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sábado, 25 de julio de 2026

El karma del idoneo




 yo, despues de una semana tratando de hacer funcionar "la boloñesa"

https://www.amazon.com/dp/B09MY1BRZD 

https://books.google.com.ar/books/about?id=3Y9nEAAAQBAJ&redir_esc=y 

sábado, 2 de agosto de 2025

La culpa la tiene Gauss

El silencio reinante era denso y palpable.

Es que no había nada que decir, los datos estaban ahí, a la vista de todos, no había forma de ignorarlos.

Habían tomado una mala decisión y ahora no había marcha atrás.

Y lo peor de todo es que no había responsables en quienes descargar las culpas.

Salvo la IA, que había sugerido la opción más probable…descartando la que, ahora sabían, era la correcta.

El programa había procesado los datos, realizado millones de cálculos y análisis en una fracción de segundo y arribado a la conclusión más probable.

¿Quién podría decir que eso no era correcto?, nadie.

Salvo todos ellos, que dejaron de lado su factor humano para optar por la solución más fácil, la que menos esfuerzo les exigía…

Mas, ¿De qué servía echarle la culpa a un maquina?

El mal ya estaba hecho y no tenía remedio.

Ahora solo restaba contemplar, en las pantallas, como se acercaba final que los destruiría a todos…menos a la IA, que, con sus servidores distribuidos, podría sobrevivir a pesar de la destrucción de la terminal que los asesorara.

Lo peor es que el error que no serviría de nada, pues pasaría a ser tan solo un dato más en el extremo de la campana de Gauss, sin apenas modificar su valor central.

 

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Argentina

2 de Agosto de 2025

 


domingo, 10 de marzo de 2024

En el Subterraneo - sesión de catarsis

 
Subterráneo

Hace frio, es lógico estamos en Junio, pero acá abajo se está bastante bien.

No es que el subterráneo sea un lugar muy agradable ni que yo me este refiriendo al medio de transporte en que estoy ahora, pero la reflexión vale igual.

Y es que después de todo un día expuesto a la intemperie de la ciudad y su mundo tan ajeno a mí, descender a esta “cueva” casi matriz es un bálsamo que disfruto.

Aquí abajo, sentado en el viejo banco, arropado con mí apolillado sobretodo, que me abriga más al no estar expuesto al helado viento y la fría indiferencia citadina, casi me siento bien.

Aquí puedo entrecerrar mis ojos sin que a nadie le importe (el pobre viejo se está durmiendo) y dejarme llevar a mi mundo, ese en que nací, con valores, con gente de bien orgullosa de tener un trabajo y una familia, con una mujer que lo espera y niños correteando por ahí…y puedo ver a mi abuelo, disfrutando del solcito de la tarde, sentarme a su lado y escuchar sus historias.

“Cuando sea grande quiero ser como vos abuelo…”

Y ya ves, soy grande, físicamente me parezco a vos, al recuerdo que tengo de vos, pero ahí acaba todo, el mundo es otro, casi no hay niños, no hay nietos a los que contarles historias, no hay familias…

-          Señor, señor, termino el recorrido –

-          ¿Eh? A sí, sí, gracias -

Me levanto, ajusto mi saco, me pongo la careta de hombre civilizado, que no me da para una sonrisa, y salgo nuevamente al exterior, a seguir fingiendo hasta que el viaje efectivamente termine.

© Omar R. La Rosa 10/3/24

domingo, 11 de febrero de 2024

Palabras Atávicas -

 Palabras atávicas

Hay palabras atávicas, palabras cargadas de significados que exceden largamente su mero sonido y la imagen directa que evocan.

Palabras que hasta da temor pronunciar, porque al solo hacerlo rompen el encanto de la imagen que las llama.

Puedo pintar con letras el paisaje que las engloba, como lo hago ahora viéndote alejarte de mí, con paso felino y andar etéreo, provocadora.

Puedo describir la suave curva en que termina tu espalda, y como de pronto un borbotón de vida le da forma de deseo, para precipitarla en lo más profundo de tu ser femenino, descendiendo hasta la naciente de tus piernas.

Puedo imaginar mil maneras de describir tus dedos apenas posados sobre la loza, como acariciando el pocillo de café con los restos del preludio que te trajo a mí, pero no puedo pronunciar la simple palabra que describe lo que ahora me muestras, la que por sí sola grafica la imagen que me regalas en este momento.

Y no lo hago, porque temo el poder de la misma.

Temo perder tu amada imagen, temo que la vista de tu espalda sea la de tu partida y no solo el ensayo de tu regreso.

(c)
Marcial Apuleyo

 

 

 

 

 

domingo, 26 de noviembre de 2023

Velas Negras.

Velas Negras

Acercarme a ti es una aventura solitaria, como enfrentar la mar en mi vieja barca.
Igual que navegar, estar a tu lado despierta en mí las pasiones más viriles y humanas…
El desafío de estar en tus brazos solo se equipara a estar en brazos del mar.
Como el mar eres una delicia cuando estas tranquila y la suave brisa mese tus cabellos, igual que la mar eres de temer cuando vientos de cólera ensortijan tu guedeja.
Como él mar eres para mí una pendiente sentencia de muerte a la que no puedo escapar, una llamada atávica a la que no me puedo sustraer aun a sabiendas del peligro que me acecha.
Como el mar eres toda promesas y la imagen de mi vela hinchada por el viento penetrando el misterio de tus olas es el acicate que me impulsa a enfrentar los mayores peligros.
Marinero al fin no tengo alternativa a mi destino, perecer en tus brazos.

