viernes, 27 de agosto de 2021

Viaje en colectivo. Reflexiones

 Viaje en colectivo

 

Termina la hora y te vas a otro colegio, que el próximo curso lo tienes dentro de una hora a unos 5 km de aquí, no más de 15 minutos en colectivo.

Pero, estas en la parada y pasados 20 minutos el ómnibus no aparece. Alguien igual de cansado que vos de esperar que aparezca, pero con más poder adquisitivo (o urgencia) se toma un taxi…pero vos no te lo podes permitir. “Ya llegara”, te dices.

Y por fin aparece el transporte público, justo cuando estabas por llamar avisando que llegabas tarde. Ni bien subir la realidad te vuelve a golpear. La tarde esta agradable, no hace frio, pero lo mismo hay ventanillas cerradas, por su puesto también hay gente amontonada. Es que hace mucho que no pasa un colectivo y todos se suben como pueden. ¿Los protocolos de covid?¿qué es eso?

Te paras donde puedes, y abres la ventanilla que tienes enfrente. No terminas de hacerlo cuando la mano de la mujer sentada bajo ella la cierra. En vano tratas de explicarle que estamos en pandemia, que es muy importante ventilar…a ella no le importa, tiene frio. El frio es tangible el “covid” es solo una posibilidad.

Insistís, nadie se muere de frio con una temperatura de 15 C, de “covid” sí, le explicas. Como respuesta traba la ventanilla con el brazo, no sea que la abras de nuevo…

Pensas en insistir, en tratar de hacerle entender, pero después te acordas que mientras el presidente del país dictaba una norma que nos obligaba a todos a permanecer encerrados en nuestras casas, él se mandaba un fiestón en la Quinta de Olivos, pasándose la ley, que él mismo había dictado, por donde el sol nunca da. Con ese ejemplo, ¿a que insistir? Optas por moverte al final del colectivo, previo desearle que “tenga una larga vida”, como si con eso te pusieras a resguardo del virus. Como si al virus o a ella o al presidente le importara algo.

Mientras te corres hacia el final del ómnibus ves como pasan frente a un afiche de campaña (la semana que viene hay elecciones) en el cual dos candidatos sonrientes aseguran que ellos nos cuidan y que “lo primero es la salud”… Un par de metros después otros candidatos de otros partidos aseguran que votarlos a ellos es “votar honestidad” y que jamás prometen cosas que no piensan cumplir…por ultimo antes de terminar la cuadra otro partido asevera que “defiende la paridad de género”…aunque no te queda claro porque solo presentan candidatas mujeres…

En fin, todo lo que empieza termina y por fin llegas a la parada donde te tienes que bajar. Vas a tocar el timbre para avisarle al chofer que se detenga justo cuando una señorita se para delante tuyo evitándote hacerlo.

Con paciencia le preguntas si ya había tocado y con igual paciencia te dice que “no”…claro, ella se baja en la siguiente parada, al igual que vos ahora, que ves con decepción como la parada en que te debías bajar queda atrás, mientras el colectivo se aleja de ella.

Y aun te resta entrar al aula.

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Arg. – 25/8/21

#ytusrelatos

Postdata: ¿Qué es más grande 1/3 o 1/2?.

Los alumnos de 6º, el curso del que acabas de salir, tampoco supieron responder.

sábado, 14 de agosto de 2021

La corrección. El que sabe, sabe

 

La corrección


Conviene empezar esta historia, como toda historia, entendiendo que muchas veces la misma depende más de quien la escucha que de quien la cuenta, porque el que la cuenta sabe perfectamente lo que quiere decir, pero difícilmente conoce lo que quiere oír quien la escuche ni su forma de hacerlo.

Dicho esto no hace falta aclarar que los años 80 del pasado siglo XX fueron cualquier cosa menos tranquilos (ahora que lo pienso, los 80 del XIX tampoco lo fueron, habrá que prestar atención a eso, por si significa algo). En fin, la cosa es que en los primeros años de esa década imperaba en el país un gobierno al que no le agradaba que la gente se reunirá sin permiso. Esto, lejos de ser óbice a esta historia, la contextualiza.

Por aquellos días se planteaba el sistema de cupos para poder ingresar, previo examen, a la facultad que uno eligiera. Ingeniería en mi caso.

Un requisito previo a los exámenes era la realización de un cursillo de nivelación. Cosa que todos debíamos hacer.

Las materias a cursar eran física y matemática, y a veces eran dictadas por profesores que no tenían ni la idoneidad ni el compromiso necesarios.

Ese era el caso de nuestro curso con el profesor de física.

