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sábado, 8 de diciembre de 2018
Matemáticas - ¿para que?

viernes, 30 de noviembre de 2018
Salvador
domingo, 14 de octubre de 2018
Brujas
De agraciada figura, cabello negro enrulado, cuidadosamente recogido bajo una cofia como la de las de enfermera y rostro blanco y redondo, que hacia resaltar el verde profundo de sus ojos, más parecía una figura de porcelana que una encargada de maestranza.
De apoco, pasando el piso con gran parsimonia, llego hasta la puerta ventana que daba al patio interno de la clínica.
Abrió una de las hojas y, haciéndose la distraída, miro para todos lados a ver si alguien la observaba.
Como no vio a nadie levantó la bruja(1) con la que acababa de pasar el piso y con una mano, meciéndola un poco, la sopeso, como quien evalúa si algo está en perfecto estado.
Fue en ese instante que la asalto algo así como un presentimiento, como esa sensación que se tiene de que alguien lo está observando a uno, dejo la bruja en su lugar, alzo la vista y lo vio.
Ahí estaba él mirándola desde el fondo de sus ojos cansados. Con una picara sonrisa le preguntó si estaba por salir a volar.
Ella se sorprendió por un instante, pero no pudo enojarse, tan solo se sonrojo algo, lo que la hizo más bonita, y, a modo de respuesta, con una tímida sonrisa solo atino a decir que no…y seguir pasando la bruja por el piso ya limpio de tanto repaso.
Con paso cansino el hombre se alejó lentamente y entró en el ascensor.
A ella le llevó un tiempo sobreponerse del susto. Tenía que ser más cuidadosa o terminarían descubriéndola y ¿Quién sabe que podría pasar entonces?.
El peligro siempre era muy grande, si bien había más hadas que brujas, la gente no solía notar la diferencia
En otras épocas, cuando ella era aun muy joven, la caza de brujas había llegado a ser una actividad muy lucrativa que contaba con muchos adeptos.
Por lo tanto se mantuvo expectante unos cuantos minutos más, hasta que al fin se convenció de que nadie la miraba, recién entonces montó la bruja y levantó vuelo….
Tras la puerta del ascensor unos ojos cansados y picaros sonreían mientras su dueño se decía a si mismo que “el diablo sabe por diablo….pero más sabe por viejo”.
© Omar R. La Rosa
Córdoba – Argentina
08 Noviembre 2013
@ytusarg
(1) Bruja, lampazo, mopa, etc = trapeador para pasar el piso
Manos Perdidas - ultima mano. Colección Lado Oscuro
sábado, 29 de septiembre de 2018
Destino - Esta escrito en las palabras y en como se transmiten
A la luz de la fogata un hombre relataba las hazañas realizadas por los guerreros de la tribu durante la cacería. Los demás miembros escuchaban fascinados, participando con su imaginación de las aventuras narradas. Alguien repetía las palabras para poder contarlas a su vez a otros…y así por miles de años, las palabras y las cosas que contaban se mantenían vivas mientras alguien las recordara para contarlas. En el proceso de transmisión variaban algo, hasta que al final, las que no desaparecían al ser olvidadas adquirían dimensión de leyenda.sábado, 22 de septiembre de 2018
Púppidas - ¿Justicia Divina?
Miró incrédulo para todos
lados
¿Cómo podía alguien vivir en un
lugar así? ¡Cuánto lujo! ¡Cuántas medidas de seguridad!....todo para atender a
un solo hombre y sus allegados, todo en
vano.
Pues jamás ellos hubieran
llegado hasta allí, ni entrado de esa forma a ese lugar si su dueño no se
hallara así como estaba ahora, tirado en la cama con un hermoso agujero en la
cabeza.
Era un viejo conocido, el Púppidas,
también conocido como “el clavo” uno de los principales capos de la droga en el
país. Un tipo duro que había llegado a la ciudad hacia unos 5 años, nadie sabía
bien de donde, y había hecho una meteórica carrera en el mundo del hampa. Cumplido
seguro a su capacidad para el mal.
Efectivamente, era un tipo
sin escrúpulos, de una gran inteligencia, con grandes conocimientos de marketing,
esto último era lo que lo había llevado a ganarse el apodo de “el clavo”, pues
deliberadamente había trabajado para que esa fuera su firma, cuando alguien le
fallaba, irremediablemente recibía un clavo en la cabeza….eso le dio renombre y
motivo a “su gente” a ser extremadamente “eficaz”.
Pasados los primeros tiempos,
luego de la aparición de varios “clavados”, todos aprendieron a temerle y poco
a poco, todos perdieron las ganas de oponérsele, lo cual no quería decir que no
lo siguieran odiando.