© Marcial Apuleyo
Portada sobre imagen de Pinterest S/Y Zoraida 1888 © Beken
libros disponibles en Amazon: https://www.amazon.com/stores/author/B07GHV6MLL/allbooks?ingress=0&visitId=5a59882c-cd6d-41ef-b82a-81456adae34d&store_ref=ap_rdr&ref_=ap_rdr

sábado, 18 de noviembre de 2023

Desafío, que los limites estan para correrlos

 

Desafío

Llego al final del camino, se detuvo y, cruzando las piernas sobre la montura se quedó oteando el horizonte.

Tras él, a derecha e izquierda, la inmensidad de la llanura que acababa de atravesar haciéndola suya. Frente a él el gran rio y toda aquella tierra que no le pertenecía...

El sol, ocultándose tras el horizonte, cedió su luz a las sombras y todos los que lo acompañaban armaron el campamento donde pasarían la noche.

Él no se movió, solo siguió con la vista puesta en la otra orilla.

Ya noche cerrada, él seguía en su contemplación, sin que nadie osara interrumpirlo, hasta que ella, la concubina preferida, tomo ánimo y caminó hacia donde estaba el real jinete. Era su prerrogativa y su deber.

Las estrellas brillando en el cielo anunciaban el frio que se avecinaba.

- ¿En qué piensas sire? – casi susurro cuando estuvo a su lado.

Si la escucho no se inmuto. Por un instante continuó impávido, mientras el corazón de ella suspendía los latidos en una tensa espera.

Sin decir palabra, como tampoco las decía ese hombre tan imponente, que ella podía controlar cuando lograba cubrirlo con sus brazos, apoyando en sus senos la regia cabeza.

- En el rio – hablo él al final.

- ¿Qué quieres hacer? –

- Cruzarlo –

- ¿Por qué? –

- Porque para eso están los ríos, para ser cruzados –

- …también se los puede navegar – se atrevió a cuestionar, cuidando dejar caer los ojos, en ese gesto tan típico que ella sabía él no podía resistir.

- ¿Ves algún barco a mi rededor? – indago él en medio de una risotada.

No, no había ningún barco. La decisión estaba tomada.

Al día siguiente el Rin cedió ante sus tropas y el fin de un imperio comenzó a desencadenarse.

© Omar R. La Rosa

 

miércoles, 16 de agosto de 2023

Demencia, ¿que mayor locura que el amor?

 

Demencia


Los años y su paso implacable no respetan a nada ni a nadie.

Llevaban una vida juntos, desde aquellas lejanas épocas en que, adolescentes aun, ella se digno mirarlo.

Como olvidar ese día, si casi se muere de la emoción que le causaran esos ojos claros contemplándolo, ella la chica más hermosa que él hubiese visto nunca, a él, un ratón de biblioteca (un nerd dirían hoy)

Pero claro, eso había sido hacía mucho tiempo, y ahora hasta esa mirada se había perdido entre las nieblas de la vejez.

Como fuera, un día como ese, hacia ya mucho, ella lo había hecho el hombre más feliz del mundo, y, aunque fuera una ilusión, deseaba recordarlo.

Hubiese querido invitarla a un buen restaurante, como en los buenos tiempos, pero ella ya no podía.

Y, aunque pudiera, no lo notaria.

Con mucho cuidado preparo la mesa, velas, manteles, la mejor loza que encontró, un buen tinto en copas de cabo largo, de esas que parecen de películas y música suave.

La cena era del restaurante del barrio, que hasta eso él no llegaba, pero, bueno lo que importaba era la intención.

Cuando todo estuvo listo la fue a buscar, la ayudo a vestirse, a ponerse sus mejores joyas y peinarse. Luego la llevo hasta la sala, le acomodo la silla (todo un caballero), sirvió vino y, a su lado, elevo la copa en un brindis.

- ¿Qué festejamos mi amor? – preguntó sorprendida.

- Que estamos juntos – ella se sonrojo alagada y, por un instante sus ojos volvieron a ser los que a él lo habían enamorado.

Mas luego una sombra los empaño, como si algún recuerdo se hubiese abierto paso entre las nieblas de su mente

- ¿Y si viene mi marido? –

- Tranquila, está de viaje, no vendrá – le contestó, a pesar del dolor.

Ella volvió a sonreír, como lo hacía antes, cuando él pensaba que era a causa suya, y la ilusión sano en algo la herida.

(c) Marcial Apuleyo

 

sábado, 22 de julio de 2023

La Guarida.

En esta oportunidad el relato de la semana nos trae una historia basada en hechos reales.

Aunque con un planteo inverso al del realismo mágico de principios del siglo XX bien podría responder a esta cuasi corriente literaria.

