sábado, 23 de abril de 2022

 

Las muertes de Arquímedes

212 AC - 1021 - 2021

212 AC / 1021 / 2021

El guerrero, con cautela, se adentro en la penumbra. Con el arma empuñada trato de adivinar algún posible peligro en la oscuridad.

Le llevo algún tiempo acomodar sus ojos a la falta de luz, cuando lo logro pudo distinguir un tenue brillo no muy lejos de él, si no hubiese sido un soldado habría dudado, pero lo era.

212 AC

Con extrañeza se acerco al brillo, la titilante luminiscencia de las olas le permitió ver al extraño ser que, sentado sobre la arena, con algo sobre sus piernas, tenía toda su atención puesta en lo que estaba mirando, al punto tal que no se percato de nada cuando el filo de la espada le separo la cabeza del cuerpo.

La sangre que broto de su inánime cuerpo empapo las ecuaciones matemáticas que dibujaba, tornándolas inservibles, pero al guerrero no le importo, total él ni sabía leer.

1021

Con extrañeza se acerco al brillo, la titilante llama le permitió ver al extraño ser que, sentado sobre una banca, con algo sobre sus piernas, tenía toda su atención puesta en lo que estaba mirando, al punto tal que no se percato de nada cuando el filo de la espada le separo la cabeza del cuerpo.

La sangre que broto de su inánime cuerpo empapo el libro que leía tornándolo inservible, pero al guerrero no le importo, total él ni sabía leer.

2021

Con extrañeza se acerco al brillo, la titilante pantalla le permitió ver al extraño ser que, sentado sobre una banca, con algo sobre sus piernas, tenía toda su atención puesta en lo que estaba mirando, al punto tal que no se percato de nada cuando el cercano disparo le hizo estallar la cabeza.

La sangre que broto de su inánime cuerpo empapó el ordenador que leía tornándolo inservible, pero al guerrero no le importo, total él ni sabía leer.

© Omar R. La Rosa

14/10/20

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sábado, 26 de marzo de 2022

Pietà - el ultimo paso.

 Pietà

Con dificultad abrió el ojo derecho.

La poca conciencia que acababa de recuperar lo puso inmediatamente en situación. Estaba conectado a infinidad de cables y mangueras, sin ropa, en una sala escasamente iluminada y rodeado de las luces de los testigos e indicadores de varios aparatos médicos.

Estaba en terapia intensiva, sin duda.

Asumir esto y recordar la explosión en la bahía de carga de la nave fue todo una sola cosa.

¿Cómo podía seguir vivo? Se preguntó con alguna esperanza.

¡El traje!, pensó. No recordaba haber cerrado la escafandra, no hubo tiempo, pero tuvo que haber sido eso, de otro modo hubiera estallado con la despresurización producida por el hoyo que se abrió de repente en el casco de la nave.

¿Qué habría pasado? ¿Alguna piedra golpeando desde el espacio? ¿Una falla de material?

Si salía de allí lo averiguaría.

De momento otra cosa llamó su atención, el monótono pitar del monitor cardíaco, indicando que aun vivía. ¡Por si los dolores que sentía no fueran suficientes para recordárselo!.

Un pitido, una pausa, otro pitido, otra pausa, suave, acompasado... Hasta que le pareció ver algo en la sala.

Una figura etérea empezó a tomar forma frente a él.

El monitor se salteo un pitido y el dolor bajo un grado.

La incorpórea presencia se hizo reconocible.

Un pinchazo en el pecho le hizo perder la vista de la aparición y tomar conciencia del silencio vital…pero, por suerte, un pitido le indico que aun estaba activo, respiro aliviado al oírlo.

Giro la cabeza un poco, extrañamente sin dolor, y la volvió a ver, ahora sin duda, ahí frente a él estaba la mujer, con su bata de enfermera, era muy hermosa, casi tanto como la flor que tenía entre sus manos.