-          Che, ¿Qué hacemos? Otra vez el chanta este de física no vino – recuerdo haber dicho en alguna oportunidad, aunque lo podía haber dicho cualquiera de mis compañeros.

-          Sí, este tipo nos está cagando la vida, ¿si no da la materia, como vamos a estudiar? – acotó preocupado un chico que normalmente no hablaba.

-          ¿Qué hacemos?- se cuestiono otro.

-          Quedémonos a estudiar – aventuró alguien y luego, mirando a uno del grupo desafío – Che, chueco, ¿te animas a explicarnos los problemas de la guía? –

-          …Sí, pero no sé si estarán bien, no los he comprobado – se excusó el apelado “chueco”.

-          ¿Están seguros, che?, ¿acá nos vamos a quedar? – preguntó alguien del fondo del aula, con algún resquemor.

-          Claro, ¿Por qué no?-

-          Porque en la dirección saben que el profe no vino y nosotros deberíamos volvernos a las casas, no podemos quedarnos solos acá –

-          ¿Y? –

-          Y, si el rector de se enoja, si se le da por pensar que somos una reunión de zurdos y llama a las “marías(1)” –

-          No, no va  a ser tan bolu…–

-          Nunca se sabe –

-          Pero no che, si no hacemos quilombo ¿Qué problema puede haber? –

-          Dale, no perdamos tiempo que los exámenes son en pocos días. Saca los cuadernillos…–

El chueco, tiza en mano, paso al frente y el pizarrón comenzó a llenarse de símbolos y formulas.




-          Así es la cosa, ¿no?, todo el mundo tranquilo – comentó el rector haciendo referencia a la sepulcral paz que reinaba en el establecimiento educativo al tiempo que se acercaba a la ventana para mirar el interior del colegio.

Fue ahí, tras ese acto pueril, que el horror se pinto en su rostro ante la magnitud del delito que acaba de presenciar, ahí, ahí no más, en el aula del cursillo de ingreso, frente a su mismísima ventana. Como veinte jóvenes, solos, prestando atención a las consignas que otro joven escribía en el pizarrón…

-          Venga – ordenó perentoriamente a su ayudante – y llame a la guardia, urgente –.

Sin decir más salió de la oficina cual huracán de pasillo.

En el camino se le acoplo un alférez y dos soldados, “fal”(2) al ristre.

 

Al llegar al aula, sin muchos preámbulos, pidió a uno de los soldados que empuje la puerta, entrando bruscamente en ella ni bien la puerta cedió al fuerte golpe.

Había que hacerlo así de ese modo, violentamente, como le habían instruido, para que nadie tuviera tiempo de destruir ni alterar posibles pruebas o indicios de la actividad subversiva que se desarrollara allí, eran tiempos difíciles y había que actuar en consecuencia.

El desbande fue general, no sin cierto temor, los alumnos se alejaron de la pizarra, dejando a la vista, completamente desvalido, al portador de la tiza frente a la misma la prueba de sus pecados.

El rector se paro frente a él, lo contemplo larga y calladamente mientras las facciones se le suavizaban, luego miro con más detalle lo escrito en el pizarrón y los músculos de la cara volvieron a tensársele, al tiempo que una arruga pronunciada se formaba en su entrecejo, el catedrático que era le afloro por todos los poros, inevitablemente, volvió a mirar al alumno, y le quito la tiza sin ningún miramiento.

-          Siéntese – le ordenó, mientras los militares permanecían apuntando a todo el curso.

Luego, con la suavidad y firmeza que caracteriza a un superior, (o a quien se cree tal), se paro frente al pizarrón, meneo la cabeza un par de veces, corrigió un par de cosas, volvió a mirar y esta vez asintió, satisfecho, dio media vuelta y se fue tal como había venido, sin siquiera saludar.

 

Todos se quedaron con los ojos abiertos de par en par, mirando estupefactos, las correcciones realizadas.

Y si, tenía razón, la solución tal cual la habían planteado ellos estaba mal. El problema se solucionaba con las correcciones a la formulas hechas por él.

-          Bravo el viejo ¿no? –

-          Exagerado – dijo otro

-          Si, mira que venirse con custodia a para cambiar un par de signos –

-          Son unos “pelos duros” – mascullo un tercero, y nadie lo desdijo.

-          En fin, sigamos, ya cambiara –

 

 

(1)     Se llamaba así a los grupos de tareas de las fuerzas armadas que patrullaban las calles en tres camionetas que siempre iban juntas, con una baliza azul en el techo, como si fueran las tres “marías”

(2)     Fal:  fusil argentino liviano

Basado en hechos reales

 

© Omar R. La Rosa

@ytusarg #ytusrelatos

 

sábado, 7 de agosto de 2021

Fantasmas de escritor - que todos los tenemos...