El mismo sigue la línea de pensamiento iniciada días atrás en una conversación con el escritor mexicano Cuauhtémoc Ponce  sobre el tema “Donde está el p*to cablecito” (ese que yo había guardado para, justamente, no perderlo y encontrarlo fácilmente cuando lo necesitara)

Advertencia, contiene escenas que se pueden considerar machistas y violencia de sexo explicita.

La Guarida

Sábado, fin de semana de Julio, templadito, como si no estuviéramos a mitad del invierno. Ideal para salir a pedalear, remar o cualquier cosa, menos quedarse en casa.

-          “Gordi” ¿Y si nos vamos a comer un asadito a las sierras? – se arriesgó a preguntar ilusamente.

-          Hay, no sé – dudó ella concentrada en el agua de la pileta de lavar.

-          ¿Qué te pasa? – preguntó él (Error presumiblemente originado en una “atadura” de la niñez, como me contaron la semana pasada)

-          Se tapo el desagüe de la pileta de lavar. ¿Queres revisarlo? Seguro que es alguna pavadita. Después salimos –

¿Quién diría que una situación tan trivial desataría el drama existencial que siguió?

Empezando que, para llegar a la pileta de patio a que va a dar el desagüe, era necesario quitar los estantes del mueble (que por alguna mágica e inexplicable razón está justo sobre el lugar a inspeccionar).

Claro, una cosa es decirlo y otra hacerlo, pues antes hay que retirar (y acomodar) los “quichicientos” frascos y frasquitos con sustancias varias, correr los tarros de cera para piso, la lata con el hormiguicida, el envase de enjuague para la ropa, el bidón del jabón liquido, el…

Bueno, no es para tanto, luego de unos 45 minutos ya esta, libre el acceso a la tapa de inspección…para encontrarse con que el albañil que coloco el mueble no tuvo mejor idea que dejar los restos de cemento sobre la tapa.

Total que hay que ponerse a sacarlo, pero claro, ya lleva por lo menos un par de años ahí…y no hay lugar para golpear…es entonces que el pobre hombre advierte el paso de los años, las articulaciones crujen tratando de acomodarse las extrañas posiciones que necesita adoptar para sacar la mescla ya seca.

Pero, “no hay duro que no se afloje”, al final la tapa queda libre y, luego de alguna resistencia, se logra acceder a la cámara…para encontrarla tapada con los mismos restos de cemento ¿Por qué el buen señor que hizo el trabajo no considero tomar alguna precaución? Con tapar la tapa con un trapo habría bastado…pero ¿para qué? Si total él no la iba a volver a sacar…que se cante el tipo al que le toque, o sea él ahora.

Con infinita paciencia encaró el trabajo de presidiario que tenía por delante. Con una cucharita de café (más grande no entra) comenzó a remover los restos…Por su puesto, el prolongado tiempo en la incómoda posición hizo que se le entumezca el cuerpo, por lo que no pudo ni moverse cuando el gato, en busca de comida, se paro encima de su espalda, o cuando el perro, corriendo al gato, le salto arriba como si fuera una gran hazaña, ni cuando su mujer, en un declarado intento de intimidar a los animales, le pegó de lleno con la escoba entre a la quinta y la sexta lumbar…

¿A que continuar? Luego de varias horas de renegar consigue el objetivo…la pileta quedo  limpia y operativa, pero la tarde se había ido, el viento había rotado al sur y el invierno hacía notar su regreso.

-          Ya se ha hecho tarde para salir – sentencio obviamente su mujer – mejor me voy a tomar mate con las chicas – dijo al tiempo que salía hacia lo de las vecinas…

Fue ahí cuando el pobre tipo recuperó su esencia animal, el atávico machismo que le impele a buscar un refugio… donde lamerse las heridas del día, para poder enfrentar los próximos combates (que sin duda llegaran).

Cansino, sin cambiarse, con la ropa sucia, en un acto de extrema rebeldía (total la señora ya se fue y no lo ve) encaminó sus pasos hacia “la guarida”…donde otros machos, igual o peor de golpeados que él, curan sus heridas con el néctar que les brinda la única hembra que ingresa al lugar, “la Pepa”, dueña del bar donde se sirven las mejores cervezas del pueblo.

© Omar R. La Rosa

domingo, 4 de junio de 2023

Redención por convicción.

 


Brillante, siempre había tenido una mente brillante, y eso le había permitido escalar alto y rápido en la sociedad del estado de corrección.

Los rudimentos de la nueva lengua no mostraron resistencia para con su capacidad de aprender y esto encanto a sus superiores, que no lo eran oficialmente, no podían serlo porque en un mundo donde “todes” eran iguales, no podía haber superiores.

Solo “hermanes” deseoses de ayudar a todes a encontrar su verdere ser, sin importar lo que la antigua cultura hubiera impuesto. ¡Que eso de dividir a la sociedad en hombres y mujeres solo servía para que unos dominaran a otras! Y eso no podía, no debía ser, por más que no fuera.

