domingo, 18 de septiembre de 2022

Mefisto - agenda 2030

 Mefisto

Su figura se recortaba, sobria, contra el fuerte resplandor del bosque en llamas, en un cuadro digno del Dante.

En un primer plano las ígneas flamas se reflejaban en agua del arroyo que nacía bajo la roca donde él se hallaba, corriendo a sus espaldas, como si hasta el agua misma le temiera y quisiera escapársele.

Pero eso lo tenía sin cuidado, llevaba milenios esperando este momento, planificando este momento, todos los detalles habían sido premeditados con antelación así como sus consecuencias.

El sutil veneno vertido en los corazones de las víctimas, haciéndolas desear su final, todas ignorantes de que se encaminaban hacia su final, tan convencidas estaban que no dudaron en matar a quien quiso advertirles.

Una sonrisa se habría dibujado en su rostro, si eso le hubiese sido permitido, de tan solo pensar en la estupidez humana. Basto con repetir mil veces que sus hermanos eran sus enemigos, que las bajezas que anhelaban eran derechos que los demás les negaban. Basto con repetirles que el lenguaje era opresor y había que destruirlo, para que empezaran a hablar como tontos, y como tales a comportarse.

Muchos tiempo de espera, demasiado para su gusto, le había llevado llegar a ese momento, pero ahora ahí estaban, apareciendo de entre las llamas, ansiosos por adorarle, por acompañarle a la batalla final contra quien los había desterrado del trono que, a no dudar, le pertenecía.

(c) Omar R. La Rosa

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viernes, 2 de septiembre de 2022

Chernóbil & Lampi...fragmento

 Chernóbil...

        ¿Todo listo camarada? –

Ella lo miro seriamente, sonaba tan “soviético” cuando se expresaba así.

        Sí señor – fue toda la respuesta, acompañada de un leve asentir con un movimiento de cabeza.

        ¿Sargento Faddei? –

Un pulgar hacia arriba fue toda la respuesta.

        Bueno, vamos – ordenó, al tiempo que con la mano derecha empuñando el arma indicaba por donde avanzar.

El sargento Faddei y su grupo a derecha, la teniente Yuliya y el suyo por izquierda, él y su gente por el pasillo central.

El silencio dentro de la construcción era casi tan opresivo como el enrarecido aire que tanto trabajo costaba respirar.

A medida que avanzaban los recuerdos acudían a su mente, amenazándolo, amenazando toda la misión. No podía permitirlo, sacudió fuertemente la cabeza para espantar los fantasmas.

        ¿Algún problema señor? – indagó Yuri, siempre atento.

Hacía años que Yuri se había convertido en su ángel de la guardia y verlo a su lado lo ayudo a tranquilizarse.

        No amigo, nada especial – y no dijo más, el otro entendió perfectamente.

Él también tenía sus recuerdos, aunque no tantos como su amigo, el ahora Coronel Fredek, que bien merecía el grado de Mariscal de la Federación, aunque él se negase a aceptarlo.

Se habían conocido muchos años atrás, casi 40, mientras luchaban para dominar el demonio liberado en esos días.

De la bulliciosa ciudad en que vivía la gente de la planta nuclear siniestrada no quedaba ya nada, solo edificios vacios, animales vagando y radiación, la letal y omnipresente radiación liberada durante el accidente.

Pero no era eso lo que los mantenía alerta, mortal y todo como era, la radiación era un enemigo conocido…no, no, la precaución se debía a otra cosa, Yuri, que hacía poco conocía la causa, aunque aun no estuviera convencido, compartió el temor de Fredek.

Por muchos años este no había contado nada de lo vivido en el interior de la planta, de la que lo había sacado medio muerto y se preguntaba ahora si para él no hubiera sido mejor no enterarse nunca.

Pensamiento inútil, porque ya sabía.

        Shhh – el callado e innecesario pedido de silencio detuvo la marcha y mantuvo al grupo aguantando la respiración.

