sábado, 20 de junio de 2020

El duende - que no son los años...

                Los duendes, gnomos, o como quiera que se los llame han sabido, sin que nosotros sepamos cómo, ganarse un lugar destacado en la literatura universal. Prácticamente no hay cultura que no los nombre.

                A juzgar por la infinidad de descripciones y experiencias existentes, serian seres muy reales, indefectiblemente bajitos, de caracteres más o menos hoscos, muy escurridizos y tremendamente propensos a gastar bromas, más bien pesadas, a quienes se crucen en su camino.

                Sin embargo no hay ninguna prueba científica que respalde su existencia. Antes bien, la comunidad letrada parece tener una opinión bastante uniforme (cosa rara en si misma) sobre que tales cosas no existen y que todas las fechorías  y andanzas que se les atribuyen tienen explicaciones lógicas completamente carentes de magia.

                Se sostiene que su aparición en el acerbo cultural de la humanidad se produjo en una época muy remota y mucho más primitiva que la actual (cosa que está en duda, esa del primitivismo) donde el hombre, en su ignorancia, atribuía a seres mágicos todas aquellas cosas que lo afectaban y que no comprendía. Bajo este punto de vista es muy lógico que algún hombre prehistórico o no tanto, que caminara por un bosque, selva, cañadón, montaña, etc., que sintiera ruidos de origen desconocido pensara en seres fantásticos como causantes de los mismos, o que creyera verlos en lo que simplemente era el natural juego de luces y sombras de cualquiera de esos lugares o que supusiera que perdidas o accidentes cuya explicación no acertaba a obtener, se debiera al accionar de estas extrañas criaturas.

                Desde este mismo punto de vista es perfectamente explicable que estos mismos seres no hayan vuelto a aparecer en los tiempos actuales ya que hoy prácticamente no quedan selvas, es muy difícil que alguien se pierda en un bosque y los ruidos de las ciudades, si bien no menos inquietantes tienen explicaciones por todo conocidas y, si se los menciona en algún lugar, es tan solo como referencia a los tiempos pasados, por lo tanto es perfectamente lógico afirmar que LOS DUENDES NO EXISTEN.

                O por lo menos eso pensaba yo, que ya soy un hombre grande, que ha vivido varios años, ha cursado una carrera universitaria y ha formado una familia.

                Permítanme explicarme con más detalle. Todo empezó a pasar de apoco, muy suavemente, de modo que tarde mucho en darme cuenta de lo que estaba sucediendo, hasta que, de pronto, y sin saber cómo, empecé a advertir cosas raras que pasaban en mi propia casa…

                Lo primero que me llamo la atención fue la sistemática desaparición de objetos más bien pequeños, de mi mesa de trabajo, así pasaba que, por ejemplo, si una noche antes de irme a dormir separaba los componentes necesarios para algún prototipo que pensaba armar al día siguiente, sucedía que, al levantarme y regresar al trabajo, mate en mano, la bandeja o no estaba donde yo creía haberla dejado, o faltaban componentes, o estaban esparcidos por todo el taller, como si alguien se hubiese tomado el trabajo de seleccionarlos, sacándolos de sus gavetas, para después olvidarlos y dejarlos en cualquier lado en vez de ponerlos en la bandeja correspondiente, o al revés, como que los hubiesen sacado de la bandeja sin llegar a devolverlos a las gavetas…

                También me pasaba guardar algún documento en el que hubiera estado trabajando en algún directorio específico de mi computadora para después, al ir a buscarlo, encontrar dicho directorio vacio…y así infinidad de pequeñas cosas, más bien inofensivas, aunque muy molestas. Estas cosas normalmente no le quitarían el sueño a nadie, pero, como ya he dicho, soy ingeniero, y como tal mi mente es incapaz de descansar ante un misterio. Si no sabe qué pasa, si no le es posible elaborar una teoría que explique lo que sucede, se pone a trabajar, aun contra mi voluntad y no encuentra sosiego hasta dar con la respuesta buscada.

                Así fue como, aun contra lo que mi ego sugería, comencé a manejar la idea de que estaba sufriendo los embates de la edad. Por lo tanto comencé a realizar todos los chequeos que los distintos médicos me fueron sugiriendo. Me sacaron sangre, me hicieron radiografías, escanearon todo mi cuerpo, me auscultaron y me volvieron a sacar sangre….mientras todo seguía igual, nada cambiaba, es más, ahora a parte de las cosas comunes, empezaron a faltar, esconderse o extraviarse los informes médicos, historias clínicas, radiografías, etc., que resultaban muy difíciles y trabajosas de restituir, todo para escuchar siempre más o menos lo mismo, “está bien, tan solo tiene el desgaste propio de la edad”…lo cual era “tranquilizador” pero no resolvía el misterio.