Nadie osaba contradecirle,
pues bastaba ver el clavo que llevaba al cuello, colgado de una gruesa cadena
de oro, para desistir de nada raro.
No respetaba nada que no fuera
su propio interés, poco le importaban las vidas de sus “clientes” mientras
consumieran las porquerías que él les vendía y las pagaran, por supuesto.
Como todos los de su clase, sabía
muy bien el precio de cada uno, y como “apartar” de su camino a aquellos que no
se vendían.
Así había pasado con el padre
Pedro, que había tenido la mala idea de crear un centro de rehabilitación en su
parroquia, apartando de la droga a varios consumidores. Por más que le hizo
llegar mensajes y “sugerencias” no le fue posible convencerlo…por lo que “lo clavó”…por
más que el “pobre tipo” lo amenazó con la ira divina y todas esas “cosas” que
podrían haber hecho mella en un creyente, pero no en él, que jamás había
pensado siquiera en Dios.
Y ahora, ahí estaba el
poderoso hombre, todavía tirado en la cama, sin un solo secuaz cerca. Todos
habían huido al saber de su muerte…seguramente a cambiar de bando, a “pegarse”
a alguno de los otros “capos” jurándoles lealtad, no sea cosa que el enemigo
que había ajusticiado al “clavo” tuviera la idea de seguir vengándose. Solo un
destello de caridad…o un refinado final a la venganza había hecho que alguien
avisara a la policía para que retirara su cuerpo.
Feo ajuste de cuentas,
inspector – Comentó uno de los detectives.
Si, sin lugar a dudas eso
debía ser ¿Qué otra cosa si no?, pero ese no era el problema que le ocupaba la
cabeza. La pregunta era ¿Cómo?
¿Cómo alguien había logrado
burlar las medidas de seguridad de ese bunker? Porque no solo había entrado y asesinado
al “clavo” sin que nadie lo notara, sino que también había dejado el lugar sin
dejar una huella, salvo el clavo con que había matado a Puppidas.
Tenía la sensación de que si
respondía esa pregunta sabría quien habría sido y quien era el nuevo capo,
porque eso le preocupaba, en este momento andaba suelto un tipo con más poder
que Puppidas, y solo Dios sabia de lo que era capaz.
En la habitación había varios
técnicos trabajando, buscando pruebas, tejiendo conjeturas, sospechando de un
entregador, o cualquier cosa.
Se paró frente al cadáver y
lo miró fijamente, como preguntándole que le había pasado. “El cadáver tiene la
respuesta” solía decirle la doctora en jefe de la morgue, una buena mina, con
turbadora afición a su trabajo. No podía estar cerca de ella sin que un frio le
corriera por la nuca, y eso que él era un tipo curtido que había visto
suficientes cosas en su vida como para no temerle a casi nada.
¿Cómo te pasó esto “clavo”?. Se
acercó a la cabeza del occiso, ahí no más, a unos centímetros, estaba el clavo
que lo había matado, todavía en el lugar donde había quedado luego de
atravesarle la cabeza. No era un clavo normal, tenía un extraño brillo
iridisado, ligeramente empañado por un tinte negro, como si hubiese estado
sometido a altísimas temperaturas. Aun debía haber estado caliente cuando atravesó
la cabeza de Puppidas, porque no había indicios de sangre, como si hubiese
cauterizado la herida a medida que la producía. Es más, debía haber estado muy
caliente, porque que la seda de la sábana se había chamuscado allí donde había quedado.
Se acercó más para mirar este
detalle con mayor atención, puso su cara al lado del clavo y miró hacia el
Puppidas, como siguiendo la trayectoria del proyectil. El asesino había tenido
la delicadeza de no despertarlo, pues, por la posición no cabía dudas que “el
clavo” ni siquiera había notado la presencia de su ejecutor….¡Qué tipo debe ser
para acercarse tanto a un desgraciado como Puppidas sin que le tiemble el
pulso, aunque sea un poco!
Así como estaba, mirando
desde el clavo a la cabeza, pensando en estas cosas, un rayo de luz le llego
como inspiración, pero real, no era un eufemismo si no la realidad, a través
del agujero que tenía en la cabeza se podía ver la luz de la ventana, tan
limpia era la herida.
Fijó la dirección del rayo en
su mente, se levantó y fue hacia la ventana. Los detectives lo vieron pasar
como a un fantasma.
Cuando llegó a ella levantó
la mano y, suavemente, como si acariciara a una bella mujer, la recorrió con la
punta de sus dedos. No podía creer lo que veía.
Del otro lado la noche cedía
su paso al alba, pero aún era suficientemente oscura como para permitir ver las
estrellas fugaces que, durante toda la noche, habían engalanado el cielo.