No había nada que escuchar.

        El silencio… – musitó alguien, como si se tratara de un aviso de peligro inminente.

Todos asintieron, el silencio se había vuelto ensordecedor, de pronto estaban como sumergidos en una sala acústicamente aislada, por eso el grito que siguió al fugaz destello de luz fue tanto más aterrador.

        ¡Shmok, Caker! – el gritó llego desde la derecha.

        Vamos, es por allá – indicó Fredek, amartillando su arma mientras corría hacia el lugar.

Cuando llegaron el horror los detuvo en seco, tanto a ellos como a los hombres del sargento Faddei, que también habían corrido en auxilio a la zona de donde venían los gritos….en vano.

A la luz de las linternas pudieron ver los restos humanos esparcidos por la estancia, varios hombres se hallaban despedazados, algunos con las armas, que no habían llegado a usar, aun en sus manos… varias manos separadas de sus cuerpos.

Fuera lo que fuera que atacara al grupo, lo había hecho de manera tan fulminante que apenas habían atinado a defenderse.

        Lampi – la ominosa palabra, pronunciada en su idioma original, escapó de labios de Fredek, y al instante se apagó entre los muros de la sala, tan rápido que solo Yuri la entendió.

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portada realizada sobre imagen de Pinterest

viernes, 26 de agosto de 2022

Bajante, cuando los fantasmas siguen vivos

 

Bajante

La guerra, esa estúpida forma humana de no resolver nada, arreciaba por todo el continente y buena parte el mundo.

Era menester abastecer los puestos de cada bando, para evitar que quedaran indefensos ante los enemigos…pero una cosa era decirlo y otra hacerlo.

Llevaban varios minutos recorriendo las venas de Europa bajo un nutrido fuego de artillería. El Danubio era una avenida peligrosa.

Cada minuto que pasaba se hacía más difícil avanzar. Todo hacía prever que el enemigo ganaría esta pulseada. Pero eso no podía ser, si ellos no pasaban con los explosivos que transportaban, por lo menos evitarían que la valiosa carga cayera en manos enemigas…

-          Soldado, venga – ordenó el capitán de la barcaza.

Juntos descendieron a la bodega e instalaron los explosivos que harían estallar la carga si el enemigo intentaba apoderarse de ella. Mientras la metralla se escuchaba golpear contra babor.

-          Si entran por ahí aprieta el pulsador – gritó en una última orden el capitán, justo antes de perder la cabeza, separada limpiamente del cuerpo por un pedazo del casco que acababa de ser arrancado por un preciso impacto de mortero.

El agua, que comenzó a entrar a raudales por el boquete recién abierto, empujó bruscamente al soldado, que, aun con el pulsador en la mano, fue a dar duramente con la cabeza contra una viga.

La pérdida de conocimiento, que siguió al golpe, fue como un manto de piedad que le evito la angustia de sumergirse en el fondo del río.

 

El agua, bajando continuamente, dejo al descubierto la herrumbrada cubierta del antiguo transporte fluvial, destruido durante la última guerra por un certero cañonazo que le había abierto una preciosa flor de hierro retorcido en el costado de babor, por cuyo centro se podía observar claramente la otra costa.

Los hombres, contratados para desactivar la mortífera carga que aun almacenaban sus bodegas, caminaban con precaución entre el barro, acercándose a el.

A través de una niebla de más de 80 años, el marino los observaba y seguía con su pulgar presto a presionar el detonador que los mandaría a todos al otro mundo, como le habían ordenado que hiciera si el barco caía en manos enemigas.

80 años esperando, y ahora aparecían esos hombres vestidos con raros uniformes de brillantes colores, fácil blanco para cualquiera que quisiera dispararles. Sonrió levemente lamentando no tener a mano el fusil.

Desde su lugar observaba claramente a los recién llegados, como caminaban con cautela por las doradas arenas,…doradas arenas….deberían estar bajo el agua, pero estaban a la vista de todos, bajo los rayos del sol. Eso no lo entendía, pero no le dedico mucho tiempo a preocuparse por eso, después de todo eran muchas las cosas que no entendía.