                En fin, como dicen, el hombre es un animal de costumbre y, así como una vez me tuve que acostumbrar a usar anteojos para leer (cuando se me acabo el largo de los brazos y tuve que aceptar que la presbicia me había ganado), me tuve que acostumbrar a ser más cuidadoso con mis cosas y a aceptar, sin enojarme mucho, que cada tanto algo desapareciera y vuelva a aparecer, generalmente cuando ya no servía para nada, en lugares que debería haber revisado pero que no podía asegurar haber hecho, y así todo bien.

                Todo bien…hasta los otros días en que, al abrir cuidadosamente un cajón en busca de no sé qué cosa, y caérseme encima una caja con diagramas…entre los cuales estaban ¡los estudios médicos que había perdido unos meses atrás!…escuche lo que, sin lugar a dudas, era una risa.

                Bueno mañana me toca hacerme una audiometría, pero no albergo muchas esperanzas, cada vez pienso más que el Juancito tiene razón cuando con su media lengua me dice: ito lelo (hombrecito abuelo) con una sonrisa divertida señalando hacia lugares donde mis ojos no son capaces de ver nada.

                En algún lado leí que los niños pueden ver cosas que los adultos no vemos y que los adultos, cuanto más envejecemos, mas nos parecemos a los niños. Así que, por las dudas, he colocado cámaras de vigilancia en mi taller y cada tanto, en la oscuridad de  la noche, y con el mayor de los sigilos abro la puerta y hecho una mirada.

                Pues cada vez estoy más seguro de que en mi taller HAY UN DUENDE y que algún día, como Juancito, lo voy a poder ver.

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Argentina


 


jueves, 11 de junio de 2020

Tiempo de Presupuesto (Entropia y flecha del tiempo)

Amelia estaba embelesada, jamás había soñado con presenciar una de las disertaciones de Albert Einstein, pero Salvador le había permitido viajar a la época en la que el gran físico visito España y ella se había ingeniado para obtener la invitación a la presente charla.

El hombre era un personaje, de eso no cabía duda. En estos momentos, tras un pequeño atril, con un pizarrón lleno de formulas a sus espaldas concluía su disertación:

- …como vemos, el tiempo se puede interpretar como una manifestación de las leyes de la termodinámica…- y, mirando fijamente al publico - por lo tanto se lo puede entender como una magnitud de un solo sentido. Dicho de otra manera, pretender viajar al pasado seria violar este principio de la física. Y, como todos saben, los principios de la física, a diferencia de los de los hombres, no se pueden violar. Las leyes físicas se cumplen si o si, no importa el abogado que las interprete – termino con una chanza hacia los especialistas en leyes, que todos los presentes festejaron

- Profesor – Se animo ella a levantar la mano

- Si – contesto él, extrañado de que fuera una mujer quien le interrogara

- Y si se encontrara algún caso donde la ley no se cumpliera – preguntó Amelia con toda malicia, simulando inocencia.

- Pues, señorita, en ese caso posiblemente usted se haría acreedora a un premio Nobel y todos los demás deberíamos ponernos a estudiar para escribir otra ley – sonrió el físico, con algo de sorna.

- Ha sido una pregunta muy inteligente señorita… - el joven quedo esperando que ella le dijera su nombre.

- Amelia Folch, ¿con quién tengo el gusto? –

- O, disculpe – se excusó él por no haberse presentado – Ignacio Ramón Yerbe de la Fuente Jiménez Salgado –

Ella se quedo mirándolo asombrada de tanta prosapia

-          Pero puede llamarme Ignacio Salgado no más – sonrió él respondiendo a su turbación.


-         
Pocos hombres pueden entender y explicar el concepto de “flecha del tiempo” como este señor ¡Qué grandes son alemanes!, siempre tan racionales, nada que ver con los nuestros.- afirmo enfáticamente, para luego continuar, como si fuera él quien estuviera en el estrado:

-          Ciencia, esa es la base del progreso, no las fantasías esas como el Anacronópete del chiflado Gaspar…¿Gaspar Rimbau? ¡Vaya loco!. Pretender hacerle creer a la gente que es posible viajar en el tiempo – concluyó muy ufano y pagado de si mismo.

Amelia se limito a sonreír, mientras le daba la espalda para aplaudir entusiasmada a Albert Einstein.

  

En la oficina Salvador no podía creer lo que escuchaba

-          Como usted ve, aquí está bien claro, los viajes en el tiempo son imposibles – indicó el agente de hacienda señalando en la tablet un párrafo de las leyes de la termodinámica donde el concepto se mostraba claramente.