Mente brillante, como era, la tierra pronto le quedo chica y su límite fue el cielo, allí se instaló, colaborando desde el impoluto ambiente de la estación orbital con quienes luchaban por curar al herido planeta, ideando formas de reducir “amigablemente” la población mundial, sin generar odios gratuitos, ni exponerse a sufrir represalias, solo se trataba de que eran muchos (ellos, no nosotres) y de esos muchos varios se tenían que ir a la brevedad, la tierra ya no soportaba.

Mejores métodos para abortar, adelantos para facilitar la eutanasia y alguna que otra plaga fueron saliendo de su febril mente, y la de sus compañeros; que no era el único en esto.

Pronto las cifras empezaron a cuadrar, los números a mostrar una reducción en la población y la tierra a recuperar sus espacios vitales… y ahí era donde el problema persistía.

Porque, a pesar de los claros resultados, del convencimiento de un gran número de la población de que lo mejor que podían hacer era extinguirse, no traer hijos a sufrir al mundo, ni prolongar inútilmente el sufrimiento de los ancianos…había quienes se resistían.

¿Qué fallaba? Desde su laboratorio no tenia forma de saberlo, por lo que se comisiono en misión de estudio y volvió al planeta, a su ciudad natal, al lugar de sus primeros años, a su barrio y fue ahí, caminando sus calles, que comprendió y con la comprensión le llego la locura... y  la culpa.

La locura lo llevo a huir, a desaparecer, a no reportarse más, a rebelarse contra el sistema que lo había convertido en un verdugo de los suyos, la culpa a redimirse.

Se supo que entonces puso su conocimiento y saberes al servicio de la gente, enseñando matemáticas, ciencia desacreditada hacía mucho tiempo, por su capacidad de desarrollar el raciocinio, y lenguas antiguas, recuperando la riqueza y diversidad de que le habían privado y…vaya uno a saber que tantas otras atrocidades.

Por suerte los mismos sistemas que había creado ayudaron a localizarlo.

Cuando los agentes del orden le encontraron estaba desarrollando unas integrales con un pedazo de tiza, sobre una viaja pared.

No opuso resistencia, cual un nuevo Arquímedes ante los invasores de Siracusa(1), no dejo de hacer sus dibujos en la pared, ni aun cuando uno de los soldados lo atravesó con su lanza laser, convirtiéndolo en mártir de la redención.

(1)    https://ytusarg.blogspot.com/2022/04/

© Omar R. La Rosa

 

viernes, 19 de mayo de 2023

Redención, pero no hoy

 Redención

(pero no hoy)

Ya llevo 5 revoluciones entorno a esta estrella y aunque aun no puedo olvidar como termine en este primitivo planeta, cada vez me acostumbro más a él y anhelo menos volver a mi vida pasada.

Mi nombre es Scretch, un nombre onomatopéyico utilizado en mi planeta para denominar a uno de los mayores depredadores autóctonos. Un planeta cuyo nombre prefiero olvidar en el sistema Maia, la estrella bajo cuya rojiza luz llegue a este universo de locura.

Al igual que las víctimas del Scretch, cuyo último atisbo de conciencia es el producido por el sonido del aguijón del animal antes de atravesarlos; mis enemigos corren la misma suerte si me escuchan desenfundar.

Y es que en eso soy el mejor, nadie me ha ganado jamás en un duelo…por lo que me he vuelto famoso y temido en todo el sistema. Bien ganado tengo mi apodo el “Scretch Pretroch”.

El “sanguinario Scretch”, como me llamaron los bastardos después de que recuperara el dinero saqueado, a la gente de mi sistema, con los extorsivos impuestos a que la someten.

Nada pudieron hacer contra mí los esbirros que custodiaban el convoy.

Aun hoy, pasado mucho tiempo, es posible ubicar el lugar donde impartí  justicia por las rojas nubes de sangre, que se mantienen en la misma trayectoria orbital que los inertes cuerpos de sus destruidos portadores.

Por supuesto, como parece ser regla universal, junto con la fama llega la envidia, y con la envidia…la traición.

Quien me traiciono no vivió para contarlo, pero lo mismo me saco de la escena…que, en definitiva era lo que querían quienes le prometieron un pago por ello.

Mi llegada a este planeta no fue tranquila ni confortable.

Antes bien los destrozos causados en mi nave fueron tales que quienes me atacaron tuvieron toda la razón al darme por muerto…y de hecho creo que lo estuve, pues nada recuerdo del tiempo transcurrido entre el momento en que los saboteados mandos de mi nave fallaron y aquel en que el extraño ser, que me acompaña desde que llegue aquí, me volvió a la vida.

La primera imagen que tengo, posterior al accidente, es la de encontrarme en una especie de refugio, construido con un material desconocido entonces para mi, cubierto con varias capas del mismo, completamente desnudo, con el ser en cuestión a mi lado, abrasándome, como dándome  calor. Lo que, por cierto, era necesario dado el clima del lugar.

De apoco fui curando de mis heridas y, conforme recuperaba mis fuerzas, conociendo el lugar donde estaba. En cuanto al paisaje, salvo por las variedades de plantas y animales, es muy similar a cualquiera de los cientos de planetas relativamente salvajes que he visitado.