Lo suyo no era cuestionar, los soldados no cuestionan, solo matan o mueren, pero siempre obedeciendo sin mostrar la menor duda.

Y él era un buen solado, se repitió a sí mismo. Su pulgar seguía expectante a centímetros del percutor, presto a presionarlo ante el menor peligro, como le ordenaran.

 

Los hombres de la cuadrilla, haciendo contorciones, pasaron por el agujero de babor e, ingresando en la bodega, comenzaron a estudiar el lugar. Aquello era un amasijo de oxido y putrefacción.

-          ¿Para qué apurarse? – Se preguntó uno de los operarios, encogiéndose de hombros.

-          Unos años más y el río habría disuelto todo…– bromeó otro.

-          Pero ahora el río no está y la paga era buena. – zanjó un tercero, haciendo un paso a la derecha para no pisar un charco delante de él.

 

Los vio entrar y hurgar cerca de la carga. Sus extraños uniformes lo desconcertaban, ¿Serian amigos o enemigos? ¿Que debería hacer?.

Si fueran amigos, pensó, el capitán o algún oficial los acompañaría y habrían ingresado por las escaleras desde cubierta, no por babor, a través de un agujero. No, seguro no eran amigos.

El pulgar se acercó un poco al percutor.

Atento a lo que hacían, los escucho hablar entre ellos, ¡y los entendió!, hablaban su mismo idioma ¡Eran amigos!. Se alegró.

El pulgar, involuntariamente, se apartó unos milímetros del pulsador.

Desesperado les grito lleno de esperanza, pero no lo escucharon o, si lo hicieron, lo ignoraron.

¿No serian quintacolumnistas? Había leído algo al respecto en la gaceta naval. Seguro eran infiltrados. El pulgar volvió a su lugar.

-          Mira – escuchó a uno que lo estaba mirando – Todavía se ven los huesos. – rió.

-          ¿Huesos?, - se cuestionó, pues sí tenía hambre y seguro había perdido algunos kilos, pero no seria para tanto.

-          ¡He amigo! ¿Tienes comida? – pidió. De pronto se sentía famélico.

Nada, nada dijo el hombre al que se dirigiera. Ni él ni ninguno de los que lo acompañaban, lo ignoraban abiertamente. Se indignó.

El que se había referido a su estado, junto con otro de los que ahí estaban, se agacharon con sus herramientas de mano y comenzaron a quitar una tapa.

¡Están tratando de entrar a la estiva! Se horrorizo el marino que seguía observabandolos a través de los años y el pulgar estuvo a punto de cumplir la orden que los mataría a todos, y a él también.

Ignorantes los hombres reían, más por aflojar la tensión del trabajo que hacían que porque algo los divirtiera.

En un movimiento algo descuidado tocaron una columna que cedió bajo su propio peso y golpeo los restos óseos del viejo marino.

¡Me atacan! Dijo el soldado, al venírsele encima la viga, ¡Malditos esbirros, de aquí nos vamos todos! Grito desesperado y el pulgar cayo, luego de 80 años, sobre el percutor, que, industria local de primera calidad, cumplió su misión.

La tierra se sacudió con la explosión y pronto la poca agua que aun corría por el rio cubrió el nuevo cráter.

© Omar R. La Rosa

Más relatos y links de acceso a venta de novelas del autor en su blog: https://ytusarg.blogspot.com/



 

domingo, 14 de agosto de 2022

Adib, ¿Los sueños sueños son?

 

Adib 

-          Adib, ¿Qué haces ahí desparramado niño holgazán? –

-          Viajo ´umiy (1)  

-          A sí, ¿Y como le haces? Si te veo ahí tirado en esa vieja alfombra leyendo todo el día – cuestionó la mujer – mejor deja de perder tiempo y ve por las cabras que las he visto cerca de los manzanos. – ordenó mientras se secaba las manos en el delantal.