-          Pero, pero, nosotros lo hacemos – balbuceo el secretario del ministerio.

-          Entonces me podrá mostrar los fundamentos físicos del viaje en el tiempo. No es tan difícil, ¿los tiene o no los tiene? –

-          Pues…- dudo Salvador


-         
Bueno, ¿ve?. Mire, si usted logra mostrarme los fundamentos científicos del viaje en el tiempo yo mismo lo propondré para el novel de física…mientras tanto me temo que he de recomendar se cancele la financiación para este ministerio –

-          Usted no puede hacer eso –

-          O si, si que puedo. Con el debacle económico en que nos encontramos después de la pandemia ¿usted se cree que recomendare desviar recursos tan necesarios en salud, estimulo, educación…- movió la mano indicando que se refería a infinidad de otras cosas – para asignarlos a un ministerio de “ciencia ficción” –

-          Pero, si usted mismo ha visto que es posible – Salvador no salía del asombro que le causaba este hombre con sus argumentos.


-         
Si, y los milagros existen, ¡por favor!. Estamos en una época ilustrada, la ciencia ha dejado de lado todas esas supercherías. Si no hay pruebas científicamente fundamentadas no hay presupuesto. ¡Buenos Días! – se levanto y se fue, destemplado como había llegado.

Ni bien se quedo solo Salvador hizo pasar a Angustias, que, como correspondía había estado escuchando tras la puerta.

-          ¿Se da cuenta Angustias? – preguntó retóricamente Salvador – Hemos pasado por no sé cuantos reyes y ninguno nos cuestiono que existiéramos. A nadie se le ocurrió siquiera hacernos comparecer ante la Inquisición y mire que habrían tenido tela para cortar con eso…pero no, todos entendieron la importancia de este ministerio, y ahora viene el mocito este, con sus ínfulas cientificistas a cuestionarnos…-

-          Bueno jefe, no se altere, le hace mal –

-          ¡Pero como no me voy a alterar! – y respirando profundamente, recostándose contra el respaldo de su sillón…

-          Si, tiene razón, por favor tráigame un tilo ¿quiere? – cedió.

Cuando Angustias salió, tomo el teléfono y llamó.

-          Hola ¿Amelia? –

-          … -

-          ¿Cómo está usted? ¿sus cosas? –

-          … -

-          Me alegra, Bueno disculpe que la moleste, no quiero interrumpir su retiro. La llamo porque necesitamos urgentemente su ayuda –

-          ….. –

-          ¿Se acuerda de la conferencia esa que dio Einstein a la que usted asistió? Esa donde decía que los viajes en el tiempo no eran posibles –

-          …. –

-          Si, si esa. ¿Y del muchacho ese “tan amable” que me comento conoció allí? –

-          …. –

-          Bueno, el pesado ese. Resulta que hoy nos ha visitado un bisnieto del susodicho y es de vital importancia para la vida de este ministerio que el señor Jiménez Salgado no escuche esa conferencia –

-          …. –

-          Claro, no me cabe duda que Alonso o Pacino podrían cumplir muy bien la misión, pero me temo que la solución que le darían podría ser bastante más traumática que la que espero usted pueda darle. –

-          ….. –

-          Si, le agradezco, confío en que sus métodos serán igual de efectivos y mucho más diplomáticos -

 

Nota del escribiente:

¿Lo lograra?...tendremos que esperar a ver si hay quinta temporada.


martes, 2 de junio de 2020

¿Fluido Garcia?

“¿Fluido Garcia?”

Como todas las tardes, al pasar por el despacho del escribiente, de regreso de los corrales hecho una ojeada para ver como andaba, pero esta vez no vio a nadie.

-          ¿Qué raro? El escribiente no es de salir mucho – se dijo mientras seguía los pasos de cancerbero, que apuraba el paso de regreso a las casas.

Sin embargo, y a pesar del apuro que llevaba el perro, fue él can quien se detuvo al pasar frente al galpón del taller.

-          ¿Qué pasa guardián? – interrogo el arriero al ver al canino tan atento mirando el interior.

-          ¡Que ahí esta! – pareció decir, pero no lo dijo por que la fantasía de este relato no da para tanto.

Efectivamente ahí, entre los arneses, las poleas y la maquinaria, estaba el escribiente. Con cautela, entro, sin hacer ruido para no molestar y se quedo mirando.

En la mesa una parva de libros y planos desplegados, herramientas de mano, eléctricas y electrónicas distribuidas en aparente desorden cubrían una considerable superficie y, en una claro, una cosa rara bajo la cual asomaban un par de pies.

