viernes, 25 de febrero de 2022

Lección de historia - estudiar para aprender

 


Resignada la niña se apoyó contra la ventana, para tener mejor luz, y abrió el libro de texto.
Estudiar, siempre estudiar, todo el mundo le decía que tenía que estudiar ¡Que fastidio!
- ¿Para qué tanto estudiar? – pensó en voz alta.
- Para que no te engañen – fue la escueta respuesta de la aya.
- Pero ¿Cómo voy a evitar que me engañen estudiando historia? –
- Pues, ven niña, mira – la voz ya no era de la aya.
- ¡Madre! – se alegró la niña, contenta de ver a su progenitora, cosa que cada vez le resultaba más difícil. Era una alta funcionaria mundial y, por lo que había escuchado, últimamente estaba muy ocupada.
- Ven niña, mira aquí –
Obediente, alegre de disfrutar la compañía de su madre, observo atenta la pantalla…pero a poco el semblante le cambió, se puso sombría y cuestionó.
- ¿Por qué me haces ver esto madre?. Es una película de guerra y a mí no me gustan las películas de guerra, muere gente, los chicos lloran y todo es desgracia, maldad –
- No es una película, es un programa de noticias – aclaró la mujer – presta atención, ¿ves ese hombre? –
Justo la imagen se centraba en la demacrada figura de alguien que parecía dirigir las tropas que estaban siendo aplastadas por sus enemigos. La niña asintió en silencio.
- Pues, ese buen hombre no estudio historia y tomo decisiones equivocadas por ello. Como un tonto creyó que en verdad lo iban a ayudar por el simple hecho de que su causa era justa –
- ¿Y no lo era? –
- Eso no nos corresponde a nosotros decidirlo, pero él debería haber sabido que no existe en toda la historia de la humanidad un solo ejemplo de alguien que haya peleado una guerra por otro y no se haya quedado con todo. Aprende esto hija, no inicies batallas confiando que otros las pelearan por ti –
Sentenció la madre, luego le dio un tierno beso en la frente, tomo su bolso y salió hacia el aeropuerto.
Ella se quedo mirándola, ¡como admiraba a esa lejana mujer!.
Un asomo húmedo quiso correr por su mejilla, corriendo desde sus ojos, pero prontamente la seco, había que aprender a no mostrar debilidad.
Volvió a ubicarse contra la venta, con el libro abierto, y siguió leyendo.
© Omar R. La Rosa
25/02/22

sábado, 29 de enero de 2022

Funciones (el juego de la Oca)

Es tarde, estoy cansado y aun tengo que seguir dando clases de apoyo; la vida del campus no me da respiro, no puedo descansar.

Si bien físicamente estoy aquí, mi mente está de viaje, la semana que viene tengo que hacer 800 km para terminar un trabajo que se ha prolongado mucho más de lo debido y no puedo dejar de pensar en ello, es otra cosa que me ha agotado.

La docencia y la ingeniería están bien, si eres joven o las ejerces en el mismo lugar, pero a mí no se me da ninguna de las dos. En circunstancias así me siento como una ficha en el
juego de la Oca. Alguna vez creo haber leído que este juego, al que he ido aprendiendo a detestar, se invento en la corte de Francia y representaba las vicisitudes de la vida del cortesano, un día aquí cerca del monarca, al otro en desgracia camino al destierro, y, con el tiempo y los cambios de la fortuna, quizás en unos meses, recibido en gloria por quienes ayer precipitaron tu desgracia.

Así en la vida, las cosas parecen pasarme de ese modo, es un continuo empezar, como el país. Un día te salen bien un par de cosas seguidas y crees que por fin la fortuna te sonríe, que tu vida se encamina y de pronto, zas, como si en el juego de la oca hubieses echado suertes, caes en una casilla que dice regresa 10 pasos atrás y vuelta a remar rio arriba, o pierdes un turno y ves como tus competidores te pasan y los que ayer iban detrás hoy van delante.

Así un día ganas una licitación como la gente y piensas que por fin lo has logrado pero…luego pasa el tiempo sin nada nuevo y tan solo te quedan las horas cátedra para pagarte el almuerzo.

La docencia está bien y ver las caras de alegría de los alumnos cuando logras que entiendan algo es una satisfacción que solo la conoce quien la vive, pero las cuentas no se pagan con sonrisas. Es una pena, siendo que son tan escasas las sonrisas uno pensaría que deberían tener más valor. Pero no, las reglas del mercado parecen no aplicarse aquí.

Mas no es eso lo que me molesta, me molesto yo y mi “¿karma?” de estar siempre empezando de nuevo.

Pero, a no quejarse, la vida es la vida y cada uno tiene la que le toca, y no vale bajarse antes, así que a seguir con las clases de matemática, a ver esta función, es una circular   y = sen x(1), así es siempre, entre uno y menos uno, das vueltas y vueltas y siempre igual, es como que a ratos te empuja hacia abajo, y, cíclicamente, se va para arriba y te deja respirar, parece mi vida…zas, me estoy poniendo temático.

Sacudo la cabeza para apartar la idea, debo haber sido algo brusco en eso pues la alumna, a la que estoy tratando de inculcarle los rudimentos del algebra, me mira con cierto asombro, pero, respetuosa (cosa rara últimamente) no dice nada.

Mejor sigo con otra función. A ver, y = eX(2).
Me vuelvo a marear, es como que las cosas se cayeran de derecha a izquierda, al principio vertiginosamente, al punto que tengo que sostenerme del escritorio para no caer…. Por suerte esto pasa y la pendiente se hace suave, cada vez más suave hacia la izquierda… ¡la función es asintótica(3)!

Giro levemente la cabeza a la derecha y sigo la línea, pero no puedo, crece de forma tal que vuelve el vértigo… el piso y las paredes cercanas se elevan exponencialmente hacia un techo que se pierde en el infinito. ¿Qué está pasando?.

Siento que me llaman, ah sí, sí, así está bien hecho, bueno, haga este otro ejerció ahora, y = x2(4).