Señal que Adib interpretó correctamente como previa a una medida de acción directa más explicita y contundente. Sus orejas guardaban aun el recuerdo de la última vez que tal cosa había sucedido.

Con toda la presteza de que fue capaz cerró el libro, cuidando antes de marcar la página que estaba leyendo, y enroscó la vieja alfombra poniéndola bajo su brazo, justo antes de que la progenitora, con cara de pocas pulgas, llegara hasta al lugar donde estaba.

Lo logró justo a tiempo.

Ya fuera de la casa, pasado el peligro, volvió a abrir el libro y siguió leyendo mientras caminaba distraídamente hacia el huerto, solo que sin advertir que se dirigía al mercado.

Las historias eran atrapantes, valientes caballeros luchaban contra los invasores mongoles, poniendo a salvo infinidad de desvalidas damas, parando con sus veloces e intrépidas espadas las flechas más mortales, saltando de aquí para allá, en fantásticas cabriolas, para esquivar las llamas de los humeantes dragones.

Todo esto mientras sus pies esquivaban las imperfecciones del camino y sus oídos recibían, como gritos de guerra enemigos, los insultos de los ocasiónales caminantes a los que esquivaba fracciones de segundo antes de chocar.

Ruidos de cada uno de los bazares, en los que dueños y clientes regateaban por centavos como si de tesoros se tratara, ambientaban las aventuras que se iban desgranado con el correr de las páginas, ya completamente olvidado de las cabras y sus amenazas al huerto de manzanas.

Sin advertirlo llego a la plaza del mercado y casi se cae al chocar contra la fuente.

¡El foso del castillo estaba lleno de agua! Pensó sorprendido, el liquido elemento no es algo que sobre en su desértico país.

-          He niño, fíjate por donde vas – le gritó una anciana a la que casi voltea al chocarla.

Horrorizado escuchó el maleficio que la dueña del castillo le dirigió y, sin saber qué hacer, trato de salir del foso, “fuente” en que se había metido. Pero ¿Cómo?.

Y de pronto el “Como” llegó sin apenas pasar por su mente, pues, como si tuviera vida propia, la alfombra se desenrolló y se puso bajo sus pies, elevándose luego un par de metros sobre la tierra.

Al principio se asusto y temió caer, pero pronto comprobó que la alfombra era estable y no corría peligro alguno, es más, pasado el sofocón le encontró la vuelta al artilugio y comenzó a disfrutarlo.

¡Qué distinto era todo desde la altura! Ahí estaba el castillo con su foso, las tiendas de los aldeanos en torno a ella y la Sahira (2) que enojada lo increpaba.

En un alarde de valentía, sabiéndose seguro en las alturas, giró en redondo e hizo un rasante sobre la bruja, pero esta no solo no se amilano, si no que, tomando unas manzanas mordidas de una canasta que había a su lado, comenzó a arrojárselas…


¡Manzanas envenenadas! Pensó sobresaltado, tratando de esquivarlas. Pero no pudo, una le impacto de lleno y lo volvió a la realidad.

-          ¡Adib! ¡No te dije que fueras a cuidar las cabras! ¡Mira lo que han hecho con las manzanas! ¡Bájate ya de esa alfombra! – gritó desaforada, para luego murmurar ­–

Que si no te matas te mato yo –

© Omar R. La Rosa

Córdoba (Arg) - 14 Ago 2022

 

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En árabe

(1) Mi madre

(2) Bruja

sábado, 6 de agosto de 2022

Disculpas. Errar es humano, perdonar no es gatuno

 Disculpas

Al terminar la jornada, antes de regresar al descansó, tomo un pescado en dudoso estado de conservación.

Lo “olfateo” analizándolo. Quito las partes deterioradas y dejo las que estaban en buen estado.

Las puso en un plato.