-          Bueno, ya esta – dijo el escribiente saliendo de debajo de la maquina

-          Ahora a cargar las baterías y ya – concluyó enchufando el cargador al artefacto.

-          Buenas, ¿Qué hace? – habló entonces el arriero

-          Ah, buenas, ¿Cómo esta? –

-          Bien, bien ¿y usted? – preguntó sinceramente preocupado, aunque tratando que no se le notara.

-          Mejor que nunca – e, indicando hacia la cosa cuyas baterías se estaban cargando

-          Ahí la tiene, pensé que iba a ser más difícil –

-          Aja, y ¿Qué es? –

-          Un Anacronópete. Va una copia “aggiornada” que acabo de terminar – aclaró muy orondo.

-          No lo pude hacer igual porque hay piezas que ya no se consiguen – se disculpó innecesariamente.

-          ¿Y qué es ese “anoconprete”? Dicho sea de paso, que mal suena –

-          Anacronópete, no se confunda. Es una máquina para viajar en el tiempo –

-          ¿De dónde ha sacado usted eso? –

-          De aquí, de este libro de mi abuelo. No sabe la cantidad de veces que he mirado esos planos sin saber que eran.-

-          ¿Y ahora sabe? –

-          Pues si, después de ver el capitulo 5 me ha quedado reclaro –

-          ¿Y qué quiere hacer con ese artefacto del diablo? – preguntó al tiempo que se santiguaba

-          No me aguanto a saber si habrá quinta temporada o no, así que voy a viajar al futuro – pensó unos segundos y continuo

-          Y al pasado, quiero hablar con los guionistas, hay varios hilos sueltos o cosas que no entiendo, en una de esas me las explican. Por ejemplo, Pacino al final parece arreglar todo y se queda en el presente, mientras su otro yo se va la misión de las meninas, lo cual quiere decir que volverá de esa misión y…¿se encontrara a sí mismo? … -

Y siguió cuestionándose otras cosas que el arriero no escucho porque estaba entretenido leyendo algo en el manual

-          ¡Oiga! Acá dice que para viajar en el tiempo necesita un ¿“fluido Garcia”?. ¿Qué es eso? –

-          Bueno, eso no lo sé, la formula no aparece, pero, por las descripciones y los efectos creo que un mate amargo con ruda y los yuyos que me dio el curandero diaguita de la tribu del cacique “Am Ique” va a andar bien –

-          ¿Está seguro? Mire que acá dice que es muy importante –

-          Si, por eso primero voy a hacer un viajecito corto para probar –

Aclaró mientras ingería un generoso sorbo de la infusión ya cebada.

-          Bueno, deséeme suerte – fue lo último que dijo.

El arriero lo vio irse raudamente. El cancerbero, que también observaba la escena levanto expresivamente la orejas y, alzando la vista lo miro como preguntándole

-          ¿Pa onde va? – pero, como ya se dijo, en este relato los perros no hablan.

Filosóficamente el arriero dio la vuelta continuando el camino a las casas, mientras le explicaba al can.

-          Uste ya lo conce, sabe como he el escribiente, por más que vive en Córdoba hace años jamás se acostumbró al mate con yuyos. – sacó el pucho de detrás de la oreja, lo encendió y le dio una pitada.

-          Vamos, yo creo que tendrá para un par de horas en el baño, por lo menos. ¡Que ni el purgante ese que le dio el Pacino a la Lola le haría un efecto así! – rieron los dos.

Antes de entrar al rancho apago el cigarrillo y lo volvió a colocar tras la oreja. La patrona no le permitía fumar adentro. Cosa de mujeres ¿vio?

-          Hágame acordar que le traiga un agua de arroz al pobre –

El perro movió la cola, se sentó en el umbral y se dedico a la delicada tarea de rascarse el lomo.

Otro día había pasado.

Omar R. La Rosa

Córdoba de la Nueva Andalucía – Argentina

02 de Junio de 2020



MINISTRY OF TIME? MAY YOU HELP US?

-        ….. –

Eran alrededor de las 3 de la tarde y, en la semipenumbra de la oficina, Salvador aprovechaba para echar una “cabezadita”, cuando sonó el teléfono.

A regañadientes, enojándose con Angustias por haber permitido pasar esa llamada, antes que pensar que podía ser algo urgente, tomó el teléfono y atendió.

Nada más escuchar la primera palabra la cara le cambió completamente. Como por arte de magia desapareció toda modorra y estuvo en alerta máxima. Tanta adrenalina había vertido en sus venas el simple sonido de la voz del otro lado.

