viernes, 1 de marzo de 2019

La Piedrota (Carambola fallida)


“La Piedrota”
Carambola fallida

Hacía ya algún tiempo que la temperatura ascendía durante el día. Eso era bueno, muy bueno, pues era un claro indicio de que por fin la atmósfera estaba recuperando su limpidez. De noche seguía haciendo mucho frío, pero las estrellas habían vuelto a ser visibles y, en ocasiones, hasta la luna brillaba.
Cuando el sol estuvo ya bastante alto, cerca del medio día, y la temperatura hacia agradable pasear hasta el arroyo, el anciano salió de la habitación seguido por unos 10 a 15 adolescentes. Mientras caminaban el les iba hablando de distintos temas, instruyéndolos, consiente, o no, de estar rememorando ancestrales costumbres olvidadas hacia milenios.
Como fuera, la variopinta comitiva no tenía nada que envidiarle a la antigua academia griega, en que alumnos y docente recorrían las colinas cercanas al Egeo.
Una vez llegados al arroyo, que en ese punto corría tumultuoso, buscaron un lugar donde el maestro pudiera sentarse con alguna comodidad a tomar un leve descanso  para sus gastados huesos, mientras los jóvenes se abocaban a la tarea de preparar algún refrigerio.
Algunos de ellos presta y diestramente obtuvieron un buen par de peces que limpiaron y pusieron a asar en el fuego, mientras las jóvenes recolectaban verduras y algunas frutas con las cuales complementar la pitanza.
Cuando todo estuvo listo acercaron los alimentos preparados a donde estaba el hombre y tomaron asiento a su alrededor, dispuestos a disfrutar el almuerzo.
Entonces el anciano saco un pan de trigo de su morral, lo bendijo y lo repartió entre todos los allí presentes.
Concluido el frugal refrigerio uno de los jóvenes se animo a hablar
-          Maestro. ¿Nos contaría la historia del momento en que la tierra cambió como cambió? –
-          ¿Como era antes? – se animo uno de los más jóvenes, que no conocía otro mundo que ese en el cual vivían.
-          Jajaja, bueno pero antes una pregunta sobre nuestra pequeña charla de esta mañana. – todos callaron, estaba visto que no podrían distraer la atención del maestro de su función de tal.
-          A ver ¿Cuál es principal de los pecados capitales? –
-          La soberbia – fue la respuesta casi a coro.
-          Muy bien, muy bien, pero ¿Por qué? – y ahora la cosa no fue igual. Recién después de unos minutos una de las jóvenes se animo a ensayar una respuesta
-          Porque nubla el entendimiento – dijo tímidamente.
-          Bien – acepto el maestro sin mucha emoción.
-          Porque el que es atacado de soberbia no es capaz de advertir sus errores, si los tuviera, y no los puede corregir – dijo otra compañera, con algo de orgullo, cosa de la que inmediatamente se avergonzó. No de saber, si por temor que pareciera que presumía.
-          Esta bien niña, no hay problema. – la calmo el maestro para luego agregar
-          Efectivamente el principal problema de la soberbia es que nos nubla el entendimiento, el afectado de soberbia se cree dueño único de la verdad…- y dio una breve explicación tendiente a fijar el concepto. Luego siguió.
-          Bueno, ahora a la historia – rió mientras se acomodaba y empezaba la narración pedida.
El murmullo de aprobación  fue general.
-          En tiempos en que mi bisabuelo era joven –
-          Uyyy – la exclamación fue unánime, imaginar algo de hacia tanto tiempo atrás era mucho…
-          No sean maleducados che – los reconvino el viejo entre risas, sin enojo
-          Si tienen suerte y Dios se los permite, ya llegaran a ser viejos.-
-          Bueno, como les decía, en tiempos que mi abuelo era joven apareció “la piedrota” – hizo una pausa para que la audiencia se ubicara en tiempo y espacio, la historia de “la piedrota” era bien conocida por todos.
-          Durante años la gente se había estado preparando para un acontecimiento como ese. –
-          Cuando digo la gente, no estoy generalizando ya que en realidad el común de la gente nunca está preparado para nada, pues no tiene la información ni el tiempo necesario para eso. –
-          Cuando digo la gente me refiero a ese selecto grupo que forma parte de los distintos proyectos, que disponen de los medios para ejecutarlos y llevarlos a buen fin. Siempre ha sido así, siempre será así, pero se dice la gente para que todo el que quiera pueda disfrutar de la ilusión de ser parte…. Y para descargar responsabilidades, en caso de necesidad -
Los muchachos se miraron entre ellos y el maestro se dio cuenta, estaba empezando a divagar de nuevo…por lo que cambio la línea del discurso y se centro en el meollo de la historia
-          Como decía, desde que tuvieron…tuvimos, la capacidad de catalogar los objetos espaciales cercanos a nosotros y nos fue posible hacer listas con aquellos que podían ser potencialmente peligrosos, se pusieron en marcha muchos proyectos tendientes a protegernos de ellos. –
-          Hubo de todo, desde el más temeroso de cavar refugios para campear el golpe o abandonar el planeta, los que podían costearlo, hasta distintas formas de golpear la posible amenaza para destruirla o, cuanto menos alterar su trayectoria –
-          Fue así que cuando “la piedrota”, como la llamo el pueblo, apareció en el cielo, se puso en marcha toda la maquinaria prevista…-
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La actividad en la sala era, cuanto menos, frenética.
Los operadores, frente a sus pantallas y mandos eran apenas algo más que meros espectadores.
Aunque poco podrían hacer si fuese necesario, tranquilizaba a todos pensar que, vigilando personalmente el avance de los procesos que llevan adelante las computadoras, sería posible evitar imprevistas emergencias.
Esto por supuesto era una mera ilusión, a la velocidad en que se desarrollaban los procesos informáticos, hasta el más rápido de los operadores resultaría inútilmente lento.
En realidad no había una verdadera preocupación, pues todos sabían que atrás de esas potentes maquinas había miles de horas hombre de trabajo de las mentes más preclaras de la especie, y los recursos de todo un planeta. Millones se habían invertido en el desarrollo y construcción del artefacto e instalaciones que les brindarían seguridad ante un evento como el que enfrentaban.