Observo unos segundos al pez y meneo la cabeza…faltaba algo. ¡Ah! Ya, una guarnición. Corrió al refrigerador y tomo unas verduras, que luego acomodo primorosamente en torno al pez.

-        “¡Uhmm!. No, aun sigue faltando algo” –

Un chef como él tenía que estar en todos los detalles.

-        ¡Eso es! – se dijo al fin.

Tomo una aceitera vacía, coloco agua en su interior y una flor en el pico, luego puso el improvisado florero en la bandeja y sí, ya satisfecho salió con la comida al patio.

¿Dónde estaría? Se preguntó buscando al comensal.

Ahí, ahí estaba, en la cima de la cerca, contemplado la luna llena.

-        Ven aquí, mira te traje un regalo. –

El convidado ni giro a verlo. Eso lo apeno.

-        Vamos, no seas así. En serio no te vi, discúlpame…con el apuro de la cocina ni me di cuenta… – ensayo una vana escusa.

Nada, no había forma, seguía ofendida.

-        Dale, michí, acepta esto, es tu pescado preferido. Mira ve, te lo dejo aquí. Cuando quieras lo comes –

Poniendo el plato a un costado se bajo de la tapia y regreso a la cocina.

Era en vano insistir, estaba ofendida porque le había pisado la cola y no era una gata de perdonar fácilmente.

© Omar R. La Rosa

16/5/22



 

domingo, 24 de julio de 2022

Manzanas. La tentación es grande...


 Manzanas

La tarde no tenía nada de especial, el cielo era como cualquier otro, con azules y blancos, y una brisa apenas perceptible.

Una tarde para hacer cualquier cosa, menos tener que ir a casa de la abuela a llevar estas jugosas manzanas, se lamento la niña que a desgano caminaba por el sendero del bosque.

-        Ve y llévale esto a la abuela – repitió la orden de la madre, impostando la voz en evidente tono de burla.

-        Y no te comas ninguna – fue la advertencia final.

-        No te comas ninguna…ña ña ña –

Y así todo el camino, con el tentador aroma de las manzanas frescas invadiendo su olfato.

-        No te comas ninguna…ña ña ña – seguía repitiendo como en una letanía.

De pronto, tras un recodo apareció la fuente, haciéndole notar que tenía sed.

Dando un par de saltitos llego hasta ella y se inclino sobre el cristalino espejo para sacar una palma de agua.

Pero no llego a meter su mano, pues ni bien asomarse la vio, ahí en la superficie del estanque. Una niña como de su edad, con una caperuza roja, no tan linda como la que llevaba ella, pero muy parecida.

-        ¿Qué haces? – escucho una voz que la interrogaba. Asustada se irguió mirando para todos lados.

Su madre le había advertido mil veces de los peligros del bosque, pero ella nunca le prestaba mucha atención. ¿Qué podía pasar en ese bosquecillo de no más de dos cuadras que separaba su casa de la de la abuela.

-        ¿A dónde vas niña? – volvió a escuchar, y esta vez advirtió que le hablaban desde el estanque.

Intrigada se asomo, y allí estaba de nuevo esa misma niña.

-        A llevar estas manzanas a casa de la abuela – explico sin saber por qué.

-        ¡Qué bien huelen! – dijo la voz aspirando profundamente, como si la imagen pudiera olfatear el aroma.

-        Sí, son las mejores manzanas de nuestro árbol –

-        ¿Cómo lo sabes? ¿Ya las has probado? –

-        N… no. Mamá me lo ha prohibido – se excuso.

-        ¿Qué pena? Se ven tan ricas – deseo la imagen, para luego preguntar  – ¿Están contadas? –

-        No. No sé. Creo que no, mamá las saco del tonel, pero no vi que las haya contado –

-        Entonces no sabe cuántas hay… –

-        Supongo que no –

-        … y nadie se dará cuenta si falta alguna … -

-        Creo que no -

Y la tentación, flotando en el aire, guio su mano hasta la canasta.