¡Qué tonto! Por un instante hasta se había asustado, él, veterano de cientos de viajes espaciales, intrépido explorador de la nada. ¿Cómo podría haberle pasado eso? Una cosa así era inadmisible, en el vacío el miedo es una sentencia de muerte.

Y entonces recordó el primer "golpecito" en el casco, como si una pequeña mano golpeara una invisible puerta…le costó reaccionar…tomo conciencia de que la sola idea de estar siendo bombardeado por escombros espaciales lo lleno de pavor.

¡Sí, eso fue!, se dijo, eso lo paralizo, impidiéndole refugiarse en una de las naves de auxilio, ¡que novato!…tenía una ahí no más. Si estiraba la mano la alcanzaba y se salvaba.

Y estiro la mano, pero en vez del duro metal toco el suave pecho de la mujer.

Con una mezcla de vergüenza quiso retirarla, pero la mujer se la tomo y la mantuvo allí.

Un suave bienestar lo invadió en todo su ser. El dolor desapareció completamente, y una sonrisa se dibujo en su rostro. No recordaba cuanto tiempo hacia que no sonreía…ya no importaba.

Un pitido continuo, sin interrupción se apodero de la sala.

Antes de irse, tomado de la suave mano de la mujer, pudo ver su cuerpo, o lo que quedaba de él, ahí, en la camilla donde había estado hasta hacia segundos.

Tampoco le importo.

 

(c) Omar R. La Rosa

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sábado, 19 de marzo de 2022

(la) Costurera, hilando vidas

 





Costurera

El trabajo cada vez le resultaba más cansador, eso de andar tejiendo vidas ya le pesaba.

Era como caminar por una huella embarrada arrastrando un enorme carretel de hilo y una aguja igual de grande, enhebrando con cables de cobre los postes del telégrafo...

“Alguien tenía que hacerlo”, suspiro resignada, si no la comunicación no se establecía y la información no se transmitía.

Si se cortaba la línea la vida misma terminaba.

¿Cuántas vidas habría entrelazado desde el comienzo de los tiempos?...se preguntó mientras observaba el camino recorrido…ya no lo sabía, al principio las contaba, pero ya no.

¿A que lamentarse? Se dijo.

Suspiro profundo, apunto al próximo poste y lanzo la aguja con el hilo.

Otra vida más enlazada a la trama de la historia humana…el trabajo continuaba.

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Argentina

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viernes, 25 de febrero de 2022

Lección de historia - estudiar para aprender

 


Resignada la niña se apoyó contra la ventana, para tener mejor luz, y abrió el libro de texto.
Estudiar, siempre estudiar, todo el mundo le decía que tenía que estudiar ¡Que fastidio!
- ¿Para qué tanto estudiar? – pensó en voz alta.
- Para que no te engañen – fue la escueta respuesta de la aya.
- Pero ¿Cómo voy a evitar que me engañen estudiando historia? –
- Pues, ven niña, mira – la voz ya no era de la aya.
- ¡Madre! – se alegró la niña, contenta de ver a su progenitora, cosa que cada vez le resultaba más difícil. Era una alta funcionaria mundial y, por lo que había escuchado, últimamente estaba muy ocupada.
- Ven niña, mira aquí –
Obediente, alegre de disfrutar la compañía de su madre, observo atenta la pantalla…pero a poco el semblante le cambió, se puso sombría y cuestionó.
- ¿Por qué me haces ver esto madre?. Es una película de guerra y a mí no me gustan las películas de guerra, muere gente, los chicos lloran y todo es desgracia, maldad –
- No es una película, es un programa de noticias – aclaró la mujer – presta atención, ¿ves ese hombre? –
Justo la imagen se centraba en la demacrada figura de alguien que parecía dirigir las tropas que estaban siendo aplastadas por sus enemigos. La niña asintió en silencio.
- Pues, ese buen hombre no estudio historia y tomo decisiones equivocadas por ello. Como un tonto creyó que en verdad lo iban a ayudar por el simple hecho de que su causa era justa –
- ¿Y no lo era? –
- Eso no nos corresponde a nosotros decidirlo, pero él debería haber sabido que no existe en toda la historia de la humanidad un solo ejemplo de alguien que haya peleado una guerra por otro y no se haya quedado con todo. Aprende esto hija, no inicies batallas confiando que otros las pelearan por ti –
Sentenció la madre, luego le dio un tierno beso en la frente, tomo su bolso y salió hacia el aeropuerto.
Ella se quedo mirándola, ¡como admiraba a esa lejana mujer!.
Un asomo húmedo quiso correr por su mejilla, corriendo desde sus ojos, pero prontamente la seco, había que aprender a no mostrar debilidad.
Volvió a ubicarse contra la venta, con el libro abierto, y siguió leyendo.
© Omar R. La Rosa
25/02/22