Cualquier cometa o bólido de tamaño preocupante en las cercanías del planeta  era objeto de minucioso estudio y seguimiento, listo para ser destruido o desviado, según conviniera o se pudiera.
El principio de funcionamiento del sistema de protección era básico, esencialmente era un simple problema de primer curso de física, un elemental problema de choque donde se traba de impactar un móvil, de determinada manera, para alterar su trayectoria como se deseaba.
Había infinidad de modelos matemáticos que servían para ensayar las alternativas de solución a cada problema en particular y el presente problema, había sido ya revisado, controlado y vuelto a revisar y controlar miles de veces en cientos de centros similares a ese en el cual se encontraban ahora.
El “tiro” no era especialmente complicado pero tampoco era fácil, pues era necesario ser muy precisos. El margen de error era pequeño y, de no haber contado con la tecnología y recursos que tenían, difícilmente  se hubieran animado a intentarlo, el planeta había pasado por miles de situaciones similares en los millones de años que llevaba orbitando la estrella, y solo unas pocas veces había sufrido algún golpe importante, la mayoría en los lejanos y oscuros tiempos del comienzo de todo, cuando el planeta llevaba poco tiempo orbitando la estrella.
Pero tenían la tecnología y los recursos e, inevitablemente, hubo quien pensó que era una buena idea poner a prueba el sistema completo.
Como el riesgo era real, aunque la probabilidad de impacto no llegara al 1%, si “la piedrota” los chocara la destrucción podría ser muy importante, sobre todo con la sobre población existente, por lo que fue posible convencer a las autoridades de la importancia de asignar recursos al proyecto, aunque, según la unánime y universal opinión de los investigadores a lo largo de toda la historia, estos fueran insuficientes.
 Al final, cuando fue el momento, todo estaba previsto, nada podía salir mal, pues todas las fallas posibles habían sido contempladas y subsanadas. La redundancia de los sistemas y su autocontrol daban el margen de seguridad que trasformaban a la operación del “imposible” que esgrimían sus detractores cuando advertían de las posibles y funestas consecuencias de un proyecto como ese, en “difícil”.
Y difícil era algo perfectamente aceptable.
Y ahí estaban ahora.
Una vez dada la orden final, cuando los vectores ya rasgaban el espacio exterior, luego de haber abandonado la atmósfera, la actividad de la sala de control decayó, pues a partir de ese momento todo quedo en manos de las leyes de la mecánica celeste, que debería hacer su trabajo hasta el momento final del impacto. 
-          Bueno señores – indico entonces el jefe del proyecto
-          El pájaro ya está en viaje, por las próximas 36 hs poco y nada tendremos que hacer. Salvo el personal de guardia, ¡todos a descansar! – ordenó
Uno a uno todos aquellos que no tenían una tarea especifica que hacer se fueron a sus habitaciones, en sus casas, que no estaban muy lejos de ahí, pues todo el personal vivía en la base desde el comienzo del proyecto.
El único que no tenía nada que hacer, pero se quedo, fue el jefe del proyecto, quizás quien más lo necesitaba, pero a quien nadie osaría siquiera sugerir se retire.
Era lo que se diría “un hombre duro” que desagradaba a muchos, pero a quien nadie discutía, su renombre y capacidad, que él cultivaba cuidadosamente, le daban un aura de autoridad que no se cuestionaba.
Había sido él el verdadero motor del proyecto, desde pequeño había soñado con algo así, una oportunidad de hacer algo grande que pusiera su nombre en las páginas de la historia…y de una buena nomina. Por lo que cuando una tarde se entero de la presencia de “la piedrota” no dudo un instante.
Por su puesto, tuvo que vencer infinidad de obstáculos, empezando por la envidia de sus colegas que trataron de convencer a todo el mundo que la probabilidad de que no pasara nada era muy alta, que era más peligroso intentar desviar la piedrota que dejarla pasar de largo, que, no teniendo destino cierto de colisión con el planeta, lo mejor era dejarla seguir y actuar solo en el caso de que alguna inesperada casualidad la pusiera en una trayectoria de intersección.
Debía reconocer que las matemáticas les daban la razón, pero una alta probabilidad no era una certeza y eso él lo supo aprovechar hábilmente.
Su capacidad y relaciones habían permitido nacer y crecer el proyecto.
El otro gran desafío fue el presupuesto, pues siempre los números de los gastos crecen más de lo previsto…No le fue fácil convencer a los distintos proveedores para que se ajusten a las cifras presupuestadas, pero al final lo logro.
Si no hubiese sabido cómo manejarlos esa sarta de alimañas chupa recursos lo habrían arruinado todo…”que hacía falta más dinero” “que los componentes de mejor calidad tienen más precio” “que….” Pero él sabía más que todos ellos y no lo pudieron convencer, para beneplácito de los financistas.
