sábado, 19 de noviembre de 2022

Carbón - un policial sin misterio

El presente relato marca el inicio de una nueva aventura de Albóndiga triste, aunque ella aun lo ignora

Carbón


El artesano, un viejo artrópodo, se maldecía mientras trabajaba en su obra.

-        Carbono, puro, de muy buena calidad, pero ¡Solo carbón! – se decía mientras con uno de sus apéndices centrales y un delicado pincel, digno de más valiosos materiales, juntaba las diminutas virutas del desbaste.

Normalmente ese desecho podía representar una paga extra.

Eventualmente el cliente reclamaba los restos del material usado en la joya. En esos casos, con mucha precisión y sobrado arte, juntaba en un recipiente algo de esto y un poco de aquello, mientras parte del material original se perdía en la “hendidura especial” que tenía en su mesa de trabajo.

Esto reducía las “ganancias” pero dejaba contento al cliente, lo que le daba la fama de que disfrutaba.

Pero no era este el caso.

-        ¿Quién me habrá mandado a aceptar este trabajo? – se quejaba olvidando que si había un culpable era él, y su codicia.

-        ¡Cómo me engaño el bastardo! – maldijo recordando el día de la semana pasada en la que el cliente había llegado hasta él.

Se encontraba en el bar disfrutando su néctar de flores, (locales, porque no era cuestión de dilapidar las ganancias en placeres exóticos) cuando el sujeto apareció frente a él.

Sin pedir permiso si quiera, se sentó a la mesa y lo observó durante unos segundos.

Él no necesito mucho para calibrar al recién llegado, humano (esto no le agradó), ropas de calidad, manos cuidadas, joyas y perfume… perfume que le llevo algunos segundos identificar. Un sibarita como él con un amplio conocimiento en la materia a veces tenía que hacer un esfuerzo para catalogar correctamente algo.

Cuando lo logró, el corazón, o lo que cumpliera esa función, le dio un vuelco. El extraño solo podía ser un “noble” de la casa real. Por más que tratara de disimularlo, ese perfume solo se obtenía en palacio.

La conversación que siguió no fue muy larga, obviamente al humano le desagradaba tanto estar frente a él como a él tenerlo sentado a su mesa.

Luego que el extranjero se convenciera que estaba frente a quien buscaba sacó de entre sus ropas una cartera, de la cual extrajo un plano tridimensional del objeto que quería reproducir.

Calibró lo que se le pedía, y a quien lo hacía. Esta gente tenía sobrados medios para hacer cualquier cosa que quisiera, pero una pieza como esa requeriría una programación especial para ser maquinada y los profesionales capacitados en la materia estaban rigurosamente controlados. De esto dedujo que lo que se le pedía no era del todo legal… Eso jamás le había importado. ¿Quién era él para rechazar un trabajo?

Calculó el tiempo y el esfuerzo que le demandaría el trabajo, por las dudas le agrego un 10% y le comunico la tarifa al hombre, que la aceptó sin pestañear siquiera…cuando lo normal era que regatearan.

Eso solo ya le hizo arrepentirse, pero palabra dada y aceptada era un trato y su reputación dependía de eso.

Fue al día siguiente, cuando un cadete le trajo el material sobre el que debía hacer la obra, que su decepción llegó al punto en que puso a prueba su profesionalismo.

Y ahí estaba ahora, frente a ese pedazo de “carbón” terminando una de sus mejoras obras de cincelado sin ninguna ganancia extra.

-        ¡Qué estropicio! – se dijo al fin.

Semejante belleza no iba a durar mucho, la innoble calidad del material haría que pronto se degradara y arruinara.

Si tanto les interesaba tener una pieza carbono en vez de una estructura amorfa podían haber elegido una cristalina. Más resistente y duradera.

-        Sí, esto hubiese quedado mucho mejor sobre un diamante ­­– murmuró mientras aun contemplaba su obra, sin advertir que el humano ya estaba parado allí, frente a él.

-        Aquí esta su encargo – le dijo, ofreciéndole la pieza terminada, para que la aprobara.