Era 23 de abril, mientras
tocaba el pequeño orificio en el cristal se convencía que ya había resuelto el
problema. No había duda, se trataba de un ajuste de cuentas, pero divino. Parecía
que, después de todo, el padre Pedro había tenido razón y Dios lo había
vengado.
Luego, recordando lo que los
griegos decían de sus dioses y el “extraño humor” de los mismos, no pudo dejar
de sonreír al pensar que a Puppidas lo había matado un pequeño meteorito que
había entrado por su ventana en medio de la noche, justo cuando la tierra recibía
la lluvia de estrellas de las Puppidas…
©
Omar R. La Rosa
Córdoba
– Argentina
26
de Abril de 2015
#ytusarg
miércoles, 15 de agosto de 2018
El vendedor
Se levanto no muy temprano, como todas las mañanas. No hacía falta madrugar, el centro comercial no abría hasta las 10:00 hs.
Desayuno algo liviano, no porque se cuidara especialmente si no porque la heladera estaba vacia. Aun faltaba para el cierre de la tarjeta y la posibilidad de ir al supermercado a reponer alimentos.
Luego se puso la ropa adecuada y salió a trotar. Era una sana rutina, correr media hora por el interior del barrio le permitía mantener el estado físico, que cuando uno pasa los 40 no es muy fácil, y saludar a los vecinos que salían para sus trabajos y no podían evitar verlo corriendo. Sabía que eso les causaba un cierta envidia, y le daba una patina de estatus muy conveniente. ¿Qué hace el loco ese para poder estar corriendo a estas horas?
Él se había encargado de mantener el conveniente misterio y, cuando alguno lo había visto atendiendo el local del centro donde trabajaba, había dejado entrever que podía ser de él. Nunca una certeza, siempre ese sano halo de misterio. En este mundo la apariencia lo es todo, aunque a veces no tuviera para comer, no por eso lo iba a estar pregonando.
Terminada la carrera se daba una ducha, vestía su mejor camisa, subía a su BMW y lo ponía en marcha. Brunn, brunnn, que lindo que rugía ese motor. Era como tener un potro salvaje dispuesto a salir disparado como una flecha. Una vez, en la autopista, se había permitido dejarlo ir…pero, aunque no se lo confesara ni a sí mismo, era un lujo caro, que no se podía permitir, esa maquina rugía como dragón y consumía como dragón.
Llego al estacionamiento del centro comercial…y, luego de dar una vuelta discreta y ostentosamente, para que cualquier posible caminante no perdiera oportunidad de verlo, seguía de largo, hasta la casa de un amigo que vivía a un par de cuadras de allí, que le permitía guardar el auto bajo un paraíso en el patio trasero, oculto de la vista. No era un buen lugar, no había vez que no encontrara una deposición de ave en su bonito auto, eso era malísimo para la pintura, por lo que invariablemente antes de regresar a su casa, debía lavar el auto. Era cansador, pero tenía dos ventajas, al entrar al barrio todos lo veían volver en un auto impecable y era estacionamiento gratis.
Toda esta rutina a veces se le hacía cansadora, pero tenía bien claro lo de las apariencias y sabía para sí que algún día se le presentaría la oportunidad de hacer el negocio de su vida. Algún día alguien se haría presente, alguien que lo identificaría como un igual, y podría tener la charla que lo llevaría de verdad a ese mundo al que estaba seguro pertenecer, pero que aun no lo contaba entre sus filas. Sí señor, ese día llegaría y allí podría demostrar sus habilidades de vendedor nato y eso lo sacaría de esa “sastrería” que tanto odiaba. Solo era cuestión de perseverar y no perder la compostura.
Como digiera una celebre conductora de la televisión, “Como te ven te tratan, si te ven mal te maltratan, si te ven bien te contratan” (sic)
Asi que, a poner buena cara y a soportar lo mejor posible a los clientes. Siempre eran un problema, casi nunca sabían lo que querían, a lo sumo tenían una “baga idea” y había que esforzarse en convencerlos de que lo que les ofrecía era lo que querían. Era un trabajo duro y agotador, pero las comisiones de ventas eran una parte importante del sueldo…por eso no era cuestión de perder tiempo con todos los que entraban al local.
En los años de trabajo que llevaba había desarrollado un “instinto” le llamaba él, para saber quienes eran tipos de guita y quienes pobres ratones encandilados por las vidrieras que jamás podrían comprar ni un par de zapatos allí.
De alguna manera todos los dependientes participaban de ese juego, incluso el nuevo, que al principio atendía por igual a todos, pero que luego se había amoldado, ni bien aprendió que el monto de las comisiones tenia que ver con el monto de las ventas.