Las paredes se curvan el techo se aleja, a derecha e izquierda es igual, estoy en la base de un valle glaciario, la forma de U es inconfundible, es tranquilo, pero no se puede salir, cualquier intento de trepar es imposible, a poco de andar la pendiente se hace insalvable ¡Estoy atrapado!.

Aparto la vista cierro los ojos, me tomo la cabeza, vuelvo a mirar, por suerte todo está normal, la alumna parece ensimismada en los ejercicios, no expresa nada. ¿Qué hacer? Miro el reloj aun falta rato.

Hago un nuevo intento, ¿a ver que sigue? Ahí está bien clarita en el cuaderno. No puede ser, el piso se ladea, de un lado sube vertiginosamente, del otro cae igual de rápido, pero no tiene continuidad, es como estar en una casa de los espejos, la misma visión se repite hasta el infinito, me da miedo moverme, ahí cerquita del cero se está bien, pero si me muevo…. ¡maldita función tangente! (y = tg x (5))…


me está volviendo loco, esto no puede pasar, ¿Cómo va a cambiar el entorno según la función que tenga ante mis ojos? ¡¿Qué es esto?!

 ¿Eh? Si estoy bien, ¿o no?, no sé, me parece que estoy muy cansado, ¿Te molesta si seguimos la próxima?. Gracias, has los ejercicios de las páginas 10 y 11 para la próxima. Nos vemos.

Por suerte se va, pobre, ella no tiene la culpa, pero no sé qué me pasa, hoy las formulas me marean.

La puerta de salida está ahí a la izquierda, son solo unos pasos para poder salir. Cierro mis cosas, y ahí la veo, la ultima ecuación y = ln (x)(6)


y = ln x, es sencilla, por la derecha crece suavecito, hay que andar un montón para subir un punto… zas otra alegoría más, giro mi cabeza a la derecha y veo lo largo, interminable, del camino, ¡que lento se hace pasar de un escalón al otro superior y sin embargo, con qué velocidad se desciende! A izquierda es un abismo en caída libre entre el 1 y lo más cerca que puedas del cero. Miro a la izquierda y el piso desaparece, me mareo, es como estar en una cornisa, me da vértigo, el abismo no tiene fin… y la puerta de salida es para ese lado…..¿será que es la única salida?

Me agarro fuertemente al escritorio para no caerme, esto hace que se desplace la carpeta de ejercicios, ¡O Dios, una función sinusoidal aparece a la vista!, empieza a crecer, eso es lo que hacen, crecen a partir de cero hasta los 90º después decrecen hasta los 270º y de ahí para arriba de nuevo. De momento no molesta.

Vuelvo a mirar a la izquierda, la pendiente sigue ahí, tan a la vista como el logaritmo que la origina, da miedo mirar, pero estoy quieto, y eso está bien. Trato de estirar la mano para guardar el papel en que está escrita la función, en la esperanza que así desaparezca la pendiente que me asusta.

No llego, a pesar de que me estiro no llego. De pronto empiezo a sentir una fuerza que me empuja…¡Es el seno que ha alcanzado los 90º y empieza a descender!

¡Me caigo, ya no tengo fuerza y el seno cada vez empuja más! Allá lejos, el final del logaritmo me llama.

¡No! No quiero ir no puedo terminar así.

Me resbalo, la pendiente es cada vez más pronunciada y el seno se acerca cada vez más a los 270º. La presión que ejerce es insoportable!!!!!

        Puje mamá, empuje….–

 La voz viene de afuera de todas partes, no tiene sentido, ¡me estoy volviendo loco! ¡Y está pendiente que me quita el piso de los pies! ¡Y esta presión que crece y me empuja asía el abismo!

¿Qué es eso allá abajo? ¿Una luz? ¡Qué fuerte! ¿Será esta la famosa luz al final del túnel de la que hablan todos los que llegaron a las puertas de la muerte?

Zas, me solté, miro hacia arriba y veo como el seno llega a los 270º y marca un gran -1 anunciando el pico máximo de presión asía abajo. Literalmente me expulsa del lugar donde estoy hacia el final del oscuro túnel en que he entrado.

Abajo la luz es enceguecedora, paso velozmente frente a la función logarítmica y no puedo evitar lanzar un profundo grito cuando caigo de lleno en lo más profundo del túnel.

Alguien me agarra al salir ¿Dios sos vos? Nadie me contesta y aunque escucho voces no puedo entender lo que dicen.

Siento que estoy todo mojado y desnudo, alguien me cubre con una manta y me transporta. Tengo frio y no dejo de gritar. Me colocan en lo que parece ser el regazo de una madre. Y de pronto me meten algo en la boca.

Umm, ¿Qué es esto? Parece un pezón….con leche…y esta calentita, que rica. Una suave nube invade mi mente, de a poco las funciones y su carga desaparecen de mi mente, un sorbo, desaparece la función seno, otro sorbo, el logaritmo no está más, mientras me sostengan así no me caeré. Es como volver a nacer, ¡otra vez el maldito juego de la oca! Debo haber caído en la casilla “regresa al comienzo”. Otro sorbo, que rico y tranquilizante es lo que sale de este gran seno.

Estaba tratando de recordar algo, era sobre un juego creo. Otro sorbo más.

 De apoco una gran calma me invade. Qué bien se está acá.

   Pobrecito, al fin se calmo, mira qué lindo es, todo dormidito en tus brazos mamá. –

Ella sonrío a la enfermera que le hablaba y cerró los ojos, el parto la había extenuado, pero la felicidad de tener a su hijo en brazos recompensaba todo.

En algún lugar del universo alguien volvió a tirar los dados, y otro jugador se movió de
casillero.

© Omar R. La Rosa

 

Las siguientes referencias son para quien desconozca (o no recuerde) y le interese. 

 

Notas:

(1)  Función seno

(2)  Función Exponencial

(3)  Función asintótica, es aquella se acerca tanto como sea posible a una recta (asíntota) sin tocarla nunca.

(4)  Función Cuadrática

(5)  Función Tangente

(6)  Función Logaritmo


viernes, 14 de enero de 2022

Atentado - no hay peor peligro que el que no se conoce.