Con cuidados movimientos el hombre apartó su capa y sacó, de entre sus ropas, un pequeño analizador. Colocó la piedra tallada en él, esperó unos segundos, hasta que la máquina aprobó la copia y la aceptó.

Sin decir palabra sacó un grueso fajo de billetes que el artrópodo aceptó a regañadientes.

-        Verá caballero, ha habido ciertos inconvenientes que han incrementado mis costos…– ensayó un comienzo de regateo, que obviamente no agradó al cliente.

La expresión del mismo le hizo arrepentirse de la jugada, sin duda era alguien acostumbrado al mando ciego que no concebía si quiera la idea de que alguien lo cuestionara.

-        Pero, tratándose de su excelencia los asumirá la casa…– aflojó el insecto, mientras guardaba la paga en un cajón. Por lo menos era en efectivo y podía no declararla al fisco…algo era algo.

Manteniendo el silencio de toda la visita el hombre colocó la talla en una caja de cartón común y corriente, muy apropiada al escaso valor de la misma, que no tenía nada que ver con el precio pagado, y se retiró del local del orfebre.

De paso por el astropuerto la dejó en una gaveta predeterminada y radió un mensaje. Luego subió a su nave y desapareció de escena.

Mientras, en su taller, pasado el sofocón que le diera la visita, el artrópodo sacó los billetes y los contó pacientemente, solo por el placer de hacerlo, pues si hubiera faltado alguno ni soñar con reclamarlo.

Cuando hubo terminado los colocó en la caja fuerte y se fue al lavabo a higienizarse antes de concurrir a la taberna donde normalmente cenaba.

Parado frente al espejo notó la extraña mota amarilla…la miró con detenimiento y observó otra más, y otra…el terror asomó en sus facciones mientras se las frotaba frenéticamente con el agua del grifo…en vano, cuanto más trataba de sacarlas, más crecían…en pocos minutos el hongo lo había cubierto completamente, acabando con su vida.

A varios pársecs de allí el hombre sonreía satisfecho, un limpio trabajo, sin testigos, había sido terminado.

Ahora a esperar que el transporte se hiciera sin altibajos y la pieza llegara a destino, donde la esperaban.

jueves, 10 de noviembre de 2022

Jeroglíficos - basado en hechos reales

 

Jeroglíficos



En la jefatura de detectives, de la policía de la provincia de Córdoba, era bien entrada la madrugada cuando los oficiales Hound y Segugio se vieron obligados a aceptar el fracaso de la pesquisa.

Llevaban horas revisando escritos sin lograr obtener información alguna.

- Colega – aceptó Segugio – esto es imposible de descifrar –

- Ufff, tienes razón Ivo – Hound si permitió esa pequeña familiaridad con su compañero, pues se sentía igual de abatido.

- ¿Qué podemos hacer? El comisario Gomez llegara de un momento a otro y no le tenemos nada – se escuchó la queja, justo cuando el ordenanza ingresaba a poner orden en la oficina antes de la llegada del resto de la dotación.

- Buenos días – saludó rutinariamente, antes de advertir la cara de abatidos de los dos oficiales - ¿A que esas caras muchachos? –

- A esto – dijo desesperado Segugio casi arrojando las carpetas con los escritos en cara del ordenanza – llevamos toda la noche revisando y nada –

- Ni un nombre, ni una fecha, letra ilegible – Hound continuó la queja - Errores de ortografía que asustarían hasta a un analfabeto – sentenció al final, sin advertir que el hecho de que él los advirtiera era por demás significativo.

Pacientemente el conserje tomo la carpeta y, luego de ajustarse los anteojos, ante el asombro de los policías, comenzó a leer lo ilegible.

No perdieron la oportunidad, por alguna mágica razón el viejo de la maestranza estaba haciendo en unos minutos lo que ellos no habían podido hacer en toda la noche.

- ¿Cómo lo hace? – preguntó Segugio asombrado.

