sábado, 8 de diciembre de 2018

Matemáticas - ¿para que?

Sócrates Omilitikós caminaba por su academia rodeado de discípulos, tal era su costumbre, conversando sobre distintos temas. Circunstancia que, según Platón Mýthos, su biógrafo, utilizaba para impartir sus conocimientos.

El aire puro y diáfano de la mañana y el azul profundo del cielo confundiéndose con las tranquilas aguas del egeo sin solución de continuidad, ayudaban a la meditación y el estudio.
Luego de subir una pequeña cuesta un alumno se animo y pregunto
-        ¿Qué hacemos cuando enseñamos matemáticas? -
-        Desarrollamos el pensamiento abstracto -
-        ¿Para qué sirve eso? -
-        Para poder ampliar nuestras capacidades de comprensión, llevándolas más allá de lo estrictamente sensorial. El pensamiento abstracto es lo que nos permite crear. La música existe porque alguien tiene la capacidad de imaginarla y ejecutarla, la Literatura existe porque alguien pudo imaginar una historia y tuvo la capacidad de plasmarla en palabras, la ciencia existe porque alguien tuvo la capacidad de imaginar respuestas para los problemas enfrentados. Sin pensamiento abstracto no existiría la medicina, ni el arte en ninguna de sus manifestaciones, todo lo que esta lo está porque alguien pudo imaginarlo antes. -
-        Maestro, ¿Cómo desarrollamos el pensamiento abstracto? – tercio otro.
-        El pensamiento abstracto es una aptitud que se desarrolla como cualquier otra aptitud, ejercitándolo. – comenzó a explicar el maestro.
-        Es como con cualquier disciplina que se encare, una vez aprendidas las nociones de la misma, la forma de llegar a dominarla es ejercitándola. – sentencio el sabio.
Luego, adelantándose en más de 2000 años a su tiempo, continúo explicando a sus alumnos
-        Por ejemplo, el futbol es sencillo, solo se trata de meter el balón en el arco contrario, respetando algunas reglas elementales, sin embargo jugar al mismo no lo es, se requiere aprender a manejar el balón con los pies, eso es algo sencillo de decir y entender, pero no de dominar, para lograrlo es necesario practicar mucho y si se quiere destacar hay que practicar más. –
Viendo que la metáfora era quizás demasiado adelantada para la comprensión del concepto por parte de sus alumnos, opto por algo más de su tiempo. Algo más universal.
-        Lo mismo se puede decir de cualquier disciplina, todos aquellos que no tengan algún impedimento especial, pueden caminar y correr, es algo que asumimos como natural, pero eso también debimos aprenderlo, un bebe no nace sabiendo caminar, le lleva un tiempo dominar su cuerpo hasta que lo logra, primero ni si quiera camina, gatea. Una vez que domina esta fase pasa a incorporarse, luego a dar sus primeros pasos y así, hasta que el “arte” de caminar se incorpora en su mente como algo natural y, a partir de ahí pasa a ser algo cotidiano, incluso hasta puede hacerlo en distintas maneras, puede variar su dirección, lo hace en línea recta, a derecha o izquierda, su velocidad, camina, corre, arrastrara los pies, su sentido, va hacia adelante o hacia atrás, etc. Incluso, si se lo propone, puede ser maratonista, o atleta, para lo cual dedicara tiempo a practicar las distintas variantes de cada deporte y, si tiene aptitudes especiales y se esfuerza puede llegar a ser hasta campeón olímpico. –
Se permitió bromear, refiriéndose a uno de los acompañantes, cojo del pie derecho, que lejos de sentirse discriminado por la referencia del maestro, se rio con ellos y apuro el paso para mantener el ritmo, con la ayuda de uno de sus compañeros que le prestó su brazo como apoyo.
-        Cabe preguntarse, ¿para qué sirve aprender a caminar?, el acto de poner un pie delante o detrás de otro, manteniendo el equilibrio, aun variando la velocidad con que lo hacemos, no parece tener mucho sentido. Lo mismo puedo hacer con las manos, por ejemplo. – cuestiono el maestro y continuo
-        Entonces ¿para que aprendemos a caminar? – fue la obvia, necesaria y ociosa pregunta de uno de los jóvenes aprendices.
-        ¿Para desplazarnos solos?- Aventuro otro alumno
-        Así es. Tan sencillo como eso, el poder caminar nos da libertad e independencia. – acepto el maestro, para continuar su disertación
-        Todo este proceso puede tener distintas variaciones que lo potencien o menoscaben.- Aclaro
-        Normalmente las primeras experiencia suelen ser traumáticas, los golpes y caídas se repiten continuamente, hasta que el niño adquiere la experiencia y capacidad necesaria para dominar el paso. Es un proceso de auto superación en el cual cada caída es un desafío a vencer.- e hizo una pausa para recuperar el equilibrio momentáneamente alterado por un pedrusco fuera de lugar.
-        En este proceso es importante el incentivo de los adultos. Si el niño vive en un ambiente temeroso, donde, para evitar que se baya a golpear los adultos lo alzan cada vez que quiere ir de un lado a otro, o corren presurosos a levantarlo cada vez que se golpea, o lo encierran en un corralito para limitar su capacidad de movimiento en la intención de protegerlo de los peligros exteriores, el niño aprenderá que caminar es algo difícil que él no está capacitado para eso y que, en definitiva, si hay forma de desplazarse sin tener que hacerlo, ¿para qué hacer el esfuerzo de caminar? –
Haciendo una pausa se apoyo contra una roca y mirando a sus discípulos continúo
-        Por otro lado, si cada vez que da un paso se lo festeja, si cuando se cae se le enseña a levantarse solo, si se lo incentiva con desafíos a la altura de sus capacidades, el niño aprenderá que se puede, que él también puede, que caminar no es difícil (aunque lo sea), y caminara. - Sentencio
-        De hecho suele suceder que los hermanos menores caminan más pronto que los primeros, y eso fundamentalmente porque tienen hermanos que les desafían al  tiempo que les muestran como se hace. –
Incorporándose y continuando la marcha, concluyo
-        Con las matemáticas es igual, en sí mismas posiblemente no sirvan de mucho, si es que uno no se va a dedicar a eso, pero las aptitudes y las actitudes que se desarrollan en el proceso de aprenderlas son de gran utilidad para la vida. -
-        Así como aprender a caminar nos permite desplazarnos solos, aprender matemáticas nos permite pensar solos. En definitiva, al igual que el caminar, el razonar nos da Libertad e Independencia. –