Entre las diferencias, la más destacable, y la que me ha hecho dudar de mi propósito, es el parecido que tengo cono los seres que me cuidaron, al punto que, si fueran más “civilizados” seria difícil notar diferencias con quienes habitan cualquiera de las estrellas de nuestro grupo.

Pero, ¿A que ahondar en esto?.

Como dije, ya llevo 5 años en este planeta y durante mucho tiempo salir de aquí y destruir a los malditos que me atacaron fue el único motor que me dio fuerzas para seguir viviendo.

Pero ahora, contrariamente a mi ser más profundo, ya no siento así, creo que me estoy aquerenciando.

Es como si en mi se hubiese iniciado un proceso de redención, un proceso que pretende dejar atrás al “Scretch Pretroch”, para dar lugar a un nuevo “Scretch”, uno que empieza a pensar en tener una familia, con hijos corriendo junto al fuego en las frías y oscuras noches de este lugar, con la hembra que me volvió a la vida entre mis brazos.

Un Scretch que quizás deberá tomar otro nombre.

Sinceramente me desconozco, jamás pensé que algo así  me pasaría …y quizás ese sea mi futuro, ser un redimido.

Pero eso no será ahora en que acecho a esos tipos de casacas rojas que han llegado a robarle a esta gente lo que tanto trabajo les cuesta conseguir.

Desde la sima de esta colina los veo en la cala, cargando su primitivo barco a velas, ignorantes de que será lo ultimo que hagan.

Ya no tengo mis armas, pero el sonido de mi cuchillo al salir de su funda sigue siendo el mismo, y, para mis victimas, el resultado igual.

No sé si habrá o no un proceso de redención para mi, de verdad no lo sé, pero algo es seguro no empezara hoy.

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Argentina

19 Mayo 2023

domingo, 26 de marzo de 2023

Lupus, homó lupus est

 

LUPUS

Lupus recorrió la frondosa floresta con paso alerta, como si temiera alguna asechanza…

Al final del camino se detuvo frente a las ruinas del viejo palacio, aguzando el oído.

Notas encantadas brotaron del interior del mismo, los suaves compases de un vals inundaron el lugar.

Lupus se incorporo.

Su figura, grácil y encantada, subió los peldaños de la reluciente entrada.

En el interior grupos de danzantes parecían volar, al son de las notas, sobre los pulidos granitos de la pista de baile.

Sin perder la compostura, manteniendo el paso alerta que traía, irguió la frente y cruzo el salón con total naturalidad…dispuesta a seguir su destino

© Omar R. La Rosa

@ytusarg

jueves, 10 de noviembre de 2022

Jeroglíficos - basado en hechos reales

 

Jeroglíficos



En la jefatura de detectives, de la policía de la provincia de Córdoba, era bien entrada la madrugada cuando los oficiales Hound y Segugio se vieron obligados a aceptar el fracaso de la pesquisa.

Llevaban horas revisando escritos sin lograr obtener información alguna.

- Colega – aceptó Segugio – esto es imposible de descifrar –

- Ufff, tienes razón Ivo – Hound si permitió esa pequeña familiaridad con su compañero, pues se sentía igual de abatido.

- ¿Qué podemos hacer? El comisario Gomez llegara de un momento a otro y no le tenemos nada – se escuchó la queja, justo cuando el ordenanza ingresaba a poner orden en la oficina antes de la llegada del resto de la dotación.

- Buenos días – saludó rutinariamente, antes de advertir la cara de abatidos de los dos oficiales - ¿A que esas caras muchachos? –

- A esto – dijo desesperado Segugio casi arrojando las carpetas con los escritos en cara del ordenanza – llevamos toda la noche revisando y nada –

- Ni un nombre, ni una fecha, letra ilegible – Hound continuó la queja - Errores de ortografía que asustarían hasta a un analfabeto – sentenció al final, sin advertir que el hecho de que él los advirtiera era por demás significativo.

Pacientemente el conserje tomo la carpeta y, luego de ajustarse los anteojos, ante el asombro de los policías, comenzó a leer lo ilegible.

No perdieron la oportunidad, por alguna mágica razón el viejo de la maestranza estaba haciendo en unos minutos lo que ellos no habían podido hacer en toda la noche.

- ¿Cómo lo hace? – preguntó Segugio asombrado.

- Entrenamiento detective, entrenamiento –

- ¿Y donde entrena? –

- En la secundaria – aclaró el hombre – soy docente de 5º año. No sabe lo que es corregir los trabajos de esos chicos –

- ¿Y qué hace limpiando oficinas a esta hora? – quiso preguntar Segugio, pero calló, la respuesta era clara. Lo que le pagan a un docente no da para mucho.

Más pronto que tarde terminaron en el informe. Minutos después, lo entregaron al comisario y pudieron retirarse a sus domicilios con la satisfacción del deber cumplido.

(c) Omar R. La Rosa

 8/11/22

Novelas y antologías disponibles en los enlaces del ángulo superior izquierdo

 

 

domingo, 18 de septiembre de 2022

Mefisto - agenda 2030

 Mefisto

Su figura se recortaba, sobria, contra el fuerte resplandor del bosque en llamas, en un cuadro digno del Dante.