 Haciendo uso de una dispensa especial, como él las llamaba, el capitán Fernández encendió un cigarrillo y aspiro profundamente el sedante humo. Estaba completamente prohibido fumar en cualquier dependencia de la flota, pero en este momento eso lo tenía sin cuidado.

Tenía los nervios destrozados, llevaba días sin dormir, y es que no podía entender que había pasado, ¿Cómo habría sido el ataque? Porque de eso estaba seguro, había sido un ataque terrorista, no podía ser de otra forma, y él estaba dispuesto a acabar con los hijos de perra que lo habían perpetrado a como diera lugar.

Solo necesitaba un indicio que lo pusiera sobre la pista de los asesinos de su mejor amigo…y eso esperaba ahora, que los técnicos de la junta de accidentes terminaran la decodificación de la caja negra de la nave.

-          ¿Y?¿Ya saben que pasó? –

-          Ya casi señor – dijo el hombre que corría el programa de decodificación – aquí ya hay algo, mire – y leyó – todo bien, hasta aquí, a los menos 15 minutos en que salto un fusible de iluminación, nada grave –

Sigo ojeando el informe

-          A los menos 10 minutos aparece un intento de reparación. Es algo sencillo, no debería demorar más de 3 minutos…sin embargo… -

-          Sin embargo ¿Qué? –

-          Hasta los menos 2 minutos no se observa reparación alguna…y luego nada, hasta el cortocircuito de  la barra principal de alimentación, sin duda la causa del recalentamiento del generador y su explosión –

-          ¿Está seguro? –

-          Aun es muy pronto para saberlo, pero si se sobrecarga el generador iónico este puede explotar, aunque no me explico cómo pudo haber pasado eso. Nadie en su sano juicio tocaría nada sin antes desconectarlo –

Y Gómez era un experto, seguro que había seguido los procedimientos, no en vano era el mejor en el escuadrón antiexplosivos…

-          ¿Se detecta la presencia de algún extraño abordo? –

-          No señor, el análisis de masa confirma solo dos personas a bordo, el capitán Gómez y su flamante esposa –

¡Gómez casado! ¿Quién lo hubiera dicho? Pero, ya se sabe, hombre amante del peligro, era inevitable que algún día lo intentara, y, a decir verdad, el espécimen elegido para la prueba no podía ser mejor. Difícilmente se encontrara una mujer más hermosa que su esposa en todo ese sector de la galaxia.

El odio volvió a inundar su corazón, el crimen de su amigo no podía, no debía quedar impune, ¡matarlo en su viaje de bodas!¡Que crueldad!

-          ¿Tiene algo más? –

-          No sé, veamos, acá esta el audio de la nave – dijo el técnico quitándose los cascos, reproduciendo el sonido en los altoparlantes.

Minuto menos quince:

-          Bichi, ¿Qué fue eso? – se escuchó la voz sobresaltada de la mujer.

-          No se mi amor, se apagaron las luces interiores, iré a ver qué paso – Gómez explico lo obvio.

-          Tengo miedo – el tono del susurro quito entidad a la afirmación.

-          No hay porque Claudia, debe ser algo menor, seguro algún fusible – la tranquilizo él…

Ruido de roces dan a entender que para tranquilizarla la debió sacudir por lo menos un par de veces, una técnica bastante común en caso de peligro de pánico.

-          Tengo que ir a revisar ese fusible –

-          No demores –

Minuto menos diez:

-          ¿Encontraste algo? – se escucha la voz de la mujer entrando a la sala de comandos.

-          Así parece, se ve que el fusible está arriba… - comenta Gómez haciendo alusión a la característica técnica de esos fusibles térmicos que, cuando se recalientan y actúan, quedan con el pulsador erguido, separado de la carcasa, lo que facilita su identificación, siendo necesario introducirlos nuevamente para reconectar el circuito.

-          ¿Tu fusible también salto amor? – el tono lascivo de la mujer y la posterior ausencia de palabras fueron una buena justificación para la ausencia de acciones técnicas entre los minutos menos diez y menos dos antes de la explosión.

-          Hasta aquí nada anormal – comento el técnico – solo una pareja de recién casados – justifico el hombre y, por un instante, Fernández aflojo el semblante.

-          Siga, por favor – ordenó  – necesito encontrar algo que me de un indicio de cómo se perpetro el ataque, tiene que haber algo –

Minuto menos 2:

-          Bueno, ¿me vas a dejar trabajar o seguimos a oscuras? –

-          Seguimos a oscuras… Bueno, no te pongas mal, ve y arregla ese fusible – refunfuño despechada. Para luego fingir interés.

-          ¿Para qué sirve ese fusible? –

-          Ahora no amor, no está fácil reconectarlo –

-          Claro, apretar ese fusible es lo importante… – la voz sonó despechada.

-          Pero no, amorcito, es que la posición es incomoda… –

-          Está bien no des explicaciones, no soy tonta, se cuando estoy de más… me voy a dar una vuelta por ahí así te dejo apretar tranquilo “tu fusible” –

-          Clau… – se preocupo él mientras se contorsionaba para manipular las pinzas y restituir el fusible, maldiciendo al ingeniero que lo había ubicado en esa posición tan incómoda – es un minuto, no estés dando vueltas, mejor siéntate frente a la ventana y observa las estrellas sin tocar nada – 

-          Está bien, está bien, no me estés diciendo que hacer y que no. No me gusta que me trates como una nena – la grabación de audio permitía notar el casi gemido de la voz femenina así como un ruido de pies que se arrastraban y que solo se hizo perceptible cuando la mujer calló y el silencio reino en la sala.

-          ¡Ahí esta! – se éxito Fernández


– Rebobiné – ordenó.

El técnico asintió y corrió de nuevo el audio

-          “… no me estés diciendo que hacer y que no. No me gusta que me trates como una nena” – y después el sordo roce que el sonido cuadrafónico permitía identificar como movimiento hacia el panel de control.

-          Escucha, esos pasos, hay alguien más – asevero, desconociendo el análisis de masa previo, tanto era su deseo de encontrar a los asesinos de su amigo – seguro que fue un ataque suicida. ¡ya tenemos algo! –

Presa de la adrenalina que lo inundaba el Capitán tomo su teléfono dispuesto a dar un par de órdenes, pero la mano el operador lo detuvo y juntos escucharon el final de la grabación.