- Entrenamiento detective, entrenamiento –

- ¿Y donde entrena? –

- En la secundaria – aclaró el hombre – soy docente de 5º año. No sabe lo que es corregir los trabajos de esos chicos –

- ¿Y qué hace limpiando oficinas a esta hora? – quiso preguntar Segugio, pero calló, la respuesta era clara. Lo que le pagan a un docente no da para mucho.

Más pronto que tarde terminaron en el informe. Minutos después, lo entregaron al comisario y pudieron retirarse a sus domicilios con la satisfacción del deber cumplido.

(c) Omar R. La Rosa

 8/11/22

Novelas y antologías disponibles en los enlaces del ángulo superior izquierdo

 

 

sábado, 5 de noviembre de 2022

No signal - una pequeña gran molestia

 
No signal

¡De no creer! ¡Esto no podía estar pasando!

Molesto camino de un lado para otro

¡Nada!. ¡Absolutamente nada!. Inadmisible.

Al borde de la desesperación oteo el horizonte, su vista recorrió los 360º en busca de algo que le diera alguna esperanza, pero todo era igual, nada sobre salía.

Ya sin nada que perder subió dificultosamente por la suave cuesta que tenía delante y en su cima lo volvió a intentar.

El mismo resultado. Derrotado se dejo caer, sin saber qué hacer.

Internamente maldijo al desgraciado que aprobó la idea.

Él y varios más se habían opuesto, sabían que esto iba a pasar, que en algún momento sucedería, pero claro, los que tomaban las decisiones eran los burócratas y ellos rara vez despegaban el trasero de sus cómodas sillas tras los escritorios, ninguno de ellos salía al exterior, como tenían que salir los exploradores…

Pero, ¿a que lamentarse? El sistema había sido licitado y todas las comunicaciones tuvieron que ajustarse al pliego de la empresa prestataria…

¿Dónde estaría esa cabrona ahora? Se preguntó retóricamente mientras se volvía a incorporar.

¡Estaba fuera del área de cobertura! y no había forma de pedir que lo vengan a buscar. Tendría que caminar hasta la nave.

9/6/22

sábado, 1 de octubre de 2022

Próxima etapa ... un largo viaje

 

PROXIMA ETAPA DEL VIAJE

 

E

n estos momentos vienen a mi memoria las conversaciones que solíamos mantener con JC en la secundaria, en especial cuando durante una de las infinitas conversaciones sobre viajes espaciales, conocimos a…., ya no me acuerdo como se llamaba, una chica rara que curso un trimestre con nosotros.

Aun estábamos en la secundaria.

-        ¿Te imaginas viajar miles de años luz? – le había preguntado a JC mientras le daba un mordiscón al alfajor que tenía en la mano. –

Si no se ría, me acuerdo de esos alfajores porque eran muy buenos, es una lástima que no los fabriquen más.

-        Sí, claro, en los cuentos de ciencia ficción esta fácil, pero ¿De dónde sacarías la energía necesaria? – Me cuestionó JC con razón – Pues ese es un punto que nadie parece tener en cuenta –

Habrá visto que en las películas esas cosas no se mencionan, y las naves espaciales desarrollan funciones espectaculares como si fuera gratis.

-        De las estrellas, claro está – aclaré.

-        A si, ¿Cómo? Las estrellas son escasas, comparadas con el espacio vacío. Cuando estés cerca de una, genial, pero ¿Y el resto del viaje? –

-        De la estrella, como te dije –

-        ¿Cómo lo harás? Deberías poder acumular toda la energía necesaria al pasar por la estrella, y eso te limita en cuanto a la cantidad de gente que puedes llevar y la distancia que puedas recorrer antes de quedarte seco –

-        Pues me voy con la estrella y listo – sentencie yo sin tener una mínima idea de lo que decía.

-        Sí, porque esta fácil llevarse una estrella – retrucó él.

-        ¿Quién dijo nada de llevarse una estrella? Lo que yo digo es viajar con la estrella –

-        ¿Qué? –

-        Claro, suponete que queres ir del punto A al punto B, – e hice un garabato con el dedo en la mesa de la cantina, para enfatizar la idea – todo lo que tenemos que hacer es encontrar una estrella que haga el recorrido y pegarte a ella, como una semilla a las patas de un animal. –

JC se quedo mirándome con la boca abierta, pero yo continúe con la explicación.