Como si una fuerza superior la guiara se posó sobre la manzana que se veía más roja y jugosa.

-        ¡Los duendes del bosque! – se asusto de pronto.

Recordando los cuentos de la abuela, y la soltó. Ni bien hacerlo una carcajada sonora broto de la fuente.

-        Que eres tonta niña. Los duende no existen –

-        Tienes razón, ¿Quien se cree esas cosas de viejas? – se desafío a sí misma.

Tomo la manzana con decisión e hinco sus dientes en ella.

Efectivamente, estaba deliciosa, era un verdadero majar. ¡Qué cosa rica!

-        Has visto como tenía razón. Las manzanas están riquísimas y nadie se enterara de nada – escuchó decir a la imagen que le hablaba desde la fuente.

-        Aja – afirmo ella con la boca llena.

 

-        ¡Qué haces niña! ¡No te dije que no te comas ninguna! – la voz sonó como una sentencia en sus oídos

La madre, con los brazos en jarra la miraba enojada desde el extremo de la senda.

-        Mamá…la chica de la fuente me dijo que la coma – trató de justificarse.

-        Maria, no mientas, no te justifiques con esas historias que te inventas. – le reconvino la madre – En la fuente solo hay agua y tu reflejo –

-        Pero má –

-        Pero nada, vamos, apúrate a llevarle esa canasta a la abuela y dale esto que casi me olvido – dijo la madre extendiéndole un paquete.

-        Y no te comas ninguna más que no alcanzara para la tarta –

 

Avergonzada puso el paquete en la sesta y siguió viaje obedientemente…mientras una risa burlona no dejaba de brotar desde la fuente.

 

© Omar R. La Rosa


23 Julio 2022

 

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sábado, 4 de junio de 2022

Enfado, no hay nada que una caricia no calme

 
 

Enfado

Estaba enojada, como siempre le pasaba cuando discutía con su madre

-          ¿Qué sabe ella? ¿Qué ella también fue joven? Seguro que lo fue, nadie nace viejo  aunque a veces pareciera que fue así –

-          En todo caso eso fue hace mucho tiempo, las cosas entonces eran distintas, todo cambia – se dijo.

-          Menos los viejos y las madres, siempre iguales, siempre creyéndose unos sabiondos… -

Como de costumbre subió al desván, dispuesta a esconderse allí hasta que a su madre se le pasara la “persecuta”…si al menos papá aun estuviera con ellas…pensó y cerró la puerta de un golpe, como para a nadie le cupiera duda de lo mal que estaba.

Despechada busco un lugar que le pareció suficientemente sórdido, acorde a su estado de ánimo y se sentó a llorar…y en eso estaba cuando de pronto vio la caja rosa ¿de donde había salido eso? No recordaba haberla visto antes.

Curiosa la abrió y quedo maravillada, nunca había visto nada igual, pero enseguida tuvo una idea de cuál podía ser su uso, recordaba haber visto por ahí unos discos negros “long plays” decía en sus tapas. Tomo uno y lo coloco en el eje del disco central de la caja, puso sobre el “long play” el brazo de la misma, giro una perilla y, para su sorpresa, la música broto, inundando todo el lugar… llenándole el alma de recuerdos.

Conocía esa canción, era una canción de cuna, esa que ella recordaba de cuando su padre se sentaba en su cama acariciándoles los bucles, tranquilizándola con su gruesa voz mientras le leía ese cuento que tanto le gustaba, siempre el mismo, siempre aquel del galante caballero…esos que después su madre le hizo ver que no existían…pero que ella tanto añoraba.