Aún escuchando, respiró hondo tratando de recuperar la compostura. 

-        Yes, madam, I know it's not our area of responsibility, but we'll do our best –

-        Yes, I will speak to our government myself ... –

-        …. –

-        Yes madam, do not worry, the past is the past and now ... now we must face the future –

-        No, please, for nothing. Thank you for coming to us. I do not know what we can do, but we will.-

y cortó, o mejor dicho, la otra persona cortó, porque él se quedo con la boca abierta y el teléfono en la mano. Incrédulo de lo que acababa de pasar. Así lo encontró Angustias cuando entro a la oficina unos instantes después

 

-        ¿Qué le pasa Jefe? –

 

-        No va a creer quienes me acaban de llamar – dijo con la cara aún extrañada

Ante la expresión de perplejidad de Angustias se aclaró

 

-        En Westminster están muy preocupados por los problemas que están teniendo con el terrorismo y – tragando saliva – a alguien se le ha ocurrido que, quizás, arreglando algunas cosas que han hecho en el pasado podrían mejorar la situación. -  calló unos segundos y luego continúo - ¿Se imagina Angustias? ¡Los Ingleses quieren que los ayudemos a arreglar su pasado! –

Respiró hondo y se sentó apoyándose contra el respaldo de su sillón, preocupado.


-        ¿De dónde sacaremos toda la gente que hará falta para encarar semejante trabajo? –

(c) Omar R. La Rosa

Córdoba - Argentina

 


jueves, 28 de mayo de 2020

Tiempo de Amor

 

Madrid, fines de Marzo de 1939. Los proyectiles silban con igual sonido, sin importar quién los dispara y, si te alcanzan, te matan igual. Las balas tienen eso, no preguntan de qué bando eres antes de pasar.

 

                Por alguna razón, que no venia al caso recordar, se había quedado sola y estaba atontada, caminado sin destino cierto, mientras hombres con y sin uniforme corrían de aquí para allí gatillándose sus armas unos a otros.

                Así como andaba era imposible que no cayera, y cayó, por suerte para ella alcanzada por cascote que le dio de lleno en el costado, tirándola tras unos escombros donde él hombre la encontró.

                Al verla él se quedo mirándola unos segundos, como preguntándose si estaba viva.

Una suave queja escapada de labios de Irene torció la decisión del hombre y, quizás, salvó su vida.

El oficial entonces la tomó entre sus brazos y, a paso firme, la llevó hasta el hospital.

Cuando Irene despertó él estaba a su lado. Ella se sobresalto al ver donde estaba y quiso huir.

-          No, no, estas muy golpeada – la retuvo él.

-          Pero, yo no debo estar aquí – se desespero ella.

-          ¿Por qué?¿Eres roja? – la sola pregunta sonaba a sentencia

-          No, no, nada de eso – balbuceó nerviosa, no podía explicarle que era agente del ministerio del tiempo y temía que, en ese momento, la tomaran por republicana.

-          Tranquila, no digas nada y estará todo bien – le sonrió él y, sin saber porque, ella se tranquilizo.

-          ¿Qué me ha pasado? – preguntó tomándose la cabeza luego de una breve pausa.

-          No sé, te encontré tirada en la calle y, como todavía te quejabas, te traje hasta el hospital –

-          ¿Hace cuanto que estoy aquí? – quiso saber, preocupada por la puerta que debía alcanzar.

-          Um…, hace unas diez horas más o menos – dijo él luego de consultar su reloj para concluir, indicando la ventana

-          Ya ha salido el sol –

-          ¿Has pasado la noche aquí? – preguntó enternecida al ver el aspecto cansado el hombre, mientras le tomaba la mano.

-          Bueno, alguien tenía que cuidarte y yo podía hacerlo – contestó afablemente, seguro de lo que decía.

-          Gracias – y sonrió Irene.

Él le devolvió la sonrisa y, soltándole la mano le dijo.

-          Descansa. Dijo el doctor que no tienes nada grave te irás pronto, las camas no sobran. –

-          ¿Te vas? –

-          Tengo que presentarme al cuartel – aclaró mientras se incorporaba.

La frase le cayó como un balde de agua fría, fue recién ahí que noto los galones en la manga de la chaqueta.

-          ¿Quién eres? –

-          Carlos – fue la lacónica respuesta.

-          Carlos, ¿solo eso? – en silencio él asintió.

-          ¿Te volveré a ver? -

-          Si Dios quiere y tú lo deseas, nos volveremos a juntar – y, agachándose sobre su mejilla le dio un beso tan tierno y candoroso como hacía años no recordaba haber recibido.