En un primer plano las ígneas flamas se reflejaban en agua del arroyo que nacía bajo la roca donde él se hallaba, corriendo a sus espaldas, como si hasta el agua misma le temiera y quisiera escapársele.

Pero eso lo tenía sin cuidado, llevaba milenios esperando este momento, planificando este momento, todos los detalles habían sido premeditados con antelación así como sus consecuencias.

El sutil veneno vertido en los corazones de las víctimas, haciéndolas desear su final, todas ignorantes de que se encaminaban hacia su final, tan convencidas estaban que no dudaron en matar a quien quiso advertirles.

Una sonrisa se habría dibujado en su rostro, si eso le hubiese sido permitido, de tan solo pensar en la estupidez humana. Basto con repetir mil veces que sus hermanos eran sus enemigos, que las bajezas que anhelaban eran derechos que los demás les negaban. Basto con repetirles que el lenguaje era opresor y había que destruirlo, para que empezaran a hablar como tontos, y como tales a comportarse.

Muchos tiempo de espera, demasiado para su gusto, le había llevado llegar a ese momento, pero ahora ahí estaban, apareciendo de entre las llamas, ansiosos por adorarle, por acompañarle a la batalla final contra quien los había desterrado del trono que, a no dudar, le pertenecía.

(c) Omar R. La Rosa

www.ytusarg.com.ar

 

viernes, 26 de agosto de 2022

Bajante, cuando los fantasmas siguen vivos

 

Bajante

La guerra, esa estúpida forma humana de no resolver nada, arreciaba por todo el continente y buena parte el mundo.

Era menester abastecer los puestos de cada bando, para evitar que quedaran indefensos ante los enemigos…pero una cosa era decirlo y otra hacerlo.

Llevaban varios minutos recorriendo las venas de Europa bajo un nutrido fuego de artillería. El Danubio era una avenida peligrosa.

Cada minuto que pasaba se hacía más difícil avanzar. Todo hacía prever que el enemigo ganaría esta pulseada. Pero eso no podía ser, si ellos no pasaban con los explosivos que transportaban, por lo menos evitarían que la valiosa carga cayera en manos enemigas…

-          Soldado, venga – ordenó el capitán de la barcaza.

Juntos descendieron a la bodega e instalaron los explosivos que harían estallar la carga si el enemigo intentaba apoderarse de ella. Mientras la metralla se escuchaba golpear contra babor.

-          Si entran por ahí aprieta el pulsador – gritó en una última orden el capitán, justo antes de perder la cabeza, separada limpiamente del cuerpo por un pedazo del casco que acababa de ser arrancado por un preciso impacto de mortero.

El agua, que comenzó a entrar a raudales por el boquete recién abierto, empujó bruscamente al soldado, que, aun con el pulsador en la mano, fue a dar duramente con la cabeza contra una viga.

La pérdida de conocimiento, que siguió al golpe, fue como un manto de piedad que le evito la angustia de sumergirse en el fondo del río.

 

El agua, bajando continuamente, dejo al descubierto la herrumbrada cubierta del antiguo transporte fluvial, destruido durante la última guerra por un certero cañonazo que le había abierto una preciosa flor de hierro retorcido en el costado de babor, por cuyo centro se podía observar claramente la otra costa.

Los hombres, contratados para desactivar la mortífera carga que aun almacenaban sus bodegas, caminaban con precaución entre el barro, acercándose a el.

A través de una niebla de más de 80 años, el marino los observaba y seguía con su pulgar presto a presionar el detonador que los mandaría a todos al otro mundo, como le habían ordenado que hiciera si el barco caía en manos enemigas.

80 años esperando, y ahora aparecían esos hombres vestidos con raros uniformes de brillantes colores, fácil blanco para cualquiera que quisiera dispararles. Sonrió levemente lamentando no tener a mano el fusil.

Desde su lugar observaba claramente a los recién llegados, como caminaban con cautela por las doradas arenas,…doradas arenas….deberían estar bajo el agua, pero estaban a la vista de todos, bajo los rayos del sol. Eso no lo entendía, pero no le dedico mucho tiempo a preocuparse por eso, después de todo eran muchas las cosas que no entendía.

Lo suyo no era cuestionar, los soldados no cuestionan, solo matan o mueren, pero siempre obedeciendo sin mostrar la menor duda.

Y él era un buen solado, se repitió a sí mismo. Su pulgar seguía expectante a centímetros del percutor, presto a presionarlo ante el menor peligro, como le ordenaran.

 

Los hombres de la cuadrilla, haciendo contorciones, pasaron por el agujero de babor e, ingresando en la bodega, comenzaron a estudiar el lugar. Aquello era un amasijo de oxido y putrefacción.

-          ¿Para qué apurarse? – Se preguntó uno de los operarios, encogiéndose de hombros.

-          Unos años más y el río habría disuelto todo…– bromeó otro.

-          Pero ahora el río no está y la paga era buena. – zanjó un tercero, haciendo un paso a la derecha para no pisar un charco delante de él.

 

Los vio entrar y hurgar cerca de la carga. Sus extraños uniformes lo desconcertaban, ¿Serian amigos o enemigos? ¿Que debería hacer?.