-        No es tan difícil, solo algo trabajoso hasta que haces todos los cálculos para encontrar la estrella con la trayectoria adecuada. Quizás el único problema sea la incertidumbre de no llegar a conocer todas las variables, pero las leyes de la mecánica celeste son bien conocidas y no veo por qué no aprovecharlas. – concluí.

JC cerró la boca, suspiro, me tomo del hombro en un inconfundible gesto de protección, como quien trata de resguardar a un desvalido y me llevo hacia el aula, donde teníamos clase de física….

-        Te conté que mi viejo me consiguió entradas para ver el partido de Instituto desde la platea…–

 

A

 la salida del colegio retomamos el tema y hablando sobre eso llegamos a la zona donde vivíamos. Cada uno expresaba sus opiniones con los argumentos que tenía….

-        Pero bueno, suponiendo que se pudiera hacer como vos decís, que unos alienígenas que quisieran viajar de una estrella a otra se implantaran en un planeta de una estrella que los acercara, ¿Cómo vivirían en él? Si bien las estrellas viajan rápido, a escala sideral son unas tortugas –

-        Si ese es un buen punto, primero pensé que podrían invernar en alguna instalación especialmente acondicionada, durante el tiempo que les fuera necesario, como hacen esas polillas que nos explicaron en biología, que se entierran como larvas y permanecen así hasta que el clima les es favorable y entonces reviven. Pero después pensé, si el viaje durara, como es previsible, miles o millones de años, ¿Cómo encontrar, en cualquier planeta vivo, un lugar estable para instalarse? Es prácticamente imposible, los planetas que no están muertos cambian su fisonomía continuamente. – Dije con expresión de quien sabe de qué habla y continué – También pensé que se podrían utilizar planetas geológicamente muertos sin atmosfera ni campo magnético, como un satélite, por ejemplo, pero esto tiene la contra de que se está muy expuesto a los rayos cósmicos, los choques con asteroides… –

-        Viste, viste que es como yo te digo, al final viajar en un planeta requeriría tanta tecnología y energía como hacerlo en una nave espacial gigante – Retrucó JC con un dejo de triunfo en la voz, al momento que llegaba a su casa.

Lo despedí y continúe caminando hasta la mía, que estaba al lado de la de él.

            Al día siguiente, durante el almuerzo, surgió nuevamente el tema,

-        Una nave espacial gigante, definitivamente es la mejor opción como la de “cita con Rama” de A.C. Clarck, es como tener un auto, libertad total de movimientos y velocidad –

-        No sé, yo creo que una estrella sería mejor, fíjate – dije mientras apartaba el plato y hacia un grafico en una servilleta – Según Clarck todo el trayecto de Rama a través del sistema solar lleva aproximadamente unos 4 meses (unas 3.000 hs), si el diámetro medio del sistema solar  es de unas 6 hs luz (unos 6 mil millones de Km), eso nos da una velocidad media, para Rama, de unos 5.500 m por segundo. Ahora bien, el sol gira en torno al centro de la galaxia a unos 220.000 (m/s) ¡es un 4000% más rápido! ¿Te das cuenta? ¡Rama demoraría 40 veces más en recorrer la misma distancia que el sol!... En cuanto a la dirección, si la estrella va hacia donde vos queres seria como tomarse el tren y no tenes que manejar –

-        Lo único que me no me sierra en esta idea es ¿Cómo acomodar a la especie en el planeta? –

En la mesa de al lado había un grupo de chicas, normalmente las chicas no prestan atención a estas cosas, pero había una que si lo hacía, una rubiecita menuda de aspecto irrelevante, una nueva que estaba en el colegio por un par de meses, mientras sus padres hacían no se qué trabajos en la ciudad, nunca supimos bien que.

 

A

l levantarse todos, al terminar el almuerzo, la chica se les acerco tímidamente y los saludo. Ellos la miraron con cierta sorpresa, y le devolvieron el saludo.