Una sonrisa se le dibujo en la cara al contemplar la sala donde estaba y la pantalla que indicaba el avance del misil que desviaría “la piedrota” para que se alejara de ellos…todo eso era obra suya, se enorgulleció.
”La piedrota” rió pensando en el nombre popular para el cuerpo NC2710 que se les acercaba. Los neófitos siempre tan imaginativos…aunque pensándolo bien, visto a la distancia, el NC2710, meteoro de casi 5 Km de largo, bien parecía una piedra grande. Una “piedrota” bien grande.
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Pasadas las horas la sala se volvió a llenar de actividad. Mayor cuanto más cerca del desenlace se encontraban.
En la pantalla que ocupaba completamente una de las paredes laterales se mostraba claramente al trayectoria y el acercamiento. Las cámaras retransmitían en tiempo real, o casi, porque la distancia ya introducía una pequeña demora, lo que “veía” el misil. Todo perfecto, de acuerdo a lo planificado.
Llegados a t-360 segundos (6 minutos antes del impacto) el modulo de monitoreo se desprendió y la imagen, ahora proyectada en la pantalla grande de la pared, mostró claramente a NC2710, ocupando una parte importante de la misma, y el pequeño punto brillante que era el reflejo del sol sobre el metálico cuerpo del misil, acercándosele con su poderosa carga explosiva.
Una marca “virtual” destacaba el punto previsto de impacto. La escena era como ver en cámara lenta el viaje de una flecha al centro del blanco.
Por su puesto lo de “cámara lenta” era una mera ilusión, que se viera como un “lento” movimiento continuo se debía a la creciente distancia entre el modulo de monitoreo y el misil.
Desde el punto de vista del modulo, los miles de kilómetros que recorría el misil en apenas un segundo, se notaba a penas como una variación de unas décimas de segundo de arco.
La tensión de los minutos finales creció y creció hasta que de pronto, cuando la cámara que continuaba transmitiendo desde el misil mostraba el punto previsto de impacto, levemente fuera de la mira… sucedió lo impensable. La señal se corto. De pronto la sala se quedo “ciega” toda la información desapareció desatando un conato de pánico.
Pero el sistema de seguridad trabajo acorde a lo previsto, y la “información” regreso, aunque cuando lo hizo el impacto ya había sucedido, la carga explosiva detonado y la trayectoria del NC2710 “la piedrota” alterada.
Automáticamente todo el complejo entro en un histérico trabajo de control de parámetros y cálculos de trayectorias…
Las primeras comprobaciones fueron satisfactorias y un grito de triunfo salió de las gargantas de todos, liberando las tensiones acumuladas…de todos menos de uno, el encargado de controlar la auto rotación del NC2710. La “piedrota” efectivamente estaba girando lentamente sobre si misma…pero en sentido inverso al previsto. 
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Las caras de todos mostraban la concentración en el relato del viejo. Hasta parecía que sus ojos veían la escena como si estuvieran presentes.
Imaginaban la tensión del momento, el primer grito de alegría y la expresión de todos cuando comprobaron que algo había salido mal…muy mal.
De pronto, en una pausa del relato, advirtieron que los sonidos del bosque habían  desaparecido. Señal clara de que la tarde terminaba.
Para otro momento quedaría narrar lo que paso en los días posteriores al fallido intento de desviar “la piedrota” y el momento en que la misma impacto contra el planeta, volatilizando de un plumazo varias ciudades y millones de seres y todas las otras consecuencias que trajo, entre ellas esa “era del hielo” de la que a duras penas trataban de salir.
-          Bueno, vamos muchachos, hay que volver – insto el viejo intentando levantarse, sin lograrlo.
Una de las chicas, la que se encontraba más cerca trato de ayudarlo, junto con otro chico que lo tomo del brazo.
-          Vayan, vayan ustedes, dejen que descanse un rato, luego los alcanzo –
-          ¿Seguro maestro? –
-          Se acerca la noche y es peligroso –
-          Por eso niños, yo sé defenderme y estoy armado – los tranquilizo palpando su morral
A desgano lo dejaron ahí, aunque no se quedaron tranquilos, ni bien entraron en la ciudad dieron aviso a los guardias y una partida salió en búsqueda del hombre.
            De camino el desgarrador aullido de unos “Caneros”, esos animales sanguinarios que eran los dueños de la noche, rasgo el silencio, haciendo temer lo peor.
            La nieve comenzó a caer, amordazando la noche. Cuando llegaron al arroyo ya no había nadie. El maestro había desaparecido.
            Los “caneros” volvieron a aullar, señal ineludible de volver a la seguridad de los muros de la ciudad.
            Fuera lo que fuera que hubiese pasado, ya era tarde y no tenía sentido tentar a la suerte.