sábado, 29 de enero de 2022

Funciones (el juego de la Oca)

Es tarde, estoy cansado y aun tengo que seguir dando clases de apoyo; la vida del campus no me da respiro, no puedo descansar.

Si bien físicamente estoy aquí, mi mente está de viaje, la semana que viene tengo que hacer 800 km para terminar un trabajo que se ha prolongado mucho más de lo debido y no puedo dejar de pensar en ello, es otra cosa que me ha agotado.

La docencia y la ingeniería están bien, si eres joven o las ejerces en el mismo lugar, pero a mí no se me da ninguna de las dos. En circunstancias así me siento como una ficha en el
juego de la Oca. Alguna vez creo haber leído que este juego, al que he ido aprendiendo a detestar, se invento en la corte de Francia y representaba las vicisitudes de la vida del cortesano, un día aquí cerca del monarca, al otro en desgracia camino al destierro, y, con el tiempo y los cambios de la fortuna, quizás en unos meses, recibido en gloria por quienes ayer precipitaron tu desgracia.

Así en la vida, las cosas parecen pasarme de ese modo, es un continuo empezar, como el país. Un día te salen bien un par de cosas seguidas y crees que por fin la fortuna te sonríe, que tu vida se encamina y de pronto, zas, como si en el juego de la oca hubieses echado suertes, caes en una casilla que dice regresa 10 pasos atrás y vuelta a remar rio arriba, o pierdes un turno y ves como tus competidores te pasan y los que ayer iban detrás hoy van delante.

Así un día ganas una licitación como la gente y piensas que por fin lo has logrado pero…luego pasa el tiempo sin nada nuevo y tan solo te quedan las horas cátedra para pagarte el almuerzo.

La docencia está bien y ver las caras de alegría de los alumnos cuando logras que entiendan algo es una satisfacción que solo la conoce quien la vive, pero las cuentas no se pagan con sonrisas. Es una pena, siendo que son tan escasas las sonrisas uno pensaría que deberían tener más valor. Pero no, las reglas del mercado parecen no aplicarse aquí.

Mas no es eso lo que me molesta, me molesto yo y mi “¿karma?” de estar siempre empezando de nuevo.

Pero, a no quejarse, la vida es la vida y cada uno tiene la que le toca, y no vale bajarse antes, así que a seguir con las clases de matemática, a ver esta función, es una circular   y = sen x(1), así es siempre, entre uno y menos uno, das vueltas y vueltas y siempre igual, es como que a ratos te empuja hacia abajo, y, cíclicamente, se va para arriba y te deja respirar, parece mi vida…zas, me estoy poniendo temático.

Sacudo la cabeza para apartar la idea, debo haber sido algo brusco en eso pues la alumna, a la que estoy tratando de inculcarle los rudimentos del algebra, me mira con cierto asombro, pero, respetuosa (cosa rara últimamente) no dice nada.