Tanto caminar y filosofar habrían el apetito, por lo que, en silencio ya, apuraron el paso descendiendo ansiosos la cuesta, allí, en el valle la mesa con aceitunas, frutas y quizás alguna jarra de vino, les esperaban dispuestas. La brisa del Egeo acompaño sus  pasos.
platon_aristoteles.jpg

viernes, 30 de noviembre de 2018

Salvador


Salvador


Las luces de emergencia titilaban aleatoriamente arrojando una mortecina claridad sobre los vacíos pasillos del ministerio.  No se veía a nadie por ningún lugar, el otrora fragoroso corredor que solía lucir atiborrado de variopintos personajes, de las épocas más dispares, en sus viajes a distintos momentos de la historia, se encontraba ahora en una lapidaria paz.
Solo en la oficina de Salvador se veía a alguien, sentado al escritorio pobremente iluminado por una lámpara.
-          ¿Se va a quedar? –  Pregunto Angustias, con un hilo de voz que hacía honor a su nombre
-          ¿Eh?. Si, si, vaya no más, estaré bien – le contesto Salvador, sin casi levantar la vista del imaginario informe que estaba hojeando.
-          Pero Jefe …en Navidad…- empezó a protestar, pero no pudo seguir, el llanto le ahogo las palabras en la garganta
-          Vamos Angustia, no me lo haga más difícil –
¿Qué más podía hacer?¿qué decir?, entre lagrimas y sollozos se dio la vuelta y se fue
-          Angustias –
-          ¡Si! – se volvió esperanzada
-          Por favor, apague la luz cuando salga –
-          Ah…bueno, aunque no se para que –
-          Adiós mujer –
-          Adiós jefe. Que Dios me lo guarde –
---------
Salvador se acomodo mejor en su butaca, reclinando algo la cabeza…la noche podía llegar a ser muy larga y ahora que no había nadie podía aflojar un poco la imagen, pensó para si.
Por la ventana que daba al patio se vio caer un pequeño copo
-          Nieve en Madrid, lo único que faltaba –
Instintivamente tomo la manta que tenia en el taburete y se la coloco, arropándose con ella. Entrecerró los ojos para no ver, pero no pudo evitar recapitular los hechos. Una arruga extra se le formo en la frente y la boca tomo esa clásica forma de “n” que le caracterizaba cuando estaba preocupado.
-          ¿Qué haces abuelo? –
-          ¿Qué? ¿Quién anda ahí? –
-          Yo, aquí abuelo ¿estas bien? –
Ahí, del otro lado del escritorio, apenas asomando los rubios cabellos sobre la línea de la tabla, estaba el niño que lo hablaba
-          ¿Quién eres? Yo no soy tu abuelo –
-          Según mi mamá todos los hombres con la cabeza blanca son abuelos – aclaro el niño vestido con túnica y calzado con sandalias griegas,  para luego preguntar
-          ¿Esta bien que te llame abuelo o prefieres que te diga “abueles”?-
-           Abuelo esta bien, por su puesto, pero ¿De donde sacas esas cosas? –
-          Antes de llegar aquí he estado dando vueltas por la ciudad. –
A desgano Salvador se levanto de su sillón y dio la vuelta al escritorio para estar frente al niño.
Apareció ante él, en toda su imponente estatura, un hermoso “gurrumin” de pelo negro como la noche y tez blanca como la nieve que comenzaba a cubrir el patio, del otro lado del ventanal, vestido a la usanza de los hombres de la cornisa atlántica de los pirineos.
Habría jurado que era rubio, se dijo a si mismo Salvador, restregándose los ojos.
-          ¿Cómo te llamas? – pregunto entonces con tono paternal
-          Niño señor, mis padres me llaman Niño –
-          ¿Y donde están ellos ahora? –
-          No se, supongo que buscándome – fue la lacónica respuesta.
-          Pues ve a por ellos antes de que se preocupen por ti –
-          Siempre están preocupados por mi –
-          Bueno, vamos a buscarlos – dijo tomando la manita que él niño le tendía.
Juntos salieron de la oficina y caminaron por el pasillo hacia la puerta de salida.
De pronto el niño se detuvo
-          Yo no vine por ahí, es por el otro lado – dijo indicando hacia el túnel de las puertas
Entonces Salvador se dio vuelta y lo volvió a mirar. Ahora no tenía dudas, él no había salido de su oficina con ese pequeño de rasgos orientales y piel amarillenta vestido como un mongol llegado con las hordas del gran can.
-          ¿Qué es esto?¿que pasa aquí?- se preguntó sin tiempo a darse una respuesta pues el niño de renegridos rulos y piel azabache, cubierto con un simple taparrabos de piel de leopardo, se había soltado de su mano y corría hacia las puertas del tiempo
-          ¡Espera!¡ven aquí!¡no corras! –
El chico se detuvo, confundido, ante una puerta que no se habría
Cuando llego Salvador y vio la extrañeza del jovencito se sintió en la necesidad de explicarse.
-          Es lo que nos esta pasando. Nos estamos muriendo –
-          ¿De que abuelo? – le preguntó preocupada la niña de rojos cabellos y largo vestido de rustica lana, mientras le tomaba la mano
-          De olvido mi niña –
-          ¿De olvido? –
-          Si, es la peor de las muertes, de apoco te vas desdibujando, al principio no lo notas, porque todavía tienes muchos que te conocieron como eras antes y entre todos te devuelven una imagen que se parece mucho a lo que supiste ser, pero, con el tiempo, la gente también se va y cada vez te es más difícil reconocerte –
-          ¿Tan mal esta la cosa señor? – pregunto el jovencito de pantalones cortos, zapatos lustrados y chaqueta de pana con escudo de algún colegio particular, la cara llena de pecas.
Salvador lo miro incrédulo, pero ¿Qué más daba?
-          Así es joven sin presupuesto no podemos hacer nuestro trabajo y por eso la historia esta empezando a ser cambiada, sin que podamos evitarlo. En poco tiempo más ya nadie sabrá como pasaron las cosas en verdad y habremos desaparecido para siempre -