-        No pude evitar escuchar que hablaban del viaje espacial – fue directamente al grano.

-        Pues, si de eso hablábamos, ¿Por? –

-        Porque pienso que todas las formas son posibles, pero lo de viajar en un planeta, como especie, definitivamente es lo más lógico –

La miraron con extrañeza, esperando que se explicara, cosa que hizo sin necesidad que se lo pidan.

-        Es como viajar en un camalote, esas islas vegetales que flotan en los grandes ríos que bajan de las selvas – se sintió en necesidad de aclarar el concepto, pues estaban a cientos de kilómetros de cualquier rio de ese tipo y dudaba que alguno de esos chicos hubiera visto algún camalote alguna vez, como ella que había estado viviendo a orillas de uno en una de las muchas ciudades donde había vivido, de todos modos los chicos asentían dando a entender que la explicación era innecesaria, eran los más avanzados en ciencias y ese tipo de aclaraciones hasta podían sonar despectivas – ahí es muy normal ver animales que viajan en ellos hasta que pueden pasarse a otro o bajar a tierra firme –

-        Aha – asintieron los dos.

-        Bueno, yo he visto familias de animales pequeños, que tienen un ritmo biológico más rápido, cumplir su ciclo en un camalote. Una vez encontré unas ratas donde había varios adultos, muchas crías y restos de algunos individuos ya fallecidos –

-        Osea, que individuos que subieron al camalote no llegan nunca a bajar de él y otros que si lo hacen han nacido en él –

-        Si, así es exactamente, y viven en el camalote ese hasta que pueden pasar a otro o a la orilla –

-        Interesante, pero ¿de qué nos sirve eso para nuestro problema? Esta todo librado al azar, tranquilamente puede suceder que pierdan de vista el propósito de su viaje, decidan no abandonar nunca el camalote y terminen ahogándose en medio del mar…–

-        Pero no lo hacen, en todas mis observaciones jamás vi que, teniendo la posibilidad de dejar el camalote, algunos individuos no lo hagan, siempre hay un grupo que se baja y así la especie sigue, es como un instinto que tienen –

-        Es decir que vos pensas que algún grupo de un determinado planeta pueda pasarse a otro, de otro sistema solar solo porque si y seguir en ese planeta hasta que puedan mudarse a otro –

Ella asintió.

-        ¿Y por qué harían eso? Si pensamos en un acto de voluntad tiene lógica, pero por impulso, es algo muy primitivo, no digo que no, pero no me parece –

-        Bueno, la voluntad puede inducirse – acotó tímidamente ella. – bastaría que unos pocos individuos, que actuaran como tutores, guiaran al resto –

-        Sí, pero ¿Cómo se mantendría vivos a esos tutores y los conocimientos que deberían tener? –

-        Pues, unos pocos son mucho más sencillo de manejar que unos muchos, a parte no sería necesario que fueran los mismos ni que estuvieran activos todo el tiempo, quizás con uno cada tanto sería suficiente… –

Recuerdo que nos quedamos mirándola con atención, la idea era interesante y nosotros queríamos que termine ¿Se imagina eso? ¿Quién nos dice que los profetas, adivinos, sabios que con sus ideas cambiaron el mundo no fueran “tutores”?, pero sonó el timbre del fin del almuerzo y no pudimos continuar la charla….luego, no sé porque, nos olvidamos del asunto y, creo recordar, ella se fue a otro lado unos días después, con lo que todo quedo ahí.

 

Y

a ve, hace muchos años de esa charla, y ahora estamos planificando una misión sin regreso a la pequeña estrella de Persic, recientemente descubierta, que se acercará a tan solo 2 parsecs de nosotros ¿Y porque lo hacemos?, sabemos que no tiene planetas habitables y que quienes vayan deberán enterrarse en el único planeta rocoso de la misma, Pues, Porque si. ¿Por instinto y porque podemos hacerlo?. ¿O porque estamos siendo inducidos a hacerlo?, ¿Tiene algo que ver que la estrella Persic se aparta de la trayectoria del sol y se acerca a un grupo donde sabemos hay varios planetas habitables?.