-          Bichi ¿Para qué sirve esta palanca roja que esta levantada? –

© Omar La Rosa

11 Enero 2022

jueves, 23 de diciembre de 2021

Noche Buena

 

Noche Buena

 

-          Bueno – suspiró el padre mientras guardaba los artículos del culto – se ve que nadie necesita a Jesús en Navidad – se dijo triste, con pena en el corazón.

Resignado, dolido quizás, fue apagando una a una las luces de la capilla. Las había encendido con la esperanza de que alguien se acercara…pero no pasó. Lo mismo dio toda la misa, para él, para un perro que dormía bajo el primer banco y para esa anciana que llego sobre el final y se sentó en el rincón más alejado que encontró.

-          Feliz Navidad – la saludó al acercarse – vamos, voy a cerrar – se disculpó tendiendo la mano hacia ella, para indicarle la salida.

-          Solo unos minutos más padre – dijo con una voz apenas audible para agregar, más bajo aun, si fuera posible – ya llegaran –

-          Bueno, bueno, hasta que termine de cerrar las ventanas, luego tengo que irme –

-          ¿A dónde? – Él la miro extrañado - ¿Tiene a donde ir padre? –

-          Pues, si, claro – mintió - ¿Y usted? – No tenía ganas de darle charla, la pregunta le salió sola.

-          No. Cuando cierre me iré a la plaza, hasta que alguien me eche, luego veré – comentó flemáticamente – estoy acostumbrada. Los viejos somos feos y si somos pobres, más feos – sonrió, como si hubiera dicho una humorada.

Él no contesto, siguió cerrando los postigos, asegurando los candados…

-          ¿Qué cosa? – pensó o escuchó – Pensar que antes las iglesias permanecían abiertas toda la noche –

-          Es que ya nos entraron a robar dos veces y la ultima vez defecaron en el confesionario – se escuchó contestar, sin saber a quién. La vieja seguía sentada en su lugar y no se veía a nadie más.

-          Bueno abuela… – empezó a decir cuando estuvo con ella, pero no continuo, en vez de eso se sentó a su lado, saco el rosario y empezó a orar, le daría unos minutos más, la soledad podía esperar.

En eso estaba cuando un remilgo de la mujer lo volvió a la realidad, allí, en la puerta de entrada había aparecido la figura de un hombre, por la facha un pandillero, seguro.

El joven, con paso indeciso camino hacia el altar, pero al verlos se detuvo, como si no supiera que hacer.

De pronto pareció notar algo, tenía la camisa abierta dejando al descubierto sus tatuajes, más apropiados de otros ritos. Como con vergüenza se la abotono hasta el último ojal para luego acomodarse en uno de los bancos de la fila de enfrente.

El cura y la mujer le miraron y se miraron extrañados

-          Padre – musitó la mujer – es uno de los que ayer me echaron de mi banco en la plaza –

Sin decir palabra, con el mayor sigilo posible el cura se levanto y fue hacia la sacristía. No estaría de más avisar a la policía, por la dudas.

Mientras tanto el joven se revolvía incomodo en el lugar donde estaba. Se notaba que algo le molestaba y mucho.

Contrariamente a lo esperable, la mujer lo miraba tranquila. Parecía no notar el estado de ánimo del joven, solo lo observaba y nada más, pero estaba atenta, por eso advirtió rápidamente la presencia de la joven que, entrando por la puerta, había caminado hasta ella y ahora le hablaba.

-          No sé qué le pasa – dijo, como si a la vieja pudiera interesarle lo que ella dijera. – solo le dije que iba a ir al hospital para que me saquen el parasito –

La mujer le miro extrañada.

-          El feto vieja, un aborto – aclaró ella sin que le preguntara. – Ya lo habíamos hablado antes, no sé porque se pone así – se preguntó al tiempo que se acomodaba un mechón violeta que le caía sobre los ojos, dejando ver el pañuelo verde que llevaba atado en la muñeca.

-          ¿Es de él? –

-          No estoy segura – dudó la joven.

-          ¿Él lo quiere? – preguntó la anciana indicando hacia donde estaba el joven.

-          No sé – dijo encogiéndose de hombros – No tengo porque preguntarle nada, solo se lo conté y se puso así –

-          Pero ¿no tendrá algo que decir? –

-          Abuela, no se ponga pesada, ya no es como antes, ningún hombre tiene derecho a decidir sobre mí, es mi cuerpo y hago lo que quiero – zanjó.

En el banco de enfrente el hombre pareció notar la presencia de la joven, lo que lo puso más nervioso haciendo que se levante para irse.

-          Ve, te necesita – le indicó la vieja – en una esas necesita algo de contención –

-          ¿Él? Pero si es un duro – contestó ella con un tono que tanto podía ser desprecio como admiración.

-          Hasta los más duros necesitan una caricia cada tanto –

-          ¿Y porque sería algo así? –

-          Bueno, cree que la mitad de lo que llevas ahí tiene que ver con él… – sugirió indicándole el vientre.

La joven dudo.

-          ¿Quiere decir que le puede interesar tener un hijo con migo? – preguntó la joven con una nota de emoción en la voz…

-          No hay forma de saberlo, si no se lo preguntas…ve – le animo la vieja que ya no lo era tanto.

Con dudas, quizás temor, la joven camino hacia el muchacho. Él la vio venir y pareció querer huir, como si fuera un animal lastimado. Pero ella le tendió la mano.


La escena se torno grotesca, un hombre grandote, de barba renegrida, sentado en un banco que resultaba pequeño para su humanidad, miraba desde abajo a la joven, menudita, que con el simple hecho de tenderle la mano lo tenía completamente dominado.

-          Ya viene la policía – dijo el padre a espaldas de la vieja, que ya no lo era.

-          No hace falta, ya esta – dijo la radiante mujer – sé lo que sufre un hombre ante la paternidad, es algo que no conoce quien no lo vive –

El cura la miro sin saber que decir.