 

Fantasmas de escritor

Un micro cuento de terror, piden los señores del concurso, como si fuera tan fácil, total los señores piden y los escritores hacemos el trabajo por la ínfima esperanza de ganar un concurso.

¿Pero eso me ayuda en algo? ¿Aleja aunque sea un poco a los fantasmas que acosan?

Cual espectros del más allá no dejan de enviarme mensajes por todos los medios posibles.

No me permiten olvidar que están ahí reclamando su cuota de sangre, ansiosos esperando los satisfaga y todo para que, para calmarlos por un tiempo, porque vuelven, siempre vuelven

Cuando se  acerca el momento de los sacrificios se ponen más insistentes, como mosquito zumbando en el oído una noche de verano. Uno no los puede ahuyentar, ellos vuelven, siempre vuelven por su cuota de sangre.

¿Qué puede hacer un escritor desconocido contra eso? ¿Contarle a la gente sobre las pesadillas que tiene? ¿Para qué? Si cada uno de nosotros tiene sus propios fantasmas.

En mi caso todos los meses se repite el ritual, llego a mi casa, abro la puerta, entro y me siento a mi computadora a escribir, en la esperanza de lograr algo digno de ser vendido a alguien…y zas, de pronto aparecen ellos, mis espectros, que incansablemente me persiguen con su cuota de terror…

Los avisos emergentes de vencimiento de la luz, el agua, el alquiler…

Córdoba – Argentina

9 de Enero 2019

© Omar R. La Rosa

https://ytusarg.blogspot.com/

 

 

jueves, 24 de junio de 2021

La gloria. Ese sueño efímero

 Si digo que de chico le decían 4 ojos es tan seguro que se dan una idea del aspecto de Matías como de que no soy nada original.

Si así es, el pobre Matías tenia miopía congénita que le obligaba a usar unos gruesos cristales, lo que lo privaba de uno sus mejores sueños, ser el goleador de la clase y merecedor de los suspiros de todas las compañeras del curso.

Pero ¿Cómo ser el goleador si ni siquiera le dejaban tocar la pelota?

Claro, él comprendía que con esos anteojos no podía entrar al campo…pero sin ellos carecía de sentido que entrara.

Cualquier otro chico se desesperaría ante tal situación, pero Matías no era cualquier otro chico, por lo menos eso lo tenía muy claro, su mamá no dejaba de recordárselo.

El había aprendido de su padre que lo que en realidad tenía era un “interesante” desafío a vencer.

¿Y qué hace uno cuando se encuentra ante un desafío?

Pues, como también le enseñara su padre, lo primero era entender el problema.

Desde ya esto implicaba tener bien claro el objetivo, ¿Qué se pretendía? Porque para lograr algo es fundamental saber que se quiere, y eso él lo tenía muy claro. El quería hacer el gol de la gloria, ese que hiciera que todas las chicas lo idolatraran y los chicos lo envidiaran.

Sabía que a los problemas había que  mirarlos de todos los lados posibles para obtener la mayor cantidad de datos y luego había que buscar las herramientas necesarias para solucionarlo, lo que podía ser más o menos trabajoso, según los medios de los que uno dispusiera…y aquí la cosa se volvía un poco más difícil, de hecho la falta de los medios idóneos era lo que lo ponía ante el actual desafío, porque ¿Cómo hacer un gol si el arco apenas se ve como un contorno borroso?

Bueno, no se iba a amilanar por eso, en sus pocos años de vida jamás había hecho algo así, por lo que no iba a empezar en ese momento, así que…menos llanto y más trabajo.

Lo primero fue estudiar detalladamente la dinámica del juego, pero desde el punto de vista teórico, lo cual lo volvía aburrido entre sus compañeros, pero era lo único que el podía hacer ya que eso de salir corriendo a buscar la pelota era algo que escapaba a sus posibilidades.

Al tiempo ya tenía la cosa más o menos clara, sabía exactamente donde estaban sus posibilidades y donde sus límites…con las primeras se arreglaría solo, con los segundos necesitaría ayuda.

Lo primero era convencer al entrenador para que lo dejara entrar…y esto no fue nada fácil. Bastaba quitarse los anteojos para, a duras penas, adivinar donde estaban todos.

El trabajo no fue fácil, pero tenía claro que convencer a ese hombre era el primer paso a la gloria, por lo que todo el año lo dedicó a eso.