-          Vamos no debe ser para tanto -  le dijo maternalmente la jovencita de largas trenzas color de los castaños en otoño que estaba frente a él, mientras le acariciaba la cabeza. Salvador se sintió en ese entonces más viejo de lo que era.
-          ¿Qué no? Mira – dijo extendiendo un libro de texto que misteriosamente había aparecido en sus manos.
-          Lee aquí. Si ahora resulta que les enseñan a los niños que somos invasores de nuestro propio país – se quejo amargamente
-          Acá, esta es, ¡la encontré! – grito de pronto la niña de piel enrojecida por el sol, ojos oscuros levemente rasgados, mocasines de piel de gamo en los pies y pelo tinto como el café cargado, adornado con hermosas plumas, mientras la abría y cruzaba.
El salió corriendo tras ella, en un intento por detenerla. Cuando cruzo la puerta un fuerte brazo lo sostuvo para que no cayera. Ya bien agradeció al muchacho que le había ayudado y miro.
Ante sus ojo se abría un paisaje desértico, con pocas casas bajas y algún que otro corral. En uno de ellos había luz y, de la mano de la muchachita de cabello corto y cota de maya, como si fuera un caballero medieval, que lo guiaba, fueron hasta allí.
Cuando sus ojos pudieron ver mejor el corazón le dio un vuelco, allí, en la loma estaban Pacino y Alonso, sus figuras eran inconfundibles, aun bajo esas ropas de “reyes magos” con que se vestían (1). Desesperadamente quiso correr hacia ellos pero no pudo, un pequeño pastor le insto a seguirlo y él obedeció, sin saber porque.
Camino tras él hacia lo que parecía un establo, entorno al cual se estaba juntando una pequeña multitud.
Esto ya estaba durando mucho, pensó mientras se detenía a tomar aire. El ministerio se caía a pedazos y él no estaba para paseos infantiles.
Recuperado quiso volver sobre sus pasos y alcanzar a Pacino y Alonso antes que se fueran, ellos deberían conocer el camino de regreso para volver al trabajo, pero no pudo, sus manos fueron tomadas por sendas niñas, una de cabello largo y rubio como el trigo antes de la cosecha, la otra de cuerpo torneado y delicado, como finas hebras de ébano, ambas con sonrisas infantiles que le robaron el corazón.
Resignado se dejo llevar, con esfuerzo cruzo entre la gente y llego al establo, allí la escena le pareció familiar, en algún lugar había visto algo parecido, pero hacia mucho ya de ello…las preocupaciones nublan la memoria.
-          ¿Qué ves? – la voz a su espalda sonó firme pero delicada, como la de alguien acostumbrado al mando hablando en un lugar sagrado
-          Pues…gente un recién nacido pataleando entre la paja del establo mientras los padres le miran…- describió la escena tal cual la veía, sin voltear a ver a su interlocutor
-           ¿Nada más? –
-          O, si, si, mucho más, hay aquí mucha gente sin hacer nada, tanto mejor seria que estuvieran trabajando – gruño
-          Hay amigo, que mal que estas – le dijo el otro hombre, apoyándole la mano en el hombro
-          Vamos, cierra los ojos e inténtalo de nuevo –
No había ninguna razón para hacer eso, pero lo hizo, y entonces vio. De a poco las facciones se le fueron aflojando, la mueca en forma de “n” de su boca mudo en otra más agradable con forma de “U” y la paz se hizo presente en todos sus poros.
El hombre detrás de él sonrió también, y hablando dijo
-          A mí me paso igual. Yo vivía como tú, agobiado por las responsabilidades, pensando que todo dependía de mí, hasta que tome la decisión de venir aquí, hasta que vi lo que tú ves ahora… En fin, por eso te hice venir, todos los ministros deberían hacer este viaje…todos los hombres deberían hacerlo – comento en una voz que casi era un susurro
-          Volvamos – y los dos salieron
-          ¿Usted me hizo venir?¿Y todos esos niños que trajeron hasta aquí? ¿Cómo lo hizo?–
-          ¿Eso? No es nada, solo cosas de viejo – descartó la pregunta sonriendo, haciendo una vaga seña sobre la cabeza, mientras que giraba sobre sus talones y se encaminaba a la loma donde estaban los otros.
-          Pero me salió bien la alegoría ¿no crees?- y la cara del emperador se ilumino como la de un abuelo descubierto mientras hacia una travesura con sus nietos.
-          La esperanza de toda la humanidad en la figura de todos sus niños – no pudo evitar filosofar.
-          Bueno, yo me voy con ellos, ha sido un gusto conocerle Salvador – y se dirigió hacia donde Pacino y Alonso, devenidos en reyes magos, esperaban pacientemente.
-          Tengo un ministerio que poner en marcha, para que el rabino ese se los cuente a ustedes después y puedan seguir en el negocio – dijo con una sonrisa cómplice.
-          A, una cosa más Salvador, vete a descansar. Lo que tenga que pasar pasara, estés tu o no –
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Entraron en silencio, casi en punta de pies, Angustias la primera, pero no pasaron de la puerta del despacho
-          Mira como duerme, que paz – dijo Irene y los otros asintieron
-          Vamos, dejémoslo disfrutar su sueño – dijo Amelia corriendo a todos hacia afuera
-          Me gustaría compartir ese sueño –
-          Quién sabe, en una de esas mañana nos lo cuente –
-          Vamos –
-          Si vamos –
Salieron, pero dejando la luz prendida, por las dudas.

-          FELIZ NAVIDAD A TODOS LOS MINISTERICOS – 
tengamos fe.



Notas (1) Tiempo de Realeza – año 7 aC – reyes por un tiempo

domingo, 14 de octubre de 2018

Brujas


De agraciada figura, cabello negro enrulado, cuidadosamente recogido bajo una cofia como la de las de enfermera y rostro blanco y redondo, que hacia resaltar el verde profundo de sus ojos, más parecía una figura de porcelana que una encargada de maestranza.

De apoco, pasando el piso con gran parsimonia, llego hasta la puerta ventana que daba al patio interno de la clínica.