sábado, 16 de febrero de 2019

Nueces Peladas


Nueces Peladas

-          Buenos días. ¿en qué puedo ayudarlo? – me pregunto solicita la vendedora
-          Necesito 100 gr de nueces peladas, por favor – pedí yo
-          Ah, bien, ¿no prefiere este paquete? – me ofreció tomando uno de nueces peladas que tenía en el exhibidor
-          Son 500 gr por $ 200 – aclaró, recalcando la oferta.
-          No – agradecí yo
-          Es como cuatro veces más de lo que me pidieron – aclaré
-          Pero es más barato – insistió ella.
-          Sí, pero me pidieron 100 gr de nueces peladas, nada más –
Me miro extrañada, no podía entender que no quisiera aprovechar la oferta
-          Es que mi señora me pidió solo 100 gr – explique yo confirmando la opinión de, “hombre casado”, que de mi ya se había formado
No seguí excusándome, prudentemente evite mencionar que después de “quichicientos” años de matrimonio había aprendido a ser muy meticuloso en cumplir los pedidos de la lista tal cual como estaban enunciados. Pues, ante cualquier duda, era muy útil poder mostrar que lo traído coincidía exactamente con lo pedido.
Ese conocimiento me había puesto a salvo de varias tormentas, o las había atemperado, pues evitarlas solía ser imposible.
Al final uno aprende.
La muchacha colocó las nueces peladas en una pequeña bolsa, las peso y etiqueto con el precio
-          ¿Está seguro que no prefiere la oferta? – volvió a insistir
Me limite a negar cortes mente con la cabeza
La pobre muchacha, mirándome condescendientemente, como si pensara, “pobre hombre”, cerró la bolsa y me la dio
-          $ 40 – me dijo sin más
Y yo me quede boquiabierto, pero en hermético silencio “100 gr $ 40; 500 gr $ 200”
-          ¿Cuál era la oferta? -  Evite preguntar.
Pague, salude y me fui meditando mis cosas de viejo.


jueves, 7 de febrero de 2019

Con Licencia (fan fic mdt)


Con Licencia

Sobre una mar algo encrespada, la nave se bamboleaba de babor a estribor, dificultando mantener la posición vertical
-          ¿Qué es esto? – preguntó airado mientras con la bota golpeaba las tablas
-          ¡Me habéis traído a un barco! ¡De nuevo estamos sobre agua! ¡Sabéis que detesto los barcos! -cada vez más enfurecido Alonso no dejaba de despotricar
-          Tranquilo macho, es solo un pasaje, ya nos bajamos – intentó tranquilizarlo Pacino
-          ¿Cómo que solo un pasó? ¿No había otro pasó acaso?-
-          Pues si, pero nos obligaba a hacer un rodeo mucho más grande – indico Amelia tranquila y didáctica como de costumbre
-          ¿Qué tanto más grande puede ser un vuelta? –
-          Pues, a caballo, lomo de burro o a pie, cruzando selvas y combatiendo contra los salvajes o los portugueses… yo calculo que unir Cartagena de Indias con Asunción, quizás un par de años, si es que se pudiera hacer –
-          ¿Y no hay puertas…?-
-          Acabamos de pasar por ellas … -
-          Pero, Asunción es tierra adentro, ¿Qué hacemos en el mar? –
-          Seguir la ruta más corta…al menos en el siglo XVI, nos dejaran en algún lugar de la costa a la altura de la ciudad y de ahí a pie por un mes más o menos, dependiendo de los caminos, pero por una ruta conocida que atraviesa la mata atlántica y, luego de cruzar algunos ríos como el Paraná, y el Paraguay, nos dejara allí.-
-          ¿Y porque no una puerta a Asunción? en esa época era España ¿no? –
-          Pues, eso es lo que tenemos que averiguar, ¿Por qué esa puerta dejó de funcionar? -
No tenía sentido discutir, solo rezar para llegar a buen puerto lo antes posible
Al día siguiente, luego de una noche movida, el capitán les indico que se prepararan para desembarcar
-          ¿Es que ya llegamos a Santa Catalina? – Pregunto Amelia incrédula
-          ¿No es muy pronto? – cuestionó Pacino
-          Pues…algo así, más o menos, hemos tenido buenos vientos… – aseguró el patrón del barco sin mucha convicción.
-          ¡¿Cómo?!- dudo Pacino
-          Vamos, si hay que bajar se baja – intervino ansioso Alonso
-          Tranquilo Alonso, este tipo me da mala espina, Amelia tiene razón es muy pronto –
-          ¿Acaso dudáis de mi señor?- se fingió ofendido el capitán
-          Vamos hombre, bajemos – urgió Alonso nuevamente mientras subía a cubierta.
Resignados los otros lo siguieron al bote que los llevaría a  la playa.
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A poco el bote llego a tierra y los pasajeros bajaron de él, aun sobre las olas. Alonso a la carrera, Pacino a disgusto y Amelia molesta, pues las ropas que llevaba no eran las más adecuadas para una zambullidla.
Ni bien las olas quedaron atrás Alonso hincó rodilla y beso la tierra, feliz de tenerla nuevamente bajo sus pies
-          Vamos hombre, ya está bien – le animó Pacino al pasar, tocándole el hombro y volteando a ver qué tal venia Amelia, que a duras penas podía con las largas faldas mojadas.
-          ¿Dónde se ha ido? – preguntó intrigado, mirando hacia donde, minutos antes no más, estaba el barco en que habían llegado
-          En el fondo del mar, espero – margullo con enojo Alonso
-          Es cierto, se ha ido – Confirmo Amelia que acababa de llegar a la arena y se dejaba caer en ella, rendida por el esfuerzo.
-          Miren – indicó Pacino con asombro, mirando a tierra
-          ¿Dónde estamos? –
-          Parece una playa llena de turistas –
-          ¿Turistas en el siglo XVI? –