Para llamar la atención del mismo aprovechaba los intervalos y, mientras todos descansaban, se paraba frente al arco y pateaba, y con cada tiro afinaba el siguiente. Al principio erraba 11 de 10, y volvía a casa enojado y frustrado, para regresar al día siguiente a intentarlo de nuevo.

-          Te faltan datos - le dijo su padre una noche.

Así que al día siguiente no pateó, se dedicó a buscar los datos que le podían faltar. Escuchó el trino de los pájaros, la caricia del viento, el calor del sol…palpó la hierba, detectó su consistencia, su adherencia, que tanto resbalaba, que tanto retenía…y así.

Luego, la siguiente vez, ya teniendo en mente donde encontrar la información que necesitaba, volvió a intentarlo, y a intentarlo, y a intentarlo hasta que de a poco lo consiguió. Ya no erraba, 10 tiros, 10 embocadas al arco.

Este proceso llamó la atención de sus compañeros. ¿Qué cosa más divertida que ver fallar a un cerebrito?

Así un día, cerca de la media tarde notó el cambio, de pronto en vez del cantar de los pájaros oyó risas apagadas, en vez del suave viento sintió alientos contenidos…no fue fácil, tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no salir corriendo.

De hecho, de haber podido ver se habría ido, pero no podía, por lo que respiró hondo, tomó una carrera corta y pateó. Muy fuerte, el balón se elevo de más y se estrelló en el travesaño haciéndolo temblar…pero no hubo risas, más bien un ¡Guau! de aprobación fue lo que inundó el campo, supo entonces algo que hasta ahí no sabía. Tenía una patada potente.

El entrenador decidió que no podía desperdiciar ese potencial, y desde esa tarde lo puso a entrenar en toda jugada de pelota parada que se presentara.

El primer paso estaba dado, ya estaba en el equipo, ahora a estar atentos a la oportunidad, esa que se le presentaría de seguro y que él debía aprovechar, pues nunca se sabe si habrá otra.

 

- ¿La gloria? – meditó años después, ya siendo un hombre grande - ¿Qué es la gloria si no una quimera, un sueño que nos motiva mientras lo soñamos? –

- En fin, de pronto ahí estaba yo, parado frente a la pelota, el tiro debía serme fácil, lo había practicado infinidad de veces. Todas con sol y piso firme. Pero ese día fue lluvioso y jugamos la final bajo el agua. La pelota no picaba…pero ¿Qué iba a hacer? Me orienté como mejor pude, pateé el suelo un par de veces, tragué saliva, respiré hondo y le di. –

-¿Y qué paso? –

- Nada, hice el gol y salimos campeones – sonrió afablemente, recordando el momento.

- Se cumplió su sueño, el gol de la gloria – se entusiasmó el auditorio.

- Si, pero estábamos solos, no había ido a vernos ninguna de mis compañeras – apuró el café, pagó y se fue.


© Omar R. La Rosa

Córdoba Argentina

 22-06-2021

viernes, 21 de mayo de 2021

Albóndiga Triste - a buen entendedor pocas palabras.

 

 

El ambiente en el interior de la taberna era entre festivo y serio. Según la mesa que se mirara.

Por ejemplo, al centro del salón, había una mesa de mus donde varios parroquianos pasaban el tiempo entre cruce y cruce de barajas españolas. Por su aspecto eran mineros de las lunas exteriores, gente normalmente tranquila, muy distinta a los parroquianos de la mesa del costado derecho, cerca de la salida de emergencia, unos parroquianos serios, vestidos de negro, de aspecto cadavérico…típico de la hermandad, un grupo de vagabundos interestelares poco recomendables.

Al costado izquierdo, cerca de la escalera que daba a los cuartos superiores, varias damas de distintas especies, conversaban animadamente, dispuestas a prestar auxilio a los parroquianos que pudieran requerirlo.

Mientras en la barra varios parroquianos bebían, conversando, como el grupo de marcianos en tránsito o en silencio, como él humano ese acurrucado en el extremo más alejado y menos iluminado, como si quisiera pasar desapercibido.

La música, alegre y las meseras recorriendo el establecimiento con bandejas repletas de pedidos completaban la escena mientras un octópodo pelado y viejo, con un deslucido delantal, serbia tragos a ocho manos.

O sea, una noche normal en cualquier cantina de la frontera del sistema…hasta que, de pronto, casi sin hacer ruido, como en una exhalación, se abrió la puerta bar que separaba el cálido interior de la fría bahía de desembarco y entro por ella una pequeña figura.