Mejor sigo con otra función. A ver, y = eX(2).
Me vuelvo a marear, es como que las cosas se cayeran de derecha a izquierda, al principio vertiginosamente, al punto que tengo que sostenerme del escritorio para no caer…. Por suerte esto pasa y la pendiente se hace suave, cada vez más suave hacia la izquierda… ¡la función es asintótica(3)!

Giro levemente la cabeza a la derecha y sigo la línea, pero no puedo, crece de forma tal que vuelve el vértigo… el piso y las paredes cercanas se elevan exponencialmente hacia un techo que se pierde en el infinito. ¿Qué está pasando?.

Siento que me llaman, ah sí, sí, así está bien hecho, bueno, haga este otro ejerció ahora, y = x2(4).


Las paredes se curvan el techo se aleja, a derecha e izquierda es igual, estoy en la base de un valle glaciario, la forma de U es inconfundible, es tranquilo, pero no se puede salir, cualquier intento de trepar es imposible, a poco de andar la pendiente se hace insalvable ¡Estoy atrapado!.

Aparto la vista cierro los ojos, me tomo la cabeza, vuelvo a mirar, por suerte todo está normal, la alumna parece ensimismada en los ejercicios, no expresa nada. ¿Qué hacer? Miro el reloj aun falta rato.

Hago un nuevo intento, ¿a ver que sigue? Ahí está bien clarita en el cuaderno. No puede ser, el piso se ladea, de un lado sube vertiginosamente, del otro cae igual de rápido, pero no tiene continuidad, es como estar en una casa de los espejos, la misma visión se repite hasta el infinito, me da miedo moverme, ahí cerquita del cero se está bien, pero si me muevo…. ¡maldita función tangente! (y = tg x (5))…


me está volviendo loco, esto no puede pasar, ¿Cómo va a cambiar el entorno según la función que tenga ante mis ojos? ¡¿Qué es esto?!

 ¿Eh? Si estoy bien, ¿o no?, no sé, me parece que estoy muy cansado, ¿Te molesta si seguimos la próxima?. Gracias, has los ejercicios de las páginas 10 y 11 para la próxima. Nos vemos.

Por suerte se va, pobre, ella no tiene la culpa, pero no sé qué me pasa, hoy las formulas me marean.

La puerta de salida está ahí a la izquierda, son solo unos pasos para poder salir. Cierro mis cosas, y ahí la veo, la ultima ecuación y = ln (x)(6)


y = ln x, es sencilla, por la derecha crece suavecito, hay que andar un montón para subir un punto… zas otra alegoría más, giro mi cabeza a la derecha y veo lo largo, interminable, del camino, ¡que lento se hace pasar de un escalón al otro superior y sin embargo, con qué velocidad se desciende! A izquierda es un abismo en caída libre entre el 1 y lo más cerca que puedas del cero. Miro a la izquierda y el piso desaparece, me mareo, es como estar en una cornisa, me da vértigo, el abismo no tiene fin… y la puerta de salida es para ese lado…..¿será que es la única salida?

Me agarro fuertemente al escritorio para no caerme, esto hace que se desplace la carpeta de ejercicios, ¡O Dios, una función sinusoidal aparece a la vista!, empieza a crecer, eso es lo que hacen, crecen a partir de cero hasta los 90º después decrecen hasta los 270º y de ahí para arriba de nuevo. De momento no molesta.

Vuelvo a mirar a la izquierda, la pendiente sigue ahí, tan a la vista como el logaritmo que la origina, da miedo mirar, pero estoy quieto, y eso está bien. Trato de estirar la mano para guardar el papel en que está escrita la función, en la esperanza que así desaparezca la pendiente que me asusta.

No llego, a pesar de que me estiro no llego. De pronto empiezo a sentir una fuerza que me empuja…¡Es el seno que ha alcanzado los 90º y empieza a descender!

¡Me caigo, ya no tengo fuerza y el seno cada vez empuja más! Allá lejos, el final del logaritmo me llama.

¡No! No quiero ir no puedo terminar así.