Como le digo, esa charla paso hace como 30 años. En fin si no fuera por los acontecimientos actuales no lo hubiera recordado, pero ahora….me gustaría encontrarme con esa chica y tener una charla muy profunda con ella. Vaya a saber quién era y donde estará.

 

E

n el interior de la nave espacial, próxima a partir hacia la estrella Persic, una pequeña mujer ajustaba sus elementos de seguridad, a primera vista no debería estar allí, era obvio que no cumplía los requisitos para el mismo, pero ahí estaba ella, con el mismo aspecto que tenia hacia 30 años… hacia 300 años. Tenía una mirada de satisfacción por el deber cumplido y de esperanza por la nueva etapa que los acercaba un poco más al destino planeado hacia tantos años.


libros y novelas del autor en el link del blog o en  www.ytusarg.com.ar



domingo, 18 de septiembre de 2022

Mefisto - agenda 2030

 Mefisto

Su figura se recortaba, sobria, contra el fuerte resplandor del bosque en llamas, en un cuadro digno del Dante.

En un primer plano las ígneas flamas se reflejaban en agua del arroyo que nacía bajo la roca donde él se hallaba, corriendo a sus espaldas, como si hasta el agua misma le temiera y quisiera escapársele.

Pero eso lo tenía sin cuidado, llevaba milenios esperando este momento, planificando este momento, todos los detalles habían sido premeditados con antelación así como sus consecuencias.

El sutil veneno vertido en los corazones de las víctimas, haciéndolas desear su final, todas ignorantes de que se encaminaban hacia su final, tan convencidas estaban que no dudaron en matar a quien quiso advertirles.

Una sonrisa se habría dibujado en su rostro, si eso le hubiese sido permitido, de tan solo pensar en la estupidez humana. Basto con repetir mil veces que sus hermanos eran sus enemigos, que las bajezas que anhelaban eran derechos que los demás les negaban. Basto con repetirles que el lenguaje era opresor y había que destruirlo, para que empezaran a hablar como tontos, y como tales a comportarse.

Muchos tiempo de espera, demasiado para su gusto, le había llevado llegar a ese momento, pero ahora ahí estaban, apareciendo de entre las llamas, ansiosos por adorarle, por acompañarle a la batalla final contra quien los había desterrado del trono que, a no dudar, le pertenecía.

(c) Omar R. La Rosa

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viernes, 2 de septiembre de 2022

Chernóbil & Lampi...fragmento

 Chernóbil...

        ¿Todo listo camarada? –

Ella lo miro seriamente, sonaba tan “soviético” cuando se expresaba así.

        Sí señor – fue toda la respuesta, acompañada de un leve asentir con un movimiento de cabeza.

        ¿Sargento Faddei? –

Un pulgar hacia arriba fue toda la respuesta.

        Bueno, vamos – ordenó, al tiempo que con la mano derecha empuñando el arma indicaba por donde avanzar.

El sargento Faddei y su grupo a derecha, la teniente Yuliya y el suyo por izquierda, él y su gente por el pasillo central.

El silencio dentro de la construcción era casi tan opresivo como el enrarecido aire que tanto trabajo costaba respirar.

A medida que avanzaban los recuerdos acudían a su mente, amenazándolo, amenazando toda la misión. No podía permitirlo, sacudió fuertemente la cabeza para espantar los fantasmas.

        ¿Algún problema señor? – indagó Yuri, siempre atento.

Hacía años que Yuri se había convertido en su ángel de la guardia y verlo a su lado lo ayudo a tranquilizarse.

        No amigo, nada especial – y no dijo más, el otro entendió perfectamente.

Él también tenía sus recuerdos, aunque no tantos como su amigo, el ahora Coronel Fredek, que bien merecía el grado de Mariscal de la Federación, aunque él se negase a aceptarlo.

Se habían conocido muchos años atrás, casi 40, mientras luchaban para dominar el demonio liberado en esos días.