Mediría más o menos un metro y sesenta, de aspecto indefenso y débil, aun bajo el capote con capucha que la cubría de pies a cabeza.

Contrariamente a lo esperable, entro sin titubear, tan solo demoro unos segundos hasta que sus ojos se acostumbraron a la iluminación interior y captaron su objetivo.

Su actitud no paso desapercibida, mágicamente las barajas (y el dinero) desaparecieron de la mesa de mus, en prevención de posibles pérdidas.

Las alegres damas guardaron lapidario silencio, e incluso hubo quien quiso deslizarse fuera del salón, pero no lo hizo, retenida por una compañera y la cara de terror de todas temiendo lo que podía pasar si la figura recién llegada notaba la huida.

Los compañeros de la hermandad se pusieron más serios, si es que eso fuera posible. E incluso los marcianos guardaron silencio y se hicieron a un lado, aunque no supieran de qué iba todo eso.

El octópodo, prudentemente, se escondió tras un mamparo blindado.

Sin pronunciar palabra, sin mirar para ningún lado que no fuera el oscuro final de la barra caminó, pausada y segura, hacia donde el humano permanecía impávido con su trago a medio beber.

Cuando estuvo frente a él dejo caer la capucha, para que no tuviera ningún problema en saber quien lo encaraba, por si eso hiciera falta.

Todos pudieron observar así el blanco transparente de su piel resaltando contra el marco renegrido de su cabello suelto y los pendientes rojo sangre que daban una nota de tétrico color al cuadro que presentaba.

Todos vieron esto, pero solo él pudo ver lo más importante, sus ojos.

El silencio reinante se hizo más espeso entre ellos y no se rompió hasta que ella musito, interrogativamente, una sola letra

-          ¿Y? –

El hombre respiró hondo y apuró el final del trago. Luego sin decir palabra, la siguió y ambos salieron del bar.

Cuando la pareja se hubo ido volvió la música y cada uno retomo su actividad. Los compañeros de la hermandad recuperaron su adusto semblante, relajando los dedos de los disparadores de sus armas. Los mineros volvieron a la suspendida partida y las damas retornaron a su dialéctica espera de parroquianos que las requirieran.

Solos los marcianos siguieron en estado de “extrañeza” sin atreverse a indagar sobre  lo que acababan de vivir.

El octópodo, compadecido, les aclaró indicando hacia la mujer que se había retirado en compañía del humano.

-          Albóndiga Triste – como si eso solo fuera suficiente para explicar todo.

Y debía serlo, por lo menos para todos los parroquianos, pero no para los marcianos que siguieron tan en ascuas como antes.

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Argentina

20 de mayo de 2021

 

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sábado, 8 de mayo de 2021

Presencia - Nunca se esta completamente solo...

 

Presencia

 

Llevaba horas sentado frente al panel de instrumentos, estaba aburrido, no cansado. En esa etapa del viaje había poco que hacer.

Bostezando ostentosa y ruidosamente, se estiro liberando alguna flatulencia, para luego acomodarse nuevamente. Ventajas del viaje en solitario.

-          Muy bonito – escuchó una femenina voz de reproche tras él.

Contuvo la respiración mientras aguzaba el oído, no había, no debía haber nadie más en la nave.

Sin embargo, por alguna razón, un sexto sentido tal vez, aunque el silencio no volvió a romperse estaba seguro de que una presencia le observaba.

Y así era, al darse vuelta casi se muere del susto. Ahí, a unos pasos tras su butaca estaba la mujer, o algo con apariencia de mujer, observándolo reprobatoriamente.

-          Que estés solo no te autoriza a portarte como un chancho, eres ofensivo – esto último lo dijo frunciendo la nariz, como quien desecha un mal olor.

Su mente trabajo febrilmente, ¿Qué era eso?¿Como podía estar allí? Y lo más preocupante, ¿Qué intensiones tenia?. De reojo busco algo con que defenderse, pero el suyo era un vuelo científico, una breve jornada de observación en los anillos, no llevaba armas ni peso innecesario.

-          ¿No te vas a disculpar siquiera? – insistió la joven.

-          Sí, sí,  claro – dijo él mientras imaginaba que hacer, aunque más no sea para determinar que era ese ser que lo increpaba.

Una idea le surgió de pronto, había estado leyendo en la biblioteca de la nave una novela de terror, y pensó que quizás ese ser era algún vampiro, mutante, zombi algo así, tan normales en dicha línea narrativa, también había leído que la mayoría de esos seres solo vivían de noche y eran heliofobicos.