Si fueran amigos, pensó, el capitán o algún oficial los acompañaría y habrían ingresado por las escaleras desde cubierta, no por babor, a través de un agujero. No, seguro no eran amigos.

El pulgar se acercó un poco al percutor.

Atento a lo que hacían, los escucho hablar entre ellos, ¡y los entendió!, hablaban su mismo idioma ¡Eran amigos!. Se alegró.

El pulgar, involuntariamente, se apartó unos milímetros del pulsador.

Desesperado les grito lleno de esperanza, pero no lo escucharon o, si lo hicieron, lo ignoraron.

¿No serian quintacolumnistas? Había leído algo al respecto en la gaceta naval. Seguro eran infiltrados. El pulgar volvió a su lugar.

-          Mira – escuchó a uno que lo estaba mirando – Todavía se ven los huesos. – rió.

-          ¿Huesos?, - se cuestionó, pues sí tenía hambre y seguro había perdido algunos kilos, pero no seria para tanto.

-          ¡He amigo! ¿Tienes comida? – pidió. De pronto se sentía famélico.

Nada, nada dijo el hombre al que se dirigiera. Ni él ni ninguno de los que lo acompañaban, lo ignoraban abiertamente. Se indignó.

El que se había referido a su estado, junto con otro de los que ahí estaban, se agacharon con sus herramientas de mano y comenzaron a quitar una tapa.

¡Están tratando de entrar a la estiva! Se horrorizo el marino que seguía observabandolos a través de los años y el pulgar estuvo a punto de cumplir la orden que los mataría a todos, y a él también.

Ignorantes los hombres reían, más por aflojar la tensión del trabajo que hacían que porque algo los divirtiera.

En un movimiento algo descuidado tocaron una columna que cedió bajo su propio peso y golpeo los restos óseos del viejo marino.

¡Me atacan! Dijo el soldado, al venírsele encima la viga, ¡Malditos esbirros, de aquí nos vamos todos! Grito desesperado y el pulgar cayo, luego de 80 años, sobre el percutor, que, industria local de primera calidad, cumplió su misión.

La tierra se sacudió con la explosión y pronto la poca agua que aun corría por el rio cubrió el nuevo cráter.

© Omar R. La Rosa

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domingo, 14 de agosto de 2022

Adib, ¿Los sueños sueños son?

 

Adib 

-          Adib, ¿Qué haces ahí desparramado niño holgazán? –

-          Viajo ´umiy (1)  

-          A sí, ¿Y como le haces? Si te veo ahí tirado en esa vieja alfombra leyendo todo el día – cuestionó la mujer – mejor deja de perder tiempo y ve por las cabras que las he visto cerca de los manzanos. – ordenó mientras se secaba las manos en el delantal.

Señal que Adib interpretó correctamente como previa a una medida de acción directa más explicita y contundente. Sus orejas guardaban aun el recuerdo de la última vez que tal cosa había sucedido.

Con toda la presteza de que fue capaz cerró el libro, cuidando antes de marcar la página que estaba leyendo, y enroscó la vieja alfombra poniéndola bajo su brazo, justo antes de que la progenitora, con cara de pocas pulgas, llegara hasta al lugar donde estaba.

Lo logró justo a tiempo.

Ya fuera de la casa, pasado el peligro, volvió a abrir el libro y siguió leyendo mientras caminaba distraídamente hacia el huerto, solo que sin advertir que se dirigía al mercado.

Las historias eran atrapantes, valientes caballeros luchaban contra los invasores mongoles, poniendo a salvo infinidad de desvalidas damas, parando con sus veloces e intrépidas espadas las flechas más mortales, saltando de aquí para allá, en fantásticas cabriolas, para esquivar las llamas de los humeantes dragones.

Todo esto mientras sus pies esquivaban las imperfecciones del camino y sus oídos recibían, como gritos de guerra enemigos, los insultos de los ocasiónales caminantes a los que esquivaba fracciones de segundo antes de chocar.

Ruidos de cada uno de los bazares, en los que dueños y clientes regateaban por centavos como si de tesoros se tratara, ambientaban las aventuras que se iban desgranado con el correr de las páginas, ya completamente olvidado de las cabras y sus amenazas al huerto de manzanas.

Sin advertirlo llego a la plaza del mercado y casi se cae al chocar contra la fuente.

¡El foso del castillo estaba lleno de agua! Pensó sorprendido, el liquido elemento no es algo que sobre en su desértico país.

-          He niño, fíjate por donde vas – le gritó una anciana a la que casi voltea al chocarla.

Horrorizado escuchó el maleficio que la dueña del castillo le dirigió y, sin saber qué hacer, trato de salir del foso, “fuente” en que se había metido. Pero ¿Cómo?.

Y de pronto el “Como” llegó sin apenas pasar por su mente, pues, como si tuviera vida propia, la alfombra se desenrolló y se puso bajo sus pies, elevándose luego un par de metros sobre la tierra.

Al principio se asusto y temió caer, pero pronto comprobó que la alfombra era estable y no corría peligro alguno, es más, pasado el sofocón le encontró la vuelta al artilugio y comenzó a disfrutarlo.