El corazón le latió con fuerza y, sin saber bien porque,  le siguió con la vista hasta que desapareció tras la puerta de la sala del internado.

-          Te debo una – murmuró casi en un suspiro.

Ese mismo día le dieron el alta y pudo alcanzar la puerta antes de que se cerrara.

Cuando él regreso, a la tarde, con unas pobres flores sacadas baya a saber de qué jardín que por milagro las tuviera, encontró solo una cama vacía.

                                                               ----------

-          ¿A dónde vas mujer? – quiso saber Pacino al ver a Irene, guapamente vestida, encarar una puerta que daba al Madrid del 39.

-          Tengo una deuda que pagar - y esbozó una sonrisa

-          Eres insaciable, ¿Quién es la afortunada? – preguntó pícaro

-          Si se puede saber, digo -

-          Carlos –

-          ¿Carla?, vaya, vaya – rio él y ella no se molesto en aclarar la confusión, como toda respuesta retruco.

-          Las noches de amor que se pierden no se recuperan nunca…(sic) – y cerró la puerta tras sí. 
(c) Omar R. La Rosa
28 de Mayo de 2020
Córdoba - Argentina 
                                                                                                                                  

martes, 19 de mayo de 2020

Espectro


Terminó de leer la última tétrica historia publicada en el Círculo de Fantasía, apago la tablet y trato de dormir. Pero ¿Cómo?, si los fantasmas y espíritus de la novela revoloteaban en su mente.

En vano dio vueltas en la cama, no había forma de conciliar el sueño. Bastaba apagar la luz para que los espectros se corporizaran con su maléfica actitud, acechándola al compás de la alterada respiración.

-          ¡No pude ser! - Se gritó a sí misma 

-     Eres una persona adulta, pensante, esas cosas no existen fuera de la enferma imaginación de los escritores… - y sin embargo…

Se levantó, fue a la cocina a tomar un vaso de agua, o algo más fuerte que le trajera algo de calma. 

-    ¿Para que leía esas historias? - se volvió a preguntar


Fue junto al tragaluz de la cocina que lo sintió por primera vez, sin lugar a dudas. 

Sintió allí como un  cálido aliento de dragón que le acariciaba la cara.

-          ¿Qué es eso? – se preguntó mirando en todas direcciones, presa de una creciente inquietud.

Pero no había nada para ver. Ni sonido ni aroma, solo ese “como viento” que la rozo al acercarse al tragaluz.

Como pudo se tranquilizo y se fue a la cama con el vaso de leche tibia y un calmante, por si no alcanzara.

Se metió en la cama y se acomodo lo mejor que pudo, sin apagar la luz.

Pero no podía dormir con la luz prendida, la claridad la desvelaba. ¿Qué remedio? Apagó la luz y se tapo hasta las orejas.

Y casi lo logra, pero, cuando el sueño ya parecía llegar otra vez el aliento del demonio (¿Qué otra cosa podía ser?) le volvió a tocar la cara.

Asustada se sentó en la cama y trato de encender la luz. Nada, la electricidad estaba cortada, no se veía nada, ninguno de los testigos de la infinidad de cargadores que velaban su sueño emitía ningún brillo.

El halo de calor la volvió a envolver y dejar. Como si en verdad fuera un dragón volando en torno a ella, así vino, se fue…y volvió.

-          ¡¿Quién eres?! – casi gritó - ¡Aléjate de mí! – ordenó, y, como si el espíritu le hubiese hecho caso, el calor se ceso.

Cuando, con el paso de lo que a ella le parecieron horas, pero que seguramente no fueron más que segundos, el vaho de calor no regreso, comenzó a recuperar la calma.

-          No puedes ser tan tonta – se enojó consigo misma al tiempo que volvía a cuestionarse - ¿Para qué lees historias de zombis, dragones, vampiros y miedo, si luego te sugestionas? –

No lo dudó más, se tomó el calmante con el último resto de leche que le quedaba en el vaso y se dispuso a dormir. Mientras la droga hacia su efecto pudo ver cómo, entre la brumosa  niebla que invadía su cuarto, se corporizaba un “brujo” con su capa naranja (¿no debería ser negra?) y sombreo con mascara como si fuera “Darth Vader”.

Presa del pánico cerró fuertemente los ojos y se durmió. Mañana seria otro día y todo se vería distinto.

--- o ---

-        Señorita, señorita, despierte por favor hay que evacuar el edificio – le pidió el hombre mientras la sacudía.