-          Si José no me hubiera apoyado el mundo sería mucho peor de lo que es. Ten fe Manuel, no estés triste, es Navidad – ¿Cómo sabia su nombre?

Sin decir más la mujer se arropo y salió caminando como había llegado.

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Argentina

4 Diciembre 2020

#ytusrelatos


 

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 5 de diciembre de 2021

Regreso a Fornacis - capítulos 1 a 4


En el bar

 

El ambiente en el interior de la taberna era entre festivo y serio. Según la mesa que se mirara.

Por ejemplo, al centro del salón, había una mesa de mus donde varios parroquianos pasaban el tiempo entre cruce y cruce de barajas españolas. Por su aspecto eran mineros de las lunas exteriores, gente normalmente tranquila, muy distinta a los parroquianos de la mesa del costado derecho, cerca de la salida de emergencia, unos parroquianos serios, vestidos de negro, de aspecto cadavérico…típico de la hermandad, un grupo de vagabundos interestelares poco recomendables.

Al costado izquierdo, cerca de la escalera que daba a los cuartos superiores, varias damas de distintas especies, conversaban animadamente, dispuestas a prestar auxilio a los parroquianos que pudieran requerirlo.

Mientras en la barra varios parroquianos bebían, conversando, como el grupo de marcianos en tránsito o en silencio, como él humano ese acurrucado en el extremo más alejado y menos iluminado, como si quisiera pasar desapercibido.

La música, alegre y las meseras recorriendo el establecimiento con bandejas repletas de pedidos completaban la escena mientras un octópodo pelado y viejo, con un deslucido delantal, servía tragos a ocho manos.

O sea, una noche normal en cualquier cantina de la frontera del sistema…hasta que, de pronto, casi sin hacer ruido, como en una exhalación, se abrió la puerta bar que separaba el cálido interior de la fría bahía de desembarco y entró por ella una pequeña figura.

Mediría más o menos un metro y sesenta, de aspecto indefenso y débil, aun bajo el capote con capucha que la cubría de pies a cabeza.

Contrariamente a lo esperable, entró sin titubear, tan sólo demoró unos segundos hasta que sus ojos se acostumbraron a la iluminación interior y captaron su objetivo.

Su actitud no pasó desapercibida, mágicamente las barajas (y el dinero) desaparecieron de la mesa de mus, en prevención de posibles pérdidas.

Las alegres damas guardaron lapidario silencio, e incluso hubo quien quiso deslizarse fuera del salón, pero no lo hizo, retenida por una compañera y la cara de terror de todas temiendo lo que podía pasar si la figura recién llegada notaba la huída.

Los compañeros de la hermandad se pusieron más serios, si es que eso fuera posible. E incluso los marcianos guardaron silencio y se hicieron a un lado, aunque no supieran de qué iba todo eso.

El octópodo, prudentemente, se escondió tras un mamparo blindado.

Sin pronunciar palabra, sin mirar para ningún lado que no fuera el oscuro final de la barra caminó, pausada y segura, hacia donde el humano permanecía impávido con su trago a medio beber.

Cuando estuvo frente a él dejo caer la capucha, para que no tuviera ningún problema en saber quien lo encaraba, por si eso hiciera falta.

Todos pudieron observar así el blanco transparente de su piel resaltando contra el marco renegrido de su cabello suelto y los pendientes rojo sangre que daban una nota de tétrico color al cuadro que presentaba.

Todos vieron esto, pero solo él pudo ver lo más importante, sus ojos.

El silencio reinante se hizo más espeso entre ellos y no se rompió hasta que ella musitó, interrogativamente, una sola letra:

-          ¿Y? –

El hombre respiró hondo y apuró el final del trago. Luego sin decir palabra, la siguió y ambos salieron del bar.

Cuando la pareja se hubo ido volvió la música y cada uno retomó su actividad. Los compañeros de la hermandad recuperaron su adusto semblante, relajando los dedos de los disparadores de sus armas. Los mineros volvieron a la suspendida partida y las damas retornaron a su dialéctica espera de parroquianos que las requirieran.

Solos los marcianos siguieron en estado de “extrañeza” sin atreverse a indagar sobre  lo que acababan de vivir.

El octópodo, compadecido, les aclaró indicando hacia la mujer que se había retirado en compañía del humano.

-          Albóndiga Triste – como si eso solo fuera suficiente para explicar todo.

Y debía serlo, por lo menos para todos los parroquianos, pero no para los marcianos que siguieron tan en ascuas como antes.


Cena en La Boloñesa

 

Ya en el exterior del bar los dos siguieron caminando en silencio hasta el extremo de la plataforma, ingresando en la “Boloñesa”, una nave más bien pequeña, aunque lo suficientemente grande para poder transportarse por el hiperespacio con bodegas llenas y tripulación completa.

Sin embargo esta vez el viaje tenía solo dos tripulantes y las bodegas estaban vacías.

Albóndiga se sentó en el puesto de mando y el humano lo hizo a su derecha, como copiloto, formando la dotación mínima para llevar una nave del tipo “Tomate”, como la Boloñesa, hasta la constelación Fornax, a unos 45,6 años luz del sistema solar. Un par de días de viaje, dependiendo del tráfico.

Alba, como gustaba la llamen, era una piloto experta, navegante solitaria por elección, solo aceptaba alguna compañía en casos muy especiales, como el presente.

Con dedos ágiles y velocidad casi lumínica, digitó las coordenadas del viaje en la pantalla holográfica que se desplegó ante ella, ni bien abandonada la posta estelar donde se habían encontrado.

El humano, por el rabillo del ojo, pudo adivinar el destino. La estrella Fornacis (1)  , aunque sospechó, con justa razón, que no era ese el verdadero destino.

Terminada la programación de la computadora de vuelo Alba se reclinó contra el respaldo de la butaca y cerró los ojos unos segundos a modo de pausa,  ya no quedaba más que esperar a llegar, pues “Boloñesa” se encargaría de todo.

Cuando los volvió a abrir pareció tomar conciencia del humano que, sentado a su lado la miraba fijamente.

Esto la molestó, no estaba acostumbrada a ser observada. Maquinalmente se ajustó el inexistente escote del traje de vuelo que llevaba bajo la capa.