Me resbalo, la pendiente es cada vez más pronunciada y el seno se acerca cada vez más a los 270º. La presión que ejerce es insoportable!!!!!

        Puje mamá, empuje….–

 La voz viene de afuera de todas partes, no tiene sentido, ¡me estoy volviendo loco! ¡Y está pendiente que me quita el piso de los pies! ¡Y esta presión que crece y me empuja asía el abismo!

¿Qué es eso allá abajo? ¿Una luz? ¡Qué fuerte! ¿Será esta la famosa luz al final del túnel de la que hablan todos los que llegaron a las puertas de la muerte?

Zas, me solté, miro hacia arriba y veo como el seno llega a los 270º y marca un gran -1 anunciando el pico máximo de presión asía abajo. Literalmente me expulsa del lugar donde estoy hacia el final del oscuro túnel en que he entrado.

Abajo la luz es enceguecedora, paso velozmente frente a la función logarítmica y no puedo evitar lanzar un profundo grito cuando caigo de lleno en lo más profundo del túnel.

Alguien me agarra al salir ¿Dios sos vos? Nadie me contesta y aunque escucho voces no puedo entender lo que dicen.

Siento que estoy todo mojado y desnudo, alguien me cubre con una manta y me transporta. Tengo frio y no dejo de gritar. Me colocan en lo que parece ser el regazo de una madre. Y de pronto me meten algo en la boca.

Umm, ¿Qué es esto? Parece un pezón….con leche…y esta calentita, que rica. Una suave nube invade mi mente, de a poco las funciones y su carga desaparecen de mi mente, un sorbo, desaparece la función seno, otro sorbo, el logaritmo no está más, mientras me sostengan así no me caeré. Es como volver a nacer, ¡otra vez el maldito juego de la oca! Debo haber caído en la casilla “regresa al comienzo”. Otro sorbo, que rico y tranquilizante es lo que sale de este gran seno.

Estaba tratando de recordar algo, era sobre un juego creo. Otro sorbo más.

 De apoco una gran calma me invade. Qué bien se está acá.

   Pobrecito, al fin se calmo, mira qué lindo es, todo dormidito en tus brazos mamá. –

Ella sonrío a la enfermera que le hablaba y cerró los ojos, el parto la había extenuado, pero la felicidad de tener a su hijo en brazos recompensaba todo.

En algún lugar del universo alguien volvió a tirar los dados, y otro jugador se movió de
casillero.

© Omar R. La Rosa

 

Las siguientes referencias son para quien desconozca (o no recuerde) y le interese. 

 

Notas:

(1)  Función seno

(2)  Función Exponencial

(3)  Función asintótica, es aquella se acerca tanto como sea posible a una recta (asíntota) sin tocarla nunca.

(4)  Función Cuadrática

(5)  Función Tangente

(6)  Función Logaritmo


viernes, 14 de enero de 2022

Atentado - no hay peor peligro que el que no se conoce.

 Haciendo uso de una dispensa especial, como él las llamaba, el capitán Fernández encendió un cigarrillo y aspiro profundamente el sedante humo. Estaba completamente prohibido fumar en cualquier dependencia de la flota, pero en este momento eso lo tenía sin cuidado.

Tenía los nervios destrozados, llevaba días sin dormir, y es que no podía entender que había pasado, ¿Cómo habría sido el ataque? Porque de eso estaba seguro, había sido un ataque terrorista, no podía ser de otra forma, y él estaba dispuesto a acabar con los hijos de perra que lo habían perpetrado a como diera lugar.

Solo necesitaba un indicio que lo pusiera sobre la pista de los asesinos de su mejor amigo…y eso esperaba ahora, que los técnicos de la junta de accidentes terminaran la decodificación de la caja negra de la nave.