Efectivamente, la escena era distopica, las playas, pequeñas y agradables, estaban llenas de gente en trajes de baño
-           Olha papa, os piratas do Caribe - (Mira papa, los piratas del Caribe) dijo un chico al pasar cerca de ellos
Y enseguida todos los chicos que había en la playa corrieron hacia donde estaban
Alonso, algo atemorizado, estuvo a punto de sacar su espada, pero delicadamente Amelia se  lo impidió.
La patrulla, que mal entendía el idioma, tuvo que lidiar con la tribu de niños hasta que los padres, convencidos también ellos de que no estaban filmando ninguna escena de ninguna película en las playas de Buzios, los controlaron y pudieron seguir camino.
Una vez libres, con decisión, Pacino se dirigió hacia una pareja en particular, que se hallaba sentada al reparo de una sobra ocasional.
-          Buenos tardes, ¿hablan español? -
-          Pues, si – dijo el escribiente
-          Ya decía yo, tomando mate, seguro son rioplatenses – se jacto Pacino, mirando a sus compañeros, pavoneando sus dotes policiacas
-          ¿Nos podríais decir si hay algún camino seguro a Asunción? – pregunto ante el asombro de los interpelados.
-          Pues, yo diría que lo mejor seria que tomaran un ómnibus hasta Rio de Janeiro y de ahí algún avión a Asunción –
-          ¿Ómnibus?¿avión?. ¿En qué año estamos señor? – pregunto Amelia
-          Pues en 2019, enero de 2019 – contesto el escribiente, tratando de sonar tranquilizador
-          ¡2019! El hideputa que nos saco del barco nos mando a otra época – maldijo Alonso pateando el suelo, para preguntarse a continuación
-          ¿Y ahora qué hacemos? –
-          Deja ver – dijo Pacino sacando su celular ante la mirada atónita de los dos compañeros
-          ¿Qué? En el 2019 un celular no tiene nada de raro – contesto al reproche no hecho, mientras sus ojos se abrían asombrados
-          Solo llamadas de emergencia – dijo perplejo, mostrando la pantalla a sus compañeros
-          Claro – afirmo Amelia
-          Es que estamos en Brasil, fuera del área de cobertura –
-          Inténtalo lo mismo – insto Alonso.
Al cabo de unos segundos alguien atendió el teléfono e intercambio unas palabras con Pacino
-          Y ¿Qué te ha dicho? –
-          Pues, que el ministerio esta de receso…por lo menos hasta que aprueben la cuarta temporada –
-          ¿Qué? ¿aun no lo han hecho? –
-          No sé, el guardia que me atendió me dijo que hay rumores, pero él no sabía nada de cierto –
Los tres se miraron sin saber qué hacer
De pronto Amelia, ya harta de arrastrar las faldas mojadas, se las quito, dejando al descubierto el diminuto biquini colorado que llevaba bajo ellas, tendiéndose luego a tomar sol
-          Compañera, ese atuendo no es reglamentario - atino a balbucear Pacino
-          Pues no – fue la lacónica respuesta.
Encogiéndose de hombros Pacino giro sobre sus talones para dirigirse a uno de los kioscos cercanos
-          Voy por una caña ¿quieres? – preguntó a Alonso que permanecía con la boca abierta sin saber que hacer o decir
Como no atinara a contestar nada, Pacino se fue sin respuesta.
El pobre Alonso, solo, desconcertado, se dejo caer sobre la arena, al lado del escribiente y su mujer, que, incrédulos, seguían tomando mate
-          ¿Me convida uno? – preguntó
-          Se ve que nos han dado licencia también a nosotros – comentó resignadamente mientras se quitaba las botas mojadas.
-          ¿Amargo? – pregunto la señora del escribiente antes de cebarle el mate

continua en "Regreso" https://ytusarg.blogspot.com/2019/03/regreso-fan-fic-del-mdt.html