-          ¿A qué nombre respondes terrícola? – preguntó fríamente disimulando la momentánea turbación.

-          Al que tú quieras – respondió él con indisimulado desdén.

Ella lo miró detenidamente, estudiándolo en más detalle, preguntándose que tanto se habría equivocado al traerlo a bordo. Meditó unos instantes en esto y luego apartó la idea, tendría que servir, no había opción, fue el único que aceptó su propuesta, ningún otro se animó a seguirla, los muy cobardes, eran unos tontos.

-          ¿Sabes cocinar en una “Tomate”? –

-          Supongo que no será muy distinta a cualquier nave construida en Titán –

-          Humm, más o menos, pero eso no importa, las instalaciones de alimentación están en el sector B. Prepárame algo de comer mientras termino aquí – dijo imperativa y displicentemente mientras volvía la vista al navegador. Faltaba un tiempo para llegar al punto del primer salto al hiperespacio y, estando ya la nave en manos de la computadora, podía tomarse un necesario descanso.

Terminadas las comprobaciones se dirigió al comedor, donde el terrícola, ya sentado a la mesa, degustaba un plato de lentejas, o algo parecido.

-          ¿Qué haces ahí? ¿Quién te autorizó cenar? Y ¿Dónde está mi comida? – preguntó presa de una repentina indignación, mientras llevaba maquinalmente la mano derecha al arma que llevaba en el cinto.

Sin inmutarse siquiera, él la miró de arriba abajo y se sirvió otro bocado.

Ella casi estalló de ira, desenfundando y apuntando al impertinente humano.

-          Dame mi comida ya o te haces humo ahí donde estas – amenazó.

Para mayor desesperación de Albóndiga, el terrícola tomo una servilleta, se limpió la comisura del labio y recién después contestó.

-          Tu comida está en el horno, a temperatura. Y guarda ese chiche antes que te lastimes –

-          Demuestra más respeto o te mueres… –

-          Sí, sí ya lo dijiste, pero no harás tal cosa, por lo menos no ahora, así que mejor enfunda y tengamos la cena en paz –

Con el arma en la mano dio varios pasos alrededor de la mesa, le apuntó a la cabeza, se mordió el labio y la bajó. El maldito tenía razón, no podía matarlo, por lo menos no ahora. ¿Dónde conseguiría un reemplazo?.

            Casi terminada la cena, ya algo menos tenso, él la volvió a mirar fijamente con esos ojos negros como la noche del límite, que recién ahora ella notaba.

-          ¿Qué miras? –

-          A ti –

-          Deja de hacerlo, no soy un fenómeno –

-          O sí, sí que lo eres, tu fama te precede, todo el universo conocido sabe de ti –

-          ¿Y no me temes? –

-          De momento no. Cuando hayamos terminado veré, aunque no soy hombre de temer –

-          Estoy viendo eso. Sin embargo escapabas de algo. A algo le temes, ¿A qué? –

“Buen punto”, parecía ser tan zagas como se decía, pensó él mientras metía la mano en el bolsillo interior de su chaqueta, provocando el instantáneo movimiento de la mano derecha de ella a su arma.

Una sonrisa se dibujó en la cara del hombre, la mujer le estaba empezando a caer bien. Con movimientos suaves, para no asustarla, sacó un paquete del cual extrajo un cilindro blanco que puso en sus labios. Ella lo observaba más relajada, incluso divertida, mientras disimuladamente daba una orden a la computadora de la nave.

Sus ojos se cruzaron en un choque de miradas.

Sin desviar la vista, el hombre encendió una pequeña llama, la llevó al cilindro que tenía en la boca, aspiró una profunda bocanada…ella sólo lo miraba, con una media sonrisa dibujada en su rostro.

Más relajado el humano se apoyó contra el respaldo de la silla y exhaló una preciosa voluta de humo…justo antes de que un fuerte chorro de agua le pegara en la cara, apagando el cigarrillo.

La risa de Alba le golpeo con más fuerza que la respuesta del sistema anti incendios de la nave.

-          Mi nave, mis reglas. – dijo ella sonoramente – Aquí no se fuma. Descanse un rato, aun tenemos un par de horas hasta el salto –

Levantándose de la silla se encaminó hasta una litera disimulada tras un mamparo.

-          Pero antes limpie todo ese enchastre – ordenó indicando el agua esparcida por el suelo con restos de comida.

-          Y, por las dudas,… tengo el sueño muy liviano – aclaró acariciando su pistola desintegradora, mientras se acomodaba para descansar.

 

 

Notas:             (1) Estrella de mayor magnitud aparente de la constelación Fornax

 

Desayuno

 

Cuando despertó, bastante después de lo pensado, se encontró arropada con una manta.

Sobresaltada se sentó bruscamente, buscando desesperada el arma, que ya no estaba en sus manos, ni en ningún lugar a su alcance.

            El silencio reinante y la penumbra del ambiente aumentaron su sentimiento de alarma. ¿Qué habría pasado?

            Con cautela se asomó tras el mamparo, asustada y casi muere con la imagen que vio.

-          ¡¿Qué hace ahí?! –

-          La esperaba, el café se le está enfriando – contesto él hombre tendiéndole una tasa de humeante bebida.

-          ¿Cómo? – interrogó ella perpleja.

-          Que ya es hora de desayunar – sonrió él.

-          ¿Desayunar?¿Qué hora es?¿Cuanto dormí? – de apoco iba retomando su conciencia.

-          Bueno, no me fijé, pero yo calculó que unas 10 hs por lo menos. Se ve que estaba muy cansada –

-          No, no puede ser –

Como toda respuesta él se encogió de hombros al tiempo que sorbía, a través de un pequeño sorbete, el contenido de una pequeña vasija.

-          El saltó – se sobresaltó ella de pronto, al recordar el viaje que estaba comandando.

-          Hace bastante que ya lo hicimos, en cualquier momento saldremos del hiperespacio –

-          ¿Cómo que ya lo hicimos?¿Quién lo hizo? – preguntó tontamente, advirtiendo que, estando ella dormida, solo él podría haberlo hecho.