Así que, discretamente, oriento la nave para que la luz del lejano sol penetrara en ella e impactara directamente sobre la criatura, pero, lejos de desaparecer o verse afectada, brillo con una mágica luz. Mientras continuaba hablándole de cosas que ya no oía.

¡Fantasía! Se dijo a sí mismo, eso debe ser, estoy en un viaje de fantasía, con unicornios, brujas, hadas, elfos y cosas así. Recordando otras lecturas recito una letanía, especialmente redactada para romper hechizos, según había entendido.

-          ¿Qué dices? – preguntó la mujer, tratando de escuchar su recitado.

No, obviamente no era un personaje de un cuento de fantasía. ¿Qué era? Solo le quedaba recurrir a su último recurso, la ciencia.

Sin decir palabra se levanto y paso al lado de la criatura, rozándola discretamente.

-          ¿Qué haces? No me toques ¡macho primitivo! –

Tenía cuerpo, no era una aparición, ni un holograma, era real.

Con ella tras él fue al laboratorio (cocina, que en una nave de estudio el espacio no sobra), en la pantalla busco algo, estudio la formula, calibro las dosificaciones y dio comienzo al proceso.

-          ¿Estás loco? Sigues haciendo cosas extrañas. Me estas impacientando -  continuaba hablando el ser.

De pronto sonó una campanilla, se abrió una puerta y una aromática barra marrón apareció en el plato.

-          ¿Qué es eso? – seguía el ser articulando sonidos

-          Chocolate – dijo él como única palabra, cumpliendo la consigna de la batalla, entregándole la golosina.

El ser la miro con desconfianza, la olio y la probo…con evidente placer.

El experimento estaba en pleno desarrollo, sabía que no era un cuento de terror, ni de fantasía. Si ahora la mujer se mantenía en silencio sabría que se traba de un cuento de ciencia ficción.

-          Muy rico – dijo con amabilidad, antes de ver su reflejo en la pulida superficie de acero inoxidable. Cambiando el tono de voz le miro fieramente para volverlo a increpar

-          ¡Quieres que engorde Maldito! -

Fue tanto el susto que le produjo la expresión que vio en su cara que al final se despertó.

Sobresaltado se paro y miro para todos lados, a las desesperadas recorrió el escaso interior de la nave. ¡Vacía!, ¡estaba solo!. Respiro aliviado, volviendo a la butaca de comandos…

Para ver nítidamente, apoyadas en el panel de comando, las torneadas piernas de la mujer que la ocupaba.

-          ¿Por qué tardaste tanto?¿A dónde te habías ido? –

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Argentina

1 de Agosto de 2020

 

 

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sábado, 1 de mayo de 2021

Solo le pido a Dios...

 


¿Qué recuerdos tengo de esa fecha?

¿Cómo decirle con exactitud?, usted sabe que la memoria es caprichosa. Por razones que desconozco, con igual facilidad nos trae algunos recuerdos y borra otros, todo barnizado con los colores de otras vivencias.

Así, si usted insiste, le puedo contar que ese día yo estaba en la cabecera de pista, dando apoyo, con los otros técnicos, a los dos únicos aviones de combate que habían quedado para proteger la ciudad de Buenos Aires, ¿O serian tres?¿O era uno? No lo sé, pero si tengo claro que en esa época vivíamos ahí, nosotros al lado de los aviones, los pilotos sentados y atados en la cabina, prontos a despegar con la consigna de estar en el aire en a lo sumo 3 minutos.

Tampoco sabría decirle porque esta escena me viene acompañada de la melodía de la canción “No bombardeen Buenos Aires” de “Charly” García, que no sonó en las radios hasta octubre del 82.

Como si con solo cantarla fuera suficiente ¿se da cuenta? Si con eso solo alcanzaba ¿Qué hicimos nosotros ahí?. Siempre creí que justamente, “evitar que bombardeen Buenos Aires”…pero no recuerdo a nadie haber mencionado eso…Ve, es lo que le digo, con los años hay recuerdos que se pierden, a lo mejor algún cantante famoso, o un actor o político menciono nuestro trabajo y se me ha olvidado…

Ah ¿Qué no se me ha olvidado nada porque efectivamente todo el mundo canto esa canción pero nadie nos menciono? Qué pena.

En fin, ¿Ya le conté que en esos años era mecánico de aviónica? Si, si aun era un pibe, 22 años, eso sí lo recuerdo bien claro. Pero no tiene nada que ver con la historia, al fin y al cabo esa era la edad de la mayoría de los que fueron a pelear a las islas.

Volviendo a lo que le contaba, lo que si tengo claro fue el alerta de esa noche, ¿O seria alguna otra noche parecida?.