¡Qué distinto era todo desde la altura! Ahí estaba el castillo con su foso, las tiendas de los aldeanos en torno a ella y la Sahira (2) que enojada lo increpaba.

En un alarde de valentía, sabiéndose seguro en las alturas, giró en redondo e hizo un rasante sobre la bruja, pero esta no solo no se amilano, si no que, tomando unas manzanas mordidas de una canasta que había a su lado, comenzó a arrojárselas…


¡Manzanas envenenadas! Pensó sobresaltado, tratando de esquivarlas. Pero no pudo, una le impacto de lleno y lo volvió a la realidad.

-          ¡Adib! ¡No te dije que fueras a cuidar las cabras! ¡Mira lo que han hecho con las manzanas! ¡Bájate ya de esa alfombra! – gritó desaforada, para luego murmurar ­–

Que si no te matas te mato yo –

© Omar R. La Rosa

Córdoba (Arg) - 14 Ago 2022

 

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En árabe

(1) Mi madre

(2) Bruja

sábado, 6 de agosto de 2022

Disculpas. Errar es humano, perdonar no es gatuno

 Disculpas

Al terminar la jornada, antes de regresar al descansó, tomo un pescado en dudoso estado de conservación.

Lo “olfateo” analizándolo. Quito las partes deterioradas y dejo las que estaban en buen estado.

Las puso en un plato.

Observo unos segundos al pez y meneo la cabeza…faltaba algo. ¡Ah! Ya, una guarnición. Corrió al refrigerador y tomo unas verduras, que luego acomodo primorosamente en torno al pez.

-        “¡Uhmm!. No, aun sigue faltando algo” –

Un chef como él tenía que estar en todos los detalles.

-        ¡Eso es! – se dijo al fin.

Tomo una aceitera vacía, coloco agua en su interior y una flor en el pico, luego puso el improvisado florero en la bandeja y sí, ya satisfecho salió con la comida al patio.

¿Dónde estaría? Se preguntó buscando al comensal.

Ahí, ahí estaba, en la cima de la cerca, contemplado la luna llena.

-        Ven aquí, mira te traje un regalo. –

El convidado ni giro a verlo. Eso lo apeno.

-        Vamos, no seas así. En serio no te vi, discúlpame…con el apuro de la cocina ni me di cuenta… – ensayo una vana escusa.

Nada, no había forma, seguía ofendida.

-        Dale, michí, acepta esto, es tu pescado preferido. Mira ve, te lo dejo aquí. Cuando quieras lo comes –

Poniendo el plato a un costado se bajo de la tapia y regreso a la cocina.

Era en vano insistir, estaba ofendida porque le había pisado la cola y no era una gata de perdonar fácilmente.

© Omar R. La Rosa

16/5/22



 

sábado, 4 de junio de 2022

Enfado, no hay nada que una caricia no calme

 
 

Enfado

Estaba enojada, como siempre le pasaba cuando discutía con su madre

-          ¿Qué sabe ella? ¿Qué ella también fue joven? Seguro que lo fue, nadie nace viejo  aunque a veces pareciera que fue así –

-          En todo caso eso fue hace mucho tiempo, las cosas entonces eran distintas, todo cambia – se dijo.

-          Menos los viejos y las madres, siempre iguales, siempre creyéndose unos sabiondos… -

Como de costumbre subió al desván, dispuesta a esconderse allí hasta que a su madre se le pasara la “persecuta”…si al menos papá aun estuviera con ellas…pensó y cerró la puerta de un golpe, como para a nadie le cupiera duda de lo mal que estaba.

Despechada busco un lugar que le pareció suficientemente sórdido, acorde a su estado de ánimo y se sentó a llorar…y en eso estaba cuando de pronto vio la caja rosa ¿de donde había salido eso? No recordaba haberla visto antes.

Curiosa la abrió y quedo maravillada, nunca había visto nada igual, pero enseguida tuvo una idea de cuál podía ser su uso, recordaba haber visto por ahí unos discos negros “long plays” decía en sus tapas. Tomo uno y lo coloco en el eje del disco central de la caja, puso sobre el “long play” el brazo de la misma, giro una perilla y, para su sorpresa, la música broto, inundando todo el lugar… llenándole el alma de recuerdos.

Conocía esa canción, era una canción de cuna, esa que ella recordaba de cuando su padre se sentaba en su cama acariciándoles los bucles, tranquilizándola con su gruesa voz mientras le leía ese cuento que tanto le gustaba, siempre el mismo, siempre aquel del galante caballero…esos que después su madre le hizo ver que no existían…pero que ella tanto añoraba.

Hay papá, si aun estuvieras acá con nosotras…y las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos, inundando a mares sus doloridas mejillas…hasta que el sueño la venció, mientras volvía a sentir los dedos de su padre en su cabello y su voz acunando sus oídos…

Unos minutos después la música termino, el disco volvió a su tapa y la caja rosa se volvió a ocultar, mientras una sombra, a su lado, le susurraba

“Duerme mi niña, duerme que papá siempre estará a tu lado”

© Omar R. La Rosa

Córdoba - Argentina

4/Enero/22

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