-          ¿Y?¿Ya saben que pasó? –

-          Ya casi señor – dijo el hombre que corría el programa de decodificación – aquí ya hay algo, mire – y leyó – todo bien, hasta aquí, a los menos 15 minutos en que salto un fusible de iluminación, nada grave –

Sigo ojeando el informe

-          A los menos 10 minutos aparece un intento de reparación. Es algo sencillo, no debería demorar más de 3 minutos…sin embargo… -

-          Sin embargo ¿Qué? –

-          Hasta los menos 2 minutos no se observa reparación alguna…y luego nada, hasta el cortocircuito de  la barra principal de alimentación, sin duda la causa del recalentamiento del generador y su explosión –

-          ¿Está seguro? –

-          Aun es muy pronto para saberlo, pero si se sobrecarga el generador iónico este puede explotar, aunque no me explico cómo pudo haber pasado eso. Nadie en su sano juicio tocaría nada sin antes desconectarlo –

Y Gómez era un experto, seguro que había seguido los procedimientos, no en vano era el mejor en el escuadrón antiexplosivos…

-          ¿Se detecta la presencia de algún extraño abordo? –

-          No señor, el análisis de masa confirma solo dos personas a bordo, el capitán Gómez y su flamante esposa –

¡Gómez casado! ¿Quién lo hubiera dicho? Pero, ya se sabe, hombre amante del peligro, era inevitable que algún día lo intentara, y, a decir verdad, el espécimen elegido para la prueba no podía ser mejor. Difícilmente se encontrara una mujer más hermosa que su esposa en todo ese sector de la galaxia.

El odio volvió a inundar su corazón, el crimen de su amigo no podía, no debía quedar impune, ¡matarlo en su viaje de bodas!¡Que crueldad!

-          ¿Tiene algo más? –

-          No sé, veamos, acá esta el audio de la nave – dijo el técnico quitándose los cascos, reproduciendo el sonido en los altoparlantes.

Minuto menos quince:

-          Bichi, ¿Qué fue eso? – se escuchó la voz sobresaltada de la mujer.

-          No se mi amor, se apagaron las luces interiores, iré a ver qué paso – Gómez explico lo obvio.

-          Tengo miedo – el tono del susurro quito entidad a la afirmación.

-          No hay porque Claudia, debe ser algo menor, seguro algún fusible – la tranquilizo él…

Ruido de roces dan a entender que para tranquilizarla la debió sacudir por lo menos un par de veces, una técnica bastante común en caso de peligro de pánico.

-          Tengo que ir a revisar ese fusible –

-          No demores –

Minuto menos diez:

-          ¿Encontraste algo? – se escucha la voz de la mujer entrando a la sala de comandos.

-          Así parece, se ve que el fusible está arriba… - comenta Gómez haciendo alusión a la característica técnica de esos fusibles térmicos que, cuando se recalientan y actúan, quedan con el pulsador erguido, separado de la carcasa, lo que facilita su identificación, siendo necesario introducirlos nuevamente para reconectar el circuito.

-          ¿Tu fusible también salto amor? – el tono lascivo de la mujer y la posterior ausencia de palabras fueron una buena justificación para la ausencia de acciones técnicas entre los minutos menos diez y menos dos antes de la explosión.

-          Hasta aquí nada anormal – comento el técnico – solo una pareja de recién casados – justifico el hombre y, por un instante, Fernández aflojo el semblante.

-          Siga, por favor – ordenó  – necesito encontrar algo que me de un indicio de cómo se perpetro el ataque, tiene que haber algo –

Minuto menos 2:

-          Bueno, ¿me vas a dejar trabajar o seguimos a oscuras? –

-          Seguimos a oscuras… Bueno, no te pongas mal, ve y arregla ese fusible – refunfuño despechada. Para luego fingir interés.

-          ¿Para qué sirve ese fusible? –

-          Ahora no amor, no está fácil reconectarlo –

-          Claro, apretar ese fusible es lo importante… – la voz sonó despechada.