De la bulliciosa ciudad en que vivía la gente de la planta nuclear siniestrada no quedaba ya nada, solo edificios vacios, animales vagando y radiación, la letal y omnipresente radiación liberada durante el accidente.

Pero no era eso lo que los mantenía alerta, mortal y todo como era, la radiación era un enemigo conocido…no, no, la precaución se debía a otra cosa, Yuri, que hacía poco conocía la causa, aunque aun no estuviera convencido, compartió el temor de Fredek.

Por muchos años este no había contado nada de lo vivido en el interior de la planta, de la que lo había sacado medio muerto y se preguntaba ahora si para él no hubiera sido mejor no enterarse nunca.

Pensamiento inútil, porque ya sabía.

        Shhh – el callado e innecesario pedido de silencio detuvo la marcha y mantuvo al grupo aguantando la respiración.

No había nada que escuchar.

        El silencio… – musitó alguien, como si se tratara de un aviso de peligro inminente.

Todos asintieron, el silencio se había vuelto ensordecedor, de pronto estaban como sumergidos en una sala acústicamente aislada, por eso el grito que siguió al fugaz destello de luz fue tanto más aterrador.

        ¡Shmok, Caker! – el gritó llego desde la derecha.

        Vamos, es por allá – indicó Fredek, amartillando su arma mientras corría hacia el lugar.

Cuando llegaron el horror los detuvo en seco, tanto a ellos como a los hombres del sargento Faddei, que también habían corrido en auxilio a la zona de donde venían los gritos….en vano.

A la luz de las linternas pudieron ver los restos humanos esparcidos por la estancia, varios hombres se hallaban despedazados, algunos con las armas, que no habían llegado a usar, aun en sus manos… varias manos separadas de sus cuerpos.

Fuera lo que fuera que atacara al grupo, lo había hecho de manera tan fulminante que apenas habían atinado a defenderse.

        Lampi – la ominosa palabra, pronunciada en su idioma original, escapó de labios de Fredek, y al instante se apagó entre los muros de la sala, tan rápido que solo Yuri la entendió.

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portada realizada sobre imagen de Pinterest

viernes, 26 de agosto de 2022

Bajante, cuando los fantasmas siguen vivos

 

Bajante

La guerra, esa estúpida forma humana de no resolver nada, arreciaba por todo el continente y buena parte el mundo.

Era menester abastecer los puestos de cada bando, para evitar que quedaran indefensos ante los enemigos…pero una cosa era decirlo y otra hacerlo.

Llevaban varios minutos recorriendo las venas de Europa bajo un nutrido fuego de artillería. El Danubio era una avenida peligrosa.

Cada minuto que pasaba se hacía más difícil avanzar. Todo hacía prever que el enemigo ganaría esta pulseada. Pero eso no podía ser, si ellos no pasaban con los explosivos que transportaban, por lo menos evitarían que la valiosa carga cayera en manos enemigas…

-          Soldado, venga – ordenó el capitán de la barcaza.

Juntos descendieron a la bodega e instalaron los explosivos que harían estallar la carga si el enemigo intentaba apoderarse de ella. Mientras la metralla se escuchaba golpear contra babor.

-          Si entran por ahí aprieta el pulsador – gritó en una última orden el capitán, justo antes de perder la cabeza, separada limpiamente del cuerpo por un pedazo del casco que acababa de ser arrancado por un preciso impacto de mortero.

El agua, que comenzó a entrar a raudales por el boquete recién abierto, empujó bruscamente al soldado, que, aun con el pulsador en la mano, fue a dar duramente con la cabeza contra una viga.

La pérdida de conocimiento, que siguió al golpe, fue como un manto de piedad que le evito la angustia de sumergirse en el fondo del río.

 

El agua, bajando continuamente, dejo al descubierto la herrumbrada cubierta del antiguo transporte fluvial, destruido durante la última guerra por un certero cañonazo que le había abierto una preciosa flor de hierro retorcido en el costado de babor, por cuyo centro se podía observar claramente la otra costa.

Los hombres, contratados para desactivar la mortífera carga que aun almacenaban sus bodegas, caminaban con precaución entre el barro, acercándose a el.