Hay papá, si aun estuvieras acá con nosotras…y las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos, inundando a mares sus doloridas mejillas…hasta que el sueño la venció, mientras volvía a sentir los dedos de su padre en su cabello y su voz acunando sus oídos…

Unos minutos después la música termino, el disco volvió a su tapa y la caja rosa se volvió a ocultar, mientras una sombra, a su lado, le susurraba

“Duerme mi niña, duerme que papá siempre estará a tu lado”

© Omar R. La Rosa

Córdoba - Argentina

4/Enero/22

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sábado, 28 de mayo de 2022

Cuidado - es la entrada a un viaje de dudosos resultados

 


-        Sí, aquí comienza el sendero – afirmó haciendo un alto en el trabajo de barrer la estancia. Luego, apoyándose sobre la escoba pregunto – ¿Esta seguro que quiere seguir adelante? –

-        Pues, sí, ¿Qué podría pasar? –  indagó a su vez el lector.

-        No, no sé, que se yo, se escuchan muchas cosas por ahí  

-        ¿Cosas? ¿Cómo qué? – la curiosidad le había tocado.

-        No me pregunte a mí, usted sabe que a los jefes no les gusta que los lectores avancen.  Y si ellos lo dicen por algo será ¿No? –

-        Sí eso ya lo sé, lo vemos a cada rato. Pero no me ha dicho que cosas se escuchan por ahí  

Algo turbado, y a la vez alagado de saber algo que él otro no sabia y que tanto interés tenía en conocer, se restregó las manos en el delantal, bajo la voz y la cabeza, como si eso diera más misterio a la acción.

-        ¿Es capaz de guardar un secreto? – preguntó cauteloso.

-        Tanto como usted  – “touché”.

-        Veo. – entendió   Pero, bueno, me arriesgare, parece una buena persona y creo que si repite esto por lo menos no dirá donde lo oyó  

-        Delo por hecho  

-        Pues, resulta que se dice que los que leen imaginan cosas…cosas extrañas, que en los libros hay palabras escritas por hechiceros malévolos, escritores les llaman, y son peligrosos, pueden hacer que la gente piense –

-        ¡Que la gente piense! ¡qué barbaridades dice! –

-        No lo digo yo lo dice el gobierno  

-        ¿Y usted les cree? –

-        Bueno, no veo porque el gobierno mentiría…  

-        Si, tiene razón – dijo aceptando lo que los medios de comunicación repetían a diario.

-        De todos modos, ¿Qué mal me puede hacer un poco de fantasía? –

-        ¿Qué se yo? Imaginar cosas que no son reales, como usted y yo –

-        Por favor, si nos pueden imaginar es que existimos, ¿acaso no dijo el filosofo “Pienso, luego existo”? –

-        Veo que es usted un hombre leído, bueno pase, pase  – dijo haciéndose a un costado para franquearle el camino mientras retomaba el aseo del lugar, sin dejar de mordisquear la brizna que tenia entre los dientes.

-        Gracias, a la vuelto paso y le compro unos tragos –

-        Ni falta que hace, que tenga suerte…y, por las dudas, cuidado con lo que lee  

© Omar R. La Rosa

Córdoba – Argentina

28 de Mayo 2022

 

Portada sobre imagen de Pinterest, crédito a quien corresponda

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sábado, 21 de mayo de 2022

Gajes, toda profesión los tiene.

 Una tiene su trabajo, como cualquier otra, y, como a cualquier otra a una también le pasan cosas “raras” inexplicables. Gajes del oficio que le dicen.

A mí me pasó hace uno días, uno de esos días en que no estás con todas las ganas, pero hay que trabajar igual y los clientes no tienen la culpa. Ellos pagan lo que cuesta y es justo que reciban por lo que pagan, para eso se es profesional ¿no?.

Pero ese día en verdad no tenía ganas de trabajar. En mi interior rezaba, aunque digo que soy atea, para que no venga nadie. Me dolería volver a casa sin un peso, pero, si los clientes no vienen…no sería por mi culpa.

Pero los clientes si vienen, eso tiene este trabajo, la demanda parece inagotable. Siempre hay quien nos requiere.

Lo primero que me llamo la atención fue la forma en que el cliente se presento, apenas un par de golpecitos en la puerta, como con vergüenza, y el tiempo que quedo en espera. ¡Porque se quedo esperando hasta que le dije que pasara! Eso solo ya me puso sobre alerta, el tipo era raro.