Abrió una de las hojas y, haciéndose la distraída, miro para todos lados a ver si alguien la observaba.

Como no vio a nadie levantó la bruja(1) con la que acababa de pasar el piso y con una mano, meciéndola un poco, la sopeso, como quien evalúa si algo está en perfecto estado.

Fue en ese instante que la asalto algo así como un presentimiento, como esa sensación que se tiene de que alguien lo está observando a uno, dejo la bruja en su lugar, alzo la vista y lo vio.

Ahí estaba él mirándola desde el fondo de sus ojos cansados. Con una picara sonrisa le preguntó si estaba por salir a volar.

Ella se sorprendió por un instante, pero no pudo enojarse, tan solo se sonrojo algo, lo que la hizo más bonita, y, a modo de respuesta, con una tímida sonrisa solo atino a decir que no…y seguir pasando la bruja por el piso ya limpio de tanto repaso.

Con paso cansino el hombre se alejó lentamente y entró en el ascensor.

A ella le llevó un tiempo sobreponerse del susto. Tenía que ser más cuidadosa o terminarían descubriéndola y ¿Quién sabe que podría pasar entonces?.

El peligro siempre era muy grande, si bien había más hadas que brujas, la gente no solía notar la diferencia

En otras épocas, cuando ella era aun muy joven, la caza de brujas había llegado a ser una actividad muy lucrativa que contaba con muchos adeptos.

Por lo tanto se mantuvo expectante unos cuantos minutos más, hasta que al fin se convenció de que nadie la miraba, recién entonces montó la bruja y levantó vuelo….

Tras la puerta del ascensor unos ojos cansados y picaros sonreían mientras su dueño se decía a si mismo que “el diablo sabe por diablo….pero más sabe por viejo”.

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Argentina

08 Noviembre 2013

@ytusarg

(1)    Bruja, lampazo, mopa, etc = trapeador para pasar el piso


Manos Perdidas - ultima mano. Colección Lado Oscuro


Manos Perdidas

Abrió sus ojos lentamente. De a poco la luz la fue inundando, devolviéndola a la vida
¿Dónde estaba? Se pregunto. De a poco fue recordando
Conforme recobraba la conciencia lo que veía le confirmaba el lugar, estaba en la cama de cuidados paliativos, en el hospital clínica. Se estaba muriendo, recordó, el cáncer que la aquejaba desde hacía un tiempo estaba ganado la batalla definitiva.
                Con algo de dolor, giro su cara hacia la derecha, de ese lado la pared blanca y anodina no hizo más que confirmarle lo que ya sabía. Luego giro la cabeza a izquierda y la volvió a ver, ahí en la cama de al lado, la otra mujer, no podía decir a ciencia cierta qué edad tendría, pero no importaba, también se moría.
                Cuando la vista se le aclaro un poco más vio que al lado de su compañera había otra persona, un hombre que tenía la cabeza gacha y parecía decirle algo mientras en sus manos jugaba con algo…¡Un Rosario! Advirtió, el hombre era un religioso ¡Que bárbaro, esos tipos no dejaban de engañar a la gente ni en sus últimos momentos!, y una ira profunda le nació desde el interior de sus pútridas entrañas.
                ¡Toda su vida había luchado contra eso!¡Contra la ignorancia que esclaviza a la gente!¡Contra toda esa filosofía machista que sirve para tener a la mujer sojuzgada!. Pero, sobre todo, contra esa lacra de hombres que se aprovechan de ello haciéndoles creer en cosas que no existen para mantenerlas controladas, tranquilas, para que no se den cuenta de cómo son explotadas por la iglesia y los gobiernos.
                ¿¡Dios!? ¿Qué es eso?¿Como alguien puede creer en un cuento así?. Durante milenios la gente fue propensa a creer en cualquier cosa, todo lo que no tuviera explicación era cosa de adoración. Ella entendía eso en esos tiempos donde la ciencia era algo raro, aun no desarrollada, pero ahora, en este tiempo... Inconcebible.
                De pronto el hombre se levanto, de pie y tomándole la mano a la pobre mujer, hizo un gesto ampulosa con el otro brazo, cruzando trayectorias en el aire mientras musitaba una letanía “En nombre del Padre, del Hijo,…”
                Dio vuelta la cara para no ver, pobre mujer, asco de hombre.
                Para colmo el maldito, al salir, se le acerco y le pregunto si quería consuelo. ¿Consuelo?¿qué podría hacer ese estúpido?¿podía detener el cáncer que la mataba?.
Mantuvo la boca cerrada, inmutable. El hombre se alzo de hombros, con cierta tristeza, le pareció advertir, y lo mismo hizo sobre ella la señal de la cruz. Furibunda de odio por lo que considero una afrenta a su inteligencia, una falta de respeto imperdonables hizo lo único a lo que pudo atinar “escupirle”…o eso intento, porque estaba tan débil que la saliva, lejos de salir despedida, corrió por su cara, como un hilo de baba
-          ¿Tenga fe Dios. La confortara? – escuchó el hilo de voz de la otra señora
-          Por favor, déjeme morir en paz – articulo en un gesto que quiso ser de repugnancia
-          Cuando este con él pediré por usted – y callo, no había nada más que decir.
…¿Cuándo este con él?...si cuando te mueres te mueres y ya, no hay nada más. Gentes estúpidas. Cómo si creer en otra vida les fuera a cambiar algo.
De pronto un par de pequeños golpes sonaron en la puerta, esta se volvió a abrir unos centímetros y por la hendija que apareció entraron ellos…No los pudo contar bien, pero por lo menos eran cuatro
-          Abuela – oyó la voz de un niño.
-          Abuelita – esta vez era una niña algo más pequeña.
-          Shhss  silencio chicos – la voz de la madre indicando hacia la cama donde estaba ella
-          ¿Cómo estas mamá? – preguntó a la otra señora con una voz que no dejaba lugar a dudas de su angustia.
A pesar del consejo de la mujer era imposible que los niños no molestaran, ¿Qué remedio?, los pequeños eran eso, pequeños y los pequeños solo molestan.
Se dio vuelta y trato de no escuchar. Y en eso de tratar de no escuchar nada se acordó de su hija, porque ella era madre también, de una mujer independiente, profesional destacada, mujer moderna, exitosa, seguro que nada que ver con esa llorosa figura de la otra cama y ella tenía mucho que ver con eso, se enorgulleció, sus enseñanzas la habían preparado para ser lo que era, nada que ver con esa de ahí, llena de chicos, seguro que dependiente de un hombre. Sometida, esclava como muchas otras pobres. No de una triunfadora como su hija, no ella era una orgullosa madre de una gran mujer…
Una manita le toco, abrió los ojos, que había cerrado, y frente a ella encontró la carita de la niña pequeña…
Los ojos se le humedecieron, recordando a su hija, ¿Dónde estaría ahora? En alguna importante gira de negocios o algo así, algo verdaderamente importante, algo que no le permitía venir a verla cuando aun podía.
La niña le alcanzo un primoroso pañuelito rosa, bordado con unas también primorosas puntillas de un rosado más suave.
Ella negó con la cabeza, rechazando, ella tenía el suyo propio, era regalo de esa importante hija que había criado, porque ella era orgullosa madre de una mujer independiente y abuela de de dos hermosos abortos.
De pronto sus ojos se pusieron opacos, su mano se aflojo y el pañuelo verde con el que había tratado de secar sus lágrimas cayó al suelo.