-          Vamos Luis, cárgala no demores, seguro que tomo algo para dormir –

-          Seguro sargento, si no tendría que haberse dado cuenta que se incendiaba el edificio. -

La alzó, se la puso al hombro como una bolsa de papas y salió por la ventana en la cual acababan de apoyar la escalera de emergencia.

 

© Omar R. La Rosa

27/01/2020 - Córdoba – Argentina

@ytusarg

 


viernes, 8 de mayo de 2020

Bici - pedaleando hasta el más allá


Bici

Esa mañana había empezado complicada, debía haber sabido que lo mejor que podía hacer era no hacer nada y dejar que el día pase, así, sin más. Pero no nunca lo había hecho así, y esa vez no sería la excepción.
Lo primero era el calor, ese calor raro y húmedo que se había adueñado del mes de mayo, haciendo del otoño una anormal primavera, ¿calentamiento global? No lo sabía, pero todo el mundo decía que era por eso.
Otra cosa eran los exámenes, había tomado unas pruebas de matemáticas y tenía que corregirlas, era una tarea desagradable, pues lo ponía frente a la ignorancia y desidia que se había apoderado de la educación en los últimos años, de la mano de las nuevas teorías que nadie entendía pero que todos repetían como loros, esa manía de pensar que todo lo viejo está mal y que hay que cambiar todo, por supuesto, sin pararse a cotejar resultados….pero, esa mañana estaba desanimado, ¿Qué hacer para lograr aunque sea un pequeño cambio? ¿Cómo, al menos,  debatir con una mayoría boba que teme pensar por sí misma y se encuentra cómoda repitiendo lo que otros dicen?
No tenía ganas de seguir con eso, así que se le ocurrió cambiarse y salir a pedalear. Un par de horas en la bicicleta solían ser suficientes para cambiarle el ánimo.
Así que se cambio y se dispuso a salir.
Al hacerlo, como para continuar “la onda” de la mañana, porque todo está relacionado con todo y nada pasa solo per se, tuvo un encontronazo con su mujer, que empezó a quejarse de que ella no podía salir, que tenía que quedarse trabajando en la casa y demás…cuando la noche anterior se habían puesto de acuerdo (o eso creía él) en salir a pedalear juntos!...en fin, suspiro, dijo algo circunstancial, monto en la bicicleta y se fue. Nunca había entendido a las mujeres, y ya tenía una edad en la cual esto empezaba a dejar de preocuparlo, sin embargo era algo más que se sumaba a esa “molesta” mañana.
Como de costumbre, cuando se sentía así, pedaleo de memoria, haciendo el mismo circuito de siempre, ya lo tenía perfectamente conocido y cronometrado, sabía que en poco más de una hora podría estar de vuelta y con mejor ánimo para seguir trabajando.
Hacía poco que había empezado a pedalear, le había tomado toda una vida plantearse hacerlo, pero al final lo había hecho, se había decidido y se alegraba de eso. Al principio la falta de estado físico había hecho de las salidas algo duro, pero ahora ya andaba mejor, solo le molestaba ese calor tan fuera de época. Tanto es así que casi no había podido estrenar la casaca de ciclismo que se había comprado…
Mientras pedaleaba seguía pensando, los problemas no lo abandonaban, sabía que le llevaría un tiempo, hasta que las endorfinas generadas por el ejercicio comenzaran a hacer su efecto, también sabía que no ayudaba hacer el mismo circuito, pues, como lo conocía de memoria, no necesitaba prestarle atención….pero, por otro lado, ahí estaba la gracia, poder dejarse llevar, pedalear y pedalear sin más, solo prestando el mínimo de atención al tráfico, y eso hasta llegar a la senda, una vez en ella podía prácticamente desconectarse de todo y dedicarse solo a sentir. Pero tenía que esperar llegar a la senda, porque el tráfico era peligroso, cuantos más ignorantes los conductores, menos respetuosos de los demás, y, para muchos, los ciclistas ni siquiera llegaban a ser los demás. En muchos casos ni siquiera los veían, era como si no existieran y manejaban en consecuencia, sin la más mínima preocupación por atropellar a alguno….es más, muchas veces había sentido que le tiraban el auto en sima a propósito, en fin, era hasta llegar a la senda, luego podía abandonarse y sentir.