-          ¿Usted? –

No dijo nada, tan solo la miró mientras echaba un chorro de agua caliente en la vasija, para luego sorberla a través del sorbete, como había hecho antes.

-          Todas las “Tomate” son similares –

Sin saber que hacer ella se sentó a la mesa, con el café que él le acababa de convidar.

-          ¿Quiere? – invitó el hombre ofreciéndole un bollo dulce – los acabo de hornear –

Ella seguía sin saber qué hacer, tan aturdida estaba. Ese hombre la podría haber matado y ella ni se habría enterado. Era algo gravísimo…seguía asustada.

-          Gracias – balbuceó aceptando. Necesitaba tiempo para pensar - ¿Qué toma? –

-          Mate - fue la escueta respuesta – No es algo que pueda hacer muy a menudo y lo extrañaba. – aclaró mientras terminaba de sorber el liquido.

-          ¿Mate? ¿Qué es eso? – preguntó algo más tranquila, con cierta curiosidad.

-          Una bebida típica del Rio de la Plata, allá en la tierra – e hizo un vago gesto que pretendía indicar hacia el lugar donde su planeta debería estar.

-          No sé porque pero en esta nave lleva usted abundante cantidad de yerba mate y pensé que no se molestaría si tomaba un poco –

Así que eso era lo que contenían esos paquetes. En el apuro no había indagado mucho.

-          No, no, por favor, de hecho no sabía para que podría servir y estuve a punto de tirarla –

-          ¿Tirarla? Hubiese sido un pecado, es de muy buena calidad. Sabe, en todas las naves hay con que preparar café, pero sobran los dedos de la mano para contar en las que pueda encontrar yerba mate. ¿Por qué la tiene usted? –

-          Ni idea, supongo que al anterior piloto le gustaría esa “yerba” – comentó ella restando importancia al hecho, mientras terminaba su café.

“El anterior piloto”, la afirmación quedo grabada en su memoria, “¿Quien podría ser? Seguramente un paisano, no eran muchos los tomadores de mate. Sería mejor redoblar las precauciones” pensó, sin decir nada.

Ya completamente despierta y alerta se encaminó a la cabina de mando. Efectivamente estaban por abandonar el hiperespacio y había mucho que hacer.

Él la siguió luego de recoger y acomodar todo.

-          Permiso – pidió sentándose en la butaca de la derecha.

-          ¿Dónde aprendió a pilotear? – cuestionó ella luego de varios minutos, después de haber ajustado varios parámetros.

-          Por ahí – fue la evasiva respuesta.

-          Veo que es usted bastante misterioso – comentó en un tono que era un intento de distender la situación.

-          No más que otros –

Ella lo miró fijamente, bastante molesta por la insinuación. La situación volvió a ponerse tensa.

-          ¿Quién o qué es Giagiá? – preguntó él de pronto – ¿Le conté que habla dormida? –

Esto era demasiado.

-          ¿Qué le importa …? – empezó a protestar, pero no pudo terminar de quejarse.

De pronto, antes de tiempo, la “Boloñesa” salió del hiperespacio apareciendo en trayectoria de colisión con una estrella.

-          ¡Diablos, que pasa aquí! – se cuestionó ella mientras revisaba frenéticamente los datos de navegación – No me vaya a enterar que ha hecho mal los cálculos – amenazó seriamente al hombre.

-          Jamás me equivoco. ¡Tengo más saltos que años usted! – fue la respuesta del humano, mientras trabajaba afanosamente para detener la loca carrera de “la Boloñesa”.

Cuando al final lograron frenar y estabilizar la nave comenzaron a trabajar en la determinación de la posición y lo más importante, la causa de la brusca interrupción del vuelo hiperespacial.

 

Al cabo de un tiempo que pareció interminable Alba confirmó los cálculos del hombre.

-          No, no, todo está bien. No hay fallos en la programación – y, preocupada agregó – no entiendo porque la Boloñesa nos sacó aquí -

-          ¿De quién era esta nave? – consultó el hombre, que tras ella inspeccionaba el interior de un tablero que acababa de desmontar.

-          La nave es mía, hace años que la tengo –

-          Sin embargo no sabías que era la yerba mate que había en la cocina – Ella enrojeció levemente. – y mencionaste algo respecto a otro piloto. ¿Quién más ha comandado esta nave? –

-          Pues – pensó – unas diez personas por lo menos –

-          ¿Cómo? –

-          Bueno, es muy caro tener una nave parada. Cuando no la uso la alquilo…- empezó a disculparse.

-          ¿Y a quién se la alquilaste por última vez? –

-          A un simpático viejito que la necesitaba para hacer una mudanza o algo así – recordó vagamente – creo que tenía una nieta que se iba a trabajar a Neptuno, me dijo –

-          ¿Tienes los papeles del alquiler? –

-          Supongo que estarán por aquí – dijo mientras revolvía las carpetas del ordenador. – Aquí, aquí esta – afirmó al encontrar el archivo – El inquilino fue un tal “Catinga(2)” –

-          ¿El Catinga? – rumió el nombre. – ¿Una persona con un aroma algo extraño? –

-          Sí eso. Un hombre muy amable. Pagó en efectivo, por adelantado – explicó sin que hiciera falta.

-          El Catinga… – repitió como queriendo convencerse de a quién se refería – Alba, me temo que te cruzaste con el ¡El Paraguayo! –

-          ¿Y? –

-          ¿Esta nave esta artillada? –

-          Pues, no mucho, pero si –

-          Vamos entonces, creo que pronto tendremos visitas – y sin decir más terminó de remover un equipo que retiró de la zona del panel removido y lo estrelló contra el piso de la nave, destruyéndolo.

-          Nos han interceptado –

  

Nota: (2) “Catinga”: Olor raro. Lunfardo de la provincia de Misiones, Argentina.


 Encuentro con el Catinga

       



 
Alba no salía de su asombro, ¿Quién era este hombre? ¿Qué argumentos tenía para decir lo que decía?...pronto supo, al menos, que tenía razón en eso de esperar visitas.