Colección Lado Oscuro
Córdoba - Arg - Diciembre 2018
Omar R. La Rosa
@ytusarg


sábado, 29 de septiembre de 2018

Destino - Esta escrito en las palabras y en como se transmiten



A la luz de la fogata un hombre relataba las hazañas realizadas por los guerreros de la tribu durante la cacería. Los demás miembros escuchaban fascinados, participando con su imaginación de las aventuras narradas. Alguien repetía las palabras para poder contarlas a su vez a otros…y así por miles de años, las palabras y las cosas que contaban se mantenían vivas mientras alguien las recordara para contarlas. En el proceso de transmisión variaban algo, hasta que al final, las que no desaparecían al ser olvidadas adquirían dimensión de leyenda.
Una vez alguien tuvo una idea, para que los relatos no se perdieran o alteraran, hizo unas marcas sobre una piedra y esas marcas le servían para recordar lo que quería contar…dando origen así a la palabra escrita.
Pero escribir en piedra no era fácil, y mucho menos llevar las piedras de un lugar a otro para poder contar las historias en distintos lugares, así que otro día alguien hizo esas marcas en una madera, o en la hoja de una planta especial o en el cuero de un animal…naciendo así los libros.
Y como a la gente le gustaban las historias que contaban los libros, pero no siempre había quien pudiera entender lo que decían, debieron aprender a leer, para enterarse de lo que los libros narraban, con lo cual los libros empezaron a llegar a más mentes y su luz empezó a brillar con más fuerza…
Como a la gente le gustaban muchos los libros paso que los que había no alcanzaban así que alguien invento una forma de hacer más libros, nació así la imprenta…
Y con la imprenta los libros se multiplicaron y llegaron a muchísimas personas, desparramando su luz con más fuerza que nunca…
…y así siguió el libro reinando sobre las sombras de la ignorancia con la luz de su saber…pero eran tantos que empezaron a faltar los arboles para hacer el papel con que se criaban los libros….
…Entonces nacieron los dispositivos electrónicos y el brillo aumento como nunca …
Pero las gentes cada vez disponían de menos tiempo para leer libros, entonces a alguien se le ocurrió poner voces que leyeran las historias que se contaban en esos dispositivos, con lo que la gente empezó a olvidar como se leía…  sin saberlo el libro empezó a morir…
...y así un día llegara en que la energía que da vida a los asesinos del libro faltara y las maquinas se detendrán y la humanidad volverá a sumirse en la oscuridad.
Ese día un niño descubrirá un montón de hojas apiladas, llenas de símbolos ininteligibles para él y entonces, intrigado, ese niño se lo llevara a sus padres...que tampoco sabrán que hacer, ya cansados de apretar en vano el interruptor del dispositivo que siempre leyó por ellos. Entonces alguien tendrá una idea y usara ese libro desconocido para encender un pequeño fuego. En ese momento ese libro esparcirá su luz por última vez y luego solo el negro absoluto reinara en la tierra....

sábado, 22 de septiembre de 2018

Púppidas - ¿Justicia Divina?


Púppidas
(este y otros cuentos recopilados en "El Córdobe Errante" )

Miró incrédulo para todos lados

¿Cómo podía alguien vivir en un lugar así? ¡Cuánto lujo! ¡Cuántas medidas de seguridad!....todo para atender a un solo hombre y sus allegados,  todo en vano.

Pues jamás ellos hubieran llegado hasta allí, ni entrado de esa forma a ese lugar si su dueño no se hallara así como estaba ahora, tirado en la cama con un hermoso agujero en la cabeza.

Era un viejo conocido, el Púppidas, también conocido como “el clavo” uno de los principales capos de la droga en el país. Un tipo duro que había llegado a la ciudad hacia unos 5 años, nadie sabía bien de donde, y había hecho una meteórica carrera en el mundo del hampa. Cumplido seguro a su capacidad para el mal.

Efectivamente, era un tipo sin escrúpulos, de una gran inteligencia, con grandes conocimientos de marketing, esto último era lo que lo había llevado a ganarse el apodo de “el clavo”, pues deliberadamente había trabajado para que esa fuera su firma, cuando alguien le fallaba, irremediablemente recibía un clavo en la cabeza….eso le dio renombre y motivo a “su gente” a ser extremadamente “eficaz”.

Pasados los primeros tiempos, luego de la aparición de varios “clavados”, todos aprendieron a temerle y poco a poco, todos perdieron las ganas de oponérsele, lo cual no quería decir que no lo siguieran odiando.

Nadie osaba contradecirle, pues bastaba ver el clavo que llevaba al cuello, colgado de una gruesa cadena de oro, para desistir de nada raro.

No respetaba nada que no fuera su propio interés, poco le importaban las vidas de sus “clientes” mientras consumieran las porquerías que él les vendía y las pagaran, por supuesto.

Como todos los de su clase, sabía muy bien el precio de cada uno, y como “apartar” de su camino a aquellos que no se vendían.

