más diplomáticos -

 

Nota del escribiente:

¿Lo lograra?...tendremos que esperar a ver si hay quinta temporada.


martes, 2 de junio de 2020

¿Fluido Garcia?

“¿Fluido Garcia?”

Como todas las tardes, al pasar por el despacho del escribiente, de regreso de los corrales hecho una ojeada para ver como andaba, pero esta vez no vio a nadie.

-          ¿Qué raro? El escribiente no es de salir mucho – se dijo mientras seguía los pasos de cancerbero, que apuraba el paso de regreso a las casas.

Sin embargo, y a pesar del apuro que llevaba el perro, fue él can quien se detuvo al pasar frente al galpón del taller.

-          ¿Qué pasa guardián? – interrogo el arriero al ver al canino tan atento mirando el interior.

-          ¡Que ahí esta! – pareció decir, pero no lo dijo por que la fantasía de este relato no da para tanto.

Efectivamente ahí, entre los arneses, las poleas y la maquinaria, estaba el escribiente. Con cautela, entro, sin hacer ruido para no molestar y se quedo mirando.

En la mesa una parva de libros y planos desplegados, herramientas de mano, eléctricas y electrónicas distribuidas en aparente desorden cubrían una considerable superficie y, en una claro, una cosa rara bajo la cual asomaban un par de pies.

-          Bueno, ya esta – dijo el escribiente saliendo de debajo de la maquina

-          Ahora a cargar las baterías y ya – concluyó enchufando el cargador al artefacto.

-          Buenas, ¿Qué hace? – habló entonces el arriero

-          Ah, buenas, ¿Cómo esta? –

-          Bien, bien ¿y usted? – preguntó sinceramente preocupado, aunque tratando que no se le notara.

-          Mejor que nunca – e, indicando hacia la cosa cuyas baterías se estaban cargando

-          Ahí la tiene, pensé que iba a ser más difícil –

-          Aja, y ¿Qué es? –

-          Un Anacronópete. Va una copia “aggiornada” que acabo de terminar – aclaró muy orondo.

-          No lo pude hacer igual porque hay piezas que ya no se consiguen – se disculpó innecesariamente.

-          ¿Y qué es ese “anoconprete”? Dicho sea de paso, que mal suena –

-          Anacronópete, no se confunda. Es una máquina para viajar en el tiempo –

-          ¿De dónde ha sacado usted eso? –

-          De aquí, de este libro de mi abuelo. No sabe la cantidad de veces que he mirado esos planos sin saber que eran.-

-          ¿Y ahora sabe? –

-          Pues si, después de ver el capitulo 5 me ha quedado reclaro –

-          ¿Y qué quiere hacer con ese artefacto del diablo? – preguntó al tiempo que se santiguaba

-          No me aguanto a saber si habrá quinta temporada o no, así que voy a viajar al futuro – pensó unos segundos y continuo

-          Y al pasado, quiero hablar con los guionistas, hay varios hilos sueltos o cosas que no entiendo, en una de esas me las explican. Por ejemplo, Pacino al final parece arreglar todo y se queda en el presente, mientras su otro yo se va la misión de las meninas, lo cual quiere decir que volverá de esa misión y…¿se encontrara a sí mismo? … -

Y siguió cuestionándose otras cosas que el arriero no escucho porque estaba entretenido leyendo algo en el manual

-          ¡Oiga! Acá dice que para viajar en el tiempo necesita un ¿“fluido Garcia”?. ¿Qué es eso? –

-          Bueno, eso no lo sé, la formula no aparece, pero, por las descripciones y los efectos creo que un mate amargo con ruda y los yuyos que me dio el curandero diaguita de la tribu del cacique “Am Ique” va a andar bien –

-          ¿Está seguro? Mire que acá dice que es muy importante –

-          Si, por eso primero voy a hacer un viajecito corto para probar –

Aclaró mientras ingería un generoso sorbo de la infusión ya cebada.

-          Bueno, deséeme suerte – fue lo último que dijo.

El arriero lo vio irse raudamente. El cancerbero, que también observaba la escena levanto expresivamente la orejas y, alzando la vista lo miro como preguntándole

-          ¿Pa onde va? – pero, como ya se dijo, en este relato los perros no hablan.

Filosóficamente el arriero dio la vuelta continuando el camino a las casas, mientras le explicaba al can.

-          Uste ya lo conce, sabe como he el escribiente, por más que vive en Córdoba hace años jamás se acostumbró al mate con yuyos. – sacó el pucho de detrás de la oreja, lo encendió y le dio una pitada.

-          Vamos, yo creo que tendrá para un par de horas en el baño, por lo menos. ¡Que ni el purgante ese que le dio el Pacino a la Lola le haría un efecto así! – rieron los dos.

Antes de entrar al rancho apago el cigarrillo y lo volvió a colocar tras la oreja. La patrona no le permitía fumar adentro. Cosa de mujeres ¿vio?

-          Hágame acordar que le traiga un agua de arroz al pobre –

El perro movió la cola, se sentó en el umbral y se dedico a la delicada tarea de rascarse el lomo.

Otro día había pasado.

Omar R. La Rosa

Córdoba de la Nueva Andalucía – Argentina

02 de Junio de 2020



MINISTRY OF TIME? MAY YOU HELP US?

-        ….. –

Eran alrededor de las 3 de la tarde y, en la semipenumbra de la oficina, Salvador aprovechaba para echar una “cabezadita”, cuando sonó el teléfono.

A regañadientes, enojándose con Angustias por haber permitido pasar esa llamada, antes que pensar que podía ser algo urgente, tomó el teléfono y atendió.

Nada más escuchar la primera palabra la cara le cambió completamente. Como por arte de magia desapareció toda modorra y estuvo en alerta máxima. Tanta adrenalina había vertido en sus venas el simple sonido de la voz del otro lado.

Aún escuchando, respiró hondo tratando de recuperar la compostura. 

-        Yes, madam, I know it's not our area of responsibility, but we'll do our best –

-        Yes, I will speak to our government myself ... –

-        …. –

-        Yes madam, do not worry, the past is the past and now ... now we must face the future –

-        No, please, for nothing. Thank you for coming to us. I do not know what we can do, but we will.-

y cortó, o mejor dicho, la otra persona cortó, porque él se quedo con la boca abierta y el teléfono en la mano. Incrédulo de lo que acababa de pasar. Así lo encontró Angustias cuando entro a la oficina unos instantes después

 

-        ¿Qué le pasa Jefe? –

 

-        No va a creer quienes me acaban de llamar – dijo con la cara aún extrañada

Ante la expresión de perplejidad de Angustias se aclaró

 

-        En Westminster están muy preocupados por los problemas que están teniendo con el terrorismo y – tragando saliva – a alguien se le ha ocurrido que, quizás, arreglando algunas cosas que han hecho en el pasado podrían mejorar la situación. -  calló unos segundos y luego continúo - ¿Se imagina Angustias? ¡Los Ingleses quieren que los ayudemos a arreglar su pasado! –

Respiró hondo y se sentó apoyándose contra el respaldo de su sillón, preocupado.


-        ¿De dónde sacaremos toda la gente que hará falta para encarar semejante trabajo? –

(c) Omar R. La Rosa

Córdoba - Argentina