-          Pero no, amorcito, es que la posición es incomoda… –

-          Está bien no des explicaciones, no soy tonta, se cuando estoy de más… me voy a dar una vuelta por ahí así te dejo apretar tranquilo “tu fusible” –

-          Clau… – se preocupo él mientras se contorsionaba para manipular las pinzas y restituir el fusible, maldiciendo al ingeniero que lo había ubicado en esa posición tan incómoda – es un minuto, no estés dando vueltas, mejor siéntate frente a la ventana y observa las estrellas sin tocar nada – 

-          Está bien, está bien, no me estés diciendo que hacer y que no. No me gusta que me trates como una nena – la grabación de audio permitía notar el casi gemido de la voz femenina así como un ruido de pies que se arrastraban y que solo se hizo perceptible cuando la mujer calló y el silencio reino en la sala.

-          ¡Ahí esta! – se éxito Fernández


– Rebobiné – ordenó.

El técnico asintió y corrió de nuevo el audio

-          “… no me estés diciendo que hacer y que no. No me gusta que me trates como una nena” – y después el sordo roce que el sonido cuadrafónico permitía identificar como movimiento hacia el panel de control.

-          Escucha, esos pasos, hay alguien más – asevero, desconociendo el análisis de masa previo, tanto era su deseo de encontrar a los asesinos de su amigo – seguro que fue un ataque suicida. ¡ya tenemos algo! –

Presa de la adrenalina que lo inundaba el Capitán tomo su teléfono dispuesto a dar un par de órdenes, pero la mano el operador lo detuvo y juntos escucharon el final de la grabación.

-          Bichi ¿Para qué sirve esta palanca roja que esta levantada? –

© Omar La Rosa

11 Enero 2022

jueves, 23 de diciembre de 2021

Noche Buena

 

Noche Buena

 

-          Bueno – suspiró el padre mientras guardaba los artículos del culto – se ve que nadie necesita a Jesús en Navidad – se dijo triste, con pena en el corazón.

Resignado, dolido quizás, fue apagando una a una las luces de la capilla. Las había encendido con la esperanza de que alguien se acercara…pero no pasó. Lo mismo dio toda la misa, para él, para un perro que dormía bajo el primer banco y para esa anciana que llego sobre el final y se sentó en el rincón más alejado que encontró.

-          Feliz Navidad – la saludó al acercarse – vamos, voy a cerrar – se disculpó tendiendo la mano hacia ella, para indicarle la salida.

-          Solo unos minutos más padre – dijo con una voz apenas audible para agregar, más bajo aun, si fuera posible – ya llegaran –

-          Bueno, bueno, hasta que termine de cerrar las ventanas, luego tengo que irme –

-          ¿A dónde? – Él la miro extrañado - ¿Tiene a donde ir padre? –

-          Pues, si, claro – mintió - ¿Y usted? – No tenía ganas de darle charla, la pregunta le salió sola.

-          No. Cuando cierre me iré a la plaza, hasta que alguien me eche, luego veré – comentó flemáticamente – estoy acostumbrada. Los viejos somos feos y si somos pobres, más feos – sonrió, como si hubiera dicho una humorada.

Él no contesto, siguió cerrando los postigos, asegurando los candados…

-          ¿Qué cosa? – pensó o escuchó – Pensar que antes las iglesias permanecían abiertas toda la noche –

-          Es que ya nos entraron a robar dos veces y la ultima vez defecaron en el confesionario – se escuchó contestar, sin saber a quién. La vieja seguía sentada en su lugar y no se veía a nadie más.

-          Bueno abuela… – empezó a decir cuando estuvo con ella, pero no continuo, en vez de eso se sentó a su lado, saco el rosario y empezó a orar, le daría unos minutos más, la soledad podía esperar.

En eso estaba cuando un remilgo de la mujer lo volvió a la realidad, allí, en la puerta de entrada había aparecido la figura de un hombre, por la facha un pandillero, seguro.