Así había pasado con el padre Pedro, que había tenido la mala idea de crear un centro de rehabilitación en su parroquia, apartando de la droga a varios consumidores. Por más que le hizo llegar mensajes y “sugerencias” no le fue posible convencerlo…por lo que “lo clavó”…por más que el “pobre tipo” lo amenazó con la ira divina y todas esas “cosas” que podrían haber hecho mella en un creyente, pero no en él, que jamás había pensado siquiera en Dios.

Y ahora, ahí estaba el poderoso hombre, todavía tirado en la cama, sin un solo secuaz cerca. Todos habían huido al saber de su muerte…seguramente a cambiar de bando, a “pegarse” a alguno de los otros “capos” jurándoles lealtad, no sea cosa que el enemigo que había ajusticiado al “clavo” tuviera la idea de seguir vengándose. Solo un destello de caridad…o un refinado final a la venganza había hecho que alguien avisara a la policía para que retirara su cuerpo.

Feo ajuste de cuentas, inspector – Comentó uno de los detectives.

Si, sin lugar a dudas eso debía ser ¿Qué otra cosa si no?, pero ese no era el problema que le ocupaba la cabeza. La pregunta era ¿Cómo?

¿Cómo alguien había logrado burlar las medidas de seguridad de ese bunker? Porque no solo había entrado y asesinado al “clavo” sin que nadie lo notara, sino que también había dejado el lugar sin dejar una huella, salvo el clavo con que había matado a Puppidas.

Tenía la sensación de que si respondía esa pregunta sabría quien habría sido y quien era el nuevo capo, porque eso le preocupaba, en este momento andaba suelto un tipo con más poder que Puppidas, y solo Dios sabia de lo que era capaz.

En la habitación había varios técnicos trabajando, buscando pruebas, tejiendo conjeturas, sospechando de un entregador, o cualquier cosa.

Se paró frente al cadáver y lo miró fijamente, como preguntándole que le había pasado. “El cadáver tiene la respuesta” solía decirle la doctora en jefe de la morgue, una buena mina, con turbadora afición a su trabajo. No podía estar cerca de ella sin que un frio le corriera por la nuca, y eso que él era un tipo curtido que había visto suficientes cosas en su vida como para no temerle a casi nada.

¿Cómo te pasó esto “clavo”?. Se acercó a la cabeza del occiso, ahí no más, a unos centímetros, estaba el clavo que lo había matado, todavía en el lugar donde había quedado luego de atravesarle la cabeza. No era un clavo normal, tenía un extraño brillo iridisado, ligeramente empañado por un tinte negro, como si hubiese estado sometido a altísimas temperaturas. Aun debía haber estado caliente cuando atravesó la cabeza de Puppidas, porque no había indicios de sangre, como si hubiese cauterizado la herida a medida que la producía. Es más, debía haber estado muy caliente, porque que la seda de la sábana se había chamuscado allí donde había quedado.

Se acercó más para mirar este detalle con mayor atención, puso su cara al lado del clavo y miró hacia el Puppidas, como siguiendo la trayectoria del proyectil. El asesino había tenido la delicadeza de no despertarlo, pues, por la posición no cabía dudas que “el clavo” ni siquiera había notado la presencia de su ejecutor….¡Qué tipo debe ser para acercarse tanto a un desgraciado como Puppidas sin que le tiemble el pulso, aunque sea un poco!

Así como estaba, mirando desde el clavo a la cabeza, pensando en estas cosas, un rayo de luz le llego como inspiración, pero real, no era un eufemismo si no la realidad, a través del agujero que tenía en la cabeza se podía ver la luz de la ventana, tan limpia era la herida.

Fijó la dirección del rayo en su mente, se levantó y fue hacia la ventana. Los detectives lo vieron pasar como a un fantasma.

Cuando llegó a ella levantó la mano y, suavemente, como si acariciara a una bella mujer, la recorrió con la punta de sus dedos. No podía creer lo que veía.

Del otro lado la noche cedía su paso al alba, pero aún era suficientemente oscura como para permitir ver las estrellas fugaces que, durante toda la noche, habían engalanado el cielo.

Era 23 de abril, mientras tocaba el pequeño orificio en el cristal se convencía que ya había resuelto el problema. No había duda, se trataba de un ajuste de cuentas, pero divino. Parecía que, después de todo, el padre Pedro había tenido razón y Dios lo había vengado.

Luego, recordando lo que los griegos decían de sus dioses y el “extraño humor” de los mismos, no pudo dejar de sonreír al pensar que a Puppidas lo había matado un pequeño meteorito que había entrado por su ventana en medio de la noche, justo cuando la tierra recibía la lluvia de estrellas de las Puppidas…

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Argentina

26 de Abril de 2015

#ytusarg 


miércoles, 15 de agosto de 2018

El vendedor

El vendedor

Se levanto no muy temprano, como todas las mañanas. No hacía falta madrugar, el centro comercial no abría hasta las 10:00 hs.

Desayuno algo liviano, no porque se cuidara especialmente si no porque la heladera estaba vacia. Aun faltaba para el cierre de la tarjeta y la posibilidad de ir al supermercado a reponer alimentos. 

Luego se puso la ropa adecuada y salió a trotar. Era una sana rutina, correr media hora por el interior del barrio le permitía mantener el estado físico, que cuando uno pasa los 40 no es muy fácil, y saludar a los vecinos que salían para sus trabajos y no podían evitar verlo corriendo. Sabía que eso les causaba un cierta envidia, y le daba una patina de estatus muy conveniente. ¿Qué hace el loco ese para poder estar corriendo a estas horas?

Él se había encargado de mantener el conveniente misterio y, cuando alguno lo había visto atendiendo el local del centro donde trabajaba, había dejado entrever que podía ser de él. Nunca una certeza, siempre ese sano halo de misterio. En este mundo la apariencia lo es todo, aunque a veces no tuviera para comer, no por eso lo iba a estar pregonando.

Terminada la carrera se daba una ducha, vestía su mejor camisa, subía a su BMW y lo ponía en marcha. Brunn, brunnn, que lindo que rugía ese motor. Era como tener un potro salvaje dispuesto a salir disparado como una flecha. Una vez, en la autopista, se había permitido dejarlo ir…pero, aunque no se lo confesara ni a sí mismo, era un lujo caro, que no se podía permitir, esa maquina rugía como dragón y consumía como dragón.