A través de una niebla de más de 80 años, el marino los observaba y seguía con su pulgar presto a presionar el detonador que los mandaría a todos al otro mundo, como le habían ordenado que hiciera si el barco caía en manos enemigas.

80 años esperando, y ahora aparecían esos hombres vestidos con raros uniformes de brillantes colores, fácil blanco para cualquiera que quisiera dispararles. Sonrió levemente lamentando no tener a mano el fusil.

Desde su lugar observaba claramente a los recién llegados, como caminaban con cautela por las doradas arenas,…doradas arenas….deberían estar bajo el agua, pero estaban a la vista de todos, bajo los rayos del sol. Eso no lo entendía, pero no le dedico mucho tiempo a preocuparse por eso, después de todo eran muchas las cosas que no entendía.

Lo suyo no era cuestionar, los soldados no cuestionan, solo matan o mueren, pero siempre obedeciendo sin mostrar la menor duda.

Y él era un buen solado, se repitió a sí mismo. Su pulgar seguía expectante a centímetros del percutor, presto a presionarlo ante el menor peligro, como le ordenaran.

 

Los hombres de la cuadrilla, haciendo contorciones, pasaron por el agujero de babor e, ingresando en la bodega, comenzaron a estudiar el lugar. Aquello era un amasijo de oxido y putrefacción.

-          ¿Para qué apurarse? – Se preguntó uno de los operarios, encogiéndose de hombros.

-          Unos años más y el río habría disuelto todo…– bromeó otro.

-          Pero ahora el río no está y la paga era buena. – zanjó un tercero, haciendo un paso a la derecha para no pisar un charco delante de él.

 

Los vio entrar y hurgar cerca de la carga. Sus extraños uniformes lo desconcertaban, ¿Serian amigos o enemigos? ¿Que debería hacer?.

Si fueran amigos, pensó, el capitán o algún oficial los acompañaría y habrían ingresado por las escaleras desde cubierta, no por babor, a través de un agujero. No, seguro no eran amigos.

El pulgar se acercó un poco al percutor.

Atento a lo que hacían, los escucho hablar entre ellos, ¡y los entendió!, hablaban su mismo idioma ¡Eran amigos!. Se alegró.

El pulgar, involuntariamente, se apartó unos milímetros del pulsador.

Desesperado les grito lleno de esperanza, pero no lo escucharon o, si lo hicieron, lo ignoraron.

¿No serian quintacolumnistas? Había leído algo al respecto en la gaceta naval. Seguro eran infiltrados. El pulgar volvió a su lugar.

-          Mira – escuchó a uno que lo estaba mirando – Todavía se ven los huesos. – rió.

-          ¿Huesos?, - se cuestionó, pues sí tenía hambre y seguro había perdido algunos kilos, pero no seria para tanto.

-          ¡He amigo! ¿Tienes comida? – pidió. De pronto se sentía famélico.

Nada, nada dijo el hombre al que se dirigiera. Ni él ni ninguno de los que lo acompañaban, lo ignoraban abiertamente. Se indignó.

El que se había referido a su estado, junto con otro de los que ahí estaban, se agacharon con sus herramientas de mano y comenzaron a quitar una tapa.

¡Están tratando de entrar a la estiva! Se horrorizo el marino que seguía observabandolos a través de los años y el pulgar estuvo a punto de cumplir la orden que los mataría a todos, y a él también.

Ignorantes los hombres reían, más por aflojar la tensión del trabajo que hacían que porque algo los divirtiera.

En un movimiento algo descuidado tocaron una columna que cedió bajo su propio peso y golpeo los restos óseos del viejo marino.

¡Me atacan! Dijo el soldado, al venírsele encima la viga, ¡Malditos esbirros, de aquí nos vamos todos! Grito desesperado y el pulgar cayo, luego de 80 años, sobre el percutor, que, industria local de primera calidad, cumplió su misión.

La tierra se sacudió con la explosión y pronto la poca agua que aun corría por el rio cubrió el nuevo cráter.

© Omar R. La Rosa

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