Omar R. La Rosa
El escribiente
@ytusarg
Córdoba – Argentina
7 Febrero 2019


jueves, 24 de enero de 2019

El cordobe errante.


El cordobe errante

Un día de niebla en Córdoba no es precisamente algo común, por eso, cuando se da, no es de extrañar que cualquier cosa sea posible…
Esa noche había comenzado completamente diáfana  con el cielo repleto de brillantes estrellas y nada hacía prever que algo pudiera alterar el turno de guardia de la policía caminera en el puente Pilar de la autopista Córdoba – Rosario.
Pasada las 12 de la noche ya casi nadie circulaba por la ruta y la guardia se tornaba aburrida, por lo que el oficial Rodríguez se acomodo lo mejor que pudo, en el asiento del acompañante, y le encargo al agente Fabeldichter  que mantuviera los ojos bien abiertos y el oído atento, por si alguien llamaba por radio o algo pasaba mientras él se entregaba a la ardua tarea de meditar no se qué grave problema que lo tenía preocupado, cosa que quizás lo llevara a mantener los ojos cerrados, ensimismado en sus pensamientos, durante algún tiempo.
Fabeldichter, pensó Rodríguez, ¡que apellido!, ¿de dónde seria?, ¿Alemán tal vez?¿seguro que algún abuelo de este venia en el Graff Spee, o como se llamara el barco ese que los piratas habían hundido en el río de la Plata, toda la zona de Villa Belgrano y La Cumbrecita estaba llena de tipos que decían descender de los cosos esos.
Y, meditando en este intríngulis apelativo, fue entrando de lleno en su etapa de meditación, por lo que no pudo ver ni oir nada de lo que Fabeldichter vivió aquella noche,  que hizo, a la postre, al agente desistir de su carrera policíaca.
Según se desprende de las notas del departamento de psicología aplicada de la policía de Córdoba, refrendadas por el eminente psicólogo profesor Bajkopisarz esa noche, pasadas las 00:30 hs aproximadamente, comenzó a descender una espesa niebla sobre el tramo de autopista custodiado por el oficial Rodríguez y el agente Fabeldichter, cosa que no se pudo comprobar, pues en el observatorio meteorológico de Pilar no hay registro de que tal evento sucediera esa noche.  Como sea, el citado Fabeldichter dice que, ante el evento meteorológico relatado, y como norma de seguridad, decidió encender las balizas de la patrulla y las de los conos en la ruta, pero que no pudo llevar adelante la tarea por producirse un fallo general del sistema eléctrico del móvil.
Sin embargo, con encomiable celo profesional, orgullo del cuerpo policíaco, no pudo dejar las cosas así, en condiciones que podían ser peligrosas para algún distraído conductor que acertara a pasar por el lugar a esas horas, por lo que bajo de la unidad policíaca, con sumo cuidado de no hacer ruido ni nada que pudiera perturbar las profundas meditaciones del oficial Rodríguez, y camino por la ruta hacia la baliza más alejada de la unidad a fin de encender algún fuego o algo que la hiciera visible.
En ese menester se encontraba cuando percibió el inconfundible ruido de un rastrojero diésel, o de lo que hubiera sido un inconfundible ruido a rastrojero si Fabeldichter no hubiera sido tan joven como para no saber que era un rastrojero diésel. Como sea, luego de unos minutos que parecieron horas, en los cuales el extraño ruido fue aumentando de intensidad, algo apareció de entre las brumas, un vehículo visiblemente viejo y desvencijado que apenas tenía una pobre iluminación, lo que lo hacía, a todas luces (valga el contrasentido), peligroso, por lo que Fabeldichter procedió a darle voz de detenerse.
Pero el vehículo no se detuvo, y paso, no raudamente porque eso le era imposible, por sobre la posición que ocupaba el agente, que tuvo que hacerse al costado de un salto, para evitar ser atropellado. Fabeldichter, hombre joven, recién egresado de la escuela de policía, no podía creer lo que había visto, y no era que lo sorprendiera casi ser atropellado, si no que, a la pasada, iluminado por su linterna, había creído ver que nadie iba al volante del cacharro ese.