Las sirenas sonaron al mismo momento que llegó la orden de despegue. La actividad se desato frenética y, tal cual lo previsto, en menos de 3 minutos los aviones estuvieron en el aire, rasgando la noche con el soplete de la post combustión, proa al Atlántico en busca de los “Vulcan”, que saliendo de isla Ascensión se acercaban a nuestro espacio aéreo…

Perfectamente podrían haber intentado bombardear Buenos Aires, aunque después supimos que su destino final fueron las islas Malvinas, sobre las cuales, a las 04:40 del primero de Mayo dejaron caer sus bombas.

Primero de Mayo. ¡Qué contrasentido, no recuerdo haber trabajado nunca tanto como ese día del trabajo! La actividad fue intensa, las balas habían empezado a cantar su tétrica canción y era necesario apoyar a los que ponían el pecho ante ellas…

El turno de trabajo de ese día me mantuvo en el taller, preparando equipos de reemplazo, atento, como todos, a las noticias en la radio, donde sonaba “Era en Abril”, y nos destrozaba el alma con la historia de un niño que no llegaba a ver la vida…cosas que pasan…recuerdos que quedan. Siempre me pregunte ¿Quién elegía la programación? Aunque cada vez tengo menos dudas de quienes fueron. Si había una canción para bajar la moral de la gente era esa…

Como le decía, una de las cosas que más recuerdo era la falta de información. Si como ahora, pero sin internet ni redes sociales.

Pero esto no es del todo cierto, la ventaja de trabajar en los hangares era que estaba a un paso del taller de radio, donde “el loco”. No, no recuerdo su nombre, ¿o sí? pero no importa, lo que importa es que el taller de radio era lo más parecido que he visto a uno de esos laboratorios de película, con científico loco y todo.

Había ahí, en un indescifrable aquelarre, equipos de radio, cables de alimentación, antenas y no sé cuantas cosas más.

Sobre aquel reducto reinaba la figura del “loco”, moviendo diales, y perillas, orientando antenas, atento a lo que pudiera escuchar en los cascos que calzaba, hasta que lograba sintonizar lo que deseaba y ponía la señal en los parlantes para que nosotros, pobres mortales, pudiéramos escuchar, cuando era posible.

Cuando no, nos limitábamos a escuchar los comentarios que él nos hacía de lo que escuchaba en los auriculares.

Y así paso ese día, a eso de las 15:30 hs nos aviso que tenia sintonizados a los nuestros, que “el Paco” y la “Pepa” saldrían de Gallegos a las islas en un rato.

Eran dos de los pilotos que más apreciábamos los mecánicos, dos tipazos.

No me pregunten como el loco lograba sintonizar esas cosa, técnicamente es imposible, pero él lo hacía y nadie lo dudaba, jamás dijo nada que después resultara mentira.

Así que, en menos de lo que canta un gallo, una pequeña multitud se amontono como pudo en el poco espacio libre del taller, conteniendo la respiración tratando de escuchar lo que salía por los parlantes o lo que nos contaba el loco.

En una de esas se escucho claramente la voz del Paco gritándole a la Pepa:

- ¡Cierre!¡cierre! – alertándolo del misil que al final lo derribo.

No pudimos escuchar lo que siguió, la señal casi se perdió y el loco la saco del aire, pero el siguió prestando atención descifrando lo que podía.

- El Paco se ha quedado sin combustible, va a intentar aterrizar en las islas – nos informo de pronto.

Nos quedamos todos expectantes.

- Ha arrojado los tanques suplementarios – agregó, anoticiándonos de que, para alivianar el avión se había desprendido de los tanques de combustible que el avión, el Mirage MIII que volaba, llevaba bajo las alas para aumentar su autonomía.

- ¡Pero… van a pensar que está arrojando bombas!- se aterrorizó uno de los armeros que estaba allí.

Todos nos quedamos atónitos ante la posible imagen…¿Y si lo confundían y lo derribaban los nuestros?

Las señales se perdieron definitivamente, al punto tal que en un momento el loco se quito los auriculares, apagó los equipos y nos hecho a todos.

- Ya está, no se escucha más nada muchachos, cuando tenga algo nuevo les aviso – todos notamos el temblor de su voz, pero fue imposible sacarlo de lo suyo.

A última hora esa noche me entere que al Paco lo habían derribado los nuestros.