Sentir la potencia saliendo de sus piernas, impulsando los pedales, arriba, abajo, arriba, abajo….una y otra vez en un movimiento gestacional, insuflando vida a su cuerpo. Sentir el viento en la cara, la sangre fluyendo por las arterias, el aire llenando los pulmones, sentir que los problemas pierden entidad, que si el país está en decadencia no va a ser él quien lo revierta, aunque no deje de hacer su mejor esfuerzo para tratar de, al menos, suavizar la pendiente hacia la mediocridad y decidía que se transmite a las nuevas generaciones,  que de nada vale enojarse con su mujer por actuar como actúa, que seguramente ella también tiene sus malos momentos y que hay que acostumbrarse a sacar el pecho y aguantar lo que venga, “que para eso es macho mi´jo” diría el abuelo….que tiempos los del abuelo, un mundo de contornos claros, donde había buenos y malos, los hombres eran hombres, y las mujeres eran  mujeres, con las debidas excepciones, que parece que siempre las hubo, pero que eran solo eso, excepciones, no normalidades como ahora,  donde estaba mucho más claro que ahora que estaba bien y que no, un mundo sin tantos conflictos donde la gente no se hacía problema por tener problemas, porque los problemas son parte de la vida, como lo son los nacimientos y la muerte, y la gente aceptaba esto sin que ningún sicólogo le metiera en la cabeza una serie de conflictos existenciales que nadie sabía que existieran siquiera…
Arriba, abajo, arriba, abajo, el viento se estaba poniendo fresco, se estaría nublando, no sería raro, el clima de la zona era así, y siguió pedaleando, sin siquiera levantar la vista para mirar el cielo. La música seguía sonando en los auriculares y el cuenta kilómetros seguía totalizando.
Pero su mente no se desconectaba, seguía ocupada, se acercaban las elecciones y eso también le molestaba, tener que soportar las campañas políticas, con la sarta de tránsfugas y ladrones que la inundaban, todos esos lobos famélicos que se disfrazaban de corderos para que el rebaños los acepte, y ese rebaño, cada vez más ignorante, que seguiría a uno u otro, no importaba, daba lo mismo, al final sería igual, siempre lo era, depositado el voto, el lobo se sacaba la careta y todo seguía como antes, a lo sumo cambiaba el nombre del nuevo representante del amo….
Huy, que dura venía la mañana. Pedaleo con más ahincó, encaro la pendiente sin cambiar de piñón para aliviar la subida….porque estaba subiendo, no recordaba esa pendiente, se irguió y miro alrededor, efectivamente estaba nublado, y la temperatura seguía bajando, ahora le vendría bien la casaca que se había comprado y casi no había usado, pero eso no era todo, el paisaje le era extraño, miro a uno y otro lado, si estaba seguro no conocía esos árboles, ni esa senda, ni ese arroyo que corría oculto al costado de la misma, ni esas montañas que se veían al final de ella. ¿A dónde estaba?
Arriba, abajo, arriba, abajo, ahora la pendiente descendía hacia lo que parecía un hermoso lago, ya no pensaba en nada, por fin su mente había tirado la mochila que la apretaba, ahora toda su atención estaba puesta en el paisaje, ¿a dónde estaba?
De pronto tomo conciencia que los auriculares ya no emitían sonido, miro su celular y comprobó que estaba apagado, estas porquerías siempre fallan, lo quiso encender de nuevo pero no pudo, era como que no tuviera batería, pero no podía ser había salido con la carga completa y debería durar toda la jornada, no no podía ser, seguro que se habría descompuesto, era un aparato de un par de años de antigüedad y lo de la obsolescencia programada, por más que lo desmentían, era algo muy real, como las brujas, que existir no existen pero que las hay las hay.
Siguió pedaleando ¿A dónde estaba? Nada le era familiar, ahora el paisaje cambiaba nuevamente. Que rápido, ¿a qué velocidad iba? Miro el odómetro para comprobarlo y ¡la rep..a madre! ¡no podía ser! ¡también fallaba!, el velocímetro directamente marcaba una E de error y el cuenta kilómetros decía 999 km, pero ahí no más se puso en cero (había dado la vuelta el totalizador) y empezaba a contar de nuevo, llegando nuevamente a 999 con pasmosa rapidez, ¿Qué estaba pasando? El paisaje seguía cambiando, ahora era una playa y el mar rugía ensordecedor presagiando una tormenta que se adivinaba en el horizonte.
Arriba, abajo, arriba, abajo, ya había perdido la noción del tiempo, él que siempre estaba pensando en algo ya no pensaba en nada, no sabía en qué pensar, el cuenta kilómetros seguía en su alocada vuelta de 999 km por vez, ya había el número de veces que lo había visto reiniciar la cuenta, el paisaje seguía cambiando en forma alocada, pero el ya había perdido hasta la capacidad de asombro, por eso apenas miro cuando paso cerca de los anillos de Saturno. ¡Que mañana aquella!
(c) Omar R. La Rosa
Córdoba, Argentina
23 Agosto 2015