El joven, con paso indeciso camino hacia el altar, pero al verlos se detuvo, como si no supiera que hacer.

De pronto pareció notar algo, tenía la camisa abierta dejando al descubierto sus tatuajes, más apropiados de otros ritos. Como con vergüenza se la abotono hasta el último ojal para luego acomodarse en uno de los bancos de la fila de enfrente.

El cura y la mujer le miraron y se miraron extrañados

-          Padre – musitó la mujer – es uno de los que ayer me echaron de mi banco en la plaza –

Sin decir palabra, con el mayor sigilo posible el cura se levanto y fue hacia la sacristía. No estaría de más avisar a la policía, por la dudas.

Mientras tanto el joven se revolvía incomodo en el lugar donde estaba. Se notaba que algo le molestaba y mucho.

Contrariamente a lo esperable, la mujer lo miraba tranquila. Parecía no notar el estado de ánimo del joven, solo lo observaba y nada más, pero estaba atenta, por eso advirtió rápidamente la presencia de la joven que, entrando por la puerta, había caminado hasta ella y ahora le hablaba.

-          No sé qué le pasa – dijo, como si a la vieja pudiera interesarle lo que ella dijera. – solo le dije que iba a ir al hospital para que me saquen el parasito –

La mujer le miro extrañada.

-          El feto vieja, un aborto – aclaró ella sin que le preguntara. – Ya lo habíamos hablado antes, no sé porque se pone así – se preguntó al tiempo que se acomodaba un mechón violeta que le caía sobre los ojos, dejando ver el pañuelo verde que llevaba atado en la muñeca.

-          ¿Es de él? –

-          No estoy segura – dudó la joven.

-          ¿Él lo quiere? – preguntó la anciana indicando hacia donde estaba el joven.

-          No sé – dijo encogiéndose de hombros – No tengo porque preguntarle nada, solo se lo conté y se puso así –

-          Pero ¿no tendrá algo que decir? –

-          Abuela, no se ponga pesada, ya no es como antes, ningún hombre tiene derecho a decidir sobre mí, es mi cuerpo y hago lo que quiero – zanjó.

En el banco de enfrente el hombre pareció notar la presencia de la joven, lo que lo puso más nervioso haciendo que se levante para irse.

-          Ve, te necesita – le indicó la vieja – en una esas necesita algo de contención –

-          ¿Él? Pero si es un duro – contestó ella con un tono que tanto podía ser desprecio como admiración.

-          Hasta los más duros necesitan una caricia cada tanto –

-          ¿Y porque sería algo así? –

-          Bueno, cree que la mitad de lo que llevas ahí tiene que ver con él… – sugirió indicándole el vientre.

La joven dudo.

-          ¿Quiere decir que le puede interesar tener un hijo con migo? – preguntó la joven con una nota de emoción en la voz…

-          No hay forma de saberlo, si no se lo preguntas…ve – le animo la vieja que ya no lo era tanto.

Con dudas, quizás temor, la joven camino hacia el muchacho. Él la vio venir y pareció querer huir, como si fuera un animal lastimado. Pero ella le tendió la mano.


La escena se torno grotesca, un hombre grandote, de barba renegrida, sentado en un banco que resultaba pequeño para su humanidad, miraba desde abajo a la joven, menudita, que con el simple hecho de tenderle la mano lo tenía completamente dominado.

-          Ya viene la policía – dijo el padre a espaldas de la vieja, que ya no lo era.

-          No hace falta, ya esta – dijo la radiante mujer – sé lo que sufre un hombre ante la paternidad, es algo que no conoce quien no lo vive –

El cura la miro sin saber que decir.

-          Si José no me hubiera apoyado el mundo sería mucho peor de lo que es. Ten fe Manuel, no estés triste, es Navidad – ¿Cómo sabia su nombre?

Sin decir más la mujer se arropo y salió caminando como había llegado.

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Argentina

4 Diciembre 2020

#ytusrelatos