Cuando tome el colectivo, de regreso a mi casa (era afortunado de poder hacer eso) en la radio sonaba…”solo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente…” y yo me pregunte, ¿Cómo puede alguien ser tan insensible como para tener que pedirle a Dios que la guerra no le sea indiferente? Después algo entendí, pero esa noche no, yo estaba destruido, la guerra no me era para nada indiferente…

 

© Omar R. La Rosa

19/10/2020

Córdoba -Argentina

Basado en hechos reales

 

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sábado, 17 de abril de 2021

Pocas Pulgas - un hombre debe defender sus fantasmas...

 

Pocas Pulgas

 

Le gustaban el alcohol y las armas.

¿Qué podía hacer?. Él era hombre de pocas pulgas.

No siempre había sido así, pero todo cambió un buen día (noche) cuando luego de algunas copas de más apareció ella, con toda su sensual belleza, insinuante, lasciva, acercándose hacia él…haciéndolo sentir indefenso.

Se quedó largo rato observándola, como un colegial asustado, mientras apuraba los tragos.

Cuando el camarero lo despertó para echarlo del local cayó en la cuenta de que la mujer ya no estaba allí.

Es así que volvió a la siguiente noche esperando paciente a que apareciera…tomando alguna que otra copa hasta que, cuando los vapores del alcohol comenzaban a nublarle el entendimiento, ella volvió a aparecer y el corazón casi se le detiene de tanta belleza.

La mujer le sonrió insinuante…pero no pasó de allí, pues el camarero lo tomó por el hombro, tratando de sacarlo a la calle antes de que cayera dormido sobre la mesa.

Enojado miró al hombre con odio, tratando de ignorarlo.

Fue en vano, ella ya había desaparecido, así que sin decir palabra se marchó, decidido a que la escena no se volviera a repetir.

A la noche siguiente volvió y lo primero que hizo fue colocar el facón sobre la mesa. Luego pidió la botella de costumbre y se dedicó a dar cuenta del alcohol hasta que la volvió a ver.

Nadie le molestó y la escena se volvió rutina.

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Argentina

30 Noviembre 2020

 

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sábado, 20 de marzo de 2021

Soy José...que no hay mayor acto de amor y fe que la paternidad

 

…Soy José…

 

Joven, más bien pequeña de físico, de frágil apariencia, deambulaba como un colibrí saltando de un lugar a otro, llenando el ambiente con los reflejos de su luz.

Pero desde hace unos días ya no lo hace, antes bien parece haberse achicado, si esto fuera posible, sus colores brillantes se han opacado, solo sus ojos conservan el brillo que le es propio, pero no se los puede ver, tan baja lleva la cabeza

Es joven y le pasan cosas que no sabe entender, como ese niño que le crece sin saber de dónde le vino.

-          ¿Qué he de hacer? -  Se pregunta sin respuesta.

-          Fácil niña, vas y aborta – le dice la propaganda del gobierno

-          Es gratis, es tu derecho – le dice una mujer con un pañuelo verde en la muñeca

-          No quiero una loca en casa – piensa le dirá su padre, si lo encontrara

-          Aborta niña, es fácil y te sacas el problema de encima – repite Herodes desde las brumas del pasado

-          ¡Una boca más que alimentar! – piensa diría su madre si se enterara

-          Sácate eso de en sima, el estado te protege mujer –

-          ¿Matar a mi hijo? Si es tan fácil como dicen, ¿Por qué esta pena que me achica el corazón? -

-          ¿Qué he de hacer? –

Con la cabeza triste y llevando sobre sus hombros el peso de toda la humanidad, sus pasos la alejan, sus pasos la acercan y sin saber cómo se encuentra sola en el camino.

De pronto, sin saber tampoco como alguien camina a su lado

-          ¿Qué tienes? –

-          Me duele el hijo que viene –

-          ¿Por qué? Un hijo siempre es una bendición –

-          Pero estoy sola. Debería hacerle caso al doctor y abortar –

-          ¿Y qué dice el padre? –

-          No sé, no le he preguntado, me han dicho que es mi cuerpo y me decisión. A parte no lo conozco –

-          ¿El niño no tiene padre? – como toda respuesta ella bajo aun más su cabeza.

El se paro, se le puso en frente, la detuvo, con suavidad le tomo el mentón y le hizo levantar la vista.

Sus ojos se cruzaron, el mundo se detuvo y las estrellas comenzaron a alinearse.

El sonrió, ella volvió a sonreír

-          Ahora ya tiene – afirmo él muy seguro, al tiempo que le extendía la mano para saludarla, presentándose.

-          Me llamo José y soy carpintero –

-          Yo soy Maria, y aun no sé bien quien soy –

-          Pues, la madre del niño más hermoso que pueda existir –

Y juntos continuaron el camino…de la vida.