Sin hacerse repetir la emoción saco el arma reglamentaria y salió corriendo en la misma dirección que el vehículo. Aunque la niebla no dejaba ver más allá de la mano extendida, el ruido del motor  parecía indicar que, al final, el vehículo se había detenido unos metros más adelante.
Cautelosamente se acerco por atrás, de apoco vio la caja de carga, con un farol caído que apenas se veía en la niebla, nada se movía, todo parecía quieto y, efectivamente, parecía no haber nadie. Con el arma apuntando abrió la puerta, o lo que debía ser la puerta y miro dentro del habitáculo, al contrario que el exterior, el interior estaba en perfecto estado, parecía original, hasta tenía una placa de DINFIA, pero todo estaba vacío, nadie estaba allí. Sospechando alguna clase trampa se alejo rápidamente, en vano miro para todos lados, pues la cerrazón era total, y volvió a mirar dentro, nada, solo el monótono ruido del motor. Efectivamente, pensó, eso debía haber pasado, algún desprevenido chacarero se debía haber bajado a orinar, dejando el motor en marcha, y el vehículo se le había ido. Ya vería el idiota ese cuando apareciera, poner en peligro así la vida de un policía. Había que apagar el motor para que no pasara de nuevo.
¿Pero cómo? No había llaves, ni nada, que él pudiera distinguir, que sirviera para detener el motor. Por lo que se metió en la cabina y se sentó del lado del conductor, para buscar mejor. Al principio no se dio cuenta, tan ocupado estaba tratando de detener el cacharro, pero de pronto cayó en la cuenta que había otro sonido en la cabina, y se le heló la sangre.  Se quedo muy quieto, el arma amartillada y escucho, si, no había duda, una mujer sollozaba…atrás de él.
De un golpe, rápido como un rayo, para sorprenderla, se dio vuelta iluminando con la linterna, y la vio, ahí estaba ella, no sabía cómo, entre el respaldo del asiento y la pared de atrás, hecha un ovillo, como tratando de no ser vista.
Cuando pudo recuperar el habla le pregunto quién era, pero la muchacha no le respondió, se la veía asustada y demacrada, blanca como un papel, de piel casi transparente. ¿Una cautiva? Se pregunto, a lo mejor la pobre chica era una esclava en manos de una red de trata de blancas que se había subido a esa cosa en un intento de escapar de sus captores, o quizás el granjero que, seguramente, era el dueño del rastrojero, la había raptado y la llevaba ahí. Extendió la mano para agarrarla pero la muchacha lo esquivo.
Ven - le dijo, soy de la policía- ya nada te puede pasar. Ella abrió los ojos muy grande y dijo -vete antes que llegue - - ¿antes que llegue quien? – pregunto y quiso agarrarla por la fuerza, pero su mano la atravesó de lado a lado y se lastimo al golpearse con la pared.
-El cordobe errante- musito ella.
Fabeldichter no sabía qué hacer ni que pensar, lenta, cautamente se aparto de la joven, que pareció desdibujarse entre la niebla, con intensión de llamar al oficial Rodríguez, aun a sabiendas de lo peligroso que era interrumpir las meditaciones de un superior.
Pero no pudo hacerlo, algo le golpeo por detrás, dejándolo tirado sobre la tierra mojada. En la semi inconsciencia en que quedo pudo ver unos pies, en alpargatas desflecadas, que subían al rastrojero, lo ponía en movimiento y luego lo detenía, le pareció distinguir la figura de la muchacha que había visto instantes antes bajar del vehículo, momentáneamente detenido y caminar hacia él, en compañía del hombre que seguramente lo había golpeado... y quedo desvanecido completamente.
Al día siguiente, cuando el sol interrumpió la meditación del oficial Rodríguez, encontró al agente Fabeldichter recostado sobre el volante de la unidad, completamente desvanecido y al oficial Nesavitljiv, su relevo, mirándolo desde afuera, con cara de pocos amigos. Tipo jodido el Nesavitljiv ese, capaz de "botonear" todo. ¿Por qué serian tan jodidos los cosos estos? ¿Tan mal la habrían pasado en sus países que no pueden ver un criollo tranquilo?
Omar R. La Rosa
@ytusarg
Córdoba – Argentina
22 de Noviembre 2017