-          Entrégueme la nave – una voz, algo chillona y de marcado acento, le ordenó desde la pantalla del sistema de comunicaciones.

El rostro era inconfundible, quien le exigía era el “amable viejecito” al que le alquilara la Boloñesa, tiempo atrás.

-          ¿Por qué he de hacer eso? – preguntó desafiante mientras febrilmente activaba todas las defensas de que disponía.

-          Aun necesito la nave – fue toda la explicación.

-          El plazo del contrato esta vencido y la nave es mía –

-          Vamos señorita, no quiero tener que dañarla –

-          Ni lo intente – desafió ella, activando la secuencia de escape, en vano.

-          Por favor, no pensara que la traje hasta aquí para dejarla escapar con algo tan tonto como una secuencia de escape. Me decepciona usted Albóndiga Triste – las últimas palabras las pronunció con una terrorífica amabilidad que habría helado la sangre de cualquiera que no fuera ella.

-          No vuelva a llamarme así o no hará falta que me busque, yo lo encontraré – respondió ella con un odio que sorprendió al humano que la acompañaba, algo alejado, fuera del foco de la cámara del comunicador.

La frágil mujer se iba transformando en la fiera amazona cuya fama crecía en los límites del sistema solar y sistemas cercanos.

-          Estoy enviando un grupo de mis hombres a hacerse cargo de la nave. No oponga resistencia y nadie saldrá lastimado –

-          Haga regresar a sus hombres y nadie saldrá lastimado – alcanzó a replicar ella antes que la comunicación se interrumpiera.

Si la escucharon no la tomaron en serio, a los pocos minutos la nave de abordaje apareció en el campo visual de los sensores de cercanía.

-          Maldita sea, no  puede ser – maldijo enojada, al tiempo que apuntaba el máser algo delante de la proa de la nave que se le acercaba.

-          ¡Deténganse! – ordenó jalando del disparador, produciendo un hermoso estallido de energía apenas delante del navío que no dejaba de avanzar.

Lejos de detenerse, la nave continuó su avance. Era un navío menor y, por su puesto, su armamento no era útil a tales distancias. Otra cosa sería cuando estuvieran a distancia de abordaje

Alba volvió a apuntar, esta vez al bulto, aunque reduciendo la potencia, aun no quería destruirlos. El disparo dio de lleno en el pirata, haciendo saltar luces de mil colores al estrellarse contra el escudo de fuerza.

Fue entonces que el sistema de comunicaciones volvió a emitir sonidos. Una aguardentosa voz de barítono entonaba:

 

“Con diez cañones por banda,

viento en popa, á toda vela,

no corta el mar, sino vuela,

mi velero bergantín:

Bajel pirata que llaman,

 por su bravura, el Temido,

en todo mar conocido,

del uno al otro confín …”

-          ¿Qué diablos es eso? –

-          Espronceda – respondió él hombre tras ella – la canción del pirata de José Espronceda – aclaró repitiendo ante la cara de extrañeza de Alba. – Es que en el fondo el Catinga es un romántico. Muy en el fondo – y tuvo que agarrarse fuerte para no caer ante el brusco sacudón de la Boloñesa al acusar recibo de un impacto en su escudo protector.

-          ¿De donde salió eso? –

-          ¿En serio lo preguntas? Me extraña que sigas viva – obviamente ella nunca se había enfrentado a los piratas de la periferia.

-          No creas, no es tan fácil deshacerse de mí – Dijo ella mientras, con un certero disparo, perforaba el escudo de la nave que tenía frente a si, haciendo que se detenga en seco.

Otro fuerte impacto a babor le recordó que no podía cantar victoria.

-          ¿Qué te parece darme una mano? – ordenó mientras se acomodaba frente a los comandos de la nave – Toma el máser y pégale a todo lo que se mueva…Sabes disparar, supongo -

Sí, sí que sabía. Y los piratas lo advirtieron pronto, cesando el ataque.

-          Ya volverán – dijo él lacónicamente.

-          ¿Cómo sabes? ¿Le conoces acaso? –

-          Nos cruzamos un par de veces – contestó él, restándole importancia al hecho.

-          Creo que tendrás que explicarme algunas cosas que debí preguntar antes de contratarte – dijo ella, como hablando con si misma, mientras traspasaba energía de los generadores auxiliares a los escudos de popa.

-          Yo no haría eso –

-          ¿Qué? –

-          Usar la energía auxiliar para reforzar los escudos –

-          A ¿No? Y que sugieres, ¿Qué quedemos indefensos ante esos desgraciados? –

-          Alba – la miró paternalmente - Si el Paraguayo quisiera destruirnos ya lo habría echo. No, él no quiere destruir la Boloñesa, él quiere capturarla. Me pregunto ¿Por qué? ¿Que hay aquí que le interese tanto? -

En ese momento esa era una pregunta retórica, el ataque se había reiniciado y ahora eran cuatro las naves que les atacaban.

-          Ven – ordenó ella – mantén el curso firme, ya vuelvo. Tengo que hacer una “entrega”–

-          Lindo momento para ir al baño –

Como toda respuesta ella le dedicó una mirada de asco, mientras salía de la cabina.

-          Mantén el curso – repitió él enojado, mientras corregía una desviación generada por un estallido a estribor.

De pronto un rayo de luz penetró por una de las ventanas de observación y un eco desapareció de la pantalla del radar de tiro.

Sorprendido miró para el lugar donde había estado la desaparecida nave y creyó ver un destello cruzando el espacio de izquierda a derecha, segundos después otro eco desapareció del radar.

Al cabo de un par de minutos el ataque había cesado y Alba apareció, proveniente de la zona de bahías, aun con el casco en la mano y una sonrisa de oreja a oreja.

Respetuosamente él se levanto y cedió el puesto de pilotaje. Ella, soltándose el cabello y sacudiendo la cabeza, se ubicó al comando diciendo.

-          Acaba de recibir mi tarjeta de presentación “señor Catinga”. Ahora ya sabe quien soy – y, activando un nuevo programa de escape se alejaron de allí.

Al pirata le llevaría un buen tiempo alcanzarla, suponiendo que quisiera hacerlo y lo lograra.


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