Y así transcurrían los días. Esa mañana la actividad había sido escasa, entro una sola clienta que parecia importante y por su puesto la atendió él. Era una rubia despampanante, cuerpo torneado a gimnasio y cama solar, ropa cara y perfume importado. Toda una presa. Por lo que buscaba dedujo prontamente que tenia que “lavar alguna culpa” seguro que con algún amante, porque no la podía imaginar casada, no ese tipo de mina. Por su puesto este solo pensamiento subió los precios, ya que tenia que pagar por algo, que lo hiciera.
Le llevo una buena hora decidirse. Varias veces le pidió que se probara tal o cual prenda, literalmente lo usaba de maniquí. Un par de veces se metió en el probador mientras el se cambiaba hasta que se decidió y quedo bien claro como quería pagar.
Eso estaba muy bien, pero no dejaba comisiones y después había que cubrir el faltante de caja. Así que la despidió lo más discretamente posible, no por que le importara nada de ella, si no porque podía ser que la dama contara “su versión” al posible destinatario del regalo, y él no quería tener problemas con el tipo.
Cuando la mujer se fue entro un tipo, por el reflejo en el espejo automáticamente lo clasifico como”ratón”. Ropa vieja, zapatos de cadena de supermercados, pantalón de segunda marca y pullover lleno de “pelotitas”. Ni se digno a saludarlo, sin mirarlo siquiera se metió en la trastienda y lo ignoro. Bastante había tenido con la rubia, necesitaba tomar algo.
El pobre hombre se quedo esperando un rato, y como nadie lo atendió al final se canso y se fue.
Y esa tarde no paso nada más digno de mención. Llegado el horario paso por el bar, como de costumbre, siempre se juntaba ahí con un selecto grupo de otros vendedores a comentar las vicisitudes de la jornada mientras tomaban unas cervezas y comían unos saladitos (que algunas veces eran toda su cena)
Cuando entro todos lo miraron con cara de “estar esperando que contara algo” pero ¿que iba a contar?¿lo de la rubia? Convenientemente alterada esa seria una buena historia que acrecentaría su fama de galán, pero siempre había posibilidad de decir algo indebido que después alguien comentaría indebidamente, por lo que opto por hacerse el tonto.
Todos se quedaron esperando, pero no insistieron, si no contaba sus motivos tendría, así que la charla derivo a temas triviales como el fútbol o la política, hasta que llego la hora de pagar.
Allí, como si todos se hubieran puesto de acuerdo, la cuenta le llego a él y nadie hizo intento de sacar la billetera o colaborar.
Desconcertado se quedo tontamente mirando, esperando algún comentario, con la cuenta en la mano.
Fue el morocho de la tienda de electrónica el que rompió el hielo. Ese tipo no le caía bien, parecía un negro barato. No era una expresión racista, solo es que existe una clara diferencia entre un negro con plata y uno sin plata, y este tenía toda la pinta de ser de los últimos.
- Vamos, no te hagas el tonto, que flor de comisión habrás ganado hoy –
- ¿Qué? –
- Vamos todos vimos como “don Gabriel” entro al negocio y salio sin paquetes. Seguro habran trabajado toda la tarde para completar el pedido que les hizo –
- ¿Don Gabriel? - Musito tontamente para si, mientras caia en cuenta del error que había cometido dejándose llevar por las apariencias. Don Gabriel era uno de los mayores desarrollistas de la ciudad, dueño, entre otras cosas de ese centro comercial.
- He, si, si - dijo, retomando el hilo de misterio que tan bien manejaba -pero pidió que seamos discretos, por favor, no digan nada a nadie de esto. Vayan vayan yo pago.
Todos asintieron y uno a uno se retiraron cada uno a su lugar
- ¿Tu no vienes? – pregunto el ultimo
- Eh, si, en un rato. Quiero disfrutar un poco más de la noche – aclaró, mientras una gota de sudor le caía por la espalda. La tarjeta no tenia fondos ¿Cómo pagaría?
Aun no lo sabia, pero no podía permitir que el otro lo supiera. Habia que mantener las apariencias…
- ¡Viejo estúpido!, como va a andar vestido así. ¿No sabe que como te ven te tratan? – y una lagrima le corrió por la mejilla mientras el moso, a su lado, esperaba el pago.
© Omar R. La Rosa
Córdoba – Argentina
5 de Agosto de 2018
domingo, 5 de agosto de 2018
Pelota, una mala idea
¿Sirve de algo recoradar los improperios pronunciados ante
tal percanse?¿para que?. Lejos de salir a ver si me habia lastiamdo o algo asi
lo unico que paso es que me pidieron que lo haga jugar un rato.