Parte de la antología "El Cordobe Errante y otros cuentos" disponible en Amazon:





viernes, 18 de enero de 2019

El sol apagado



Hacia como un mes que hacer radio estaba imposible. La propagación prácticamente no existía, pero eso ya no extrañaba a nadie, antes por lo menos preocupaba, pero ahora ni eso.
Es que no era nada nuevo, al principio si, era novedad y todo el mundo anduvo alborotado un montón de tiempo con eso. No era para menos, saber que tu sol se empieza a apagar y que no tienes otro lugar a donde ir no es algo agradable para nadie.
Al principio la sorpresa fue general, pues si bien todos sabíamos que las estrellas morían y que en algún momento esto también le sucedería a la nuestra, todos pensábamos que sucedería siguiendo el ciclo normal de las estrellas de su tamaño, es decir, conforme se fuera consumiendo su luz iría virando al rojo y su tamaño iría creciendo hasta ocupar la orbita en la que estábamos, quemando en el proceso a quienes no hubiesen podido abandonar el planeta…pero eso pasaría, según todas las predicciones, en un futuro de millones de años.
Sin embargo no fue eso lo que paso, si no todo lo contrario, nuestro sol se empezó a apagar, de apoco, como un carbón alejado de la hoguera. En vez de inflarse y estallar al consumirse completamente solo empezó a apagarse, sin más. Al día de hoy aun no nos ponemos de acuerdo sobre las causas ni los porque, pero eso ya carece de importancia.
Para cuando nos dimos cuenta de lo que estaba pasando nuestra tecnología ya nos permitía realizar viajes espaciales con una cierta seguridad y domino…solo que no teníamos a donde ir. La estrella más cercana con un planeta habitable estaba definitivamente más allá de nuestras posibilidades y lo seguirá estando hasta que nuestro sistema se le acerque suficientemente, pero eso no será hasta dentro de varios miles de años.
Eso no quiere decir que no intentáramos alcanzarla, de hecho si lo hicimos, y por lo que sabemos, las naves enviadas ya han salido de nuestro sistema solar, o están por hacerlo. No estamos seguros porque las comunicaciones se hacen cada vez más difíciles.
El problema inmediato, después del lanzamiento de las naves, fue decidir que hacer con los que nos quedamos en el planeta.
Al principio fue algo caótico, de hecho esa palabra define muy bien el estado en que vivimos los primeros años, un verdadero caos, hasta que alguien o algunos (eso tampoco esta muy claro) tuvo una idea que, si bien no solucionaba el problema, nos permitía ganar tiempo, en la esperanza de encontrar una solución que si lo hiciera.
Solo la desesperación nos hizo aceptarla, pero he aquí que, de tan loca, la idea al final sirvió. Por un lado permitió recuperar el orden. Los sobrevivientes al caos tuvimos de pronto un objetivo común, algo que nos movió a unirnos, a dejar de aniquilarnos entre nosotros, y eso solo ya fue muy bueno. Por otro lado, luego de superados los “detalles técnicos” demostró funcionar y nos dio un logro planetario que elevo muchísimo la moral y elevo los ánimos para encarar el problema principal.
¿Qué que hicimos? Pues acercamos nuestro planeta al sol. Si, si así como lo digo, la idea, de tan sencilla parecía imposible, pero no lo fue. Fue algo lento, trabajoso, no solo por lo complicado, si no porque debía hacerse con mucho cuidado. Las leyes de la mecánica se seguían cumpliendo, por más que el sol se muriera, y alterar la inercia de un planeta en movimiento no es algo a menospreciar.
Pero lo hicimos y funciono, le dimos el impulso justo para quedar en el límite interno de la nueva zona de supervivencia, aquella en que el agua se mantiene liquida a temperatura ambiente.
Nunca olvidare las fiestas mundiales que se realizaron, la alegría de poder tomar sol en una playa junto a un mar que, de a poco, recupero una temperatura agradable, deliciosa. El aumento de los nacimientos unos meses después…la vida de regreso.
Pero, hay, siempre hay un pero. Como ya sabíamos eso no detenía la agonía de nuestro sol…y así, unas décadas después nos vimos obligados a mover nuestro planeta nuevamente. Por un lado ya teníamos claro que y como hacer, lo que facilito mucho las cosas, por otro se hizo patente para todos la transitoriedad de la medida. A eso hubo que agregar la certeza que un próximo movimiento nos obligaría a lidiar con nuestro compañero planetario, ya no seria posible compensar su presencia gravitatoria.
Y eso se hizo, llegado el momento hubo que mover al otro planeta, de hecho se podría decir que cambiamos de orbita con él. El infinitesimal de la alteración gravitación logrado sirvió para compensar en algo el aumento de la atracción de nuestro sol al acercarnos a él…y así anduvimos un tiempo más…
Pero ahora otra vez la radiación que nos llega ha vuelto a bajar por debajo de los valores mínimos, haciendo que vuelva a ser necesario un nuevo cambio…pero ya los ánimos escasean,  porque sabemos que en algún nuevo movimiento inevitablemente nos pondrá  en la ultima orbita estable a que podamos aspirar…., y, a partir de ahí cualquier acercamiento nos pondrá irremediablemente en camino hacia el sol….
Aun así hay quien dice que por ahí la cosa no es tan mala, si abandonamos nuestro planeta antes del impacto posiblemente nos  podamos establecer en la superficie de la estrella que, esperamos, para ese momento ya esté suficientemente fría y solida…Por las dudas nuestros científicos están trabajando contra reloj en la puesta a punto de las ciudades con gravedad compensada en las cuales deberíamos vivir los próximos milenios…
En fin, algunos pensamos que nos hemos vuelto exageradamente optimistas…pero…
¿Quién sabe?. Hasta ahora no nos ha ido tan mal.

Omar La Rosa
El escribiente
@ytusarg
Córdoba – Argentina -12/12/2018