Su aspecto era decepcionante, nada especial, más bien un pobre tipo. No siempre es así, hay veces en que los clientes bien podrían ser la mercancía y en esos casos el trabajo hasta parece premio, pero con este iba a ser un verdadero trabajo.

En fin a lo mío, lo haría tan profesional como sabia, en poco tiempo estaría listo y ya.

Me le acerque con paso felino, para desvestirlo, pero el tipo no me dejo, se aparto antes de que lo tocara. Esto me puso más nerviosa. A punto estuve de dar la alarma, no lo hice no sé por qué.

Quizás sea porque llegue a ver sus ojos, bajo el sobrero que aun no se había quitado. No recuerdo haber visto tanta pena y cansancio como en esos ojos, y eso que he visto más ojos de los que hubiera deseado.

Ahí nos quedamos los dos, parados, uno frente al otro, yo desnuda, dispuesta al trabajo, el aun sin desvestirse.

Entonces extendió sus brazos hacia mí, en un intento de abrazarme. Instintivamente hice un paso atrás, pero luego me arrepentí y fui hacia él. Lo bueno del lugar donde trabajo es la seguridad, un simple grito y dos “ángeles de la guardia” aparecerían para defenderme si fuera necesario.

Pero no hizo falta.

-          He pagado por toda la noche – me dijo avergonzado al tiempo que me llevaba a la cama con él.

Zas, pensé, un pesado. Resignada me recosté junto a él, sin dejar de abrazarlo…entonces él se acomodo sobre mi pecho, me dio un pequeño beso y…nada más, ¡se durmió en mis brazos!

Así, sin más, y no me ofendió para nada (que un cliente se te duerma no hace bien a tu reputación), y es que era tanta la ternura que brotaba de aquel hombre vestido, acostado a mi lado, durmiendo sobre mi pecho como una criatura…


Pase un largo rato sin saber qué hacer, tan solo atine a quitarle el sombrero y acariciar su cabeza, como se acaricia a un niño…una sonrisa afloro en sus labios y…en mi corazón.

Debo haberme quedado dormida yo también, porque de pronto me desperté sobresaltada, al notar que la cama estaba vacía y la luz del amanecer filtraba por la ventana.

Extrañada me incorpore y en vano lo busque por la habitación. Lo único que quedaba de aquel hombre era su recuerdo y una flor de papel, primorosamente plegada, en el lugar de la cama que había ocupado.

Gajes del oficio, ya lo dije, nunca me había pasado algo así.

Sulpicia (la menor)

viernes, 6 de mayo de 2022

Babel - un entrevero de palabras.


        ¿Alguna vez te has preguntado a donde van las palabras? –

        ¿Qué? –

        ¿Si alguna vez te has preguntado… –

        Sí, sí no soy sordo, te escuche bien. Pero no entiendo de que hablas  –

        De las palabras  – la cosa se empezaba a poner molesta.

        Aja  – asintió, en la esperanza de que el otro no continuara.

        ¿Y? ¿lo has pensado o no? – insistió luego de un  tiempo.

        Pues, no, nunca lo he pensado ¿Y? –

        Nada, solo quería saber si lo habías pensado alguna vez –

Se miraron un par de segundos

        Pobre – pensó, mirando a su compañero de marcha  – La presión lo está alienando, cada vez imagina cosas más extrañas  –

        Pobre  – pensó, tratando de escrutar el alma del compañero que lo miraba fijamente  – La presión le está haciendo perder la imaginación ya casi no ve ni lo que tiene delante de sus ojos  –

        ¿Qué remedio? – pensaron los dos.

Resignados volvieron la vista al frente, al camino, al puente que debían cruzar. Sobre él sobrevolaban palabras de todos los idiomas y dialectos, en tal cantidad que hasta se chocaban unas con otras.

Babel se iba convirtiendo en un pandemonio.