Llego al estacionamiento del centro comercial…y, luego de dar una vuelta discreta y ostentosamente, para que cualquier posible caminante no perdiera oportunidad de verlo, seguía de largo, hasta la casa de un amigo que vivía a un par de cuadras de allí, que le permitía guardar el auto bajo un paraíso en el patio trasero, oculto de la vista. No era un buen lugar, no había vez que no encontrara una deposición de ave en su bonito auto, eso era malísimo para la pintura, por lo que invariablemente antes de regresar a su casa, debía lavar el auto. Era cansador, pero tenía dos ventajas, al entrar al barrio todos lo veían volver en un auto impecable y era estacionamiento gratis.

Toda esta rutina a veces se le hacía cansadora, pero tenía bien claro lo de las apariencias y sabía para sí que algún día se le presentaría la oportunidad de hacer el negocio de su vida. Algún día alguien se haría presente, alguien que lo identificaría como un igual, y podría tener la charla que lo llevaría de verdad a ese mundo al que estaba seguro pertenecer, pero que aun no lo contaba entre sus filas. Sí señor, ese día llegaría y allí podría demostrar sus habilidades de vendedor nato y eso lo sacaría de esa “sastrería” que tanto odiaba. Solo era cuestión de perseverar y no perder la compostura.

Como digiera una celebre conductora de la televisión, “Como te ven te tratan, si te ven mal te maltratan, si te ven bien te contratan” (sic)

Asi que, a poner buena cara y a soportar lo mejor posible a los clientes. Siempre eran un problema, casi nunca sabían lo que querían, a lo sumo tenían una “baga idea” y había que esforzarse en convencerlos de que lo que les ofrecía era lo que querían. Era un trabajo duro y agotador, pero las comisiones de ventas eran una parte importante del sueldo…por eso no era cuestión de perder tiempo con todos los que entraban al local.

En los años de trabajo que llevaba había desarrollado un “instinto” le llamaba él, para saber quienes eran tipos de guita y quienes pobres ratones encandilados por las vidrieras que jamás podrían comprar ni un par de zapatos allí.

De alguna manera todos los dependientes participaban de ese juego, incluso el nuevo, que al principio atendía por igual a todos, pero que luego se había amoldado, ni bien aprendió que el monto de las comisiones tenia que ver con el monto de las ventas.

Y así transcurrían los días. Esa mañana la actividad había sido escasa, entro una sola clienta que parecia importante y por su puesto la atendió él. Era una rubia despampanante, cuerpo torneado a gimnasio y cama solar, ropa cara y perfume importado. Toda una presa. Por lo que buscaba dedujo prontamente que tenia que “lavar alguna culpa” seguro que con algún amante, porque no la podía imaginar casada, no ese tipo de mina. Por su puesto este solo pensamiento subió los precios, ya que tenia que pagar por algo, que lo hiciera.

Le llevo una buena hora decidirse. Varias veces le pidió que se probara tal o cual prenda, literalmente lo usaba de maniquí. Un par de veces se metió en el probador mientras el se cambiaba hasta que se decidió y quedo bien claro como quería pagar.

Eso estaba muy bien, pero no dejaba comisiones y después había que cubrir el faltante de caja. Así que la despidió lo más discretamente posible, no por que le importara nada de ella, si no porque podía ser que la dama contara “su versión” al posible destinatario del regalo, y él no quería tener problemas con el tipo.

Cuando la mujer se fue entro un tipo, por el reflejo en el espejo automáticamente lo clasifico como”ratón”. Ropa vieja, zapatos de cadena de supermercados, pantalón de segunda marca y pullover lleno de “pelotitas”. Ni se digno a saludarlo, sin mirarlo siquiera se metió en la trastienda y lo ignoro. Bastante había tenido con la rubia, necesitaba tomar algo.

El pobre hombre se quedo esperando un rato, y como nadie lo atendió al final se canso y se fue.

Y esa tarde no paso nada más digno de mención. Llegado el horario paso por el bar, como de costumbre, siempre se juntaba ahí con un selecto grupo de otros vendedores a comentar las vicisitudes de la jornada mientras tomaban unas cervezas y comían unos saladitos (que algunas veces eran toda su cena)

Cuando entro todos lo miraron con cara de “estar esperando que contara algo” pero ¿que iba a contar?¿lo de la rubia? Convenientemente alterada esa seria una buena historia que acrecentaría su fama de galán, pero siempre había posibilidad de decir algo indebido que después alguien comentaría indebidamente, por lo que opto por hacerse el tonto.

Todos se quedaron esperando, pero no insistieron, si no contaba sus motivos tendría, así que la charla derivo a temas triviales como el fútbol o la política, hasta que llego la hora de pagar.

Allí, como si todos se hubieran puesto de acuerdo, la cuenta le llego a él y nadie hizo intento de sacar la billetera o colaborar.

Desconcertado se quedo tontamente mirando, esperando algún comentario, con la cuenta en la mano.

Fue el morocho de la tienda de electrónica el que rompió el hielo. Ese tipo no le caía bien, parecía un negro barato. No era una expresión racista, solo es que existe una clara diferencia entre un negro con plata y uno sin plata, y este tenía toda la pinta de ser de los últimos.

-          Vamos, no te hagas el tonto, que flor de comisión habrás ganado hoy –

-          ¿Qué? –

-          Vamos todos vimos como “don Gabriel” entro al negocio y salio sin paquetes. Seguro habran trabajado toda la tarde para completar el pedido que les hizo –

-          ¿Don Gabriel? - Musito tontamente para si, mientras caia en cuenta del error que había cometido dejándose llevar por las apariencias. Don Gabriel era uno de los mayores desarrollistas de la ciudad, dueño, entre otras cosas de ese centro comercial.

-          He, si, si -  dijo, retomando el hilo de misterio que tan bien manejaba -pero pidió que seamos discretos, por favor, no digan nada a nadie de esto. Vayan vayan yo pago.

Todos asintieron y uno a uno se retiraron cada uno a su lugar

-          ¿Tu no vienes? – pregunto el ultimo

-          Eh, si, en un rato. Quiero disfrutar un poco más de la noche – aclaró, mientras una gota de sudor le caía por la espalda. La tarjeta no tenia fondos ¿Cómo pagaría?

Aun no lo sabia, pero no podía permitir que el otro  lo supiera. Habia que  mantener las apariencias…

-          ¡Viejo estúpido!, como va a andar vestido así. ¿No sabe que como te ven te tratan? – y una lagrima le corrió por la mejilla mientras el moso, a su lado, esperaba el pago.

 

 

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Argentina

5 de Agosto de 2018



domingo, 5 de agosto de 2018

Pelota, una mala idea


Pelota
Maldito el día que se me ocurrió la idea.
Como siempre pasa con las cosas verdaderamente malas, al principio parecía una buena idea.
Todo empezó una vez que volví caminando del trabajo y, por casualidad, pase frente a esa veterinaria del demonio.
Un hermoso local, muy bien puesto, con carteles vistosos de marcas de alimentos para mascotas y una hermosa muchacha con un canasto con cuatro cachorros que estaba regalando.
-          No son puros de raza – se disculpo mientras ponía la desgracia ante mis ojos.
-          ¿Por eso no se venden? – pregunte lo obvio tontamente
Los ojos de la chica, los ojos del cachorro y que no tuviera costo sellaron mi destino.
Al llegar a casa fue toda una fiesta, mi mujer me dio un beso y los chicos no paraban de reír y jugar con el diablillo que movía la cola tan fuertemente que daba la impresión se le iba separar del cuerpo en cualquier momento.
La primera señal de lo que sería mi desgracia se dio esa misma noche. Tontamente yo me había ocupado de preparar una cucha para el animalito, en el patio, bajo techo, al lado del asador. Ahí estaría calentito, a resguardo y dormiría bien.
Bueno, eso pensé yo. Pero no mi familia que sostenía que un animalito tan chiquito podía tener miedo si se lo dejaba solito en el fondo del patio (esto es a no más de 10 metros de la casa, que no es precisamente grande), mientras “el animalito” que sin duda entendía perfectamente de que se hablaba, ponía cara de circunstancia y hasta emitía algún que otro gemido, por si alguien (yo) tenía alguna duda de lo mal que lo pasaría si se lo sacaba de la casa.
Fue en ese momento que cometí el segundo gran error, y cedí. Esa noche “el animalito” durmió adentro…aunque en realidad debería decir, lloro adentro, pues no dejo de quejarse en toda la noche.
“Pobrecito extraña a la mamá” me decían todos.
Y debe ser que extrañaba mucho porque recién se durmió a la madrugada, unos 40 minutos antes de que me tuviera que levantar para ir a trabajar…sin casi haber pegado un ojo.
Al regresar, en vez de irme a la cama descansar, como deseaba con todo el cuerpo, tuve que acompañar a los chicos a comprar el “ajuar” de la bestia.
Que necesita un collarcito con una chapita con su nombre, mira si se escapa y se pierde.
Que necesita una cunita (¿para que si duerme con nosotros?
Un hueso de cuero para morder, un plato para la comida….comida
¿y porque no los llevaste vos?
No seas desalmado, mira como te esperan, a parte se me hace tarde para ir al gimnasio…
Y ahí sali yo con la expedición.
Por supuesto, la lista se fue agrandando a medida que recorriamos el negocio, a lo ya mencionado se agregaron dos autitos (no se para que un perro puede necesitar dos autitos), un chupete, una muñeca chiquita y ¡UNA PELOTA amarilla! de esaas que se usan para jugar tenis.
¿Cómo iba a saber yo que con esto ultimo estaba comprando un elemento de tortura?
No señor no había forma de que los supiera, me declaro inocente al respecto. De hecho recién empecé a darme cuenta de la verdaera naturaleza del artilujio un par de meses después, cuando en una calurosa tarde de verano, mientras me disponía a sentarme con mi cerveza abajo del único árbol de nuestro patio, una cosa amarilla y redonda me golpeo haciéndome derramar parte del preciado liquido.
Ni tiempo de maldecir tuve, inmediatamente atrás de la pelota paso “el animalito” loco de alegría saltando, en pos del juguete, sobre mi mano que desesperadamente trataba de retener el vaso con los restos de mi anhelada cerveza helada.
A pedido de la multitud familiar, contra mi más profundo deseo, en vez de agarrar al peludo y revolearlo del otro lado de la tapia, tueve que tomar la pelota y lanzarsela para que siguiera corriendo tras ella.
Por unos instantes me esperance pensando que ya me dejaria en paz. Cerre los ojos y me recoste sobre mi sillon, tomando impulso para levantarme e ir a la cocina por otra cerveza, o eso queria. Porque al abrirlos lo que vi no fue el camino hacia la casa si no la cara del perro, con la pelota entre los dientes, chorreando baba esperando que se la quite para volver a tirarsela.
Al parcer de la bestia, yo tiraba la pelota mejor que cualquier otra persona, por lo que deberia ser yo quien siguiera haciendolo….
Y aquí estoy ahora. No se cuanto tiempo a pasado, pero es mucho. Estamos en invierno y hace frio, por lo que nadie quiere salir al patio a jugar con el perro, que con canina insistencia insiste en dejar la pelota justo en la puerta de entrada a la casa, de manera tal que, como me acaba de pasar, uno no pueda pasar sin pisarla.
¿Sirve de algo recoradar los improperios pronunciados ante tal percanse?¿para que?. Lejos de salir a ver si me habia lastiamdo o algo asi lo unico que paso es que me pidieron que lo haga jugar un rato.
Dale que vos venis de afuera y estas acostumbrado al frio
¿Puede uno acostumbrarse al frio?
No se, pero ya llevo un cuarto de hora aca afuera tirando la maldita pelota.
Para colmo se levanto viento, la puerta se cerro con mis llaves adentro, mi señora esta al telefono (la escucho claramente), los chicos estan viendo dibujos animados con el televisor a un volumen más que moderado…
Ya estoy resignado, tengo una sola forma de poder entrar a casa, hacer que el perro se canse y empiese a ladrar para entrar, a el seguro lo van a escuchar….pero el muy desgraciado parece no querer hacerlo….ahi regresa de nuevo con la maldita pelota amarilla en la boca.